17. Alegría


   A) Cordialidad y convivencia

    La escuela y la familia ¿han de ser espacios tristes o lúgubres? o por el contrario, ¿es preferible que sean lugares cordiales y alegres?. La segunda opción es la única que puede formar chicos y chicas con una personalidad sana y equilibrada.

    La cordialidad se manifiesta en las relaciones humanas y en el centro educativo entre alumnos, profesores y padres. Este clima de alegría quita dureza a la necesaria exigencia en el aprendizaje de las materias, que no nace de la imposición arbitraria del profesor sino de las decisiones del propio sujeto que se educa. En este sentido, cordialidad y exigencia son las dos caras de la misma moneda.

    En los centros educativos está organizada la convivencia que permite impartir con regularidad la enseñanza reglada. Pero a la vez también ha de existir una convivencia informal entre profesores y alumnos para conversar sobre los problemas de la vida humana y de las pequeñas incidencias de la vida escolar. A través de esta relación cordial y espontánea entre el tutor y sus tutelados se van formando criterios que condicionan las actitudes generalizadas ente la vida.

    La cordialidad entre los educadores (profesores y padres) y los educandos (escolares) ha de traslucir el respeto mutuo y el cuidado de no herir con juicios desfavorables o irónicos. La cordialidad ha de ser el elemento fundamental para crear un ambiente escolar y familiar en que se pueda desarrollar la satisfacción de los que participan en él, fomentando la alegría del trabajo bien hecho, el compañerismo y la amistad.

    Cada obra bien hecha es fuente de alegría y un refuerzo de los hábitos encaminados a la perfección del obrar y de la persona que obra. Dicho de otra forma, la obra bien hecha es la motivación más importante. Cuando el estudiante es consciente de que ha trabajado bien y que el trabajo resultante es bueno, descubre el valor subjetivo del bien que es la alegría. Por el contrario, cuando un alumno está en una clase donde no entiende lo que dice el profesor porque los conocimientos de base no le permiten seguir el hilo del razonamiento de la clase, ese alumno terminará perdiendo toda motivación por el estudio y por supuesto no vivirá la alegría de que venimos hablando. Ordinariamente creará problemas de disciplina para llamar la atención y perjudicará gravemente al clima de la clase.

    El educador no debe plantearse como objetivo la creación de una alegría superficial y pasajera, sino centrarse en que la relación y la convivencia entre las personas sea realmente buena y sea valorada por todos como una cosa buena. Entonces la alegría fluirá espontáneamente y estimulará el esfuerzo y la exigencia del trabajo bien hecho.

    Arturo Ramo

    B) El derecho a la alegría

    En una época en que todos consideran y exigen sus derechos, podemos pensar que los niños, además del fundamental derecho a la vida, necesitan que sus padres y profesores les den el ejemplo de la alegría. Esta cualidad humana la necesitan los mayores y los pequeños.

    La alegría no es fruto del bienestar material, ni de éxitos profesionales, aunque esto nos dé satisfacciones personales. Cuando aparecen las contradicciones o fracasos nos puede amenazar la tristeza y entonces habrá que considerar las cosas buenas que tenemos y lo positivo que hemos recibido de los demás.

    Una alegría más profunda nace de ayudar y servir con generosidad a los miembros de la familia, a los compañeros de trabajo y a otras personas de la sociedad. Y este servicio será más efectivo cuando los demás perciban la sencillez y la alegría en el servicio. La alegría será la huella personal de una acción, de una ayuda. Sin ella, el servicio no sería aceptable. De ahí la importancia de saber dar con buena cara y con amor.

    Actualmente hay mucha gente que va a lo suyo y solo busca resolver los problemas personales Por eso, para servir hace falta ser rebelde y usar la libertad personal para tener dominio sobre las cosas y las tendencias egoístas.

    En cuanto educadores, los padres y profesores han de enseñar a los pequeños estos valores con el ejemplo y con la palabra. Los hijos tendrán mañana como un gran tesoro el recuerdo y los efectos positivos de la alegría de sus padres. Y por otra parte, quizá los padres tienen el deseo de que sus hijos les recuerden como una persona alegre y feliz, que sonreía habitualmente y rechazaba siempre la tristeza que paraliza.

    Arturo Ramo

   C) La terapia del buen humor

    Uno de los objetivos de la familia, de la escuela y de un puesto de trabajo es que haya un ambiente sereno y alegre, porque esto facilita las relaciones entre las personas y mejora el rendimiento en el trabajo.

    Nada entristece más los hijos como la frialdad de sus padres y su talante hastiado y desagradable. A veces son autoritarios y sus hijos no pueden hablar de sus pequeños problemas. En ocasiones interrumpen sus juegos y bajan la voz cuando oren que entra su padre en casa. Piensan que llegará con la misma mala cara de siempre y le tienen miedo. El padre impondrá el silencio, escondiéndose detrás del periódico o se quedará absorto viendo el televisor. De esta forma estará tranquilo pero nunca se ganará el afecto de sus hijos, ni éstos crecerán con un carácter bien formado.

    Los pequeños necesitan ver la buena cara de sus padres. El buen humor no cuesta tanto y es muy gratificante para todos. Hay que esforzarse por sonreír, aunque a veces no es fácil.

    La falta de optimismo es un defecto del carácter que nace de no valorar lo positivo de las personas y las situaciones. A veces pueden aparecer problemas familiares, como la muerte de un ser querido o el disgusto del matrimonio de una hija con una persona que no es del agrado de todos. Pero no puede caerse en el pesimismo y la amargura, sino aplicarse una terapia de buen humor para combatir la inercia de dejarse llevar por la tristeza, que amenaza empobrecer el ambiente familiar.

    Tienen que aprender los mayores y enseñar a los hijos a disfrutar de la vida, no con frivolidades, sino valorando las cosas positivas que nos ocurren cada día y por las que deberíamos estar agradecidos y alegres.

    El buen humor supone tener dominio sobre sí mismo y sobre los acontecimientos, que hace posible mantenerse firme ante las adversidades, con serenidad en la vida cotidiana.

    Arturo Ramo

   D) El tiempo libre

   Los padres y educadores saben que el juego ocupa un lugar destacado en la vida del chico. Para el niño, gran parte de su vida es jugar. Además de su vertiente divertida, el juego tiene un gran valor educativo, porque desarrolla facultades como la atención, la resistencia física, la disciplina personal ante las reglas establecidas, el dominio de sí y el razonamiento, entre otras cosas.

    Junto a los juegos hay otras ocupaciones muy positivas como el deporte, las excursiones, estar con los amigos, ver un buen programa de televisión, leer un libro y hacer juegos que impliquen la creatividad. También hay otras ocupaciones positivas que se pueden desarrollar, como tocar un instrumento musical, el dibujo o la pintura, las construcciones o mecano, el coleccionismo o los juegos que enseñan a pensar, como el ajedrez.

    Tanto en el juego como en el deporte, el chico tiene una inclinación natural a la competitividad y aspirar a sobresalir y vencer. Esta inclinación puede ser algo positivo si se encauza bien, pero hay que cuidar que la emulación no se convierta en una excesiva rivalidad. Se debe rechazar el fanatismo y la obsesión por la victoria a cualquier precio. Comprender lo negativo y lo ridículo de estas actitudes. Por el contrario, se ha desarrollar el espíritu deportivo y cuando se pierde saber felicitar al vencedor, aceptando la derrota y cuando se gana, llevar con elegancia la victoria, sin caer en el orgullo o la soberbia.

    Los juegos y el deporte deben ser una escuela de virtudes como la lealtad, el compañerismo, el pensar en los demás y la reciedumbre. Se han de evitar, en cualquier caso, los enfados y las trampas, comprendiendo que el mejor medio de divertirse es hacer que los demás se diviertan.

    Es más positivo y formativo usar el tiempo libre en ocupaciones activas como el juego y el deporte, que en otras pasivas como pasarse las horas viendo la televisión.

    Arturo Ramo

   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Cómo crear un ambiente alegre?

 2. ¿Por qué los hijos/alumnos tienen derecho a la alegría?

 3. ¿Cómo educa la alegría?

 4. ¿Cómo educan los juegos?

   Bibliografía:

 Fernando Corominas. Educar en positivo. Editorial Palabra

 María Isabel Jiménez Domecq. Jugar: la forma más divertida de educar. Editorial Palabra

   Enlaces de Internet:

Ríe, que vencerás

Educar el sentido del humor

Optimismo: ¿nace o se hace?

Demasiado serios

El deber de divertirse

La alegría de educar

Optimismo: el gran motivador

La alegría silenciosa de la amistad

El juego y los juguetes de 2 a 4 años

Estilos pesimistas y optimistas

Gozar de la vida

Sentido del humor

Con buen humor

San Juan Bosco y las diversiones

La alegría silenciosa de la amistad

¡Si no ríes, no vives!

El descrédito de la seriedad

Tú no juegas ¡haces trampas!

Ejercicios interactivos de la alegría

Ejercicios interactivos de aprender a ser feliz

Ejercicios interactivos de el hastío y el aburrimiento






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