46. Motivación


   A) Autoestima: ¡Tú puedes campeón!

 Los elogios y anti-elogios tienen un enorme peso en la autoestima de un niño. Más si vienen del papá o la mamá, quienes son para él un verdadero espejo. En ellos el pequeño se mira y se ve tal cual lo describen: malo, flojo, mañoso..., o bueno, valiente, generoso...

 La autoestima -o autovaloración- tiene un importante y decisivo papel dentro del desarrollo de cualquier niño.

 El concepto o imagen que él tenga de su propia valía es un sentimiento íntimo y exclusivo, como la inyección de confianza que necesita para afrontar los retos que constantemente se le plantean: vestirse solo, abordar a los otros niños en el jardín..., pero lo cierto es que se forma a partir de los elementos que le proporcionan las personas que lo rodean.

     ¿Quién dices que soy?

 Lo que el niño piense de sí depende en gran medida de lo que los demás -que son su espejo- piensen de él. O de lo que le digan que piensan de él. Si el reflejo que capta es negativo, tendrá una imagen negativa de sí mismo. Por el contrario, si los reflejos son positivos, su autoestima será alta.

 Durante los primeros años de vida, el niño va configurando su autoestima partiendo únicamente del reflejo que conforman quienes lo rodean, sin cuestionarse nada.

 Se trata además, de una tarea que no acaba, ya que la imagen de sí el niño la va modificando -para bien o para mal- continuamente, aprovechando cada circunstancia que le brinde el ambiente que le rodea.

 La etapa en que el niño comienza a formar su autoestima coincide con la del desarrollo básico de sus facultades. El nivel que sea capaz de alcanzar en el desarrollo de sus capacidades depende en gran medida de su autoestima. Sólo si se considera capaz, podrá salir victorioso en la lucha que día a día le propone su propio desarrollo: hoy, pronunciar bien esta palabra, mañana, escribir derecho sin plantillas, pasado, sacar solo los problemas de matemáticas...

 Sin embargo, aunque tenga un coeficiente superior al normal, si no tiene fe en sí, tomará posturas catastróficas, cobardes, que le conducirán al fracaso, no sólo en la niñez sino, probablemente, también a lo largo de su vida.

    Fuera las etiquetas

 El primer paso en su educación debe ser, por tanto, ayudarle a poner las bases para que tenga una imagen positiva de sí mismo. Antes de enseñarle a hacer algo, hay que convencerle de que es capaz de aprender y de hacer las cosas bien.

 Hay que evitar las etiquetas que se le cuelgan y pueden convertirse en su soga, porque luego será difícil retirarlas. Si desde que empieza a entender las cosas -mucho antes de lo que pensamos- se identifica con nuestros apelativos de niño-tontito, niño-torpe, etcétera, crecerá creyendo firmemente que es un pillo, tonto, torpe...

 Otro buen propósito para los padres sería que se propusieran, al retarlo, separar siempre la mala acción del cómo es realmente él. Una cosa es hacerle ver que se ha portado mal, que lo que ha hecho no está bien, y otra distinta, decirle que es un niño malo.

 Tan negativo es colgar etiquetas como no reconocer los méritos. El niño busca instintivamente conocerse a sí mismo, pero no cuenta con más espejo para encontrar su reflejo que el que nosotros le brindamos. Por lo tanto, si le reprendemos por lo que hizo mal, también tenemos que elogiarle por lo que hizo bien.

   La luz del espejo

 Al actuar como espejos, debemos poner especial cuidado en reflejar con más intensidad sus virtudes que sus defectos. Si le hablamos de lo bien que estuvo prestar su pelota a su hermano, en vez de repetirle lo egoísta que es y cuánto le cuesta prestar sus cosas, estaremos cambiando la luz del espejo, y ése será su mejor estímulo. Resulta mucho más efectivo alentar la virtud contraria que recriminar el vicio.

 El elogio -si es sincero y objetivo- es una de las armas más poderosas para fortalecer la autovaloración del niño. En sí mismo es un premio, pero su función primordial es la de subrayar con la felicitación la cosa bien hecha y que, por sí misma, ya causa goce en quién la realiza.

 Elogiar es reforzar el éxito alcanzado. Su efecto es ante todo de motivación, pues supone un empujón para la autoestima del niño, que se lanzará a mayores logros.

 De igual modo, al valorar las acciones del niño sería injusto -además de totalmente contraproducente- fijarnos solamente en lo malo en vez de felicitarle por la parte buena de lo que logró. Es el caso del padre que cuando su hijo le enseña el dibujo que hizo en clases, se fija más en lo torcido de las líneas que en lo luminoso de los colores utilizados.

 Esto no quiere decir que le mintamos, porque él necesita confiar en la verdad de nuestras palabras, aunque algunas veces le duelan.

 Palabras de ánimo

 Nuestros hijos agradecerán y responderán también mucho mejor con un gesto de aprobación y unas palabras de ánimo (con el grado justo de reproche), que con cuatro gritos y un castigo rápido e inapelable.

 Más efectivo que levantar la voz o -peor- la mano, es emplear los elogios y la motivación. Un "¡tú puedes, campeón!" puede lograr que el niño llegue mucho más lejos de lo que él y nosotros mismos hubiéramos nunca pensado. Esta valorización no debe faltar nunca en nuestros labios. Cuanto más "desastre" sea el niño, más necesitará oír esas palabras de ánimo y, sobre todo, comprobar que nosotros tenemos confianza en él.

 La seguridad es fundamental para alcanzar el éxito. Para que se valore a sí mismo y se considere capaz de hacer esto y aquello, es primordial que se sienta seguro, aceptado y querido por los que le rodean.

 Unos padres excesivamente exigentes pueden lograr que un niño con capacidades extraordinarias no consiga más que sacar los cursos raspando. Otro más normalito podrá obtener las mejores notas, porque sus padres lo han aceptado tal como es y han orientado sus expectativas hacia aspectos muy concretos de su desarrollo.

     Te quiero "porque sí"

 El niño necesita comprobar que lo quieren por ser él, no por sacar buenas notas o no romper ceniceros. No sería nunca aconsejable que pensara que debe cumplir las expectativas de sus padres para comprar su cariño o confianza.

 En cambio, no es malo que las conozca, si son razonables y posibles para él, porque le darán también la oportunidad de luchar y obtener unos éxitos que alegrarán a los papás. Si el pequeño se siente querido y aceptado, tendrá una actitud más positiva, será capaz de ponerse metas realistas y, de ese modo, automotivarse para alcanzar otras aún más altas.

 Los primeros años de vida son fundamentales para que el niño adquiera seguridad en sí mismo, para que aprenda a autovalorarse y verse como alguien capaz de mejorar en cada reto. Nuestra actitud y la valoración que hagamos sobre él y sus actos tienen un papel decisivo en este logro, ya que los padres somos precisamente el espejo único en el que ellos han de mirarse para formar su propia autoestima.

 Frases que promueven actitudes...

 Negativas

 - Eres un desordenado.., Desorden

- Siempre estás deseando fastidiar... Fastidiar más.

 - Debes aprender de tu primo... Rechazo al primo.

 - Así no llegarás a ningún sitio... Temor.

 - Estoy harta de ti... Desamor.

 - Aprende de tu hermano... Celos.

 - Siempre estás peleando... Me gusta pelear.

 - Aléjate, no quiero ni verte... Desamor.

 - No sabes estar quieto... Soy nervioso.

 - Me matas a disgustos... Temor, desamor.

 - Cada día te portas peor... Soy así, soy malo.

 - Eres un mentiroso... Lo mío es mentir.

 - No sé cuando vas a aprender... Tristeza, no puedo.

 - No me quieres nada... Desamor. Tristeza.

 - Así no tendrás amigos... Tristeza. Es verdad.

 Positivas

 - Estoy seguro de que eres capaz... Soy capaz.

 - Muy bien, yo sabía que podías... Soy capaz.

 - No dudo de tu buena intención... Soy bueno.

 - Juan tiene un alto concepto de ti... Tengo amigos.

 - Si necesitas algo, pídemelo... Tengo amigos.

 - Sé que la has hecho sin querer... No la repetiré.

 - Estoy muy orgulloso de ti... Satisfacción.

 - Sabes que te quiero mucho... Amor.

 - Yo sé que eres bueno... Soy bueno.

 - Te felicito por la que has hecho... Alegría, mejorar.

 - Qué sorpresa más buena me has dado... Alegría.

 - Cuando me necesites, yo te ayudaré... Amor.

 - Noto que cada día eres mejor... Ganas de serIo.

 - Creo en la que dices, sé que la harás... Confianza.

 - Sabes que quiero para ti la mejor... Amor.

 - Puedes llegar donde tú quieras... Puedo hacerlo.

 - Las próximas notas serán mejores... Estudiaré más.

     Para pensar y actuar

 - Interésese por sus pequeños logros, huya de la alabanza mecánica y pierda un par de segundos en elogiar ese primer dibujo, aunque usted esté discutiendo el "Total a pagar" de la cuenta de teléfono. - Respete su cansancio o enojo, y evite que se le escape un anti-elogio.

 - Intente mantener el respeto por el carácter de su hijo y plantéese periódicamente si las expectativas que ha depositado en él son justas, razonables y equilibradas.

 - Evite el exceso de protección sobre el niño e intente intervenir en sus aventuras o juegos sólo cuando haya algún peligro.

 - Propóngale metas que sea capaz de lograr y saquen siempre la parte positiva de su intervención, aunque la negativa fuera mucho más importante. Esto le hará sentirse importante, autovalorarse y respetarse a sí mismo.

 - No recurra nunca a las comparaciones para retarlo o hacerle ver cómo tiene que portarse. No es bueno para ninguno de los dos niños y siempre hay alguno que sale perdiendo.

 - Propóngase la meta de elogiar cada día, al menos, una cosa bien hecha a cada hijo, oportunamente y con naturalidad. Si está atento, no será difícil encontrar la ocasión.

 Con la autorización de: www.encuentra.com

   B) Motivación del aprendizaje

 La motivación no es un problema exclusivo de la enseñanza y del aprendizaje. Está presente en todas las manifestaciones de la vida humana, condicionando su intensidad y su eficacia.

 De diversas investigaciones se pueden sacar estas conclusiones:

 a) Cualquier motivación es siempre mejor que ninguna.

 b) La motivación positiva, por los incentivos de la persuasión, por ejemplo y por la alabanza, es más eficaz y provechosa que la negativa, hecha por amenazas, gritos, reprensiones y castigos. La superioridad de la motivación positiva sobre la negativa es evidente, tanto por el esfuerzo ahorrado como por la superior calidad de los resultados.

 c) La motivación negativa, aunque eficaz hasta cierto punto (pero inferior a la motivación positiva), es antipsicológica y contraeducativa, transformando a los alumnos en inseguros, tímidos, cobardes, hipócritas y violentos; aunque atienda con alguna eficacia a los objetivos inmediatos de la instrucción, es perjudicial a los intereses más fundamentales de la educación, comprometiendo la formación saludable y armoniosa de la personalidad de los alumnos.

 El aprendizaje como actividad personal, reflexiva y sistemática que busca un dominio mayor sobre la cultura y sobre los problemas vitales, exige de los alumnos:

 a) Atención y esfuerzo sobre áreas nuevas de observación, de estudio y de actividad.

 b) Autodisciplina, con el sacrificio de otros placeres y satisfacciones inmediatas, para realizar los estudios y cumplir las tareas exigidas.

 c) Perseverancia en los estudios y en los trabajos escolares hasta adquirir el dominio de la materia de estudio, de modo que sea de utilidad real para la vida.

 Para conseguir que los alumnos aprendan, no basta explicar bien la materia y exigirles que aprendan. Es necesario despertar su atención, crear en ellos un genuino interés por el estudio, estimular su deseo de conseguir los resultados previstos y cultivar el gusto por los trabajos escolares. Ese interés, ese deseo y ese gusto actuarán en el espíritu de los alumnos como justificación de todo esfuerzo y trabajo para aprender.

 Motivar es despertar el interés y la atención de los alumnos por los valores contenidos en la materia, excitando en ellos el interés de aprenderla, el gusto de estudiarla y la satisfacción de cumplir las tareas que exige.

 El mecanismo de la motivación se desarrolla en tres etapas:

 a) Aprehensión de un valor para sus vida y sus aspiraciones.

 b) Los alumnos se convencen de que pueden conseguir ese valor.

 c) Liberación del esfuerzo personal para conquistar el valor.

 Distinguimos estos tipos de motivación:

 1.- Negativa, con estos aspectos:

 a) Física: castigos físicos, azotes, privaciones de salida, merienda o recreo.

 b) Psicológica: palabras ásperas, persecuciones, guerra de nervios, desprecio, sarcasmo.

 c) Moral: coacción, amenazas, reprensiones, humillaciones públicas, reprobación.

 2.- Positiva de dos clases:

 a) Intrínseca: interés positivo por la materia en sí como campo de estudio y trabajo.

 b) Extrínseca: interés resultante, no tanto de la materia en sí, como de las ventajas por ella ofrecidas, o del profesor que la enseña, o del método que el profesor sigue, o del grupo de alumnos a que pertenece.

 Los principales factores de motivación son:

 a) La personalidad del profesor, su porte, su presencia física, su voz, su facilidad, naturalidad y elegancia de expresión, su dinamismo, su entusiasmo por la asignatura, su buen humor y cordialidad junto con su firmeza y seguridad. Importante también como factor de motivación es el interés que el profesor revela por las dificultades, problemas y progreso de sus alumnos, tanto en conjunto como individualmente. En fin, una personalidad dinámica, sugestiva y estimulante, con acentuadas características de liderazgo democrático.

 b) El material didáctico utilizado en las clases: mapas, cuadros murales, proyecciones cinematográficas, vídeos, programas de ordenador, etc. en fin, todo lo que haga al asunto más concreto, intuitivo e interesante.

 c) El método o las modalidades prácticas de trabajo empleados por el profesor: discusión dirigida, grupos de trabajo, competiciones, juegos, representaciones teatrales, organización y ejecución de proyectos, exposiciones de trabajos, excursiones para observar y recoger datos, experiencias de laboratorio, etc.

 Luis Alves Mattos. Compendio de didáctica general (adaptación) Con la autorización de Editorial Kapelusz.

   C) Técnicas de motivación

 El resultado de una determinada técnica dependerá de una serie de factores intrínsecos y extrínsecos al educando y de sus diferencias individuales. Tanto es así, que en una circunstancia una técnica puede surtir efecto y en otra no. Una técnica puede sensibilizar a un grupo de alumnos y otra no.

 Es necesario recordar que motivar una clase no es, simplemente, echar mano de la motivación inicial, ex preso preparada, sino que más bien, es un trabajo de acción continua al lado de la clase y junto a cada alumno; de ahí la importancia que tiene el conocimiento de las aptitudes y aspiraciones de cada uno, al fin de proporcionarle, en la medida de las posibilidades, trabajos que correspondan a sus posibilidades, necesidades y preferencias.

 Son innumerables las técnicas de motivación existentes. Y es bueno que así sea, pues el docente, en cualquier circunstancia, tendrá la oportunidad de echar mano de una u otra. Seguidamente vamos a pasar a considerar alguna de las técnicas de motivación.

 a) Técnica de correlación con la realidad: el docente procura establecer relación entre lo que está enseñando y la realidad circundante con las experiencias de vida del discente o con hechos de la actualidad. Esta técnica, según Nerici, se confunde también con la concretización de la enseñanza.

 La abstracción, la teoría y la definición representan siempre la culminación o término final del proceso intelectivo del aprendizaje, nunca su punto inicial o de partida. Consecuentemente, al iniciar el proceso de aprendizaje de los alumnos sobre una unidad didáctica, en lugar de partir de la abstracción de la teoría para llegar después a los hechos, sígase el camino inverso.

 Nuestra enseñanza, siempre que sea posible, debe articularse con lo hechos del ambiente o próximo en que viven los alumnos.

 El esquema fundamental de la correlación con la realidad es el siguiente:

 - Iniciar la lección enfocando objetivamente hechos reales o datos concretos del ambiente físico o social en que viven los alumnos y del cual tengan noticia.

 - Hacer que la teoría brote gradualmente de esos hechos o datos reales, mediante explicación y discusión dirigida.

 - Una vez formulada la teoría, aplicarla a los hechos, interpretándolos y explicándolos científicamente.

 b) Técnica del éxito inicial: Los pasos a seguir pueden ser:

 - Planear pequeñas tareas de fácil ejecución para los alumnos.

 - Preparar bien a los alumnos para ejecutarlas, facilitando las condiciones necesarias para el éxito. - Hacer repetir esas tareas elogiándolos por el éxito.

 c) Técnica del fracaso con rehabilitación: Esta técnica busca crear en la conciencia de los alumnos la necesidad de aprender determinados principios, reglas o normas con los que todavía no están familiarizados. Consiste la técnica en lo siguiente:

 - Presentar a los alumnos un problema o proponerles una tarea para la que no están aún capacitados. Al intentar resolver la tarea sentirán que les hace falta algo para su resolución. Por este fracaso inicial, se crea en los alumnos la conciencia de la necesidad de aprender algo más que les está faltando.

 - Exponer entonces el principio, regla o norma del que carecían, explicándolo con toda claridad.

 - Hacer volver a los alumnos a la tarea inicial para que lo resuelvan satisfactoriamente. Es la rehabilitación después del fracaso inicial.

 - Como norma didáctica diremos que no conviene abusar de esta técnica, evitando llevar a los alumnos a frecuentes frustraciones.

 d) Técnica de la competencia o rivalidad: La competencia puede ser orientada como:

 - Autosuperación gradual del propio individuo a través de tareas sucesivas de dificultad progresiva. - Emulación de individuos del mismo grupo o clases.

 - Rivalidad entre grupos equivalentes.

 La didáctica moderna recomienda más primera y la tercera, mientras que la didáctica tradicional daba preferencia a la segunda.

 La técnica consiste en:

 - Determinar el sistema del recuento de puntos, designando dos alumnos como “árbitros”.

 - Repartir equitativamente y alternadamente las oportunidades entre los individuos o grupos que compiten.

 - Hacer que el grupo vencido reconozca la victoria del vencedor y le aplaudan con auténtico espíritu deportivo.

 e) Técnica de la participación activa y directa de los alumnos: Habrá que inducir a los discentes a participar con sus sugerencias y su trabajo:

 - En el planeamiento o programación de las actividades tanto en la clase como fuera de ella.

 - En la ejecución de trabajos o tareas.

 - En la valoración y juicio de los resultados obtenidos.

 f) Técnica del trabajo socializado: Adopta distintas formas:

 - Organización de toda la clase en forma unitaria, en función del trabajo que se va a realizar.

 - División de la clase en grupos fijos con un jefe y un secretario responsables, por un trabajo y por un informe que deberán presentar a la clase.

 - Subdivisión en grupos libres y espontáneos, sin organización fija. Mattos afirma que se trata de la tendencia paidocéntrica liberal.

 Las normas para seguir en el empleo de esta técnica de incentivación podrían ser:

 . Organizar a los alumnos en grupos de trabajo con mando propio.

 . Distribuir los trabajos entre los grupos actuales.

 . Hacer que cada grupo presente o relate a la clase el resultado de sus trabajos.

 . Permitir el debate de las conclusiones a que cada grupo llegue.

 . Expresar un juicio sobre el valor y mérito de los trabajos realizados por los grupos incentivándolos para que realicen trabajos todavía mejores.

 g) Técnica de trabajo con objetivos reforzados: En primer lugar habrá que señalar unos objetivos, metas o resultados que la clase ha de alcanzar.

 - Insistir en la relación directa entre las normas que se deben seguir y los objetivos propuestos. - Iniciar las actividades de los alumnos y supervisar su trabajo de cerca.

 - Informar regularmente a los alumnos de los resultados que están obteniendo.

 - Emitir una apreciación objetiva de los resultados obtenidos poniendo de relieve “las marcas” que se vayan superando.

 h) Técnica de la entrevista o del estímulo personal en breves entrevistas informales:

 - Convencer a los alumnos de que no están aprovechando bien su capacidad, o del todo.

 - Mostrarles la posibilidad que tienen de mejorar su trabajo.

 - Sugerirles un método de estudio, con procedimientos específicos de trabajo que contribuirán a la mejora deseada.

 - Comprender a los alumnos en sus esfuerzos por mejorar el trabajo que efectúan.

 - Elogiar a los alumnos por los aciertos conseguidos y por el progreso realizado, inspirándoles confianza en su propia capacidad.

 y) Otras técnicas que podríamos anotar son:

 -Problemática de las edades: el docente debe procurar relacionar, siempre que sea posible, el asunto a ser tratado con los problemas propicios de cada fase de la vida: problemas de profesión, economía, religión, moral, libertad...

 - Acontecimientos actuales de la vida social.

 - Elogios y censuras que pueden funcionar como técnicas motivadoras si son usadas con prudencia.

 - Experimentación: una tendencia común a todos es el hacer algo, esta tendencia es manantial de valiosas motivaciones.

 Es evidente que las técnicas de motivación citadas, y otras no citadas, no constituyen recursos y resortes de eficacia mágica y resultados infalibles, capaces por sí mismas de producir automáticamente buenos resultados; la aplicación de las mismas supone que el profesor conoce y sabe emplear las normas psicológicas de las buenas y auténticas relaciones humanas.

 La motivación puede reforzarse con incentivos o estímulos externos de los cuales los más corrientes son las alabanzas y las represiones. La tabla siguiente indica los resultados de algunas investigaciones sobre los efectos que causan los mencionados incentivos:

 PROCEDIMIENTOS EFECTOS      Mejora  Indiferente   Empeora

 Reprensión pública.........40 % 13% 47%

 Reprensión en privado....83 % 10% 7%

 Conversación particular amistosa.96% 4% 0%

 Elogio público................91% 8% 1%

Sarcasmo ...................10% 13% 77%

 Sarcasmo en particular....18% 17% 65%

 Reconocimiento de que el alumno está progresando..................95% 4%    1%

 Reconocimiento de que está empeorando...................6% 27%   67%

Fomento de Centros de Enseñanza. Manual Técnico del Profesor. Editorial Socusa

   D) Motivación dialogada

    Muchas de las técnicas educativas que proponemos las sacamos de la vida misma. En cierta ocasión, un padre nos decía que no lograba comunicarse con su hijo. Él era vendedor de coches y le preguntamos qué hacía para conseguir tan elevadas ventas, pues realmente era un gran profesional.

    “En primer lugar –explicaba—, hay que crear un buen ambiente; después, hacerle ver al cliente que tiene que cambiar de coche (si no ve esta necesidad, no vamos a conseguir nada); el siguiente paso consiste en convencerle de que puede comprarse un coche y, por último, de que vamos a ayudarle con una buena financiación”. Tras escuchar esta técnica de marketing le sugerimos que la aplicara al caso de su hijo. “¿Cómo?”, dijo sorprendido. Aplicando este proceso que nosotros hemos llamado motivación dialogada:

    Primero: crear el ambiente para el diálogo. Debemos buscar el entorno adecuado para que nos escuche. No conseguimos nada hablando cuando está enfadado, o lo estamos nosotros, cuando tiene prisa o está preocupado por otras cosas. Se trata de propiciar el encuentro. De esta manera, facilitaremos que se implique. Los padres sabemos cuál es el momento adecuado, cuándo un hijo está más receptivo. No lo intentemos inmediatamente después de una pelea o de una discusión, de un suspenso o de un desengaño amoroso. Dejémoslo para cuando haya un poco de calma.

    Segundo: provocar la necesidad de cambio. Hacerle ver la conveniencia de mejorar su actitud o su comportamiento en una cuestión determinada, dándole razones. No ataquemos a varios frentes a la vez, sino uno a uno. Por lo general, cuando se prospera en un aspecto, se prospera en otros o se está mejor dispuesto a prosperar. Si, por ejemplo, observamos que trata de manera incorrecta a sus hermanos o a algún miembro de la familia, le debemos hacer ver que esa actitud le hace arisco o parecer lo que no es y, además, genera mal ambiente. Por su bien y por el del resto de la familia, necesita cambiar la forma de tratar a los demás.

    Tercero: convencerle de que es capaz de hacerlo. No es posible cambiar o mejorar si uno mismo no está convencido de que lo puede lograr. Como padres, debemos buscar la forma de hacerle ver que es capaz de conseguirlo. Muchas veces, un hijo no cambia porque no se ve capaz de hacerlo, porque cree que ese comportamiento es fruto de su manera de ser, que su error es invencible. Sin embargo, nosotros debemos hacerle ver que él o ella no es así: “Tú no te comportabas antes de esta manera”, “tú eres un chico o una chica amable, que quieres a tu familia, aunque no sepas demostrarlo”, “tu forma de ser no merece que actúes de esa forma”… “actúas así, pero no eres así”.

    Cuarto: ayudarle. Demostrarle en todo momento que cuenta con todo nuestro apoyo y darle pautas concretas: no decir tal cosa, hablar en otro tono, pedir de tal manera, saludar de tal forma, evitar tales temas,… Según los casos, podemos buscar ayudas concretas: colaboración de algún miembro de la familia, clases particulares si se trata de mejorar académicamente, información precisa sobre un tema, alguna lectura formativa (un buen libro, una novela o una biografía, le aportan a un adolescente un aprendizaje vicario que puede resultar muy valioso), incluso, si se ve necesario, la ayuda de un profesional: médico, psicólogo, entrenador…

    Si este procedimiento no surte efecto a la primera, deberemos esperar un tiempo y volver a intentarlo. La motivación dialogada debe ser una rutina en el proceso educativo de nuestros hijos, como lo es en el marketing.

    Pilar Guembe y Carlos Goñi. https://blogs.aceprensa.com/familiaactual/motivacion-dialogada/

   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Cómo mejorar la autoestima?

 2. ¿Cómo estimular la motivación positiva?

 3. ¿Qué técnicas de estudio te parecen más eficaces?

 4. ¿Cómo hablar con los chicos para que se motiven?

   Bibliografía:

 Alfonso Aguiló. Educar el carácter. Editorial Palabra

   Enlaces de Internet:

Motivar y enseñar a estudiar

Autoestima

La obra bien hecha

Los niños que no quieren ir a la escuela

El interés de los alumnos por saber más

La influencia del ambiente familiar

Motivar para el estudio

Cómo estimularle en los estudios

Optimismo: el gran motivador

La imagen refleja

Ejercicios interactivos de grandes ideales

Ejercicios interactivos de perseverancia

Ejercicios interactivos de generosidad


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