25. El amor


    A) Falsos cimientos

   En la sociedad actual está aumentando el número de divorcios y separaciones y en algunas naciones europeas más de la mitad de los matrimonios acaban rompiéndose. Muchos novios se hicieron ilusiones en conseguir una situación más positiva al formar una familia, pero al romperse han sufrido un lamentable fracaso.

   A menudo al matrimonio no se le da todo el valor que tiene hasta que se rompe. Los daños son fundamentalmente psicológicos pero también afectan a la salud física. Según algunas investigaciones sabemos que los matrimonio infelices aumentan un 35% las posibilidades de caer enfermos y acortan su vida un promedio de cuatro años. Por otra parte, los matrimonios felices viven más tiempo y disfrutan de mejor salud que los divorciados.

   Ante el gran problema del divorcio es importante preguntarnos cuáles son las causas, si se debe a la falta de preparación de los novios o a la suma de otros factores personales y sociales.

   Cuando un matrimonio se rompe no solo sufren los padres, sino también los hijos. Los chicos que padecen el divorcio de sus padres suelen tener un mayor nivel de estrés que la media de los otros niños y en los años sucesivos aumenta el absentismo escolar, la depresión, el rechazo con los compañeros, el mal comportamiento, las malas calificaciones y se suele terminar en fracaso escolar.

   Todo divorcio reduce el bienestar de los hijos, se deterioran las relaciones entre los padres y los hijos y aumenta la probabilidad de que en el futuro esos hijos acaben también divorciándose.

   Cuando la familia se desintegra, además de los esposos, también sufren los abuelos que ven fracasar a los esposos en una empresa tan importante. El daño que se hace a los hijos es inmenso: pierden el sentido del amor primitivo y pueden derivar hacia el cinismo. 3. Falsas razones para casarse.

   He aquí algunas decisiones equivocadas de los novios que pueden desembocar en fracaso:

   a) Prestar demasiada atención a la belleza del cuerpo, al dinero y a la posición social de la pareja.

   b) Idealizar las cualidades y virtudes del otro sin aceptar sus defectos.

   c) Tener miedo a quedarse solterón o solterona y precipitar un matrimonio poco preparado.

   d) Buscar la independencia de los propios padres.

   e) Casarse como una afirmación personal ante la oposición de sus padres respecto a la elección de la pareja.

   f) El temor a interrumpir un noviazgo oficial y socialmente alentado.

   g) Adelantar la boda, cuando la novia queda embarazada. Sería mejor esperar a que nazca el niño y casarse con más clama y serenidad.

   h) Casarse con alguien por el que se siente compasión, pensando que así se le podrá ayudar mejor.

   i) Pensar que el matrimonio puede solucionar algunas alteraciones psicoafectivas, como por ejemplo la homosexualidad.

   j) En la pareja homosexual pensar que uno puede hacer de padre y el otro de madre.

  Arturo Ramo García

    B) El amor verdadero

   Cuando dos novios se aman tratan de hacerse una sola cosa. Esta unión a la que aspiran no es solamente afectiva (tener los mismos sentimientos) sino la identificación personal entre el amante y la amada. Casa cónyuge ve al otro como parte de si mismo.

   Por eso cuando fallece uno de los esposos, el otro sufre como un desgarro en el propio ser, como un vacío interior y como una soledad que le quita las ganas de vivir.

   Cuando Marie Curie quedó viuda decía: "Pierre mío, pienso sin cesar en ti, mi cabeza estalla y mi corazón se turba. No comprendo por qué tengo que vivir desde ahora sin verte, sin sonreír al dulce compañero de mi vida" (Sánchez Rou, J.M. Marie Curie. Editorial ABC. Madrid 1003. Pág 39 y 121-122).

   Con el amor se pasa de la apertura sensible al deseo de formar una unidad estable con el otro cónyuge. Aunque no desaparecen el "yo" y el "tú", surge el "nosotros".

   Para algunos el amor no es más que la atracción física o carnal entre un hombre y una mujer por la que se ven impulsados a una unión sexual. Pero es mucho más: es un encuentro personal entre el yo y el tú para formar el nosotros.

    El amor conyugal es distinto de los otros amores como la amistad, el afecto o la donación, por su específico carácter sexual.

   Para los ideólogos de la revolución sexual, el amor no es más que la unión carnal. Pretenden alcanzar la libertad con la desvinculación personal y comprometida, buscando el placer sexual con muchas personas. Solo se desea el cuerpo del otro como objeto de placer y de utilidad, como se desea el comer cuando se tiene hambre. Es el usar y tirar.

   Actualmente necesitamos una segunda revolución sexual porque el hombre va más allá de la diversión y el placer para poder alcanzar la felicidad. El cónyuge necesita ser amado por sí mismo y no por el placer o la utilidad que pueda proporcionar. Aspira a un encuentro personal con el otro cónyuge en cuanto ser único e irrepetible.

   Podemos decir que los amante son los que se aman; los esposos, además de amarse, se comprometen a seguir amándose sin tener una puerta abierta para una posible salida o separación. En el matrimonio, se une el rasgo del compromiso.

   La unión conyugal es una decisión voluntaria de ambos cónyuges por la que cada uno elige al otro libremente para siempre. Es una entrega de lo que son ahora y lo que serán en el futuro como varón y mujer. De esta forma se convierten en cónyuges.

   No se puede considerar el amor comprometido como una esclavitud, sino como una madurez del amor por la que se autoobligan, libre y voluntariamente a quererse para siempre.

  Arturo Ramo García

   C) La donación total

  En el noviazgo, el amante se deja absorber pasivamente por los encantos del otro. Para el enamorado el amor se reduce a sentir y desear al otro de forma espontánea. Se podría decir que hay una entrega pasiva, por simple encantamiento. Sin embargo, entre los esposos la entrega es fruto de una decisión libre basada en la reflexión de amar a la otra persona. En este caso, los esposos no son arrastrados por una pasión, sino que su entrega es activa, al comprender que el otro merece su amor.

   El paso de la entrega por enamoramiento a la entrega por decisión de la voluntad hace que el amor sea pleno y total. Este amor es pleno porque además de comprender el plano instintivo y sensible, también abarca el factor racional. El hombre piensa y decide querer a la otra persona.

   La donación es total cuando se entrega la persona entera y para siempre. Por eso el amor es indisoluble. Si el amor conyugal no es pleno y total se estará apoyando en arenas movedizas y así no se puede edificar nada sólido.

   Aristóteles decía que amar es querer el bien para el otro. Ese bien consiste en procurar que el otro sea mejor, que crezca por dentro, que se perfeccione como persona. El amor benevolente aspira a que el otro consiga lo que puede y debe llegar a ser y a ayudarle a conseguirlo.

   El amor benevolente, además de hacer feliz al amado, le hace valioso. Sabe detectar y cultivar en el otro cualidades que apenas se conocían, es decir, que estaban en estado potencial, esperando que alguien le ayudara a activarlas.

   El amor es dar y recibir. Hemos de aprender a dar, es decir, pensar en el otro para hacerle feliz, ofreciéndole no solo lo material, sino la ternura, la confianza, la comprensión y la paciencia. Pero además de dar, también hay que aprender a recibir, o sea, aceptar y agradecer lo que da el otro cónyuge. Quien no sabe recibir se incapacita para dar en el futuro.

   Otra característica del amor benevolente es que hace el bien al otro, pero en silencio, sin espectáculo. Es un amor callado.

   En el matrimonio no basta "quererse" sino que es necesario "querer quererse", es decir, decidirse a querer a la otra persona en todas las circunstancias y con sus defectos. Y esto no solo en el aspecto sentimental sino con actos concretos y continuados de amor.

   - Seguir los dos la misma suerte, acompañándose y apoyándose mutuamente aunque puedan surgir dificultades.

   - Pensar o intentar pensar exclusivamente en el otro: su estado de ánimo, su salud, su humor y su fracaso o éxito en el trabajo. Y todo esto hacerlo con delicadeza, ternura y satisfaciendo sus gustos.

   - Saber dar el bien al otro, pero buscando la novedad y el factor sorpresa. Es bueno introducir sorpresas en la vida conyugal para evitar un posible mal acostumbramiento o la simple rutina.

   - También es positivo compartir algunas costumbres: dar paseos juntos, leer algunas páginas de un libro de humor o entregarse al sueño después de dar un beso al otro. Esto sirve para consolidar una hermosa historia de amor.

   - Los matrimonios que duran no suelen ser los que se apoyaron en el amor-pasión, sino los que se basaron en el amor-decisión, en el compromiso de quererse.

  Arturo Ramo García

    D) El interés hacia el otro cónyuge

  El amor conyugal tiene un orden: primero, los esposos; segundo, los hijos y tercero, otros asuntos, como el trabajo, la familia de origen, las aficiones personales, etc. Cuando se altera esta jerarquía de valores, pueden surgir crisis conyugales.

   Decía un marido: Me casé para siempre y mi mujer ha sido lo primero. Todos los planes los hacemos juntos. Siempre estamos juntos y lo pasamos bien.

   Decía una esposa: Tengo muy claro que él es el primero para todo, mucho más que los hijos.

   Cada cónyuge necesita recibir atención preferente del otro cónyuge. Cada uno debe preguntarse: ¿Mi cónyuge es, de hecho, la persona más importante de mi vida?

   El segundo valor del matrimonio son los hijos, a los que han de cuidar y educar.

   El trabajo no puede ocupar los primeros lugares. Hay que trabajar mucho y bien, pero sin llegar al activismo o la profesionalitis. Porque algunos viven para trabajar y esto les lleva a desatender la vida conyugal y a una posible crisis en el matrimonio.

   Si hay que armonizar trabajo y familia, se ha de cuidar especialmente la vida familiar.

   Ya vimos en otro tema que la felicidad no se consigue con una búsqueda directa, sino como consecuencia de procurar hacer feliz a la persona amada. Se puede afirmar que la felicidad está más relacionada con amar que con ser amado.

   Ese amar es estar pendiente del otro para conocer sus gustos, lo que le apetece y lo que le preocupa, tratando siempre de hacerle la vida más feliz dentro de lo posible.

   Una mujer podría pensar: Dios me dio este esposo para hacerlo feliz y para hacerlo mejor.

   La felicidad de un cónyuge depende de la del otro, como la felicidad de una madre depende de la felicidad del hijo. Amo a una persona cuando su felicidad forma parte de mi felicidad. Para ello hay que olvidarse de sí mismo y de los propios egoísmos.

   Saber amar es saber compartir la vida con el otro. Contar con el otro cónyuge para todo, como las alegrías, los problemas, las experiencias, etc.

   Hay que comprender que el trabajo de casa, ordinariamente, es tarea de los dos. El marido puede ayudar constantemente a su mujer en los trabajos rutinarios de la cocina y en el cuidado de los hijos.

   Después de la boda, los esposos suelen descubrir en el otro diferencias importantes que antes no habían tenido en cuenta: diferencias de personalidad, de valores, de estilo de vida, de intereses y de necesidades personales. Estas diferencias no son en sí mismas ni defectos ni obstáculos para la convivencia.

   Es importante aceptar al otro tal como es, con sus virtudes y defectos y aprender a vivir con esas diferencias. Mirar al otro con respeto, comprensión y pasar por alto los pequeños o grandes defectos que cada uno de ellos puedan tener.

   Hay que aceptar que el otro es diferente y el amor mutuo llevará a afirmar esas diferencias personales. Esto supone esfuerzo y flexibilidad en los dos esposos para adaptarse y habituarse al otro.

   Otro aspecto importante es no tratar de cambiar al otro. Decía un marido: Me ha sido de gran ayuda aceptar a mi esposa como es, sin pretender amoldarla a mi propia personalidad o de tratar de llevarla por el camino que a mi me convenía.

   La mayoría de los desacuerdos matrimoniales suelen originarse por intentar cambiarse el uno al otro. Hay que comprender las diferencias esenciales entre los cónyuges y aprender a vivir con esas diferencias honrándose y respetándose el uno al otro.

  Arturo Ramo García
 


   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Qué podemos hacer para evitar el divorcio?

 2. Características del amor verdadero

 3. ¿Cómo entregarse del todo?

 4. ¿Cómo evitar la profesionalitis?

   Bibliografía:

 Mary Beth Bonacci. Tus preguntas sobre el amor y el sexo. Editorial Palabra

   Enlaces de Internet:

Matrimonio, sexualidad y amor

Personas interesadas en los demás

La influencia del ambiente familiar

Discernir los propios sentimientos

Carta de Einstein a su hija

El amor humano

Aceptación personal

La caridad virtud suprema

El auténtico concepto de corazón

Elogio de la fidelidad conyugal

El amor, contra el adoctrinamiento sexual

Tus preguntas sobre el amor y el sexo

Necesidad del amor en la familia

La castidad matrimonial

Afectividad: no busque la abstinencia, busque el amor

La alquimia del amor

Ejercicios interactivos de los falsos cimientos

Ejercicios interactivos del amor verdadero

Ejercicios interactivos de la donación total

Ejercicios interactivos del interés hacia el otro cónyuge


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