16. Valores


   A) Desarrollo de las virtudes

El objetivo final de la educación de los chicos es que alcancen la madurez humana que se manifiesta “en cierta estabilidad de ánimo, en la capacidad de tomar decisiones ponderadas y en el modo recto de juzgar los acontecimientos y los hombres” (Concilio Vaticano II. Decreto Optatam totius, II). Esta madurez es consecuencia del desarrollo armónico de las virtudes y podemos decir que las virtudes adquiridas desarrollan a la persona a nivel natural.

   Los padres de familia desean que sus hijos sean ordenados, estudiosos, generosos, alegres, sinceros, etc. Pero este deseo, para no quedarse en una idea inalcanzable, ha ce concretarse en objetivos claros y alcanzables por los hijos.

   En primer lugar hay que decir que la familia es el ámbito natural para el desarrollo de la persona, porque es ahí donde se relaciona lo más profundo de la persona, su intimidad. En la familia se acepta y se quiere a las personas por lo que son, no por lo que hacen. Los padres quieren a sus hijos por lo que son, aunque en ocasiones no están de acuerdo con lo que hacen o cómo se comportan sus hijos.

   El colegio no es una organización natural, sino cultural y a través de la cultura apoya a los padres en la formación de los alumnos, pero la acción de los padres es la más importante. Es en la familia donde se desarrollan los hábitos operativos buenos (ser ordenado, estudioso, generoso, alegre, sincero, etc.), que son las virtudes humanas. Para conseguirlas es necesario conocerlas y “querer” esforzarse por conseguirlas.

   En la adquisición de las virtudes hay que considerar dos cosas: la intencionalidad y la rectitud de intención. Uno puede ser más o menos generoso o serlo solamente con los amigos o con toda persona que necesite una ayuda. El otro factor es la rectitud de intención o el motivo por el que hacemos una cosa. No es lo mismo que un chico regale a un amigo un juguete porque sabe que los “Reyes” han sido pobres y le hace ilusión que regalarle ese juguete a regañadientes porque su madre se lo ha mandado. Las virtudes se han de vivir con rectitud de intención: no son un fin en si mismas, sino que se viven voluntariamente para alcanzar la madurez humana y el desarrollo de la personalidad.

   Para conseguir todo esto, lo primero es el ejemplo de los padres, que no consiste en ser “perfectos”, sino en luchar para superarse personalmente. Después conseguir que los hijos conozcan las virtudes dando explicaciones, preguntando por qué esos hábitos tienen valor y profundizando en la finalidad de esos esfuerzos. Junto al conocimiento intelectual hace falta la autoexigencia de la voluntad y el apoyo afectivo de los padres.

  Arturo Ramo García

    B) Los valores del trabajo bien hecho

    En los ambientes educativos vuelve a debatirse el valor del esfuerzo. ¿Es necesario esforzarse para aprender? ¿Qué papel tiene el juego en el aprendizaje?

    Hay una máxima en Pedagogía que dice: "Sin actividad no se aprende nada y sin esfuerzo no hay actividad". Luego en todo proceso de aprendizaje tiene que haber actividad y esfuerzo por parte del estudiante.

    El trabajo de los escolares es auténticamente educativo cuando se termina con perfección, cuando se persigue la obra bien hecha, con la calidad posible dadas las condiciones de cada escolar. Su influencia en la educación del estudiante hay que considerarla respecto a la actividad misma del aprendizaje y la resultante de la relación social con los otros compañeros.

    En la actividad misma del aprendizaje se desarrollan varios valores como: la constancia, para terminar la obra iniciada; la magnanimidad para conseguir que la labor sea de probada calidad; el desarrollo del criterio personal, para discriminar lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo aceptable de lo rechazable; el estudiante desarrolla el orden, no sólo de sus ideas, sino también del material y del tiempo a él dedicado; la claridad en la expresión verbal y el decoro del lenguaje.

    En la relación social con los otros compañeros también se desarrollan una serie de valores como la justicia, a ofrecer el trabajo personal adecuado cuando se hace trabajo en equipos; participación en las decisiones que se toman dentro del equipo y responsabilizarse de los encargos personales; hace falta generosidad para que el trabajo final tenga la calificación de obra bien hecha; y en muchas ocasiones hace falta ayudar y servir a algún compañero que necesita una colaboración eficaz.

    La enumeración de estos valores justifican la idea de que la formación ética se apoya en la intelectual, es decir, al estudiar matemáticas, lengua o ciencias naturales también se forma la personalidad.

    Algunos autores como Brown, G.I. (en "Human Teaching for Human Learning: An Introduction to Confluent Education" Viking, New York, 1971), hablan de "educación confluente" en el sentido de que los elementos cognitivos y afectivos confluyen en todo proceso de aprendizaje.

    Cuando un estudiante pone esfuerzo en su actividad académica, no sólo realiza una obra bien hecha, sino que se forma como persona a sí mismo.

    Arturo Ramo García

   C) Forjar el carácter

    Una guía sencilla y práctica para formar el carácter en tu vida cotidiana. Para ubicarnos en el contexto del valor del carácter, debemos considerar que:

    Tener carácter implica una decisión firme y una férrea voluntad para proponernos objetivos y alcanzarlos en la medida de nuestras posibilidades, constancia en el cultivo de los buenos hábitos, una actitud positiva hacia el trabajo y el esfuerzo continuo por dominar los impulsos de nuestro temperamento.

    Con base en todo esto, podemos afirmar que una persona con carácter:

    - Tiene retos constantes para consigo mismo.

    - Cumple con sus deberes y obligaciones sobreponiéndose a las dificultades y al cansancio.    - Modera su estado de ánimo y el mal humor para conservar la calma en cualquier circunstancia.

    Para mejorar la vivencia de este valor, conviene reflexionar detenidamente en las siguientes cuestiones:

    - ¿He cumplido con mis propósitos para este último mes? ¿Los he aplazado por mucho tiempo?    - ¿Abandono con facilidad una tarea por ser laboriosa, incómoda o desagradable?

    - ¿Me quejo de todo o critico con frecuencia? (a las personas y su forma de ser, la cantidad de trabajo, el tráfico, la comida, etc.)

    - ¿Tengo dificultad para aceptar mis errores? ¿Busco excusas y normalmente busco evadir las consecuencias de mis fallas?

    - ¿Me exalto con facilidad y demuestro mi mal humor para que se note que estoy contrariado? ¿Sucede de igual manera si me siento triste o deprimido?

    - ¿Sé escuchar con atención a los demás?

    - ¿Normalmente tengo una actitud de servicio a los demás?

    - ¿Mi trato es amable y cordial con todas las personas?

    Ahora que hemos revisado y recordado los fundamentos de este valor, lo que sigue es realizar acciones concretas que nos ayuden a fortalecerlo. Puedes tomar como base:

    - Levantarse 10 minutos antes de la hora acostumbrada.

    - No quejarse continuamente del tráfico y de la imprudencia de los demás.

    - Hacer lo necesario por ser puntual. (Duerme o levántate más temprano; reduce el tiempo de tu descanso; utiliza una agenda o la alarma de tu reloj, etc.)

    - Ver menos tiempo la televisión o en su defecto ver el noticiero completo.

    - Hablar bien de las personas.

    - Llegar al trabajo o a la casa con una sonrisa.

    - Saludar con educación y cortesía a todas las personas.

    - Pedir perdón si ofendimos o hicimos pasar un mal momento a alguien por nuestro mal humor.

    - No perder el tiempo para iniciar cualquier tarea o trabajo.

    - Comenzar a trabajar en lo más importante y necesario, no en lo que más nos gusta o parece más sencillo.

    - Terminar en forma completa y cuidando los pequeños detalles, todo aquello que tenemos que hacer (informes, planes, trabajos escolares, etc.)

    - Cumplir con las promesas y compromisos que hemos hecho.

    - Aprender a escuchar y considerar las opiniones y consejos que nos dan.

    Decisión, reflexión y perseverancia para alcanzar nuestros objetivos, constituyen un buen principio y una sólida base para hacer del valor del carácter, el sello distintivo de nuestra personalidad.

    Original de: www.encuentra.com

   D) Educar en valores, proyecto de vida

    Es propio de la adolescencia la rebeldía y el ansia de hacer cosas por cambiar el mundo. Esta tendencia cabe orientarla hacia la pregunta ¿qué hago yo con mi vida que sea valioso? Y como parte de mi vida ¿cual es mi proyecto profesional? ¿Que es valioso? Ante estas preguntas, un padre puede decirle a su hijo “has de ser un hombre/mujer de provecho”.

    La educación es un proceso de mejora personal, un proceso de maduración. Muchos autores distinguen en el proceso de formación de la persona tres partes: la materia, la inteligencia y la voluntad, olvidando el aspecto afectivo, de vital importancia y que en los últimos tiempos se ha puesto de moda por la llamada “inteligencia emocional”.Cada una de estas partes se desarrolla de distinta manera, pero siempre formando un único ser indivisible, que es la persona.

    En el proceso de formación de la persona intervienen tanto la carga genética con la que se nace como la influencia ambiental del exterior.

    En lo concerniente a la influencia ambiental (familia, amigos, colegio, medios de comunicación, etc.), algunos autores hablan de adiestrar, instruir o educar según se refieran al desarrollo material (cuerpo), al intelectivo (adquisición de conocimientos) o al de la voluntad (vertiente operativa de la inteligencia).

    Que duda cabe que el desarrollo físico e intelectual son muy importantes, pero en este capitulo nos centraremos en lo que es propiamente educar (adquisición de valores que ayuden a la persona a madurar y ser feliz).

    1.- Crecimiento en madurez a través de la adquisición de valores. La propia palabra “Valores” nos indica algo positivo, algo que vale la pena. Se dan, por otra parte, una serie de valores (solidaridad, espíritu de equipo,  laboriosidad, fortaleza, etc. ) que podemos entender como universales y como camino de crecimiento de la persona. Ser generoso, laborioso, solidario, o como mínimo luchar realmente por serlo, se entiende como propio de una persona madura, reflexiva. A su vez, la adquisición y continua mejora en estos valores ayuda en la maduración personal.    En el proceso de mejora personal, ser mas persona, ser más feliz, entra en juego el proceso de madurez. Esta abarca tanto el aspecto mental como el emocional y el social.

    1.-En el aspecto de la madurez mental, supone el desarrollo de aptitudes intelectuales que hacen a la persona capaz de observar, analizar, relacionar, resumir, memorizar, discernir, enjuiciar, formar los propios criterios,...

    2.-La madurez emocional lleva al hombre a autoposeerse. A ser dueño de si mismo y no esclavo de los sentimientos, los instintos, etc..En este sentido, es cada vez mayor el número de autores (Marina, Goleman, Bruckner, Kreeft, ..) que reivindican, con distintos matices, lo que el autor americano de moda ha denominado Inteligencia emocional. Es decir, la capacidad de ser hombres/mujeres ejerciendo lo que es propio de nuestra especie: la racionalidad y la inteligencia y que estas dirijan los sentimientos y los instintos.

    Esto no supone, ni con mucho, el desarrollo de hombres fríos, insensibles, etc. Sino el autodominio, que no es otra cosa que el señorío de la razón y la voluntad sobre las apetencias, instintos y reacciones.    Unos ejemplos pueden ilustrar este punto: Trabajar o estudiar cuando lo que hago me gusta o divierte y bajar el ritmo o dejarlo cuando no me satisface es manifestación de escaso autodominio. Estar más pendiente del halago que del cumplimiento del deber es ser tributario del exterior, o ceder a la vanidad.

    Daniel Goleman (“Inteligencia emocional”) habla del analfabetismo emocional como de la base de muchos problemas sociales. Se puede equiparar a inmadurez emocional. Otros autores citan dos patologías propias del individualismo moderno: el infantilismo y la “victimización”. Ejemplo: la de quién necesita ser alabado y animado continuamente para sacar adelante lo propuesto, o la de quienes no son capaces de asumir sus fracasos y reconocer sus culpas y buscan siempre a otros como culpables, haciéndose ellos las víctimas.

  3.- Madurez social. Esta nos lleva a la preocupación por los demás, a salir de uno mismo. Se demuestra en la ayuda al compañero que lo necesita sin verlo como un competidor, o en ayudar en su tarea a otro cuando se ha terminado la propia, en ser capaz de realizar algo por los demás sin pensar en compensaciones económicas o materiales.

    4.- Crecimiento en madurez y valores. La persona que va creciendo en madurez mental y emocional va creciendo en libertad. En efecto, al tener criterios firmes y convicciones propias, fruto de su madurez mental, no es fácil presa de la manipulación, de las modas, de lo novedoso, de qué dirán….Por otra parte, su autodominio, fruto de la madurez emocional, le libera de las ataduras de la comodidad, de la pereza, de los instintos,…

  La madurez social le capacita para abrirse al amor.¿Que papel juegan los valores en este proceso de maduración? En la tarea de educar, convendrá tener muy claro que la adquisición de unos valores u otros depende de la edad.  Los valores no se adquieren a la vez ni de manera anárquica, sino que requieren un proceso acorde con la edad psicológica, carácter, etc. de la persona.

    Esto nos recuerda que la educación es un proceso personal, que cada persona sigue un ritmo distinto y que la masificación supone un golpe fatal a la educación.

    La maduración no es “ir quemando etapas” sino pasar de una a otra paulatinamente. Los valores se entrelazan unos con otros: ser laborioso exige ser ordenado, constante, recio: ser responsable exige ser sincero, honesto, etc. El proceso de maduración implica adquirir valores, una lucha concreta en la que la persona no se quede en oníricos deseos de mejora sino que día a día y con actos concretos vaya poniendo por obra esos deseos. Esto se conoce como adquisición de hábitos. Resulta una quimera querer ser ordenado sin realizar actos concretos de orden  (horario, recoger los libros después de estudiar, etc.) o ser sincero si no se ejercita la sinceridad cada día, hasta en aquello que llamamos “mentiras inocentes”.Sería, por otro lado una falta de maduración (tanto en el adolescente como en el adulto) el que se repitieran estos actos sin que la persona los tomara como propios, es decir, que los realizase sin interiorizarlos, o por el miedo a ser visto y no por un acto de libertad.

    Un signo de madurez es ser sincero, ordenado o solidario porque se quiere serlo, porque se entiende que eso es lo bueno. Este argumento es muy válido entre los adolescentes quienes siempre dicen hacer las cosas porque quieren.

    Obviamente los argumentos anteriormente expuestos no son válidos para los niños pequeños. A estos habrá que ayudarles para que realicen aquellos actos, hábitos, de que hablamos, y hacerles ver la bondad de lo que hacen (ayudar a poner la mesa, decir la verdad, etc.) y la alegría que produce el bien.

    Quien repitiera los hábitos de manera mecánica, sin haber interiorizado su valor y sin hacerlos propios, estaría en un proceso de adiestramiento (repetición mecánica) y no de educación, ya que, como ya se ha dicho, la educación exige libertad y responsabilidad personal.

    Por tanto la educación exige un proceso de mejora personal encuadrado dentro de la libertad y globalmente orientado hacia el amor. La adquisición libre de valores ayuda en el proceso de maduración de la persona llevándole a ser mas plenamente persona , con más capacidad de amar y por tanto más capaz de ser feliz.

    2.-Los valores y el camino de la felicidad

    Existe una realidad en la que todos los seres humanos de todos los tiempos y de cualquier lugar están de acuerdo: el hombre anhela la felicidad. La pretendemos de una manera mas o menos explícita, con mas o menos ansia, pero en cualquier caso, lo sepa o no, el hombre ha sido creado para ser feliz.

    La felicidad es, en cierta medida, llevarse bien con los otros, con el mundo y con uno mismo. De estas relaciones es probablemente la tercera la más ardua de conseguir, de manera que cuando se alcanza, las otras dos (con los otros y con el mundo) surgen espontáneamente. ¿Qué significa llevarse bien con uno mismo?. Conoces la verdad total de la persona junto con la actitud de lucha orientada hacia los valores que la perfeccionan, valores que están coronados por el amor.

    Otra idea que convendría exponer es que la felicidad no se puede plantear como un objetivo a conseguir directamente. Es más bien la consecuencia de haber hecho una determinada opción valiosa en la vida y del esfuerzo en seguir fiel e ilusionadamente dicha opción, superando los obstáculos que puedan surgir: es como un don, un regalo, que uno recibe como recompensa del esfuerzo puesto en la búsqueda del bien verdadero.

    De resultas de lo anterior, se ve que la felicidad no se encuentra cuando es directamente buscada y concebida como un derecho, ya que este modo de actuar o pensar genera egoísmo, y este es incompatible con la felicidad.

    Además, según muchos autores la búsqueda directa de la felicidad genera ansiedad, de la misma manera que la búsqueda afanosa del sueño en una noche de insomnio genera frustración y más insomnio.

    La felicidad se vive en presente y se consigue en pequeñas parcelas como consecuencia de la obra bien hecha. Cada acto de valor, cada acto de generosidad, de sinceridad, de solidaridad produce en la intimidad del hombre un atisbo de lo que es la auténtica felicidad, una satisfacción profunda que nada tiene que ver con lo que produce la compra de una automóvil nuevo.

    Ante una intensa tarde de estudio los padres podrán preguntar al hijo “¿estás contento?, ¿satisfecho del esfuerzo?. Te has cansado pero merece la pena”. En estos diálogos familiares convendrá contarles el esfuerzo que supone el trabajo realizado ese día, no como una queja sino como constatación de que el trabajo bien hecho siempre exige esfuerzo, y a la vez es una escuela de alegría donde se aprende a marchar por el camino de la felicidad. Haber ayudado a un compañero en su trabajo, haber puesto todo el esfuerzo en un trabajo de grupo sin pensar si los otros hacen lo mismo, sentirse querido incondicionalmente en la familia, son situaciones cotidianas que nos ponen en contacto con lo que vale la pena.

    Es conocida la afirmación de que “ si no hay ideales por los que merezca la pena morir, tampoco existen razones que justifiquen vivir”.La felicidad se encuentra necesariamente en relación con lo mas alto del hombre (la inteligencia y la libertad) y por ello consiste en ese proceso permanente y continuado de autoconquista del hombre mismo (educación).

    Así pues, quien buscase la felicidad fundamentalmente en la posesión de bienes materiales, en el éxito social, en la salud, o en el poder, habría equivocado el camino. La felicidad está en una mirada cálida, en sentirse querido incondicionalmente en la familia, en ser corregidos por quien sabemos nos quiere, en hacer algo por los demás desinteresadamente, …..La experiencia de millones de seres humanos y la de cada uno descubre que el camino de la felicidad es el camino de la mejora personal, de la lucha por procurar el ejercicio de valores.

        3.-Los valores según las edades

    El proceso de maduración de la persona se produce de manera escalonada, los valores no se adquieren todos a la vez o en cualquier momento. Su adquisición se produce poco a poco, en función de factores tales como la edad, la motivación, la familia, etc.

    Es cierto que los valores están intrínsecamente conectados. En este sentido resulta difícil interiorizar la solidaridad si no se vive la generosidad en el día a día, no se puede ser laborioso sin vivir la fortaleza, etc.

    Con el fin de facilitar la labor de los padres a continuación, se expone qué valores son los que se desarrollan en las distintas edades. De esta manera se gana en efectividad, porque sin olvidar el conjunto es más fácil centrarse en aquello que el niño o el joven , ya sea por su edad o su momento psicológico, está en disposición de desarrollar.

    3.1 Hasta los 7 años

   La educación en valores debe centrarse en el orden, la obediencia y la sinceridad.    Son estos tres valores la base de la educación. A partir de ellos crecerán los demás y serán la base de una vida feliz y equilibrada.    La manera básica de vivir valores en esta edad es por medio de hábitos, es decir, de la repetición de actos operativos concretos de orden, obediencia y sinceridad.

    En un ambiente familiar de alegría, tranquilidad, confianza y cariño se debe exigir a los niños que recojan los juguetes que han utilizado, habrá que facilitarles la labor proveyéndoles de cajas de colores, estanterías a su altura, etc. Será bueno también explicarles él porqué del orden con el fin de que no sean maniáticos del orden por el orden y que vean las ventajas de ser ordenados. Con visión del futuro, a nadie se le escapa la importancia del orden en un trabajo profesional eficaz.

    Con respecto a la obediencia, la lucha se centrará en que los niños obedezcan a la primera, sin necesidad de gritos o repeticiones de  la orden dada. Para ello, entre otras cosas habrá que asegurarse de que el niño ha entendido bien lo que se le ha dicho y sabe hacerlo.

    Llevado al terreno profesional, es incuestionable que todo trabajo implica disciplina, respeto a las normas, horarios, obediencia a los jefes jerárquicos….Empezar  a inculcar a los hijos desde pequeños esta virtud, equivale a formar buenos profesionales para el futuro. La sinceridad será exigible sin olvidar que los niños también tienen mucha imaginación y que las invenciones no constituyen mentira si detrás no hay intención de ocultar algo.

    En relación con el trabajo profesional, la sinceridad con uno mismo lleva a  reconocer los fallos con el fin de corregir y mejorar.

    A titulo de ejemplo, se sugieren algunas pautas educativas en esta edad:

 - La alabanza, la alegría son herramientas de apoyo para que el niño disfrute haciendo el bien.

 - El ejemplo de los padres es fundamental, ¿cómo será posible exigir al niño sinceridad si en casa se miente, o exigir en orden si el padre tiene su mesa desordenada de manera continua? Los hijos valoran que sus padres luchen por ser mejores, y no que sean perfectos.

    Por último es importante reseñar que la trilogía valor-lucha-felicidad debe ser conocida por los niños, así como que los valientes son los sinceros y obedientes, no quienes mienten o desobedecen.

    3.2. Entre los 8 y los 12 años.

 El abanico de posibilidades se abre: fortaleza, perseverancia, laboriosidad, responsabilidad, paciencia, sociabilidad. Como se puede ver, todas ellas relacionadas con la principal actividad del niño, con su profesión: estudiar.

    La educación de la fortaleza, perseverancia, laboriosidad, sociabilidad, etc. son básicas en la eficacia  profesional. Los niños educados en estos valores serán, con más probabilidades que quienes no lo hayan sido, adultos responsables y sabrán triunfar o en su caso asumir los fracasos.

    Es fundamental que se palpe en el ambiente familiar un afán de mejora. Como ya se ha dicho el proceso de mejora personal no acaba nunca y el mejor ejemplo para un hijo es ver a sus padres luchando por intentar ser mejores, en el hogar, en el trabajo, con los amigos, en la diversión, en el tiempo libre, en la comunidad de vecinos, en el barrio.

    Compartir esta lucha con los hijos será una fuente de unión familiar y los padres estarán en mejor disposición de ayudar, ya que podrán utilizar un arma infalible: el prestigio personal.

    La fortaleza supone acabar un trabajo comenzado y no dejarse rendir por la apetencia o el cansancio: no quejarse, creando mal ambiente entre los compañeros de trabajo y bajando el rendimiento; cosas tan sencillas- y difíciles- como mantener un horario de estudio (perseverancia), resistir los inconvenientes (calor, cansancio) sin quejarse excesivamente, o resistir el atractivo de ver un programa de TV en vez de estudiar. Estos pequeños vencimientos son indispensables para un desarrollo equilibrado de la personalidad. Las primeras piedras se ponen a través de hábitos buenos.

    La sociabilidad supone abrirse a los demás, haciendo amigos en el trabajo, fomentando un ambiente alegre y optimista que ayuda a las personas a ser mejores y más alegres.

    La laboriosidad se puede concretar en realizar con empeño y alegría los deberes escolares.

    3.3 En la adolescencia, de 13 a 17 años:

 El adolescente aprecia en alto grado la amistad y el cortejo de valores a ella asociados: lealtad, respeto, comprensión, confianza, ayuda.

    ¿No es una meta ambiciosa apropiada al idealismo juvenil, proponerles el reto de humanizar la sociedad y el mundo del trabajo con retos, impregnandolos de estos valores?. ¿Y el de reconstruir el auténtico significado del amor, con toda su grandeza y exigencia?.

    Lealtad al superior (evitando criticas destructivas), comprensión, (perdonando los fallos de los demás y ayudándoles a mejorar), respeto (a otras ideas y modos de ver las cosas, a otras opiniones…).Señorío de la inteligencia y la voluntad sobre los instintos que permita orientar la sexualidad del amor y a la vida.

    Es claro que las relaciones sociales mejorarían mucho si se fuera capaz de inculcar y vivir estos valores.

    La rebeldía, connatural de los adolescentes juega en este caso a favor de su mejoramiento personal. ¿Porqué no aprovechar esta rebeldía para rebelarse contra la comodidad, él ir tirando, el egoísmo, la intolerancia? Será necesario ayudar a los adolescentes a concretar esos deseos de rebeldía en actuaciones diarias concretas para que no queden en meras utopías.

    En estas edades de poco servirá que se vivan los valores por imposición, ya es tiempo de que los hagan suyos y actúen así porque los van interiorizando.

    La propia naturaleza humana que busca la verdad y el bien, encuentra en esta lucha vital por los valores el camino de la ansiada felicidad, y esto es algo que debe ser motivo de diálogo con los hijos.

    No debe darse por supuesto que los hijos conocen el camino de la felicidad, que saben que lo material no llena el corazón humano. Esto deberá ser motivo de tertulias y conversaciones privadas, evitando caer en espiritualismos e ideas utópicas, sino transmitiendo el atractivo de un proyecto de vida que integre los tres ámbitos de la felicidad (amor, trabajo y cultura).

    OBJETIVOS DE LA EDUCACION EN VALORES

 1.Conocer que significa el proceso de educación.

 2.Relacionar valores y felicidad.

 3.Conocer los valores según las edades con el fin de optimizar y aprovechar al máximo el esfuerzo.

 4.Ayudar a los hijos a conocer su vocación profesional y buscar su profesión de acuerdo con valores que les permitan ser felices (entrega a los demás, participación en la mejora de la sociedad...) y no únicamente en función de criterios de éxito y dinero.

    Aníbal Cuevas.    Con la autorización de: http://anibalcuevas.blogs.com

   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Cómo desarrollar las virtudes?

 2. Principales valores del trabajo

 3. ¿Qué hacer para formar el carácter?

 4. ¿Cómo crecer en madurez y ser feliz?

   Bibliografía:

 Alfonso Aguiló. Carácter y valía personal. Editorial Palabra

 José A. Alcázar y Fernando Corominas. Virtudes humanas. Editorial Palabra

 Alfonso Aguiló. Educar los sentimientos. Editorial Palabra

   Enlaces de Internet:

Autoestima

Los primeros pasos en el bien

Buena educación

Retorno a las virtudes humanas

La sobriedad

Tras la virtud

La educación en y para los valores

Valores morales, valores teologales

Ejercicios interactivos de la prudencia

Ejercicios interactivos de la fortaleza

Ejercicios interactivos de la sobriedad


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