11. Cultura familiar


   A) La cultura familiar

    En la formación de la personalidad, tanto de los niños como de los adultos, ocupa un lugar destacado el cultivo y desarrollo de la cultura.

    La familia es el primer ámbito para la promoción de la cultura y debe ayudar a encontrar su sentido más valioso. En la familia se ha de crear un ambiente en el que la instrucción se vaya convirtiendo en cultura y la cultura en sabiduría, que oriente la vida personal. La sabiduría no consiste solo en saber sino en saborear el saber. Thibon decía que la sabiduría es conocer las cosas por sus últimas y más altas causas.

    Pero la cultura familiar no es algo programado de antemano, sino más bien se han de aprovechar las oportunidades que se presentan en la vida familiar y en otros ámbitos sociales, como los colegios, las bibliotecas públicas, los museos, los clubes juveniles, el cine y otros.

    La cultura familiar la deben promocionar sobre todo los padres, que son los primeros y principales educadores. Así que en hogar habrá una biblioteca familiar; una colección de películas, vídeos y fotografías de los viajes; los medios de comunicación que entran en casa, como los periódicos, las revistas, la televisión y las tradiciones y costumbres familiares.

    A través de la conversación familiar se podrán relacionar todos los medios anteriores con los verdaderos valores que dan sentido a la vida. A través de los bienes culturales, los hijos aprenderán a valorar lo verdadero, lo bueno y lo bello. También ayudará a los pequeños a descubrir el significado de la virtud y la necesidad de practicarla.

    Los educadores han de estar atentos para la selección de los diversos recursos o vehículos culturales, para no caer en la subcultura o en sucedáneos culturales que no son formativos.

    Un objetivo de la cultura familiar es despertar el interés de los hijos para la verdadera cultura y fomentar el espíritu crítico ante programas de la televisión que son auténtica telebasura, y ante libros y revistas que no ayudan a la mejora personal.    Por el contrario, uno de los medios más positivos para la cultura familiar es la adquisición de hábitos de lectura.

   Arturo Ramo

  B) Coherencia educativa entre la pareja... ¿Se puede conseguir?

   No es justo... papá siempre me deja ver la tele antes de hacer los deberes y tú nunca... no te quiero...”, “mamá dice que lo que tu quieras...” dice Alberto a su padre momentos después de que su madre le negara ir a casa de su amigo. Esto es lo más leve que nos puede pasar si nuestros hijos, radares de última generación, detectan falta de criterios educativos en la pareja. En realidad, no es tan difícil como pensamos. Solo se necesita tiempo para ponerse de acuerdo y una visión clara de lo que debe ser más importante para nosotros: nuestros hijos.

   Los niños son listos... Recuerdo el caso de un chaval experto en técnicas de persuasión; cuando, por ejemplo, le urgía pedir alguna cantidad de dinero fuera de lo ordinario o algún permiso especial, debía ir a la habitación de sus padres, a la hora de la siesta de papá. Le pedía perdón por la interrupción y le comentaba su urgencia. El padre, con bastante frecuencia, en esas circunstancias, solía decir que sí... El problema era que, a veces, el padre no se acordaba después de las autorizaciones realizadas...

  Los hijos estudian muy bien a ambos progenitores. Se requiere pues una coherencia mínima de criterios y maneras de educar entre ambos. Los hijos deben percibir que aunque sus padres son diferentes, realmente son uno a la hora de educar. Es de vital importancia que los padres tengan tiempo para pensar y decidir las cosas siempre que sea posible. Su esfuerzo por conocer a cada uno de los hijos con sus cadaunadas les será una herramienta muy útil a la hora de resolver situaciones. Imaginemos algunas:

 SITUACIÓN A: UNO DE LOS DOS SUELE SER MÁS BENÉVOLO A LA HORA DE CONCEDER PERMISOS

   Es muy probable que si mamá, por ejemplo, es más benévola con los permisos, los niños acudirán más a ella, y se cuidarán de que el permiso no haga demasiado ruido como para que llegue a oídos de papá. Normalmente, si se ha llegado a esto es porque hay una disparidad de criterios educativos entre los dos progenitores. Se debe intentar delimitar los campos de decisión y dejar claro a los niños qué tipos de permiso concede cada quién. Por ejemplo: El padre da los permisos sobre cantidades de dinero y mamá da los permisos de salidas de casa, o viceversa. Y desde luego, de mutuo acuerdo, los dos se suman a las decisiones del otro. En un segundo momento puede intentarse aunar criterios (ver SITUACIÓN C) para que los hijos no perciban que uno de los dos es el duro y el otro el blando. En el medio, la virtud.

   Lo idóneo sería intervenir ambos progenitores en la toma de decisiones de los hijos pero si no se puede por falta de acuerdos o criterios comunes lo mejor es delimitar los campos de actuación de cada parte, respetarlos y no intervenir bajo ningún concepto a no ser que la pareja lo pida.

   SITUACIÓN B: TU HIJO TE PIDE UN PERMISO Y LE DICES QUE NO. ÉL LO INTENTA CON EL OTRO PROGENITOR, QUE LE DICE QUE SÍ

   Por ejemplo, la madre le dice que no y el padre, sin saber la respuesta anterior, le dice que sí a su demanda. En este caso, el padre, al enterarse de la treta, le debe explicar con firmeza al niño que ha procedido con engaño. Ayuda aplicar alguna medida que le haga sentir las consecuencias de su acto (no jugar fútbol esa tarde, no ver la televisión al día siguiente, no salir con los amigos...)

   Es importante que en este caso sea el padre quien hable con el niño para que pueda comprobar que éste respalda en todo momento la decisión de la madre y que aprovecharse de la desinformación de ambos tiene sus consecuencias negativas.

   Debe explicarle a su hijo que proceder de esta manera anula toda posibilidad de conseguir lo que quería. Debe aprender con esta actitud que, en el caso de falta de unanimidad de los padres, informarles con sinceridad de sus posturas opuestas le proporcionaría una posibilidad para conseguir lo que en caso contrario se habría rechazado con toda seguridad.

 SITUACIÓN C: ENTRE LOS PADRES HAY DIFERENCIAS SIGNIFICATIVAS EN LOS CRITERIOS DE CÓMO EDUCAR A LOS HIJOS...

   Es normal que teniendo educaciones e historias distintas tengáis ideas diferentes sobre la educación de vuestros hijos. Algunas recomendaciones prácticas:

   Ante un desacuerdo claro, no os pongáis a discutir cual debe ser la decisión acertada delante de vuestro hijo. Apartaros, decirle que vais a retiraros para pensar que es lo mejor para él y comunicar la decisión conjuntamente. Por supuesto, alguno de los dos deberá ceder, pero que vuestro hijo no note "vencedores ni vencidos" sino unanimidad.

   Partir de que lo que os preocupa es el hijo y no tanto imponer la propia opinión. Quizá suene obvio pero en ocasiones lo olvidamos. A veces, nuestras opiniones se matizan y ablandan al confrontarse con la intención de fondo. Así se llega a una decisión en la que sale ganando la educación del hijo, y por tanto en la que ganan todos. Si, por ejemplo, tú crees firmemente que en la puerta de la nevera de casa no debe haber por ningún motivo ni carteles, ni teléfonos del servicio de pizza a domicilio, ni fotografías, ni graffitis... mientras que tu esposa es más bien de la opinión y práctica contrarias (exceptuando los graffitis) y además ha logrado transmitir exitosamente esta costumbre a tres de los cuatro hijos, tú no debes montar un drama cada vez que uno de esos tres maleducados (según tú) hijos pegue la última publicidad-imán que encontró en la tienda. Siéntate primero con ella, explicad vuestras razones, distanciaos un tanto del hecho, recordad que lo que buscáis es la educación de vuestros hijos más allá de si optáis por tener una puerta de la nevera inmaculada o tapizada artísticamente de incontables objetos adheridos... Llegad a un acuerdo, ceded en algo ambos... quizá acordéis que sí se puedan pegar cosas pero con ciertos límites, con un orden, un buen gusto y justificados por alguna utilidad práctica...

 Preguntarle al otro sus razones y escucharlas. No oír por oír, o por dar la sensación diplomática de que uno está prestando atención. Escuchar, escuchar desde el amor, detectar lo razonable de la opinión del otro.

 Exponer la propia razón con sencillez, sin sobresaltos, sin victimismos, sin aliñar tu argumento con algún proyectil verbal de este estilo: "Esto es lo que pienso, pero como sé que tú nunca me escuchas ni me harás caso, no sé si valga la pena decírtelo".

  Saber ceder en lo accidental, no dar demasiada importancia a algunas decisiones. Si tu hijo no quiso comerse la ensalada y tu pareja le ha dicho que al menos se comiera la mitad, no puedes hacer una tragedia diciendo que no, que tu pareja ha sido exageradamente tolerante, que debió exigir al niño comerse hasta la última hoja de lechuga, que lo está tristemente maleducando... No, no exageres. Quizá el niño realmente no era capaz de acabar con toda la lechuga y el haber logrado que se comiese la mitad ha sido muy formativo.

   Os evitará muchos problemas de desacuerdo el hecho de escribir en un papel las normas básicas de la casa con las consecuencias al trasgredirlas. Esta nota debe estar colocada en un sitio de fácil acceso para tus hijos (en la puerta de la nevera, en su habitación...) Reúnelos en "asamblea", lee y comenta en voz alta estas normas. Asegúrate de que todos los miembros de la familia lo han entendido, hasta el más pequeño. Seguramente, no preguntarán tanto a los padres si tienen claro como actuar en cada momento.

 La siguiente estrategia es tan sencilla como eficaz. Reúnete con tu pareja en casa, en un restaurante... en cualquier sitio sin prisas ni hijos, pero con un lápiz y un papel. Haced un listado con las tareas que a diario se presentan en casa en la educación de los hijos. Y repartir responsabilidades. En realidad, no son tantas si se clasifican por conceptos: higiene (dientes, ducha...), sueño (hora de irse a la cama, rutina...), actividades extraescolares, deberes... Especial interés tiene el tema de horarios. Este punto debéis dejarlo muy claro y por escrito para que vuestros hijos también pueda ser conscientes de ello. Os sorprenderá ver cómo actividades que actualmente eran pesadas y desagradables para un miembro de la pareja pueden llegar a hacerse agradables para el otro. Es cuestión de "no dar por hecho" muchas situaciones que ahora están establecidas de manera mecánica y poco efectiva. Dejar claro en esas parcelas cómo vais a actuar cada uno y entonces respetarlo y no intervenir en caso de conflicto si no es para apoyar.

  Ganarse el respeto de los hijos a veces implica saber reconocer cuando uno se ha equivocado y pedir perdón. Es muy humano reaccionar ante los desafíos de los hijos y sus muchas estrategias "defensivas" con sentimientos muy cargados, a veces impulsivamente. No pasa nada si... sabes reconocerlo, pedir perdón y llegar a una solución intermedia. Lo mismo ocurre con la pareja. Llegar a acuerdos educativos satisfactorios para ambos padres es a menudo complicado y, en ocasiones, nos saltamos esos acuerdos. Saber reconocer nuestra falta es una manera también de unificar criterios educativos y aumentar el respeto entre la pareja, necesario si queremos que nuestros hijos nos respeten.

   Leer juntos libros o material sobre pautas de educación.

   Hacer juntos un curso educativo en una Escuela de Padres.

   Intercambiar opiniones con otros matrimonios amigos en los que se observa una labor educativa en equipo.

  SITUACIÓN D: VUESTRO HIJO SÓLO RESPETA A UNO DE LOS DOS

  Tu hijo debe percibir un apoyo ilimitado de uno con el otro. Si el niño percibe que uno de los dos se ha convertido en su cómplice a la hora de enfrentarse con el otro, se está entrando peligrosamente en el juego inteligente del niño. Si en cambio, el niño se topa con un "muro" de respaldo mutuo cesará en su intento de dividir su respeto. Por ejemplo, si después de que tu hijo falta al respeto a tu pareja y ésta le increpa, tú apoyas a tu pareja físicamente (la abrazas, le pasas la mano por la cintura o el hombro...) y le reprendes empáticamente, como si la falta de respeto te la hubiera hecho a ti también, el niño percibirá que haciendo sufrir a uno de los dos también hace sufrir al otro y que en las cosas importantes estáis de acuerdo SIEMPRE.

  Es importante que no intervengamos cuando el progenitor al que le ha faltado el respeto o le han desobedecido está recriminando al hijo. Hacerlo le restaría autoridad ya que nuestro hijo vería en nuestro apoyo una manera de "defenderlo" ante su falta de autoridad. Lo que hay que hacer es darle tiempo para actuar y secundar su decisión, sea la que sea, con palabras y con las manifestaciones físicas anteriores. Si no estás de acuerdo con la reacción de tu pareja, después de apoyarla ante tu hijo, puedes hablar con ella y demostrarle tu desacuerdo, haciéndole ver tu postura ante la situación.

  No digas eso que nos resulta a todos tan fácil: "No lo sé... pregúntale a papá/ mamá. Haz lo que é/ella te diga". Resta autoridad y te coloca ante tu hijo en inferioridad de condiciones frente a la otra parte. Parece que tú no sepas tomar las decisiones y sea tu pareja la que tenga el privilegio de la decisión. En su lugar, si no sabes que postura tomar, di: "Hablaré con papá/mamá y te diremos que pensamos de esto" o bien "estoy muy enfadado/a; necesito pensar y luego hablaré contigo".

  SITUACIÓN E: UN EJEMPLO DE COHERENCIA

 Un ejemplo simpático de coherencia, un tanto extrema quizá, se lo explicaba un amigo a otro amigo:

 - En mi casa, siempre mi padre tiene la última palabra.

 - Ah, ¿sí? ¿Cómo está eso?

 - Sí, porque, siempre, mi padre termina diciendo a mi madre: "lo que tú digas, mi vida".

 UN ÚLTIMO CONSEJO:

 Durante la siesta, no deis permisos.

 Elena Roger Gamir. Arturo Guerra Arias. Periodista. Con la autorización de: www.solohijos.com

   C) Delegar en la familia

    Ver el trabajo de la casa como el trabajo que se realiza en cualquier empresa de la que se esperan muchos y buenos resultados es importante para mejorar la calidad, tanto de la vida privada como de la vida laboral, y conseguir tener más tiempo libre para aquellas otras actividades, con frecuencia más importantes, para las que normalmente nos falta tiempo.

    Verlo así permite "hacer de su casa un hogar". Un hogar que no es un hotel donde cada uno va a lo suyo, sino donde cada uno colabora para hacer de la casa un sitio donde todos estén a gusto. Un hogar que sea acogedor y agradable para todos, donde se descanse y se esté bien, pero no a costa de una sola persona.

    La casa es una empresa en la que hay que realizar a diario, pero también semanalmente y mensualmente, muchas tareas. Tareas que deben coordinarse con efectividad. Muchas de ellas puedes delegarlas en otras personas. Sólo una, la más importante, ser padre o madre, no la puedes delegar. Esa debes hacerla tú y para ello necesitas tiempo y energía.

    ¿Por qué hay que delegar?

    ¿Empleas tu tiempo, tan valioso, en cosas realmente útiles o lo pierdes haciendo cosas que otros podrían o deberían hacer? ¿Pueden los otros hacer las cosas tan bien como las haces tú?    Hay que delegar para no volverse loco, para poder descansar, para tener tiempo para ti mismo y para hacer cosas que te gusten con tu familia o solo.

    Mientras que nos sintamos y realmente seamos imprescindibles en nuestra empresa familiar, no estaremos en estado de dirigirla bien. Para hacerlo bien tendríamos que trabajar de tal manera que no se notara cuando no estamos.

    El hacernos imprescindibles solo ocasiona problemas, no solo de cansancio para la persona misma sino que también causa problemas a los demás, ya que cuando no está "la/el imprescindible" no saben cómo conseguirlo, organizándose de esta manera un caos innecesario.

    Delegar y motivar

    En la empresa, se habla mucho de atar y motivar a las personas. Los colaboradores más directos de nuestra empresa/familia son los hijos, pero también lo son la asistenta familiar y todos los que de alguna manera son una ayuda, un apoyo a la hora de sacar las cosas adelante.

    Dirigir bien a las personas es un asunto muy importante y no todo el mundo tiene las capacidades necesarias para ello. Hay que aprender a delegar. Y delegar bien es conseguir que todos en la empresa hagan su trabajo con gusto y responsabilidad. Esto exige la dedicación y la buena mano del que dirige.

    Nadie puede hacer todo solo, o lo que es también una gran verdad, que para desarrollar al máximo nuestras posibilidades necesitamos a otros. Una empresa en la que todos colaboran con lo mejor de ellos mismos es una empresa en la que cada uno de los que trabajan en ella la siente como propia.

    Sin embargo, y a pesar de la importancia de la participación de todos los empleados en la buena marcha de la empresa, el jefe es un elemento esencial. Muchas veces tendrá que ser el apoyo imprescindible para los demás, cuando las responsabilidades por ellos adquiridas cuesten, otras veces tendrá que improvisar y siempre el papel del que dirige tendrá que ser el de animar y tomar las decisiones oportunas que faciliten el trabajo en equipo.

    Estamos en la cultura de la imagen y quizás por eso, hoy más que nunca, necesitamos un modelo al que imitar. En la empresa es al jefe. En la familia son los padres los que tienen este papel.

    El arte de delegar

    Todos los puntos siguientes son traducibles y aplicables a la situación familiar. Más aún, yo diría que o funcionamos así o arruinamos la fantástica empresa familiar en donde se trata de ser felices y ayudar a ser felices a los propios hijos.

    Para que todos en la casa puedan llevar a buen término y con gusto lo que les quieres confiar, tienes que empezar por tener tú mismo muy claro cuáles son tus competencias. Quizás tendrías que preguntarte si dedicas tu tiempo a cosas necesarias o por el contrario haces muchas cosas, pero no las tendrías que hacer.

    Piensa si delegas con confianza los asuntos o más bien te dedicas, por falta de paciencia, a acabarlos tú mismo, desmotivando y frustrando a la persona a la que habías destinado la tarea. Es una manera poco inteligente de aprovechar los talentos de los demás y la mejor manera de quedarse sin tiempo para hacer las cosas que solo uno puede hacer.

    Para delegar bien hay que atreverse a confiar. Esto significa que después de poner una tarea en las manos de otro, su realización hay que dejarla completamente en sus manos. El dar la oportunidad al otro de equivocarse o de hacer faltas es un ingrediente imprescindible de la confianza y muchas veces la única manera de aprender a hacer algo.

    Ofrece a la persona la posibilidad de adquirir responsabilidades y facilítale los medios necesarios para su realización. Cuesta tiempo y energía explicar con claridad lo que se espera del otro y también cuesta tiempo y energía enseñar, cuando sea necesario, a realizarlo. La situación ideal se produce en el momento que hacemos del otro, del colaborador, un ejecutivo, haciéndonos de esta manera en algunos terrenos fácilmente sustituibles. No saldrá a la primera pero sí un poco después.

    "Es de bien nacidos ser agradecidos", y todos sabemos muy bien lo agradable que es tener un jefe o un socio que nos valora y hace que nos sintamos necesarios. Valorar, también en voz alta, a los demás es de justicia.

    Funesto es levantar la voz, gritar, cuando las cosas no han salido como esperábamos. Gritar no conduce a nada y es un síntoma claro de debilidad. Pensar en alto estimulando a los otros a buscar respuestas para los temas que nos ocupan es más eficaz. Después han de ver que se tienen en cuenta sus ideas a la hora de tomar las decisiones.

    Si alguna vez hay que corregir a alguien importa mucho el hacerlo de tal manera que la persona se sienta animada a mejorar aquello en lo que se la corrige.

    Entusiasmar, apasionar e inspirar a los colaboradores lo haces ¡sí! con tus palabras pero también con tu trato y sobre todo con hechos.

    Los encargos se dan con claridad y de manera convincente. ¿Estás tú mismo plenamente convencido de que lo que pides es lo mejor? Porque como jefe tienes que inspirar confianza, ser creíble. Lo que pides a otro, eso y más, tienes que poderlo hacer tú mismo.

    Como jefe tienes que ser coherente, estar al tanto de lo que es importante para tu empresa. No te olvides de que los demás te ven como lo que eres: el experto.

    Y lo que es más importante: ¡La confianza no se impone, se gana!

    Delegar en casa. Reglas de oro

    Antes de empezar con este tema, déjame volver a preguntarte: ¿Empleas tu tiempo, tan valioso, en cosas realmente útiles o lo pierdes haciendo cosas que otros podrían o deberían hacer?

    Pregunta difícil de contestar, porque antes habría que dar contestación a otra pregunta no expresada en voz alta pero que está dentro. ¿Pueden los otros hacer las cosas tan bien como las hago yo?

    Delegar en la vida privada, no lo dudes, es un asunto difícil y hacerlo bien es un arte. Lo que en teoría se da por descontado es, en la práctica, uno de los problemas más grandes de las empresas, también de la empresa/familia. Es más, muchos de los problemas que tenemos en el trabajo y en la casa tienen como causa el no querer o no poder delegar.

    Lo que hay que hacer para delegar bien:

    Empieza a delegar lo antes posible, así les parecerá a todos normal el tener que ayudar.

    Usa en la casa al máximo los talentos y las capacidades de cada uno y déjales ayudar todo lo que puedan. Así tendrás tiempo suficiente para hacer lo que a ti te toca.

    Deja que los demás se responsabilicen de las tareas de la casa y agradece y valora los resultados conseguidos.

    Confía completamente en quién delegas y no te preocupes más de los asuntos delegados. Eso no quiere decir que los pierdas de vista o que los olvides, pero hazlo de tal manera que el otro no se sienta vigilado o con menos libertad de acción.

    Si por impaciencia o perfeccionismo te pones a hacer el trabajo que delegas, el otro se sentirá frustrado y perderá su motivación. ¡Ten paciencia!

    No hace falta que las cosas se hagan siempre como a ti te gustan ni en el momento que tú quieres. Hay muchos caminos que llevan a Roma y si le das de tiempo verás que las cosas salen y quizás mejor de lo que pensabas.

    Deja, si es posible, que cada uno haga lo que más le gusta. ¡Lo hará mejor!

    No grites cuando las cosas no se hagan como tú querías. Gritar tiene un efecto negativo. Si tienes que corregir, hazlo de tal manera que el otro se sienta animado a hacerlo mejor.

    Pensar las cosas en familia es una manera estupenda de encontrar soluciones. Piensa en voz alta y estimula a todos a buscar soluciones. Escúchales bien.

    Delegar en casa. Reglas de oro

    Lo que no hay que hacer al delegar:

    Esperar que alguien realice una tarea para la que no le has dado los medios y las competencias necesarias.

    Encargar a una persona una tarea que le corresponde a otro.

    Pedir lo mismo a varias persones a la vez.

    No dar la oportunidad al otro de realizar a su manera lo que le encargas.

    Decir que algo debe hacerse urgentemente cuando no es así.

    Pedir algo a alguien y olvidarte de lo que has pedido.

    Controlar demasiado por desconfianza.

    Encargar algo enfadado, gritando y con la intención de hacer daño o humillar.

    Lo que hay que preguntarse al delegar

    ¿Es razonable lo que estoy pidiendo?    ¿Me he explicado de manera que el otro entienda bien lo que le encargo?

    ¿Soy consecuente en mi comportamiento?

    ¿He puesto a disposición del otro los medios necesarios (tiempo, dinero, aparatos, etc.) para que pueda hacer lo que le pido?

    ¿Me exijo a mí misma por lo menos tanto como exijo a los demás?

    Si me lo piden, ¿estoy siempre dispuesta a ayudar?

    ¿Felicito y agradezco a los otros por los resultados conseguidos?

    Libros REALMENTE interesantes sobre este tema:

 Título: Mi familia... mi mejor empresa    Autora: Mariángeles Nogueras    Editorial: Yumelia    ISBN: 978-84-8469-193-8

   ¿Qué padre o madre no se ha quejado nunca de su falta de tiempo libre?

 ¿De que nadie colabora y todo lo han de hacer ellos? Hay que trabajar fuera de casa, comprar, poner la lavadora, planchar, llevar a los niños a las actividades extraescolares, etc. ¡Es agotador!

    Convertir una "casa" en un "hogar" donde todos tengan el mismo derecho a disfrutar de ella no es asunto fácil. Este libro te enseñará a considerar la familia como una empresa que hay que organizar, en la que hay que delegar y trabajar con disciplina. Seguir sus consejos te permitirá sacar tiempo para dedicarte a ti y pasarlo bien con tu familia.

    Título: Primero, lo primero    Autora: Stephen R. Covey    Editorial: Paidós Plural    ISBN: 84-493-0851-8

    No es un libro escrito explícitamente para la familia, aunque ésta se beneficia directamente de sus principios: reflexionar y conocer nuestras prioridades en la vida nos ayudará a dar sentido a nuestro proyecto familiar y a conseguir una familia equilibrada y feliz.

    Se dirige a cualquier ser humano que desee mejorar su calidad de vida, no optimizando y administrando con más eficacia su tiempo para realizar más cosas con mayor velocidad e ingenio, sino para que sepan considerar "las cosas importantes" que cuentan en la vida, las metas valiosas que dan sentido a nuestra existencia.

    Por Mariángeles Nogueras, autora del libro "Mi familia...mi mejor empresa"    Con la autorización de: www.solohijos.com

   D) La influencia del ambiente familiar

 ¿Qué relación hay entre el ambiente familiar y el estudio de los hijos? Para contestar a esta pregunta, los investigadores de la educación han realizado numerosos trabajos que nos pueden dar bastante luz sobre el tema.

     Bloom afirma que el ambiente familiar influye en el rendimiento escolar tanto como la inteligencia del estudiante.

     El profesor Le Gall estudió la relación de las carencias afectivas y la conducta y motivaciones escolares. Concluyó que los chicos que han sufrido una falta de afecto en la niñez se sienten desanimados y le cuesta proponerse metas en el estudio, así como poner esfuerzo para alcanzar unos rendimientos satisfactorios.

     Los hijos que han sufrido la separación y divorcio de sus padres suelen tener problemas emocionales que generan con el tiempo estados de ansiedad, depresión, inseguridad personal, desmotivación y hasta rechazo del estudio. Detrás de muchos fracasos escolares hay un problema emocional creado por la situación irregular de la familia, o por los celos entre los hermanos o por malos tratos familiares o por otras causas relacionadas con el ambiente familiar.

     Bond y Breuckner demostraron que el ambiente desfavorable de la familia dificulta la corrección de las dificultades del aprendizaje. En bastantes casos las dificultades de comprensión lectora se resolvieron cuando mejoraron las condiciones de la familia.

     También influye en el interés y motivación para el estudio por parte de los hijos, la actitud y los comentarios de los padres sobre su trabajo profesional. Para que los chicos estudien mucho y bien, necesitan el ejemplo de los padres y que se cuiden en la familia aspectos como el uso de la televisión, la preparación de un lugar adecuado de estudio, el apoyo de los padres a la hora de hacer los deberes y fijar la hora de acostarse y levantarse por la mañana, entre otros factores.

 Arturo Ramo García

   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Cómo crear un ambiente de cultura?

 2. ¿En qué se deben poner de acuerdo los padres entre sí?

 3. ¿En qué pueden colaborar los hijos en el hogar?

 4. ¿Qué hacer para mejorar el rendimiento escolar?

   Bibliografía:

 Mariángeles Nogueras. Mi familia... mi mejor empresa. Editorial Yumelia

 Stephen R. Covey. Primero, lo primero. Editorial Paidós

   Enlaces de Internet:

La vida familiar

Cómo decirle por escrito a tu hijo que le quieres

Valores de la familia

Amor y cerebro

Aprovechar los primeros años

Cómo ser más persuasivos

Matrimonio en vez de vivir juntos

Matrimonio, sexualidad y amor

Ejercicios interactivos de la laboriosidad

Ejercicios interactivos del trabajo

Ejercicios interactivos de la principios generales de educación


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