35. Trabajo

  Primera parte

    Para la formación del carácter no basta la privación, ni la perseverancia; junto a ellas es menester un vigor valiente, una voluntad decidida: ¡Trabaja,! ¡Estudia! A los valientes la suerte los ayuda.

   Hay jóvenes a los quienes no les es difícil ni la abnegación ni la perseverancia, pero rehuyen el trabajo en que se necesita vigor. No hacen bien. No damos el calificativo de "joven de carácter" al muchacho que se sienta cabizbajo en un rincón, y no hemos de entender por abnegación la comodidad, ni por vida cristiana el descanso, la tranquilidad inactiva, sino el movimiento, la acción, ya que la misma felicidad de los cielos la llamamos "vida eterna". Nuestra religión, además de tener preceptos que dicen "lo que no has de hacer, tiene en abundancia otros que te prescriben "lo que has de hacer". Por lo tanto, ¡trabaja!, ¡estudia!, ¡obra! ¡acomete!

   Dicen que la fatalidad tiene puños de hierro que pueden caer sobre cualquiera. ¡Qué más da! Tú, en cambio, tienes alma, y por eso puedes disponer de más perseverancia, resistencia, elasticidad que todo el mundo material. "Pon la mano si deseas alcanzar algo", dice el refrán.

  A. Hay  5   frases verdaderas y  1   falsa. Pulsa sobre el número de las verdaderas.

 Además de la privación y la perseverancia hace falta el trabajo

 A los jóvenes les gusta el trabajo porque se necesita vigor

 No hemos de entender por privación y abnegación la comodidad

 La vida cristiana no es descanso, sino movimiento, acción y trabajo

 Hay muchos preceptos que señalan "lo que hay que hacer", obrar, trabajar, estudiar

 Pon la mano si deseas alcanzar algo


  Segunda parte

   La hoja del acero tiene elasticidad, pero también dureza, Y ¿cómo se prepara? En el fuego; en medio de vivas llamas.

   La vida humana se forma con eslabones de pequeños acontecimientos. Uno a uno parecen de poca monta, y, no obstante, son ellos los integran la vida. Los ingentes rascacielos se edificaron con piedras pequeñas; la vida excelsa se compone de cosas insignificantes, pero también todas las grandes caídas morales tuvieron por principio un leve tropiezo. No hay que temer por quien sabe guardarse de las faltas pequeñas: éste no tendrá grandes caídas.

    Observa en qué tropieza la mayoría de los hombres por la calle. ¿En grandes piedras que encuentran por su camino? No. Éstas las notan ya de lejos. Pero resbalan al pisar por casualidad un hueso de cereza y caen. "¡Cuánto me fastidian esas bobadas!" -exclama un muchacho aludiendo con sus palabras a los pequeños preceptos que él tilda de futilidades- Pero ¿es realmente futileza el que en una máquina estupenda las ruedas no encajen bien, aunque la diferencia no pase de medio centímetro? ¿Es una pequeñez que en el violín pises la cuerda sólo un poco más allá, nada más que media nota, de lo necesario? ¿Es futilidad que en alemán conjugues un verbo de la conjugación fuerte según las reglas de la conjugación débil? Pregunta a los peritos en la materia y te dirán qué diferencia enorme puede haber entre dos caballos magníficos, ambos fogosos, de pelo negro y brillante los dos, con que uno de ellos tenga sólo una "pequeñez" en la cabeza, una mancha blanca del tamaño de la palma de la mano.

  B. Hay  4  frases verdaderas y   2  falsas. Señala los números de las verdaderas 

 La hoja de acero se prepara en el fuego, en medio de llamas

 La vida humana se forma de grandes acontecimientos

 Los rascacielos se edificaron con piedras grandes

 Todas las grandes caídas morales tuvieron por principio faltas pequeñas

 Los hombres tropiezan en la calle con piedras pequeñas

 No hay que temer por quien sabe guardarse de las faltas pequeñas






  Tercera parte

   Las pequeñeces tienen un poder enorme en la vida normal. Napoleón tenía un talento soberano y habría podido servir muchísimo a la humanidad. Pero le hizo tropezar, y causó su gran perdición, un solo defecto: su vanidad sin medida.

   La perdición de muchos jóvenes empieza por pequeñeces, inocentes al parecer. Con no cumplir alguna que otra regla de la disciplina escolar, excusar con pequeñas mentiras la pereza, pasar algún rato con malas compañías y sin hacer nada, todas esas cosas no son en fin de cuentas tan importantes. Pero de las acciones repetidas con frecuencia se forma el hábito: de acciones malas nace la mala costumbre; de las buenas, la buena. Al principio cuesta un poco rengar de los sanos principios delante de charlatanes, pero "¡Se está tan bien en medio de ellos!" Después en la tercera o cuarta ocasión, se hace ya más fácil, y hasta resulta más cómodo, ceder algo de los fueros de la conciencia.


Texto de Monseñor Dr. Tihamér Tóth. El joven de carácter. Sociedad de Educación "Atenas", S.A.

  C. Hay 5 frases verdaderas y 2 falsas. Pulsa en los números de las verdaderas.

 Las pequeñeces tienen un poder enorme en la vida moral

 Napoleón sirvió muchísimo a la humanidad

 Algunos jóvenes se pierden por no cumplir alguna regla de la disciplina

 Puede empezar el desvío al excusar su pereza con pequeñas mentiras

 Algunos se pierden por tener malas compañías

 De las acciones malas nace la buena costumbre

 Hay que mantenerse en los sanos principios



 

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