3. Rendimientos escolares


   A) ¿Cuánto esperar de los hijos?

 En muchas familias se habla de los estudios con los hijos el día que llegan las notas del colegio. Aunque esa calificación es importante, no debe ser el único índice para valorar el rendimiento escolar de los hijos, porque cada chico es distinto de los demás y las circunstancias también son diversas.

 El rendimiento de un estudiante es satisfactorio cuando se adecua a su capacidad intelectual y al esfuerzo realizado. El rendimiento es suficiente cuando su nota es de aprobado o de progresa adecuadamente.

 Pueden ocurrir dos situaciones paradógicas. La primera es que el estudiante aprueba con el suficiente pero su rendimiento es claramente insatisfactorio porque podía haber obtenido mejor resultado como consecuencia de progresar en su aprendizaje de acuerdo con lo que cabía esperar de él. Este es el caso de los chicos superdotados que con las explicaciones y con muy poco esfuerzo consiguen el aprobado. También cabe que el profesor sea poco exigente y se conforme con pocos conocimientos.

 La segunda situación sería la del estudiante que se esfuerza y dedica bastantes horas al estudio pero no logra el suficiente. Podría deberse a que no sabe estudiar con un método eficaz o que le faltan los conocimientos básicos de esa materia para poder progresar o que el profesor es demasiado exigente.

 De cualquier forma los padres no pueden valorar las notas del colegio en sí mismas porque pueden caer en tres errores: exigir al hijo menos de lo que puede dar, fomentando así la comodidad y el conformismo. Al no adquirir el hábito de estudio puede sufrir en el futuro un fracaso grave aunque ahora vaya aprobando "por los pelos".

 El segundo error sería exigir al estudiante más de lo que puede dar. Esperar altos rendimientos de un chico medianamente dotado pero que se esfuerza, puede provocar un estado de agobio y ansiedad en el alumno que puede llegar a la desesperación y a rechazar abiertamente el estudio. El último error sería exigir a todos los hijos igual, cuando en realidad son distintos. Las comparaciones entre los hermanos o compañeros siempre son negativas y pueden terminar en envidias o celos.

 Más que valorar la nota en sí misma habrá que considerar si el rendimiento de cada estudiante es satisfactorio a su capacidad y sobre todo si ha puesto esfuerzo y dedicación a la labor diaria del estudio.

 Arturo Ramo

  B) Deberes y libertades de enseñanza

    Los deberes escolares para casa son, bien organizados, un factor de calidad formativa y éxito académico. En ellos tienen un importante papel los profesores y maestros integrados en el equipo docente, coordinados por el tutor, de manera que se organicen bien teniendo en cuenta las edades de los alumnos o las distintas etapas educativas.

     Ciertamente los deberes como todo en la vida pueden hacerse bien o mal. Un buen docente sabrá asignar tareas, unas cerradas, otras más abiertas adecuadas a la edad y etapas educativas. Tienen que tener, las primeras y en parte las segundas, una relación con el aprendizaje previo en el aula, sirviendo de complemento, reforzamiento o recuperación. Ajustados a cada alumno no deben contribuir a desestabilizar el clima familiar ni producir tensiones entre el hogar y la escuela. No es lo mismo un alumno del primer ciclo de primaria que del primer curso de la ESO o Bachillerato. Pero en todos ellos es muy importante que, en su domicilio, dediquen un tiempo al estudio y a la lectura compatible con otras actividades extraescolares de ocio como el deporte, los juegos todas ellas también formativas.

    La madre o el padre no deben hacerles el trabajo a sus hijos sino motivarles en el esfuerzo y el hábito de estudio desde los primeros años .A los docentes corresponde prepararlos bien siguiendo técnicas de individualización. Un estudiante, para resolver problemas de matemáticas, primero debe entender y después hacer muchos ejercicios y volver periódicamente atrás para consolidarlos. Además se pueden fijar actividades flexibles a plazo medio –diez quince días, un mes- como la lectura de textos en nuestra Lengua española sobre temas que los niños disfrutan como cuentos, historia, biografías, literatura clásica como las fábulas, biblia para niños, etc. El maestro o profesor tiene que controlarlos y utilizarlo para ejercitar después a los alumnos en la expresión oral o escrita.

     Las investigaciones al respecto confirman los efectos benéficos de los deberes para casa. En su investigación internacional, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico OCDE/PISA (2012) concluye que “las escuelas cuyos estudiantes emplean más horas en el estudio en casa tienden, en promedio , neutralizados el nivel y origen socioeconómico, al éxito académico”.

    También conviene matizar, que la falta de libertad y competición entre escuelas condena a muchos niños y niñas a asistir , especialmente en áreas urbanas, a escuelas fracasadas por circunstancias diversas como son la nefasta influencia de sindicatos y entornos hostiles a variables clave como la disciplina, el esfuerzo y las libertades.

    Estados Unidos con un elevado gasto por estudiante tiene bajos resultados. Otras naciones que gastan menos pero que trabajan con variables de eficacia, entre los que se encuentra el dedicar más tiempo al trabajo escolar en casa, como Polonia, Estonia, Irlanda o Singapur están en los puestos más altos de rendimiento educativo.

    Un equipo de la prestigiosa “Duke University” en los EEUU, que revisó las investigaciones publicadas entre 1987 y 2003 encontró evidencias positivas sobre la influencia de la relación entre el trabajo en casa (homework) y el rendimiento académico.

    Un riguroso estudio del “Departamento de Educación” de Inglaterra concluyó “que los adolescentes que dedicaban una media de estudio de dos horas diarias en casa conseguían mejores resultados en Lengua Inglesa, Matemáticas y Ciencias, entre otras materias”.

    Y sobre el éxito académico de los asiáticos, Pam Sammons, profesor de Pedagogía en la Universidad de Oxford señala que una de las principales razones del éxito de los escolares chinos e indios es que dedican más tiempo y esfuerzo al estudio tanto en los centros educativos como en casa.

    No es admisible en una perspectiva liberal y de respeto a la persona, familias y autonomía de los centros educativos las propuestas comunistoides que reclaman aun más regulaciones e intervención de las administraciones públicas. Este asunto se resuelve con la opción de que los padres dispongan de diversas ofertas con un programa básico como los valores cívicos, la historia y geografía de la nación española y requisitos mínimos de titulaciones .En todo lo demás desde la enseñanza religiosa hasta los programas de matemáticas o si se mandan deberes o no lo que se debe reclamar es libertad de elección y de idearios y proyectos educativos.

    Sería deseable que en este ámbito como en otros, los políticos intervencionistas abandonaran su creciente vocación totalitaria y permitieran que sea la sociedad civil- familias y profesores , principalmente, quien tome las decisiones en los currículos y formas de enseñanza. En su mayoría, las familias, irán sin duda por el buen camino si reciben las informaciones correctas y tienen libertad de elección porque cualquier persona con sentido común desea lo mejor para la generación de españoles que nos suceda en las próximas décadas.

    Silvino Lantero Vallina

   C) El trabajo escolar en casa

 El tiempo de estudio personal en casa debe ser planificado con criterios de economía de tiempo y de aprovechamiento eficaz. Conviene administrarlo como un bien limitado y escaso que vale la pena rentabilizar teniendo presentes algunos criterios básicos. Además, como el horario se puede organizar con flexibilidad, vale la pena contar con la opinión de nuestros hijos para dar cabida a sus preferencias.

  El tiempo que nuestros hijos dedican en casa al trabajo personal y estudio es un tiempo que se comparte con las horas dedicadas al ocio o a actividades extraescolares afines a los intereses personales. Cuanto más eficazmente aprovechen el tiempo de estudio, más tiempo libre obtendrán. Y esto, aunque pueda parecer lo contrario, es deseable. Necesitan tiempo libre para descansar, para entretenerse en actividades lúdicas o culturales que les atraen, para jugar cuando son pequeños...

 Aprendí esta lección, siendo padre novato, cuando una tarde, con lágrimas en los ojos, mi hijo se negaba a ir a cenar aportando una razón que por su propio peso se hundió en mi corazón: "...es que hoy no he podido jugar aún..." Era en su segundo curso de primaria.

 Tiempo para trabajar y tiempo para disfrutar de la vida y de la compañía de los demás.

  Es importante que desde el principio de curso quede establecido un horario de trabajo explícito que determine la hora de inicio y el tiempo de referencia que se dedicará al trabajo. Este tiempo no debería ser en ningún caso inferior al tiempo predeterminado. Si algún día las tareas se acaban antes de tiempo, debería establecerse la costumbre de dedicarlo a la lectura recreativa o de repaso con el fin de evitar que, por acabar rápido su tarea, realice ésta de manera descuidada. Al convertir estas circunstancias en costumbre, desarrollaremos en nuestros hijos algunos hábitos que, si se inician en los primeros cursos, quedarán muy arraigados y facilitarán su esfuerzo para el estudio.

 Pero, si por un lado intentaremos que haga su trabajo bien hecho, también intentaremos que no dedique a éste más tiempo del necesario. Por ello será un reto constante acabar la tarea en el tiempo de referencia preestablecido. En alguna ocasión, si se produce un desfase notable entre las referencias propuestas y la realidad de tiempo que usa nuestro hijo, vale la pena explicarlo a su profesor-tutor para valorar si dicho desfase es fruto de sus limitaciones o excelencias o de errores de planificación del profesor.

 Aunque puede variar en función de la jornada escolar de los niños, el tiempo de referencia que podemos considerar como razonable en función de la edad, durante los cinco días hábiles de la semana, puede ser:

  - Educación primaria (hasta los 12 años). El tiempo debería oscilar entre una media hora diaria en el primer curso y una hora y cuarto en el último curso.

 - Educación secundaria (entre los 12 y 16 años). El tiempo oscilaría entre una hora y media en el primer curso y dos horas en el último.

  Durante el fin de semana puede usarse algún tiempo como comodín para acabar algunas tareas. Puede ser útil como elemento compensador de las dificultades que pueda encontrar nuestro hijo. Así, si su capacidad para el estudio es discreta y él está dispuesto a colaborar, puede conseguir alcanzar un nivel escolar más óptimo a base de dedicar un poco más de tiempo.

 El horario de estudio de cada día conviene establecerlo de común acuerdo con nuestros hijos y muy especialmente si son adolescentes. Para decidirlo consideraremos, además del tiempo de referencia según su edad, las siguientes circunstancias:

 - Las horas ocupadas por actividades habituales sujetas a horario, como pueden ser el horario escolar, las horas de comidas y cenas y la participación en actividades recreativas o de formación extraescolar.

 - La alternancia de tiempos de trabajo y de descanso, de manera que el rendimiento del tiempo de estudio sea óptimo. Hay que evitar, por ejemplo, que haga sus deberes inmediatamente después de llegar del colegio. Vale la pena que descanse un rato.

 - Que se distribuya a lo largo de todos los días de la semana para evitar acumular mucho tiempo en algún día, lo cual produciría seguramente una disminución del rendimiento.

 - Evitar en lo posible que sea inmediatamente después de las comidas por la somnolencia que puede producir la digestión.

 El horario establecido debe marcar una pauta lo suficientemente estable como para ser determinante en la creación de hábitos pero, a la vez, lo suficientemente flexible como para que permita a nuestros hijos acomodarse a diferentes contingencias que pueden presentarse a lo largo de las semanas. En todo caso, debería ser más estable al principio y más flexible cuando el hábito de trabajo haya quedado establecido de una manera evidente.

 Finalmente vale la pena establecer algunas costumbres sobre como distribuir el trabajo durante el tiempo de estudio. Son estrategias puntuales que pueden hacer más rentable el tiempo dedicado al estudio:

  Antes de empezar, dedicar unos minutos, pocos, a decidir el orden en que se harán las diferentes actividades de trabajo o estudio si las hubiere.

 Hacia la mitad del tiempo dedicado al trabajo, hacer una pausa de no más de cinco minutos para relajarse. Puede, por ejemplo, ir al lavabo, escuchar una canción, dar una vuelta por la casa, etc.

 - Si ha de hacer más de una actividad, empezar dedicando unos minutos a la que resulte menos penosa, seguir con la que requiera más concentración y esfuerzo y dejar para el final, si las hubiere, otras que no necesiten mucha concentración.

  - No aplazar las tareas hasta el límite del plazo de tiempo disponible para su finalización. Más bien distribuirlas según su dificultad a lo largo de los días y con la idea de hacerlas cuanto antes. Sigue siendo válida la frase popular "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy".

  A pesar de que el título del artículo parece indicar lo contrario, y para evitar confusiones, quiero acabar llamando la atención de los padres respecto al hecho de que el objetivo es que los hijos sean capaces de establecer su horario de estudio y cumplirlo con autonomía como estrategia para llegar a culminar sus estudios con éxito. En este sentido les animaría a ir pasando sucesivamente por las siguientes fases:

 Planificar su horario de estudio.

 Planificar con nuestro hijo su horario de estudio.

 Colaborar con nuestro hijo en la planificación de su horario de estudio. Conocer el horario de estudio que nuestro hijo ha planificado.

 José María Lahoz García. Pedagogo (Orientador escolar y profesional), Profesor de Educación Primaria y de Psicología y Pedagogía en Secundaria.   www.solohijos.com

   D) Lo que se espera de los hijos

    El proceso educativo puede considerarse de forma simplificada en pasar del ser al debería ser, es decir, partir de lo que el chico es en este momento para llegar a ser mejor persona y más instruido.

    Un autor decía que el amor de los padres dilata la pupila de sus ojos para ver lo positivo de sus hijos, hasta descubrir la grandeza y las aptitudes de cada uno de ellos. De aquí se forma un ideal al que puede y debe llegar cada chico. Este ideal o proyecto será distinto según los talentos y circunstancias de cada uno.

    Si falta este conocimiento y ese proyecto ideal para cada chico, se puede transmitir fácilmente la impresión de que valen más bien poco y se esperan resultados mediocres.

    Ante el reto de un estudiante de aprobar el curso o superar un examen importante, los comentarios de los padres pueden ser de dos clases. El primero sería: "Eres una persona valiosa y trabajadora, que en otras ocasiones has conseguido tus objetivos. Es probable que, preparándote bien, consigas superar ese objetivo." La actitud que subyace es que los padres confían en su madurez y en su hábito de trabajo. El segundo comentario podría ser: "Eres una persona incapaz de ponerte a estudiar con seriedad. Casi siempre suspendes en los exámenes. A ver si esta vez consigues hacer algo positivo." La actitud que hay detrás de esas palabras es que el chico es incapaz de hacer nada bien y probablemente fracase.

    Los hijos son muy receptivos tanto de los mensajes explícitos como de las actitudes que hay detrás de ellos. Si se le dice con frecuencias a un chico que es un vago, un egoísta y un maleducado, se creerá al final que realmente es así, porque lo afirman las personas mayores y terminará siendo vago, egoísta y maleducado.

    En ocasiones, la buena intención de los padres les lleva a señalar todo lo mal que hacen sus hijos. Si sólo manifiestan los aspectos negativos, esta crítica refuerza todavía más el mal comportamiento que intentan corregir, llegando a convencerse de que no pueden cambiar. En general, se puede afirmar que los comentarios negativos y las críticas no animan a los niños a cambiar.

    Cuando un chico recae en un defecto, resulta más eficaz una palabra de ánimo que echárselo en cara y humillarlo. El pequeño se encuentra impulsado a llevar a la práctica la opinión positiva que de él se tiene y a no defraudar a sus padres.    El chico suele obrar no según lo que es sino lo que cree que es y sobre todo lo que los demás creen y esperan de él. Un eminente profesor francés decía que "la clave de la educación consiste en ver y querer a aquel a quien amamos, en cada momento, un poco mejor de lo que en realidad es."

    Arturo Ramo

   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Cómo evitar la comodidad y el conformismo en el estudio?

 2. ¿Qué hacer para que los chicos terminen los deberes?

 3. ¿Cómo debe ser el horario en casa?

 4. ¿Cómo animar a los pequeños cuando hacen algo bien?

   Bibliografía:

 Antonio J. Alcalá. Educar para el trabajo. Editorial Palabra

   Enlaces de Internet:

Las expectativas de los padres

Verano ¿tiempo de deberes?

No hagas sus labores

Nunca nos hacen caso

La enseñanza

Disciplina escolar y rendimiento escolar

Ejercicios interactivos de la laboriosidad

Ejercicios interactivos del trabajo


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