44. Alumnos


    A) Alumnos

    La actividad de los padres y la de los profesores tiene un punto común de referencia: el muchacho a quien se educa, que en la familia es hijo, mientras en la institución escolar es alumno o estudiante, ya que estas dos palabras se utilizan indistintamente.

   Es idea común que la vida del hombre pasa por distintas etapas: infancia, adolescencia, juventud, madurez y ancianidad. Pueden considerarse etapas de las que todo el mundo tiene conciencia, porque en cada una de ellas la existencia de un hombre dentro de las características de toda la humanidad tiene rasgos particulares que las diferencian.

   Realmente, alumno o estudiante es cualquier hombre en cualquier época de la vida, porque siempre se está en disposición de aprender algo estimulado por la vida misma, especialmente en lo que tiene de relación entre unos hombres y otros. Pero cuando se habla de estudiantes, normalmente se alude a una etapa de la vida, que no es un período natural del hombre, sino más bien una característica nacida de exigencias culturales que han ido apareciendo a lo largo de la historia. En la situación actual, los niños, tras un  período cada vez más corto de educación exclusivamente familiar, van a la escuela. El niño, sin dejar de ser hijo de familia, se convierte en alumno de un a institución escolar. A él se le llama con un sentido estricto estudiante. Lo propio de la que se pudiera llamar "etapa estudiantil" es el estudio sistemático, tutelado por las instituciones docentes en acción simultánea con la educación que sigue realizando la familia.

    Víctor García Hoz. Ideas para la educación. Editorial Rialp. Pág. 163.

   Ejercicio interactivo de  Edúcate.   Otros ejercicios.

    B) Cooperador celoso

    El maestro ha de ser también un cooperador celoso de la verdad: la magnitud de la obra no pide menor ardimiento; y si es cierto que buscándola sin del debido empeño no es posible encontrarla, tampoco es posible comunicarla si no se despliegan en ello la diligencia y celo correspondientes. Más aún; no puede menos de ser sumamente perjudicial a los niños la apatía del maestro, su frialdad, el dejar hacer, no prevenirlos contra tantos peligros de seducción y error como los rodean, contra sus propias concupiscencias, enemigas juradas de la verdad; no aprovechar las ocasiones que se presenten para inspirarles aversión a la mentira, a la hipocresía, a la lisonja, a la vanidad, para inculcarles la adhesión más firme y el más entrañable aprecio a la verdad, que es tanto como decir a Dios.

    P. Valentín Caballero, Sch. P. Orientaciones pedagógicas de san José de Calasanz. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. pág. 81.

   Tertulia dialogada de las Relaciones familiares.  Otras tertulias.

   C) Ejemplo del maestro

    "Nosotros, por el contrario, creemos que la escuela será cual sea el maestro, y que sin quererlo, todas las ideas religiosas y morales de aquél, se reflejan en sus explicaciones, enseñanzas, obras y conducta. De donde resulta, que así como los discípulos adquieren hasta la forma de letra del profesor, así también reverberan en todos sus actos las creencias y moralidad de aquél",

  Modernidad y pedagogía en Pedro Poveda. La experiencia de Covadonga. Armando Pego Puigbó. Edición de la Universidad Pontificia de Salamanca. Pág. 261.

   Tertulia dialogada de las Relaciones familia-colegio.  Otras tertulias.






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