42. La iniciativa del profesor


    A) La iniciativa del profesor

    I nos fijamos en que la educación es un proceso personal y es educación auténtica cuando es personalizada, hemos de inferir que en la relación educativa profesor y alumno han de comportarse como personas, lo cual vale tanto como decir que han  de colaborar en lo que la educación exige obligatoriamente y han de poner en actividad su espíritu de iniciativa como aportación personal a la tarea de todos. Todos los profesores y alumnos son responsables solidariamente de la marcha del colegio, si bien cada uno tiene su zona de mayor responsabilidad.

   Por lo que a los profesores se refiere, una idea debe quedar muy clara: la normativa a laque deben someterse por exigirlo el orden en el trabajo, de ningún modo ahoga la iniciativa particular de cada uno de los profesores. Más aún, para que la mencionada normativa -de convivencia o de enseñanza en sentido estricto- sea una realidad, es menester que los profesores la acomoden a su situación, posibilidades y necesidades concretas del grupo de alumnos que tienen a su cargo. Para no  quedarnos en simples generalizaciones, una referencia concreta puede ser ilustrativa. Cualquier programación completa debe incluir objetivos comunes y objetivos individuales. Los profesores han de estimular el logro de unos y otros. Para los objetivos comunes hay normas y material preciso; pero quedan muchas posibilidades para que el profesor lleve a cabo las orientaciones que se dan. En cuanto a los objetivos individuales, la cosa es más clara. Es el profesor con sus propios alumnos quien ha de establecer estos objetivos individuales.

   La iniciativa personal del profesor hace eficaz su participación real en la obra educativa que tiene encomendada. La iniciativa conlleva la responsabilidad por lo que se decide y lo que se hace. Llevar iniciativas adelante es difícil; aceptar responsabilidades es penoso. Pero cuando se tiene una ilusión por la obra bien hecha, cuando se quiere lo mejor para nuestros alumnos, la participación y la responsabilidad son fuente de alegría y de realización personal.

   Víctor García Hoz. Ideas para la educación. Editorial Rialp. Pág. 159-160.

    Ejercicio interactivo de Recomendaciones educativas.   Otros ejercicios.

    B) Educador desinteresado

    El maestro debe ser desinteresado, como desinteresada es la verdad. "Sedientos, dice, venid todos a las aguas, y vosotros, los que no tenéis dinero, apresuraos, comprad y comed; venid, comprad sin dinero y sin ninguna otra permuta vino y leche" (Is., LV, I) Así debe ser también el educador; no que no haya de atender a su propia manutención y a la de su familia, pues, como dijo San Pablo, a propósitos de los ministros del Señor, y se aplica exactamente a nuestro caso, "los que sirven al altar han de vivir del altar", sino que no ha de obrar nunca por espíritu de codicia o interés, convirtiendo tan excelso ministerio en un modus vivendi, en simple  mercantilismo. Buscar una justa retribución para atender a su propio sustento y decoro, todavía es cooperar a la verdad, pues en tanto la busca en cuanto ha de vivir con la conveniente dignidad si ha de continuar cooperando.

    P. Valentín Caballero, Sch. P. Orientaciones pedagógicas de san José de Calasanz. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. pág. 80.

   Ejercicio interactivo de la Justicia.   Otros ejercicios.

   C) La naturalidad

    El Padre Poveda pensó siempre que la naturalidad había de ser el distintivo de las mujeres formadas en su Obra. Tenemos motivos para afirmar que si la primera generación de jóvenes formadas en su escuela y partícipes de sus ideales, hubiera tenido el menor ribete de pedantesco culturalismo, el Padre Poveda no hubiera proseguido con ella su fundación.

   ¿Sería, por fuerza, la cultura antítesis de la naturalidad? No lo cree así él. Más bien atribuye a la escasez de cultura y a la falta de virtud el amontonar obstáculos para el logro de aquella ingenua sencillez y frescura de carácter que quiere preservar a toda costa en las jóvenes estudiantes.

   A una naturalidad tal como aquí se entiende, le es esencial la sencillez y un porte del todo modesto, sin afectación de ninguna clase. "Valdrás más cuanto más sencilla seas", escribió el Padre Poveda en una de esas frases suyas, concisas y convincentes. Sobre el fondo moral del cristianismo, la sencillez, hoy como siempre, estrechamente relacionada con el ideal femenino a que sus mujeres nos han acostumbrado.

   Toda perfección femenina auténtica es incapaz de renunciar a la gracia de lo sencillo.  Pero, desde otro punto de vista, no es menor cierto que la sencillez, que no figuró jamás entre las principales virtudes de la ética pagana, ha pasado a primer término con la revelación evangélica, que exige la humildad y docilidad del corazón, como principales disposiciones de todo el que, hombre o mujer, quiera responder a sus enseñanzas.

  San Pedro Poveda. Itinerario pedagógico. Estudio preliminar de Ángeles Galino. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pág. 78.

   Tertulia dialogada de las Relaciones.  Otras tertulias.






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