La vida de la gracia |

Este peligro nos parece evidente ante el espectáculo que están dando al mundo las sociedades actuales, como nos muestran los medios audiovisuales sobre sucesos de toda índole. Los seres humanos parecen haber perdido el juicio: desde tragedias diarias en las relaciones de género, como ahora se llaman, pornografías infantiles, mentiras y sacrilegios protegidos, libertad total para hacer el bien y el mal por ley, hasta las masacres civiles de las guerras modernas. Es rarísima una buena noticia, entre tanta locura. Hoy es ya, también, una rareza, meditar como católicos en los medios informativos sobre estos sucesos. El hombre está llegando a creerse omnipotente e independiente. ¿Dónde ha quedado el santo temor de Dios?
¿Hasta dónde llegaremos en la constante destrucción de los valores del espíritu, por acción u omisión, que son causa de tales desvaríos?
¿Cuantos están capacitados para valoran que, si hay un nacer a la vida natural, hay también, un nacer a la vida sobrenatural?
Esta vida sobrenatural tuvo su inicio, para cada uno de los bautizados en la iglesia católica, el día en que nos llevaron al templo y se nos administraron las aguas bautismales. Desde entonces estamos incorporados a Cristo, como los sarmientos a la vid, por la gracia santificante. Algo que no se notaba en lo exterior, pero en nuestra alma, Jesús había obrado un prodigio de mayor magnitud que calmar la tempestad en el lago de Genesaret, devolver la vida a un ciego de nacimiento, o resucitar a Lázaro: nos había dado la vida divina.
El Papa Juan Pablo II, en su primera visita a Polonia tras la elevación al solio de Pedro, recordó el 7 de junio de 1979, cuando se encontraba en la iglesia parroquial de la Presentación de la Virgen María, en Wadowice, su ciudad natal, como había sido bautizado allí mismo, el día 20 de junio de 1920, y dijo:
Obrar humanamente con rectitud, solo puede alcanzar premios u honores humanos. Pero no, en el terreno sobrenatural, mientras se está separado del Señor. Ejemplo: Es como si alguien trabajase un día entero, hasta agotarse, en el campo de otro…sin haber sido contratado, ni mediar ningún acuerdo previo. No estaría en condiciones de exigir una retribución. (JULIO EUGUI, sacerdote)
Igual que hay tiempos para el trabajo y el ocio, los hay también, para meditar sobre la dirección que damos a nuestras vidas.
Antonio de Pedro
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