Muerte en la Cruz

    Muerte en la Cruz

    Pilato les entregó a Jesús a los judíos para que fuera crucificado. Le cargaron la cruz a cuestas y salió hacia el lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, a las afueras de la ciudad.

    El centurión obligó a un labrador llamado Simón de Cirene, a que le ayudara a llevar el madero, pues era muy pesado.

    Era mediodía cuando llegaron al Calvario.  Después de despojarlo de sus vestiduras, lo clavaron de pies y manos al madero.  Con Jesús crucificaron a dos ladrones, uno a cada lado.

    Los soldados se dispusieron a esperar a que Jesús muriera.

    Jesús en su agonía rezaba:

    -Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.'

    Uno de los ladrones le pidió:

    -Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

    -Hoy estarás conmigo en el Paraíso -le aseguró Jesús.

    Junto a la cruz estaban su madre y el joven Juan.  Les dijo:

    -Mujer, he ahí a tu hijo.  Juan, he ahí a tu madre.

    Era hacia las tres de la tarde. Densos  nubarrones habían entenebrecido el cielo.  Con gran voz exclamó:

    -Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

    E inclinando la cabeza expiró. La tierra tembló, rasgándose el velo del templo.

                (Juan 19, 17-30; Lucas 23, 26-46)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 234) 





    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

            Objetivo.- Pedir perdón por nuestros pecados.

         Contenido.- El terrible suplicio de Jesús en la Cruz nos está enseñando, de la manera más expresiva, la gravedad del pecado de los hombres, de mi pecado. Tal gravedad se mide por la infinita grandeza y honor de Dios ofendido. Dios, que es infinitamente misericordioso y, a la vez, infinitamente justo, ejerció ambos atributos: su infinita justicia exigía una reparación infinita, que el solo hombre no podía dar; su infinita misericordia halló el medio: la Segunda Persona de la Trinidad, tomando la naturaleza humana, haciéndose verdadero hombre sin dejar de ser verdadero Dios, sufrió la pena que el hombre debía padecer. Así, los hombres, representados en la Humanidad santísima de Jesús, podían reparar debidamente la infinita justicia de Dios ofendida. No hay palabras para ponderar el amor de Dios por nosotros manifestado en la Cruz. La fe viva en el misterio de nuestra Redención nos conducirá a una correspondencia de agradecimiento y amor: "Creemos que Nuestro Señor Jesucristo nos redimió, por el sacrificio de la Cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que se mantenga verdadera la afirmación del Apóstol: Donde abundó el delito sobreabundó la gracia" (Credo del Pueblo de Dios, n. 17).

        (Sagrada Biblia. Santos Evangelios. Traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Página 1054.  Nota 33. EUNSA. Pamplona. 1983.)

         Actividades.- 

1.Hacer teatro leído con estos personajes: narrador, Jesús y un ladrón.

2.Contestar por escrito a estas cuestiones:

            a) ¿En qué monte le crucificaron?
           
b) ¿Quién le ayudó a llevar la cruz?
           
c) Escribe las frases que dijo Jesús.
           
d) ¿Para qué murió Jesús?
           
e) ¿Qué fue la causa de tanto sufrimiento?
           
f) ¿Cómo nos dio a la Virgen como madre de todos los cristianos?

3. Varios alumnos leen las respuestas d), e) y f). 





 Aplicaciones didácticas 

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