Jeremías |

El profeta Jeremías era hijo del sacerdote Helcías. Fue educado en el temor de Dios y en los preceptos de la ley. Oyó la palabra del Señor que le decía:
- "Antes de que te formaras en el vientre de tu madre te conocí, y te consagré como mensajero mío ante los hombres".
Jeremías objetó la decisión de Dios diciendo que era muchacho y que no sabía hablar. El Señor le tocó la boca, mientras le decía:
- "Irás a donde yo te mande y hablarás lo que yo te ordene; yo pondré mis palabras en tu boca".
Y Jeremías empezó a comunicar al pueblo los mensajes de Dios en las puertas del templo y en plazas de Jerusalén. Fue durante los turbulentos años de Josías, Joaquín y Sedecías, últimos reyes de Judá (627-587 a. C.)
Con energía denunció los pecados del pueblo y sus autoridades: la apostasía, la injusticia, la dureza de corazón para con los pobres, los adúlteros. Invitaba al arrepentimiento y a la conversión, ya que Dios se complace más en un corazón fiel y justo que en las piedras, oro y sacrificios del templo. Jeremías se quejaba al Señor, de cuando en cuando, por el poco caso que le hacían; pero una vez consolado volvía a predicar nuevos mensajes. Los acompañaba con el anuncio de la inminente caída de Jerusalén, de la destrucción del templo, y de que sus tesoros serían llevados como botín a Babilonia.
De los que le escuchaban, unos se burlaban del profeta y otros se encendían en ira contra él. En alguna ocasión fue golpeado y despreciado públicamente; una vez fue encarcelado y otra arrojado en una cisterna con lodo que le cubrió hasta las rodillas.
Le tocó vivir los duros meses del asedio y de la destrucción de Jerusalén y el templo por el ejército de Nabucodonosor. En la conquista de la ciudad fue protegido por el jefe de la escolta del rey de Babilonia, y lo dejó en libertad para que escogiera ir a donde quisiera. Jeremías quiso quedarse en Palestina con los pobres diseminados por la campiña de Judea. Capturado más tarde por unos rebeldes, fue llevado a Egipto, donde murió.
(Jeremías)
(Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 124)
SUGERENCIAS METODOLÓGICAS
Objetivo.- Amar al prójimo y obedecer a Dios.
Contenido.- Las observancias religiosas, como pura manifestación formalística externa, no tiene ningún valor ante Dios. La verdadera religión consiste en la práctica de la justicia con el prójimo y la obediencia a Dios. La oración es algo fundamental en la manifestación religiosa. A pesar de este espiritualismo tan elevado, apenas se encuentran en los oráculos de Jeremías vaticinios claros mesiánicos. El profeta espera una etapa gloriosa para Israel, la purificación del templo, la unión de las tribus y un renacimiento de la dinastía davídica. El vástago de David impondrá el derecho y la justicia, estableciendo la paz. En el fondo es la perspectiva de Isaías sobre el Emmanuel.
(Versión de Eloíno Nacar Fuster y Alberto Colunga, O.P. Sagrada Biblia. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 1967. Página 943.)
Actividades.-
1. Cada alumno lee en voz baja el texto y contesta a estas preguntas:
a) ¿Qué le dijo Dios a Jeremías?
b) ¿Por qué se resistía Jeremías a su vocación?
c) ¿Qué les decía a la gente?
d) ¿Lo aceptaron bien a Jeremías?
e) ¿Qué hizo Nabucodonosor?
f) ¿Cómo terminó sus días el profeta Jeremías?
2. Dos alumnos leen sus respuestas.
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