82. Religión

    A) El fruto de la educación

    En muchos ambientes actuales se piensa que los esfuerzos que realizan los padres y los centros educativos en orden a educar a los chicos son ineficaces y no consiguen sus objetivos.

    Ante esta desesperanza es bueno aprender de la Historia y observar los buenos ejemplos que nos presenta. Uno de ellos es el caso de Fernando III, rey de Castilla y León (1198 a 12252).

    Su madre, doña Berenguela, le alimentó con la leche natural y con la leche de las virtudes. Fernando resplandeció en todo género de virtudes, especialmente en la honestidad, la modestia, la prudencia, la misericordia, le religión y la obediencia a su madre. No se le conoció ningún vicio; siempre estaba ocupado y no ocioso y el tiempo que no gastaba en la devoción o las armas, lo ocupaba en leer historias, para sacar de ellas acciones que imitar y equivocaciones de las que huir.

    Esta labor educativa esmerada tuvo sus frutos en la formación humana y cristiana en Fernando que llegó a ser un rey querido y admirado por todos sus súbditos y por algunos reyezuelos musulmanes. Fue el rey de la Reconquista que más territorio arrebató a los invasores, destacando Córdoba, Jaén, Sevilla, Baeza, Úbeda, Andújar y otras ciudades. Las tierras de los musulmanes quedaron reducidas al reino de Granada.    Pero su triunfo más importante fue que alcanzó el Cielo. El Papa Clemente X le canonizó en el año 1671 y su cuerpo se venera en la Capilla Real de la catedral de Sevilla. Desde entonces se le conoce como Fernando III el Santo.

    ¿Cómo alcanzó esta magnífica formación humana y cristiana? Por la labor conjunta del esfuerzo de su madre, doña Berenguela y la voluntad decidida del propio Fernando en alcanzar esa formación.    Otro caso parecido es el de San Luis, rey de Francia, educado por doña Blanca, hermana de doña Berenguela. El esfuerzo de las dos hermanas consiguieron dos hijos reyes y santos.

    El ejemplo contrario lo tenemos en don Álvaro de Lara, coetáneo con San Fernando, que se comprometió bajo juramento que no quitaría pueblos ni castillos a otros nobles, que no haría la guerra a los comarcanos, ni exigiría nuevos tributos a sus vasallos. Pero don Álvaro no tenía ninguna formación humana ni cristiana y jamás pensó cumplir los compromisos jurados. Pensó que su derecho llegaba hasta donde llegaba su fuerza. Así que en la primera oportunidad robó pueblos y ciudades, organizó guerras injustas y aumentó los tributos. Es la conducta coherente de un hombre sin ninguna formación.

    Ante la desesperanza actual en la labor educativa observamos en los casos anteriores que cuando coinciden la libre voluntad del educando y la labor esforzada de los padres y profesores, el resultado de sus esfuerzos siempre es positivo.

    Arturo Ramo García

    B) Principios de la ley natural

    Actualmente hay un debate en la sociedad sobre el bien y el mal, sobre la moral objetiva y la subjetiva, sobre la verdad y el relativismo.

    Este debate puede crear desorientación en las personas y especialmente en los jóvenes que en este contexto deben encontrar las opciones fundamentales para su vida.

    Por eso es necesario reflexionar sobre la ley natural y redescubrir su verdad común a todos los los hombres. Esta ley que está inscrita en el corazón del hombre tiene como principio básico el "hacer el bien y evitar el mal". De él brotan los demás principios particulares que configuran los derechos y deberes de cada uno.

    Uno de esos principios es el respeto a la "vida humana" desde el momento de la concepción y hasta la muerte natural. La vida no es propiedad del hombre ni del Estado, sino don gratuito de Dios.

    Otro aspecto de la ley natural es el "deber de buscar la verdad", que será el fundamento de la maduración de la persona. Ante la avalancha de información que nos llega de todos los medios (televisión, radio, prensa, internet) es difícil distinguir dónde está verdad y la manipulación ideológica.

    Otra instancia fundamental es la "libertad", que no es absoluta puesto que tiene los límites de la libertad de los demás.

    También hay que mencionar la exigencia de la "justicia", que se manifiesta en dar a cada uno lo suyo y la solidaridad con los más necesitados, que tienen la esperanza de ayuda por parte de quien ha tenido más suerte que ellos.

    En estos principios se derivan normas inderogables que no dependen de la voluntad del legislador ni del Estado, pues normas anteriores a cualquier ley humana. Sin embargo, algunos gobiernos legislan normas que favoreciendo a intereses particulares, van en contra de los principios de la ley natural, como el aborto, el divorcio, la eutanasia y asignatura laicista. La ley natural es el baluarte válido contra la arbitrariedad del poder y la manipulación ideológica.

    El conocimiento de esta ley debería ser la preocupación principal de las autoridades políticas y educativas, con el fin de promover la maduración de la conciencia moral de los ciudadanos. Este es el auténtico progreso que hace que los demás progresos sean auténticos. La ley inscrita en nuestra naturaleza es la verdadera garantía ofrecida a cada uno para poder vivir libre y respetado en su dignidad.

    Arturo Ramo García 

    C) Carta de un padre a su hijo

   De un padre a su hijo sobre la enseñanza de la Religión En 1919 el diario socialista de París L’Humanité publicó una carta dirigida por un padre socialista a su hijo. Trataba de la enseñanza de la religión y fue escrita con tan buen sentido y con tanta honradez, que la creo digna de ser conocida en tiempos tan confusos como los actuales. Dice así:

    “Querido hijo: me pides un justificativo que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas.. Este justificativo, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente podrás juzgar, serás completamente libre; pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

    Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

    Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender la historia y la civilización de los griegos y de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización?

    En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las han inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bussuet, Fenelón Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo... en una palabra, a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones?

    Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puede ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más abia y más universal? –éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rouseau.-

    Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes, Ampere era piadoso, Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón, Flammarion, se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrías tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios?

    Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización, y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras.

    Ya que hablo de educación: para ser un joven bien educado, ¿es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple savoir vivre, hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

    Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla [...] Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad, exige la facultad de poder obrar en sentido contrario.

    Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación”.

   Pedro Luis Fernández Cáceres. Sevilla.  Escuela Española. 3 de junio de 2004.

    D) Laicidad y clase de religión en la escuela pública

    A raíz de la Ley de Calidad de la Enseñanza (LOCE), que introduce una enseñanza no confesional del hecho religioso alternativa a la versión confesional ya existente, ha vuelto a resurgir un debate típico en España: la polémica entre los defensores de un modelo de Estado laicista (que no laico) y quienes defienden un Estado no confesional, con separación entre la Iglesia y el Estado, pero con una laicidad positiva, que permite la manifestación de las creencias en la vida pública.

    El derecho a la libertad religiosa y la laicidad del Estado pueden articularse de muchas maneras. El ordenamiento jurídico español, empezando por la Constitución, responde a un modelo de laicidad positiva, con cooperación entre el Estado y las distintas confesiones (art. 16, 3). Ese modelo ha sido refrendado democráticamente y quien desee cambiarlo deberá hacerlo a través de las urnas. Por eso es demagógico atribuir el mantenimiento de la enseñanza de la religión en el currículum escolar a una decisión unilateral del actual partido gobernante.

    Con el respaldo de la Constitución

    La Constitución se votó con un gobierno de UCD en diciembre de 1978 y el Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre Enseñanza y Asuntos culturales fue ratificado el 4 de diciembre de 1979 en el Pleno del Congreso por amplia mayoría. De manera que es perfectamente constitucional. Posteriormente, los acuerdos del Estado español con las confesiones islámica, hebrea y evangélica para la enseñanza religiosa específica, fueron realizados durante la legislatura socialista entre 1992 y 1996.

    También se hizo también bajo dicha legislatura la regulación de las actividades de estudio alternativas a las enseñanzas de religión. Así que quienes ahora alegan que la enseñanza de la religión en la escuela es inconstitucional, porque ellos defienden un modelo de Estado que no es el vigente y lo hacen contra la opinión mayoritaria de la sociedad española, deberían saber perder y utilizar los cauces democráticos para demandar sus legítimas aspiraciones, en un legítimo disenso.

    Normal en Europa

    Están en minoría en España, pero también lo están en Europa. Si nos fijamos en los países del entorno europeo, prácticamente todos establecen un modelo de laicidad positiva con cooperación entre las distintas confesiones y el Estado, que incluye la enseñanza en la escuela pública de las religiones mayoritarias. Bélgica, Italia, Escocia, Inglaterra, Alemania, con distintos sistemas, son un ejemplo de lo dicho. En todos ellos se imparte la asignatura de religión en la escuela pública. Por citar el caso de Bélgica, además está regulada la enseñanza del Corán con un convenio con el gobierno turco por el que se contratan laboralmente profesores con el título de teología coránica para impartir esa asignatura en la escuela pública.

    Sólo Francia ostenta en solitario un modelo de separatismo y de laicismo de Estado. Y también es el país donde esta concepción de la laicidad en la escuela está dando lugar a mayores polémicas a raíz de la creciente presencia de alumnos musulmanes. Pero, incluso en Francia, en Primaria queda a disposición de las confesiones media jornada a la semana, para la enseñanza de la religión fuera de la escuela, y en Secundaria se deja libre una hora semanal dentro del propio centro para que un capellán pueda impartir esa enseñanza al que lo desee.

    Después de una época en que el aspecto religioso fue proscrito de la escuela estatal, en los últimos tiempos se ha advertido que esto es una carencia cultural importante. Por este motivo, Jack Lang, ministro de Educación del anterior gobierno socialista, encargó al intelectual Régis Debray un estudio sobre cómo abordar el hecho religioso en los programas escolares. Régis Debray, antaño revolucionario con el Che Guevara en las montañas de Bolivia, defendió en su informe de marzo de 2002 sobre “La enseñanza del hecho religioso en la escuela laica” (ver servicio 45/02), que el hecho religioso es un hecho social, multidimensional, que también debe ser transmitido en la escuela. Debe ser estudiado con rigor y tomado absolutamente en serio, por pensable y vivible, por significativo y actual. Incluso quien no crea debe conocerlo en su dimensión exterior histórica.

    Para entender el mundo

    La cultura religiosa, como asignatura específica y sometida a examen, es absolutamente necesaria en el mundo de hoy para no ser unos ignorantes. No basta que se trate transversalmente de esas cuestiones en otras materias. Sin conocer el fenómeno religioso no se puede entender con profundidad muchos temas. Por ejemplo, es imposible entender los derechos humanos y su interpretación sin conocer el contexto religioso y la religión profesada o criticada por sus protagonistas. Con mayor razón en el arte, la literatura, la historia y la filosofía. Es imposible entender la historia del pensamiento filosófico, jurídico y económico europeo sin conocer algo sobre la teología protestante (en sus versiones luterana y calvinista), la católica, y la anglicana.

    En la propia construcción de la Unión Europea el conocimiento del factor religioso se revela también importante. Así se reconoce en una declaración publicada en Le Monde (14-XI-2003) por una veintena de personalidades de procedencia muy diversa (escritores como Claudio Magris o el Premio Nobel de Literatura Imre Kertész; políticos como el socialista Mario Soares, ex presidente portugués, el democristiano italiano Emilio Colombo o el ex ministro de finanzas alemán Theo Waigel; un científico como el Premio Nobel de Física Carlo Rubbia; hombres religiosos como el cardenal Achille Silvestrini, o el ex gran rabino de Francia, René-Samuel Sirat). Hablando del espíritu común que puede animar la Europa unida, escriben:

    “Todo demuestra hoy las limitaciones de una visión estrechamente secularista de las sociedades europeas. El fin de la opresión ideológica y el ascenso de los fundamentalismos llevan entender mejor la realidad: uno de los rasgos más marcados de Europa es la separación flexible entre lo político y lo religioso, y el pleno ejercicio de la libertad de creencia como condición del desarrollo de la persona y del enriquecimiento de la vida social (...) Fenómenos tan diversos como la crisis de la transmisión entre las generaciones, las secuelas de la represión antirreligiosa y la invasión de una subcultura mediática y mercantil han llevado a los responsables más apegados a la laicidad a reconocer que la ignorancia sobre las religiones se ha convertido en una amenaza para la vida y para la cohesión de cada país, así como para el pleno desarrollo de la construcción europea”.

    Formación del profesorado

    En España, debido a la crispación del debate sobre la enseñanza de la religión, jalonado por una continua jurisprudencia del Tribunal Supremo, no se ha dado el clima adecuado hasta ahora para articular estas enseñanzas de mejor modo. En ocasiones, los profesores que imparten religión en los centros escolares públicos han sido víctimas de actitudes hostiles y sectarias en el claustro de docentes. Es ese sectarismo el que peca, en todo caso, de inconstitucionalidad.

   María Elósegui Itxaso (elosegui@posta.unizar.es) es Profesora Titular de Filosofía del Derecho en la Universidad de Zaragoza. Con la autorización de: www.aceprensa.com


 Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Qué ocurrió con Fernando III el Santo?

 2. Comentar los principios de la ley natural.

 3. ¿Qué razones dio el padre a su hijo?

 4. Fundamentos de la clase de religión

   Bibliografía:

   Pedro Rodríguez. Fe y vida de fe. Editorial EUNSA.

   Enlaces de Internet:

La asignatura de religión

Albert Camus pidió el bautismo antes de morir

La enseñanza de la religión llega a todas las escuelas rusas

Relativismo teológico: un nuevo reto para la fe

Declaración de Manhattan III: Sobre la libertad religiosa

Crucifijos en las aulas

La engañosa neutralidad del laicismo

Hombre de fe o de razón

La visión universalista de la ley natural

¿La fe ayuda a disfrutar de la vida?

Historia de la masonería

Relativismo, esoterismo y agnosticismo

Decodificando el Código da Vinci

¿Se puede conciliar fe y razón?

Carta del más allá

¿Existe realmente Dios?

Testimonios científicos sobre ciencia y fe

Clase de religión

A vueltas con el crucifijo

El Cojo de Calanda

¿Y por qué?

Aportaciones del cristianismo a la humanidad

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