76. La comunicación entre novios

    A) Noviazgo clásico

   En la Biblia se encuentra un modelo de noviazgo que es apoyado por los psicólogos de la actualidad. El novio ha de hacer méritos para conseguir a la novia y ésta es el premio.

    En la pareja de David y Micol, se sabe que Saúl ofreció a David la mano de Micol si mataba a cien filisteos. Cuando superó esta prueba reclamó la mano de la novia.

    En el libro del Eclesiástico se lee: “no despidas a una mujer sensata, es más valiosa que los corales”, “una mujer es el tesoro más valioso de su marido”.

    En Proverbios 12,4 se lee: “la mujer virtuosa es la corona del marido”.

    En la Biblia la mujer es como un premio en el noviazgo y en el matrimonio, mientras el hombre está destinado a perseguir a la mujer. También en la mitología se repite que el hombre sale, derrota al dragón y consigue la mano de la hermosa doncella. El psicólogo americano Jung defendió la mitología para comprender el alma humana.

    El papel de los hombres es amar a sus mujeres: “Maridos, amad a vuestras esposas y no seáis ásperos con ellas” (Col. 3,19)

    Actualmente parece que las cosas han cambiado: son las chicas las que persiguen y conquistan a los chicos y esto no son buenas noticias para las mujeres.

    Tradicionalmente las mujeres han permitido que los hombres las persigan y ellas han de insistir en ser tratadas con respeto y corrección, que será la base de un matrimonio sano y duradero. Se defiende la igualdad de la dignidad de la persona, pero no la igualdad de intercambio de papeles.

    Otra ventaja para la mujer es negarse al sexo prematrimonial para mantener el respeto y la dignidad. Algunas novias consienten en acostarse con sus novios porque temen perderlos y no se muestran fuertes en exigir un trato correcto. Si se plantaran, los novios podrían marcharse o rectificar y cambiar sus comportamientos. En cualquier caso son ellas las que ganan.

    “Fruto de mis observaciones de los adultos solteros, estoy convencido de que un propósito clave del noviazgo es que el hombre aprenda a ser civilizado y respetuoso, así como a valorar el cariño sin sexo, y que la mujer aprenda a disciplinar su amor. Los hombres han de descubrir el arte de amar en su dimensión espiritual y afectiva, pero no sexual. Las mujeres deben hacer que la razón modere sus sentimientos, sin perder la calma, permitiendo que el hombre las busque y se comprometa.” (1)

    Cuando el novio maltrata de palabra o de obra a su novia, ésta no debe perder los nervios, pero en el momento oportuno ha de hablar en serio, diciéndole que si no cambia, tendrán que terminar la relación. Si después de un tiempo el novio sigue con su trato irrespetuoso, la novia debe dejarlo.

    (1) Morrow, T.G. Noviazgo cristiano en un mundo super-sexualizado. Editorial Rialp. Madrid. 2008. Página 104.

    Arturo Ramo García

    B) ¿Vale todo?

   En todos los trabajos de investigación sobre este tema se llega a la conclusión de que hay una relación significativa entre las relaciones prematrimoniales y el divorcio.

    En 1992, la Universidad de Chicago publicó un estudio en el que “los hombres que han mantenido relaciones sexuales prematrimoniales tienen un 63% más de probabilidades de divorciarse. Las mujeres, un 73%.” (1)

     Algunos chicos dicen: “si me quieres, demuéstramelo con hechos”. En este ámbito las relaciones sexuales se entienden como testimonio de amor. Pero la realidad es que ese trato íntimo no prueba nada sobre el amor mutuo matrimonial, porque ser novios constituye una realidad distinta que ser marido y mujer y poderse amar como tales.

    Hay que tener una idea clara: los novios no son los esposos. Hasta que no pronuncien el SI libre y definitivo de la boda, no se instaura el verdadero amor que transforma a los novios en esposos. Por eso las relaciones prematrimoniales, aunque aparentemente sean semejantes, son de hecho radicalmente distintas que las que se llevan a cabo dentro del matrimonio: no sólo en su significado y condición más íntimos y profundos, sino por lo que se refiere a los sentimientos y al gozo personal experimentados.

    Cuando el chico o la chica se sienten obligados a demostrar su amor suelen percibir el hecho como un suplicio o una vejación no siempre reconocidos, sin otra huella que la del desengaño desencantado de lo que prometía la felicidad. Aunque ambos estén de acuerdo en hacerlo, el resultado siempre es negativo. El filósofo francés Etienne Gilson decía que “no basta ponerse de acuerdo para que un saqueo recíproco se torne delito”.

    Y si coinciden en la misma ciudad un novio con su novia y otras amigas, ¿podrían vivir en la misma casa, aunque fuera en habitaciones diferentes? Pues no, porque podría ser causa de escándalo y una mujer no puede permitir a un hombre la intimidad de pasar la noche en su vivienda.

    Otro caso podría ser que el novio viviera en un lugar a varios kilómetros y que se sintiera cansado, ¿Es prudente invitarle a pasar la noche juntos en la misma casa? Lo correcto sería invitarle a tomar algo mientras descansa y mandarlo a su casa.

    Puede ocurrir que los novios piensen comprarse una casa juntos, teniendo claro que desean casarse dentro de poco. Pero el matrimonio es la entrega, no es el compromiso. De alguna forma se está trivializando la boda y el matrimonio.

    En ocasiones los novios se sienten obligados a casarse por los numerosos regalos que se han hecho entre ambos. Este extraño vínculo hace más difícil la ruptura y debilita el significado de la boda.

    En estos casos y en otros semejantes hay que tener claro que los novios no están casados hasta que digan el si definitivo el día de su boda.

    (1) Eduard O. Laumann, The Social Organization of Sexuality: Sexual Practices in the United Status (Chicago: U de Chicago Press. 1994). Cfr. Morrow T.G. Noviazgo cristiano en un mundo super-sexualizado. Editorial Rialp, Madrid, 2008. Página 75.

     Arturo Ramo García

    C) La comunicación

   Tanto en el noviazgo como en el matrimonio surgen problemas de comunicación y enfados entre los dos. Por eso es importante aprender a resolverlos.

    Una primera explicación es que el hombre y la mujer son diferentes y tienen formas de pensar y sentir distintas. El hombre tiene que saber lo que piensa ella y al revés. El secreto para llevarse bien es la adaptabilidad. Comprender y ponerse en el lugar del otro.

    Parece que el 80% de los enfados se originan por faltas de delicadeza: olvidarse del aniversario del primer encuentro, del cumpleaños; nombrar demasiado a una antigua novia; estar muy pendiente de la familia de sangre; no llamar por teléfono después de un hecho importante, etc. En general, suelen ser cosas pequeñas, pero llenas de sentimiento. Los chicos suelen ser más distraídos en estas delicadezas que las chicas.

    Es posible que el hombre le compre rosas a ella, la lleve a restaurantes todas las semanas y va a visitar a su familia. Con esto piensa que así ha cumplido, pero no es así: tiene que estar pendiente de lo que le preocupa a ella en cada día.

    Cuando ella se enfada, él no debe justificarse, ni decir que eso tiene poca importancia, ni que es demasiado sensible. Todo esto la pondrá más furiosa y no la podrá ayudar. La mujer está más vinculada a sus emociones y el hombre es quien tiene que calmarla.

    “Los hombres y las mujeres piensan de modo diferente. Los hombres se centran en el problema o en la solución. Las mujeres se centran en sus sentimientos; no les preocupa lo fundamental, sino su corazón, al que están estrechamente conectadas. En otras palabras, el problema no suele ser el problema. El problema es su corazón. ¿Así es como se ocupa él de su corazón? y ¿cómo puede ella ayudarle para que lo haga?” (1)

    Cuando la mujer se enfada, el hombre trata de analizar y resolver el problema. Pero la mujer necesita hablar mucho y desahogarse, mientras que él ha de esforzarse en prestarle atención, comprenderla, consolarla, amarla y si es necesario abrazarla cariñosamente sin decirle apenas nada. Esto es realmente lo que cuenta. El amor, más que un sentimentalismo, es la preocupación por el bien del otro. Podrá haber momentos en que el corazón no sienta un sentimiento cálido pero es necesario decirle “te amo” porque en el matrimonio se promete amarla y honrarla todos los días de la vida.

    El hombre ha de esforzarse hacer de su mujer la persona más importante de la vida, colocarle en su cabeza la corona de reina, hacer de ella el número uno. Para ello ha de amarla de forma romántica, invitarla a salir todas las semanas y hacerla sentirse importante. No se debe menospreciar su opinión y hay que respetarla siempre.

    Cuando se produzca un enfado entre ambos, lo que ha de hacer cada uno es reflexionar qué parte de culpa es suya, reconocerlo y pedirle perdón al otro cuanto antes. Es una mala práctica estar una semana “sin hablarse”, porque esto es un veneno para la relación.

    (1) Morrow T.G. Noviazgo cristiano en un mundo super-sexualizado. Editorial Rialp. Página 147.    

    Arturo Ramo García

    D) Enfados festivos

   La mujer ha de conseguir que el enfado con su pareja sea sin aspereza y sin enfrentarse con él. Esto lo puede lograr con el enfado festivo, semejante al de los niños. Puede simular que se enfada y decirle a él que no va a hablarle y cuando se va, mirar hacia atrás para ver si él se lo toma en serio. Esta exageración infantil le hace gracia al hombre y termina riéndose. Este enfado festivo es mucho mejor que la aspereza de una mujer amargada o el silencio rencoroso.

    Se podrían señalar tres normas de actuación:

    a) Eliminar las palabras bruscas, el odio, el resentimiento y la violencia. Si alguna vez uno de ellos se siente herido por un desprecio o humillación, ha de esforzarse en perdonar y olvidar cuanto antes el incidente.

    b) La mujer ha de usar adjetivos que destaquen la masculinidad del hombre, llamándole fuertote, bruto, oso peludo, grande o cosas por el estilo. Nunca tratarlo con un diminutivo, como pequeñín o debilucho.

    c) Exagerar las palabras. Si él la ha herido en algo puede decirle: “¿cómo un fuertote como tú te atreves a meterte con esta pobre mujer?”.

    En ocasiones la relación humana durante el noviazgo y el matrimonio puede ser dura y penosa, exigiendo una buena dosis de humildad y petición de perdón. Cualquier cosa que aporte un poco de humor donde hay enfado, tiene que tomarse en consideración.

    Otro aspecto importante es evitar las críticas a la pareja, tanto de pensamiento como expresadas con palabras. Si el otro hace alguna cosa negativa, tratar de hablar con él a solas y con amabilidad, diciéndole lo que se considere qué es lo positivo, pero sin tratar de cambiarle ni controlarle con manipulaciones.

    Es muy aconsejable ver las cosas positivas del otro y los motivos para darle las gracias. De esta forma mejorará el aprecio mutuo y mejorará la relación.

    Dios ha creado muy diferentes al hombre de la mujer. A este hecho podemos encontrar dos causas. Una sería la de prepararnos al encuentro con Dios, que es totalmente el Otro. Ambos novios han de aprender a adaptarse a su pareja, comprenderse y buscar una buena comunicación. La otra razón sería que en Dios están todas las virtudes que generalmente asociamos con los hombres y las mujeres. El novio tiene que aprender la sensibilidad, la dulzura, la intuición y la preocupación personal de la novia. Ella a su vez ha de aprender la lógica, la disciplina, la motivación y la firmeza de él. No siempre se dan estas características en ambas personas, pero lo ordinario es que sea así. Cuando en un hombre y en una mujer se dan las virtudes de su sexo y aprende las virtudes de su pareja, se podría decir que está preparado para Dios.

    Arturo Ramo García
 


 Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Qué aprendemos de la Biblia?

 2. Aspectos de las relaciones prematrimoniales

 3. ¿Por qué es importante la comunicación?

 4. ¿Cómo resolver los conflictos?.

   Bibliografía:

   Polaino, A: y Martínez. P. La comunicación en la pareja. Errores psicológicos más frecuentes. Editorial Rialp.

   Enlaces de Internet:

Caso práctico 4

La familia y los valores morales

Tener conversación

Negociación si, chantaje no

El arte de escuchar

Los 10 principios de una buena comunicación

Ejercicios interactivos sobre el noviazgo clásico

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