61. Problemas en los institutos


    A) 0. Prevención de problemas en los institutos

    Desde hace algún tiempo, algunas ideas, me están pidiendo ser expresadas; quizás les ha llegado su momento. Todo parece coincidir. Ayer la tele hablaba sobre la violencia entre jóvenes procedentes de bandas armadas, con la existencia de un muerto. Se decía que había miedo entre los chicos del primer ciclo de ESO *, que se veían obligados a pagar una cantidad de dinero, a los "mafiosos", para poder seguir viviendo, no ser excesivamente molestados..., dentro de un instituto español. Quienes denunciaban estos hechos, eran los padres de afectados, alumnos sufridores a cara “borrada” y algún que otro "valiente profesor", que mostraba su malestar e impotencia.

    El maltrato entre compañeros, algunos lo viven de forma dramática y no aguantan más, poniendo fin a sus vidas, a una edad tan temprana y sin que nadie lo evite. Otros lo denuncian abiertamente, a los padres, profesores, en los medios de comunicación, o cambian de centro, intentando encontrar alivio a su malestar.

    Las situaciones de maltrato y abusos entre compañeros siempre han existido, pero mientras que antes, la autoridad del profesor, o la visita de los padres, al centro, eran suficientes medidas disuasorias, para poner fin al problema, hoy sin embargo, con la crisis de valores que existe en la sociedad, que se traslada al centro educativo, en algunas ocasiones, se cuestiona no solo la autoridad del profesor, que se ve incapaz de resolver el problema, sino que además, si el padre del “agredido” decide intentar solucionar la situación, puede encontrarse, enfrentado a unos jóvenes bravucones, conocedores de sus derechos, pero ignorando sus deberes, que entre risas y cachondeos, amparándose en su minoría de edad, le hagan sudar y tragarse su orgullo y “mala leche” por evitar males mayores.

    Los padres de los “agresores”, en general, quitarán importancia al asunto, con un “son cosas de crios”, “no es para tanto”, exculpando a sus hijos, eludiendo su responsabilidad de educar en el respeto a los otros. Algunos de esos niños “agresores”, sabedores de que no les pasa nada, seguirán en su escalada antisocial: pequeños hurtos y fechorías, como robar antenas de coches, rayarlos, pinchar o desinflar ruedas, romper espejos retrovisores, estropear y afear inmobiliario urbano diverso, bancos, jardines, farolas...

    Con estas acciones, tan nobles, consiguen popularidad y prestigio ante sus colegas. Son muy valientes, y muy libres, no se cortan ante nada ni nadie. Por donde van, están dispuestos a provocar a quién se interponga en su camino. Su historial de trastadas les avalan. Los demás los evitan y casi les temen. Ellos sí saben cómo hacerse respetar, y si no, están dispuestos a casi todo. Son agresivos, no tienen miedo, carecen de empatía, y ansían emociones fuertes, sobre todo en grupo. La mayoría recupera “la normalidad” con el tiempo, aunque algunos siguen con un amplísimo historial delictivo, ante la cándida permisividad garantista del estado de derecho, que los protege mucho más que a sus víctimas.

    Anteayer en un debate sobre el "botellón", se ponía en duda, que el derecho a la salud y al descanso, ha de prevalecer sobre el derecho a la diversión. No estaría de más, que se sometieran al ruido y demás molestias, (basuras, olores...), a las autoridades, que tienen la obligación de regular la convivencia y prevenir conflictos. Puede que entonces, buscasen acuerdos, tan sencillos como, "botellón" sí, pero sin molestar a terceros y los hiciesen cumplir.

    Hace unas semanas, en la provincia de Granada, los sindicatos convocaban una huelga porque un director de IES, había sufrido en su despacho, la "visita agresiva" de un padre de alumno que había sido expulsado. Los sindicatos apuntaban que éste no era un hecho aislado. Se vienen sucediendo situaciones de malestar, insultos, agresiones repetidas a profesores, por parte de padres de alumnos, y reiteradas faltas de respeto de los alumnos, que no aceptan autoridad alguna.

    Pero, ¿qué está pasando en la sociedad?, ¿qué valores se transmiten?, ¿qué podemos hacer, en nuestro ámbito, para intentar mejorar algo la situación actual?...

    El presente trabajo, pretende analizar en profundidad, las distintas variables que han intervenido en la sociedad, en la última década y que sin duda influyen en la educación. Se van a aportar ideas, posibles soluciones, para ayudar preferentemente a nuevos profesores, también a padres, en su responsabilidad y difícil tarea de educar. Si algún equipo directivo, orientador, asesor, inspector, investigador, político, profesor,...etc., lo encuentra útil, tanto mejor.

    Se agradecería, cualquier sugerencia, corrección, que el bienintencionado lector, pudiera hacer, puesto que en educación, como en la vida, hay que "estar abierto a todo y no apegado a nada, en el plano intelectual, matizo, no vayamos a confundir a los jóvenes.

    He entrecomillado la frase anterior, porque creo que amparándose en ella, se han cometido demasiados excesos: ¿estar abiertos a todas las drogas..?, ¿probarlo todo, incluye juegos de roles con asesinatos...?, ¿estaríamos abiertos al todo vale: robar, violar, matar, extorsionar....?

    Desde luego que no. Una cosa es que “entendamos la naturaleza humana en acción”, y cualquier mirada a la historia, o a la actualidad, nos revela la crueldad de nuestros congéneres: guerras, asesinatos indiscriminados, hambre, odio, violencia...; la lista sería interminable, y otra cosa distinta, es que pensemos que todo está bien.

    Sabemos que no todo vale, que hay valores que nos atraen más, pese a que, no siempre elegimos con buen criterio. También nos gusta, que cuando nos equivocamos, se nos trate con comprensión y benevolencia, no se nos humille, ni se haga leña del árbol caído, y sin embargo, nos cuesta entender porqué, en muchos conflictos, prevalecen los derechos de los agresores sobre las víctimas...

    Es este un ensayo, que pretende hablar de educación, en base a nuestra experiencia de más de un cuarto de siglo como docentes. Sabemos, que desde una perspectiva preferentemente práctica se van a cuestionar y analizar valores y principios, vigentes hoy en la realidad educativa, y que es posible, hayan quedado algo desfasados, y estén pidiendo un cambio.

    Es una pena que sean tan pocos, los libros que escriben los docentes en activo, y que sin duda son la mejor fuente para beber, dada su dilatada experiencia. Estamos demasiado acostumbrados a leer a los supuestos “expertos”, sin experiencia docente, sobre temas educativos, de los que están bastante alejados, en un ejercicio de abstracción, que apenas nos llegan.

    Cualquiera de mis compañeros podría argumentar a favor y en contra de lo que aquí se dice, y de otros muchos temas educativos, con matices, de su propia cosecha, que a buen seguro a todos nos podrían enriquecer.

    La fatiga mental, el estrés, o incluso para algunos, el “estar quemado”, es una consecuencia de la creciente indisciplina que hay en las aulas, sobre todo en la Eso. Dicha indisciplina se debe en parte además de la masificación de los centros, y al elevado número de alumnos por aula, a la propia organización de los IES, que al considerar las asignaturas lo más importante de su tarea, descuida la relación con los alumnos, propiciando comunicaciones, donde la tensión, los agobios por dar unos contenidos, provocan sufrimiento en los alumnos y docentes.

    La relación con los alumnos era uno de los aspectos más gratificantes, en la labor docente, que exigía continuidad, para un mayor conocimiento. Hoy en los institutos, no hay tal continuidad, porque cada año, te cambian de alumnos, y ni los alumnos conocen a los profesores, ni éstos a sus alumnos.

    Este desconocimiento mutuo, no facilita la convivencia, ni la disciplina en los IES, en unos tiempos en que hay familias que no ponen límites educativos a sus hijos, lo que genera, que éstos se pasen, y vayan de “matones”, como demuestra el hecho que 4 de cada 10 alumnos, han sido agredidos alguna vez, por sus compañeros, incluso que un 10 % de profesores reconozcan que a veces, son objeto de agresiones.

    Ante esta situación, se proponen formas más sutiles de agrupamiento de alumnos, que pasen sobre todo por mejorar la comunicación, en la relación educativa y para esto se hace necesario una disminución significativa de ratios por aula, y que se busque la continuidad en la medida de lo posible, tal y como avanzamos más adelante.

    Algunas medidas de mejora que proponen los sindicatos del sector, se nos antojan mejorables. Lo de incorporar a los centros, profesores de apoyo, que supuestamente prevendrían problemas de aprendizaje, es un error si éstos no se implican tutorialmente. Es mejor que se bajen ratios, y que el tutor, refuerce, apoye, con la complicidad de los padres, a los alumnos que lo necesiten, ya que la relación afectiva es clave para llegar a acuerdos, en educación.

    La experiencia de los centros de compensatoria, donde estuvieron varios maestros apoyando por ciclos, a los alumnos con más necesidades de apoyo, resultó poco satisfactoria, porque el profesor de apoyo, no llegó a implicarse tutorialmente con el alumno apoyado, ni con la familia del mismo, y esto se veía en el día a día, cuando el profesor de apoyo, libre de responsabilidad, preguntaba por doquier, ¿quién es el tutor de este alumno?, buscando la autoridad moral del tutor, para corregir, llamar la atención, del citado alumno.

    Además, si sacaban al alumno, de la clase ordinaria, éstos perdían el currículo normal, con lo que se aumentaban las diferencias respecto al grupo, dificultando su posterior integración. Si optaban por apoyarlos dentro del aula, suponían una variable de distracción para el resto de compañeros.

    Primero bajar ratios, que no superen 20 alumnos, en la enseñanza obligatoria siendo menor la ratio con alumnos más desfavorecidos socio-culturalmente, de más carencias y necesidades educativas. Después profesores de apoyo, pero en horario no lectivo, para no interferir en los procesos de aprendizaje e integración del alumno. Excepcionalmente, si la población es extranjera, y no tiene posibilidades de acceso al currículo, por desconocimiento del español, cabría que estuvieran dentro del horario lectivo.

    Respecto a otra propuesta de los sindicatos de incluir en los centros más orientadores, no nos parece mal, siempre que éstos, tengan experiencia práctica en la etapa que vayan a orientar, y que no tengan inconveniente en lanzarse al ruedo de la docencia directa con alumnos de alto riesgo.

    No se pueden seguir mandando orientadores a los IES, que digan, que no tienen nada que decir en asuntos de disciplina, ya que ésta es competencia de jefatura de estudios. Como si no hubieran escuchado hablar de prevención de conflictos, empatía, resolución de problemas, técnicas de modificación de conducta, alfabetización emocional,...

    No se deben mandar orientadores, que no estén dispuestos a mojarse, a implicarse, con los alumnos excluidos, expulsados, de mayor riesgo, bien haciendo proyectos de compensatoria, para éstos, buscando agrupamientos flexibles, adaptaciones curriculares, o aportando al proyecto curricular en el *ETCP o claustro de profesores, su contribución preventiva, con implicación personal activa, docente y tutorial, a los problemas del centro.

    Algunos de los orientadores no llegan a realizar una evaluación psicopedagógica adecuada, porque si la hicieran, no les quedaría más remedio que implicarse y complementar a los alumnos con problemas de personalidad y de conducta, que presentan necesidades permanentes o transitorias de ayuda.

    Estos alumnos con problemas de conducta, podrían ser tutorizados por los profesores de E. especial, si estuvieran en el aula de apoyo, más de la mitad de su tiempo lectivo, como legalmente está tipificado, modalidad de integración “B”, de ahí, que los sindicatos propongan que haya más profesores de Pedagogía Terapéutica o de E. especial, que viene a ser lo mismo.

    El problema es que en los institutos hay demasiados alumnos, que presentan problemas de conducta, que además suelen coincidir con un desfase académico superior a 2 y 3 años, con lo que se aburren, se desmotivan, y se portan mal, y que en su mayoría permanecen en las clases ordinarias, agravándose la situación, a medida que pasan años, al aumentar las diferencias académicas respecto a su grupo, y consecuentemente aumentan también los problemas de conducta.

    Los profesores de especial, acostumbrados a trabajar con alumnos con alguna deficiencia orgánica o sensorial, eludirán trabajar con niños difíciles, de los que tienen problemas de conducta, pues además de ser más complicado y duro, argumentarán no estar preparados para trabajar con este tipo de alumnos, pese a ser profesores de pedagogía terapéutica. Al parecer su terapia pedagógica, no es lo suficientemente eficiente, para con estos alumnos...

    Claro, que siempre podrán argumentar con razón, que tienen muchos alumnos; imagínense la cantidad de alumnos, con un desfase curricular, de dos o más años, en un sistema educativo, que promociona casi automáticamente, sin establecer mínimos, con lo que se evitarán tutorizar a ninguno, al no estar más de la mitad del horario con ellos, argumentando que así, el alumno se integra al grupo ordinario, y no se discrimina.

    Esta no tutorización, y no implicación con los alumnos con problemas de conducta, supone un “privilegio” para los profesores de E. especial, y orientadores a costa de los sufridos tutores, y resto de los profesores. Me consta que los profesores de E. especial, están casi tan sobrecargados en los Ies, como el resto de profesores, y que muchos orientadores, están agobiados porque atienden varios frentes simultáneamente, y no pueden implicarse, entre otras cosas, porque algunos suelen estar de paso, en los institutos, un año o dos, como mucho.

    Por su parte, algún orientador, argumenta no tener experiencia docente, ni estar obligado a dar clases a estos alumnos con problemas de conducta, como si no supiera aplicar programas de enriquecimiento instrumental, alfabetización emocional...

    La cuestión es que es más cómodo rellenar el horario, con reuniones con tutores, y proponer planes de acción tutorial, que sobrecarguen más aún a los tutores, que abordar la problemática de los alumnos que presentan problemas de conducta, para darles alguna solución que mejore la situación actual.

    Las reuniones con tutores, tendrían que hacerse voluntarias, para aquellos profesores que las deseasen, bien a nivel terapéutico, y si los tutores no estuvieran tan sobrecargados no harían falta, o a petición de los mismos, cuando algunos tutores nuevos no supiesen qué hacer en la hora de tutoría.

    La mayoría de los docentes, con experiencia, conoce bien varios planes de acción tutorial, y no hay que aburrirlos repitiéndole todos los años, las mismas técnicas de estudio, porque muchos de ellos, saben detectar entre sus alumnos, problemas de drogadicción, anorexia, bulimia, ludopatías, síndrome de déficit de atención , hiperactividad ..., incluso información sobre instituciones especializadas en dichos temas, gracias a los accesos a las nuevas tecnologías, o a las lecturas de revistas varias.

    Por otra parte, si el tutor tutoriza a un curso con altos niveles de absentismo, y elevada conflictividad, donde abundan los partes de incidencia, se le puede ir la hora de tutoría, pidiendo justificantes de faltas a clase, aclarando los partes de la semana, con los citados alumnos, e informándose sobre la disponibilidad de los padres para reuniones con él, no sólo de los numerosos alumnos parteados, sino de resto del grupo, además de insistir y recordar las normas de convivencia , y decreto de derechos y deberes del alumno.

    No hacen falta más orientadores de los que cuando entran a una clase de adolescentes conflictivos, en la hora de tutoría, por primera vez en su vida, salgan diciendo que son “terribles”, y ya está; como mucho, se entrevistarán con alguno, que puntualmente ha descubierto la forma de saltarse clases, y acudirá al orientador, para contarle su problema, haciéndole creer a éste, que por lo menos, le ha aliviado su dolor. No, de éstos ya tenemos demasiados. Es muy cómodo, trabajar así, de uno en uno, mientras, todo sigue igual, o quizá peor, al contribuir al caos que supone ver a algunos alumnos, por los pasillos, en horas lectivas, saltarse las clases.

    Hay que pedir a los orientadores, que prevengan que no haya clases tan descompensadas, que estudien y se impliquen en la apuesta por resolver los problemas de conducta, con otras formas de agrupamiento, que nunca es tarde para aprender, y que se aprende haciendo, lanzándose al ruedo y toreando, no viendo los toros desde el palco, si es que se pretende tener un mínimo de coherencia, y autoridad moral sobre los que se pretende orientar...

    Mis respetos por los orientadores que se han implicado activamente con los alumnos más desfavorecidos, difíciles, problemáticos, y no han dudado en crear talleres, o buscar alguna solución, que les ha hecho merecedores no sólo del respeto y aprecio de éstos alumnos, sino del resto de la comunidad educativa, al salir del escondite de sus despachos.

    Los sindicatos también apuntan, para resolver los problemas, contratar profesores expertos en compensatoria. Así que han permitido, que alumnos procedentes de dos o más centros de compensatoria, durante los últimos siete años, se “amontonen”, en los institutos, con ratios de 30 y 34 alumnos en la Eso, abocándoles hacia su exclusión, por las vías del absentismo, abandono, y expulsión, y ahora se les enciende la “lucecita”..., y admiten que en muchos casos, no se partió de la realidad. Quizás, esperaran que estos alumnos, quedaran fascinados, encantados, ante la sabiduría de los nuevos profesores de instituto.

    Se equivocaron entonces, al desaprovechar la experiencia docente con adolescentes y en compensatoria, de muchos de los hoy llamados maestros, a los que se les obligó a enseñar en un tramo distinto de edad, al que estaban tan acostumbrados y capacitados, como era la adolescencia 12-16 años.

    Respecto a meter en plantilla de los centros, trabajadores sociales, que hagan seguimiento de las familias de mayor riesgo de exclusión, nos parece excelente idea, pero seguimos insistiendo en las prioridades que hemos apuntado, bajar ratios, mejorar comunicación con alumnos, posibilitando continuidad...

    Para entender porqué la situación en muchos institutos, se hace tan insostenible, hemos hecho un recorrido por las distintas etapas de la educación, tratando de comprender el ahora, viendo los antecedentes, de ahí, que invitamos al lector, no sólo a que reflexione sobre el porqué, sino a que se cuestione el cómo también él, puede contribuir a perpetuar o mejorar la situación actual, por más que la tendencia de negar los problemas, por miedo a estigmatizar el centro, sea lo más común. Mis respetos, por los escépticos, pesimistas,.., pues ellos ya no sufrirán desengaño alguno..., ni tampoco gozarán la “ilusión” de mejorar algo las cosas...

    Sin embargo, y pese a las posibles críticas, no me cabe ninguna duda, que las aportaciones de los sindicatos y de la administración, pretenden mejorar la situación actual. Se van a reducir número de materias y profesores, en el primer ciclo de la Eso, se van a hacer pruebas diagnósticas a los 10 y 14 años, se apostará fuerte por las nuevas tecnologías y el inglés…, medidas que suenan bien.

    Por mi parte, con el ánimo de aportar humildemente, algunas ideas, y pidiendo excusas por si alguien se sintiese lastimado, no suficientemente valorado o respetado, recibid mi más cordial saludo.    GRACIAS

    Con la autorización de: S. Sánchez García. http://rutas6.blog.com.es/  

    B) 1. Análisis de la situación educativa actual

    Se dice con mucha frecuencia, que la educación es una tarea conjunta entre padres y profesores. En realidad, intervienen muchos más elementos: familiares, entorno, medios de comunicación,...etc. También es una tarea inacabada, dura toda la vida. En algunas culturas, hace falta una tribu, para educar a un solo individuo. Pero, ¿qué ocurre en nuestra sociedad en educación?

    Quienes tienen la responsabilidad de educar a sus hijos son los padres. Algunos padres, eludirán esta difícil tarea, argumentando además de tener poco tiempo, no estar capacitados; ellos no fueron al colegio, instituto o universidad, y los que sí tienen una formación adecuada, están muy ocupados, dado que ambos trabajan y casi no les queda tiempo para estar con sus hijos; mucho menos para educarlos, con lo que ello supone de esfuerzo, paciencia, disciplina, perseverancia...

    En fin, no están dispuestos a renunciar a su ritmo de vida, ni valoran el “sacrificio” como una cualidad; a diferencia de la generación anterior, que ya en su condición de abuelos, son los que en muchos casos, cuidan y “educan”, a sus nietos, desposeídos de la energía de antaño y con unos niveles de exigencia y permisividad desajustados; además, en algunas ocasiones, lejos de obtener el agradecimiento y reconocimiento de sus hijos, son el blanco de críticas, desaprobaciones en público, incluso delante de sus nietos, con lo que quedan desautorizados ante los mismos, en próximas actuaciones, por lo que eligen “pasar”, no mostrando la firmeza y convicción que las situaciones exigen , en la relación con sus nietos.

    Si a esto le añadimos, su necesidad de afecto, nos encontramos a niños capaces de manipular, someter, amenazar a adultos, en edades muy tempranas: “Se lo voy a decir a mi madre cuando venga, ahora mismo la llamo, te va a regañar, te va a echar...”, esto último lo suelen decir a cuidadoras.

    Hay otros niños, que han tenido la fortuna de ser atendidos por unos padres, abuelos, cuidadoras, conscientes de la importancia de la educación en los primeros años, a quienes todos deberíamos mostrarnos agradecidos.    Así, cuando algunos niños llegan a educación infantil, a sus tres añitos, arrastran un historial de éxitos en sus “batallitas”, con los adultos, más vulnerables.

    Por no hablar de los intentos de manipulación a sus padres, especialmente a la madre, que algo culpabilizada por no haber podido darle toda la atención y afecto sincero que siente, no duda en compensar a su “indefenso tesoro” con todo tipo de juguetitos, para así, hacer un poco más feliz a su hijito del alma, por quién daría la vida , estaría dispuesta a matar, mucho más a abroncar a cuidadoras, abuelos, que sufren pacientemente , al pequeño aprendiz de tirano, mimado y consentido por su “mami”; el padre para no ser menos, y porque a su hijo no le falte de “na”, no dudará en obsequiarle con todo tipo de artilugios, de última generación.

    A edad muy temprana, algunos niños, están tan saciados, que no saben qué hacer para llamar la atención. Su frase favorita suele ser: “me aburro” “jo, qué asco”. Es evidente, que han conseguido todo, a cambio de nada. Los abuelos y demás cuidadores, le han puesto la “tele” para poder descansar de ellos, y se han tragado todo tipo de programas, de la llamada “telebasura”, con unos modelos a imitar, no precisamente adecuados su edad, de los que banalizan la violencia...

    Sus padres no tardan en regalar a cambio de nada, repito, video consolas, móviles, ordenadores con jueguecitos nada educativos, invitación a la violencia, cuando no a visitar al oculista, dada la enorme cantidad de horas que pasan inactivos, fijando la vista en estos aparatos...

    Podríamos seguir hablando, de los “tics”, gestuales y expresivos, que desarrollan, ante los juegos cibernéticos; diálogos agresivos, golpes, insultos..., que se ponen de manifiesto, cuando no obtienen lo que desean, evidenciando su escasísima resistencia a la frustración, ya que como todo lo han conseguido a cambio de nada, no valoran esfuerzo alguno.

    El portarse bien, no les aporta beneficio inmediato, por lo que no están acostumbrados a aplazar la gratificación, ni a regular o controlar sus emociones, ni su comportamiento. Luego esos tics, que nadie ha corregido, no vayamos a darle un mal rato, al rey de la casa, en ocasiones, con el tiempo, se convierten en trastornos de conductas y personalidad, impulsividad exagerada, que entra en conflicto con el entorno escolar, donde el niño, está obligado a convivir con los demás, a respetar unas normas, a tener unos límites...

    La madre agobiada porque a su hijo no lo entienden en el colegio, habla de la ineptitud de los docentes, que no saben adaptarse a su “prenda”, reforzando el comportamiento inadaptado de su hijo, haciéndole un flaco favor; al buscar la responsabilidad en el exterior, contribuye a perpetuar el problema.

    No estamos hablando del síndrome de déficit de atención e hiperactividad, que según algunos investigadores, obedecen a causas biológicas, debido a un funcionamiento inadecuado de dos neurotransmisores. No, nos estamos refiriendo a niños, que centran muy bien toda su atención, con las maquinitas, video-juegos...etc., y que no son objeto del citado síndrome.

    A estos niños, se les puede ayudar a resolver el problema, pues además de haber muchas causas, hay que reestructurar la relación familiar, proponiendo pautas de actuación educativas, que superadas las resistencias iniciales tanto de la familia, para asumir su responsabilidad e implicación, como del niño, lograrán superar la situación.

    No olvidemos que el niño ha estado insaciable, consumiendo, programas, juegos..., sin control alguno; se aburre en clase, porque allí no le dan, todo lo que pide, de ahí, que desatienda en clase, se muestre inquieto, impulsivo, nervioso, hiperactivo.

    Cuando los niños, crecen mimados y convencidos de que pueden obtener todo lo que desean, la escuela representa un brusco despertar, porque han de relacionar por primera vez en su vida, que para obtener cosas, buenas notas, respeto de los compañeros...etc., han de esforzarse en atender, estudiar, respetar a los otros...

    Con el tiempo, la madre que había sobreprotegido a su hijo, sufre las agresiones y maltrato de este niño “malcriado”, y pide ayuda al psicólogo, servicios sociales..., quienes ayudan a restablecer la situación, en el mejor de los casos. En el peor, a estos niños se les interna y aísla en centros especializados con, problemas de conducta y personalidad, siendo difícil reestructurar y normalizar la situación familiar, del “niño problema”. Recuerdo un reportaje en la tele, donde un niño de nueve años, que estaba en un centro de éstos, solo mostraba agresividad ante la madre, a la que golpeaba, tiraba objetos, insultaba, en el medio familiar, cuando el niño iba de fin de semana.

    El niño expresaba su rechazo a la madre, por su situación de abandono. La sobreprotección de la madre hacia su hijo, ocultaba un profundo sentimiento de rechazo hacia el mismo, a quién culpabilizaba de parecerse a su padre, en sus manifestaciones agresivas. La situación se estaba haciendo insoportable para ambos y difícil de solucionar. Pero las cosas, no ocurren de repente. Hay unos antecedentes, que nos van dando pistas, y en base a ellas debemos ajustar nuestra conducta.

    No pretendemos agobiar a los padres, culpabilizándoles por sus errores a la hora de educar a sus hijos: dar hábitos, valores, normas, desarrollar actitudes...

    Por cierto, hay padres que no se van a dejar agobiar, pues los valores antisociales, que ellos dan a sus hijos, como por ejemplo que está bien robar, chocan con los que desde los centros educativos pretendemos dar.

    Es sobradamente conocido que de padres iguales, salen hijos bien distintos. Toda la responsabilidad no es de los padres. También los hijos, tienen una muy importante capacidad de elegir y resultado de estas elecciones, se va conformando su carácter y personalidad, en interacción con el medio.

    Desde luego no vamos a olvidar el carácter socializador que tiene el grupo de iguales. Los hermanos suelen educar a los pequeños, en algo tan sencillo, como es el no considerarse el centro del universo, problema que suelen presentar algunos hijos únicos.

    Queremos desde aquí, animar a los padres, a que no tiren la toalla, en su encomiable labor. Todos cometemos errores, y a nadie le dan un cursillo para ser padres. Escuchamos a veces a algunos decir, que hagan lo que hagan, luego como en la sociedad, o en la escuela, los más mal educados, y “chorizos”, son los que sus hijos imitan, nada tienen que hacer, pues les tiran abajo su proyecto educativo.

    A veces, el desaliento y desánimo, se apoderan hasta de los más tenaces, pero no se rinden, y saben estar como padres, no como colegas de sus hijos, sino ayudando, comprendiendo, aceptando, pero también poniendo normas y límites; con derecho a equivocarse y rectificar, perdonarse y perdonar, porque además, consideran que lo más razonable es que ejerzan su responsabilidad de educar a sus hijos, y por ello, se interesan por el grupo de amigos, de sus hijos, desde pequeños.

    Luego, en los institutos, sabedores de la influencia del grupo, sobre los adolescentes, estarán pendientes, para que ésta sea lo menos perniciosa posible. Es muy importante que en esta difícil etapa, los padres se acerquen a menudo por los institutos, tomen conciencia de la realidad del mismo, hablen a menudo con los tutores y profesores, sobre la marcha de sus hijos, y participen activamente en los órganos de decisión, o al menos, acudan a las reuniones de los padres, para aclarar los criterios legales de agrupamiento de alumnos, y su posterior concreción de cada instituto, u otras consideraciones de su interés.

    Lo triste en los institutos, es que cada año cambian los alumnos de tutor, y de profesores, con lo que no se consigue profundizar en los acuerdos, que se toman, ni mejorar la calidad de la relación educativa, que exigiría más tiempo. De ahí, que apostemos por la continuidad de los tutores en los institutos. Es una pena, que siendo esta etapa tan importante, se diga que por problemas organizativos, no se puede dar la respuesta que demanda el adolescente, y los abandonemos a su suerte.

    Os advertimos, que al igual que nos sucedió a nosotros con nuestros padres, en relación al inevitable conflicto generacional, a ellos también les sucederá. Esto no debe llevarnos a frustración alguna. A los padres, los entendemos mejor, cuantos más mayores nos vamos haciendo. Es ley de vida.

    Hay algunos padres, que por temor a parecer autoritarios, o excesivamente rígidos, ejercen su paternidad de manera indolente. Son flojos para poner normas, amonestar, sancionar..., no vayan a traumatizar a sus hijos. Temen cometer los mismos errores, que sufrieron en su infancia, y son muy permisivos en sus relaciones con sus hijos. No es que sean flexibles, es que confunden a sus hijos, con un toque de pseudointelectualidad ambigua...(¿quién soy yo, para decirle lo que tiene que hacer, ponerle normas...? ). Luego, cuando la situación se hace insoportable, quieren arreglarlo todo rápidamente y de forma contundente, y esto no funciona así.

    Otros sencillamente pasan de sus hijos: que los eduque la calle, la escuela, la sociedad...; pero son muchos los comprometidos con su tarea y a quienes repito la sociedad agradece, porque hay un abismo entre un niño bien educado y un candidato a “niño -adulto problema”.

    Tengo un amigo maestro jubilado, que me dice, que desde que la mujer se incorporó masivamente al mundo laboral, y dejó el cuidado de los hijos, en los tres primeros años, los problemas de indisciplina en la escuela se han visto multiplicados.

    Naturalmente hay otros muchos factores, y no aboga porque la mujer deje de trabajar, pero no le falta razón, cuando acentúa la importancia de este tramo de edad; de ahí, que alguna de las sociedades más avanzadas, empiecen a regular ayudas, que incentiven una mejor y mayor atención a los niños pequeños, posibilitando el que algún padre pueda compatibilizar su trabajo con la no menos importante tarea de cuidar, disfrutar y educar a su hijo. También aquí, la picaresca, podría aparecer, de ahí, que la medida no se haya generalizado; aparte de la carga económica que dicha medida pudiera conllevar.

    Por otra parte las guarderías, que tienen personal cualificado, se nos antoja que puede ser la solución actual más efectiva, siempre y cuando su cobertura se extienda a toda la población, sin discriminación alguna.

    No está de más recordar que la mayor responsabilidad en educación, la tiene la administración. En este momento es obligatoria y gratuita, al menos teóricamente, hasta los 16 años. Parece un contrasentido, lo de la obligatoriedad, por eso de que a nadie se le puede obligar a aprender algo, o a educarse, contra su voluntad, y si no, que se lo pregunten a algunos alumnos y profesores de la ESO; los primeros se sienten “secuestrados”, los segundos “carceleros”. O a los padres de éstos, que son llamados al orden por asistentes sociales, jueces, etc., si no obligan a su hijo a permanecer en el instituto.

    Respecto a la gratuidad, hemos sufrido el negocio de algunas editoriales, cambiando de textos casi anualmente, sin acatar la continuidad de los mismos, durante un mínimo de 4 años. Hoy se han adecuado a la normativa vigente. La política de ayudas y becas, intenta llegar a la población más desfavorecida. Sin embargo, ha habido años atrás, políticas de discriminación positiva, con resultados mejorables. Se daban libros gratis anualmente, a algunos alumnos, que ni los aprovechaban porque no les interesaban, ni los entendían por la tristemente famosa promoción automática, ni los cuidaban, porque al ser gratis, no los valoraban.

    La alternativa a las editoriales, eran los bienintencionados maestros, que intentando adaptarse a los diferentes ritmos de sus alumnos, fotocopiaban, o creaban, a blanco y negro, incluso, con máquinas de fabricación casera, el material educativo. Otras veces, creaban fondos de libros, con los padres, que iban pasando de una promoción a otra. Esta última medida, todavía nos sigue pareciendo eficaz, y sigue vigente dada su operatividad.

    Afortunadamente, hoy la situación ha cambiado, y los centros disponen de medios mucho más avanzados. Es de destacar y elogiar, la apuesta por el futuro, que la administración educativa está realizando por modernizar tecnológicamente los centros de enseñanza. Buena prueba de ello, son los centros *TIC, que en general suponen una notable mejora significativa.

    En el párrafo anterior, he puesto centros de enseñanza y no de educación, por solidaridad con los más veteranos enseñantes de secundaría. Personalmente me identifico mucho más, con centros de educación. Sin embargo, en los últimos años, ha habido una persecución soterrada intelectual, por distintos medios, hacía los profesores de Institutos, que simplemente intentaban enseñar su materia, haciendo el trabajo, para el que se les había contratado.

    Un ejemplo de esto, lo escuché por radio, hace un par de semanas, en un programa de gran audiencia, donde un ilustre personaje en el ámbito educativo, a quién respeto y admiro, venía a decir: “que se vayan” de los institutos, los profesores que no acepten, que su principal tarea es educar, por encima de enseñar su asignatura. Me llamó la atención, el tono agresivo que empleó, nada habitual en él. Sé que es una persona muy ética y comprometida con la educación, con los valores, con la sociedad.

    Quiero pensar, que tuvo un mal día, por la forma de expresarse, y sobre todo, por su incapacidad para ponerse en el lugar de sus compañeros de instituto, que no son tan vocacionales como él, o sencillamente que piensan diferente. No    olvidemos, que antes venían a los institutos, los alumnos que querían estudiar. Hoy estos profesores, han tenido que hacer el esfuerzo de adaptarse, a una situación completamente diferente a la que siempre tuvieron. Algunos se sienten “decepcionados” por la administración, pues la situación ahora es más difícil, sobre todo, cuando tienen grupos de la ESO, que no quieren estudiar. Desgraciadamente, se están jubilando excelentes enseñantes, que hubiéramos disfrutado unos añitos más, si se hubieran hecho de otra manera las cosas.

    Respecto a los profesores que ingresaron con la Logse y posteriores, ya saben lo que hay, o lo tomas o lo dejas. Este libro, puede ayudarte a tomártelo un    *TIC: Tecnologías de la Información y Comunicación poco mejor.

    En los últimos años, hemos asistido a cambios legislativos reiterados y sin que se hayan contrastado suficientemente los resultados. Tras la ley General de Educación, vinieron los programas renovados, Lode, Logse, Loce, y ahora una nueva ley de educación. Creo que va por la quinta. Obedecen a los típicos vaivenes políticos, que cuando pretender instrumentalizar la educación, ponen de manifiesto, su escasa capacidad para lograr un gran pacto sobre educación, que    perdure y transmita sosiego. Vaya pues, por adelantado, la primera sugerencia a los responsables en política educativa: MÁS SERIEDAD. Sería deseable queademás de los profesores en activo, se tuviesen en cuenta las sabias opiniones de los docentes jubilados, a través de los Ceps, pues son los auténticos expertos en la práctica educativa...

    A continuación hacemos un recorrido por las distintas etapas de la enseñanza obligatoria, proponiendo tras un breve análisis de las mismas, sugerencias, propuestas de mejora, para padres, alumnos, docentes, y administración. Nos centraremos en la adolescencia, etapa difícil, que algunos hoy consideran como la reválida de la educación para los padres, ya que es en este periodo donde afloran los déficit y carencias educativas. Por supuesto, hablaremos de la ESO, de cómo prevenir problemas, y cómo solucionarlos.

    LA EDUCACIÓN INFANTIL (3 A 6 AÑOS)

    La entrada a la escuela de “los gigantes”, los niños de 3 años, lo viven con mucha ilusión, gracias a la hábil estrategia conjunta de madres y maestras de infantil, que van progresivamente acercando al niño, al centro, para que sus comienzos, sean tranquilos y nada traumáticos. Esta colaboración y proximidad entre entorno familiar-profesoras, se mantiene constante y diaria a lo largo de la etapa, y constituye una de las más importantes claves del éxito educativo en la educación infantil.

    Otra de las claves, es la relación afectiva con el niño, donde el amor de la educadora hacia el educando, se nota en cada interacción con él: las expresiones de cariño son frecuentes, cuando lo saluda, cómo le habla, acepta, comprende, anima, sorprende, al despedirse, cómo habla de él..., reforzando sus cualidades y corrigiendo con suave amabilidad y paciencia las cosas en las que puede mejorar. Es natural, que esto sea así, porque aparte del saber hacer, vocación, profesionalidad, pericia...etc., que cada uno de estos profesionales tiene, hay otra gran verdad: “del roce nace el cariño”. Y a estos simpáticos “enanos”, es muy fácil quererlos, sobre todo, porque además de ser “¿encantadores...?”, ellos te dan lo que tú les das, pero multiplicado por 15 o 20, si en la clase hay estos niños. (Mayor número, no es conveniente, por lo de tener una buena calidad en la relación).

    “A ellos, además de regalarte su ilusión por aprender, los ves cuando les explicas algo nuevo, con los ojos tan abiertos, que parece que se les van a salir. Te dan su cariño y confianza, siendo frecuentes las muestras de afecto”.

    No es extraño, que los docentes de infantil, sean los más valorados, con el transcurso del tiempo, por sus ex-alumnos, y es que los lazos afectivos unen mucho, aunque la vida separe...

    No quisiera dar una imagen idílica de esta etapa, pues sé, que los profesores acaban destrozados, tras la dura y agotadora jornada escolar. Hay que dedicar mucha energía, para que los niños, que vienen de un ambiente familiar en el que se consideran poco menos que el centro, empiecen a aceptar normas, tengan en cuenta a los demás compañeros, y vayan aprendiendo a esforzarse para aprender los conceptos básicos, adecuados a su edad y capacidad. Muchos de estos buenos educadores, siguen en casa, preparando trabajos, actualizándose..., y los mueve la ilusión por sus alumnos. Gracias.

    Sí, agradecimiento a estos profesionales, que cada día celebran algo nuevo, con la intención de enganchar a su público, y poco a poco, ir ayudando a todos los niños, además de aprender cosas nuevas, a convivir, especialmente a los niños “consentidos”, de los que hablamos anteriormente. Con su pericia, fruto de su experiencia, y conocimientos, consiguen que los niños desarrollen la autoestima y la heteroestima, previenen conflictos, y los resuelven, con unas normas muy claras, basadas en el respeto a uno mismo y a los demás, ponerse en lugar del otro...etc. Son unos excelentes mediadores, que a veces también se equivocan, como cualquiera. Saben mostrarse firmes y flexibles al mismo tiempo. Son perseverantes en la consecución de sus metas. Son reflexivos, y se preguntan cómo podrían abordar a este alumno en esta situación...

    Tienen un ojo clínico, capaz de detectar precozmente, disfunciones sensoriales, y otros problemas, que estimuladas y tratadas a tiempo, podrían subsanarse o corregirse.    No se dejan agobiar, por trabas administrativas, exigencias externas, pues tienen muy claro, que harán lo mejor para cada uno de sus alumnos, en colaboración con los padres, dentro de lo posible.

    Son profesionales que además de cumplidores, están al día, abiertos a los cambios, nuevas ideas, avances, cursillos...

    PROPUESTAS DE MEJORA

    – Niños: La maestra no es un “hada”, aunque lo parece...

   – Madres-abuelas-familia en general: No os preocupéis, que vuestro tesoro más preciado, está en muy buenas manos. Sé que lo sabéis. Seguid cooperando con la maestra, escucharla con atención, y pensad en lo que os sugiere...

    Por cierto:”tratad a vuestro hijo como os gustaría que lo tratasen los demás”. Que vuestro amor no os ciegue, para no consentir, malcriar, mimar en exceso, y a la larga perjudicar a vuestro hijo.    La sobreprotección, puede ocultar un sentimiento de rechazo a vuestro hijo, del que es difícil tomar conciencia. Existen muchas formas de “abandono”, todas ellas perjudiciales, para el adecuado desarrollo de vuestro hijo.

    – Futuros docentes de Infantil: prepararse bien vuestra especialidad. Profundizar a nivel psicopedagógico. Os supongo una clara vocación, que os hará falta, para obrar la magia de calmar y reeducar a algunos de los niños, que presentan más problemas de adaptación. Por lo demás, la práctica y el trato con los compañeros más implicados, entusiastas, ilusionados, será lo que más os aporte. No olvidéis sonreír...

    – Administración: Felicitaciones por haberla generalizado, dada su vital importancia, al ser la entrada oficial en sociedad. . Sería deseable seguro médico y cobertura jurídica, antes de los 3 años, cuando se realizan las actividades de adaptación progresiva al centro, que tan buenos resultados dan, al evitar dolor innecesario, traumas, choques emocionales...

   . Dignificar la profesión de educadora en infantil, supondría darle la importancia que merece esta crucial etapa. Es por ello, que una formación inicial equivalente a una licenciatura, con una adecuada profundización en psicopedagogía, actuaría como un importante factor de prevención de problemas. Lejos está la trasnochada idea, de que sus estudios se limitaban a cortar y pegar, cantar y jugar. . Sería bueno dotar a todas las escuelas de infantil, de los medios necesarios, especialmente equiparar las zonas rurales y pueblos pequeños, con la ciudad.

   . Es conveniente que se haga una evaluación psicopedagógica, que tenga como objeto detectar tempranamente además de los problemas de aprendizaje, otras disfunciones de carácter y personalidad. Dicha evaluación debería realizarla el orientador de infantil, que como mínimo, hubiera trabajado en esta etapa, con atención directa y continuada, un mínimo de l5 años, para así, aparte de su formación teórica, (licenciatura en psicopedagogía), tuviese una buena fundamentación práctica. El citado orientador, además de evaluar, hará un seguimiento real, con atención directa e implicación tutorial de la problemática presentada, efectuando las actividades, ejercicios, correcciones, entrevistas, reestructuraciones,... que fueran precisas, para lograr la más pronta y posible recuperación de la misma.

    EDUCACIÓN PRIMARIA (6 A 12 AÑOS)

    Consta de tres ciclos; cada ciclo dura dos años. El alumno, pertenece al mismo grupo, hasta final de ciclo, momento en que puede repetir, si el tutor, lo estima conveniente. “Solo podrá repetir una vez, a lo largo de la etapa”.

    Este hecho, que se conoce con lo de “promoción continua”, es una de las cuestiones más polémicas, que explica en parte, la actitud, el desinterés, la apatía que muestra el alumno, a su entrada al instituto. Un niño, que sabe que haga lo que haga, sepa lo que sepa, se esfuerce lo que se esfuerce..., da igual, va a pasar de curso, las tiene todas consigo.

    “Esta materia, o profesor, no me gustan, paso de ella o él”. Si como mucho, puede repetir un año, pues no hay problema. Si repite en el primer ciclo, puede echarse a dormir, los otros cuatro años. Si repite en el segundo, ya ha pasado lo peor que le puede pasar. Si repite al final del tercer ciclo, ya casi preadolescente, que se preparen los maestros, compañeros, porque el pequeño “matón”, hará de las suyas.

    Lo ideal es que no repita, que estudie y se esfuerce, para además de aprender a respetar, adquiera unos conocimientos básicos primarios, que además de serles útiles en la vida, pudieran ser evaluables. Es decir, que sin agobiar al niño, éste pudiera demostrar mediante pruebas objetivas, al menos en las áreas instrumentales (lengua y matemáticas), que domina los conocimientos y destrezas básicas, para seguir avanzando con éxito en el siguiente ciclo. También podrían hacerse en el resto de las áreas, a medio plazo, dependiendo de resultados anteriores. Si esto no fuera así, convendría que repitiese, el tiempo que fuera necesario.

    Las pruebas habrían de ser igual, para todos, evitando discriminación alguna. Para evitar la repetición, cabría la posibilidad de clases de recuperación por la tarde, a aquellos alumnos, cuya evaluaciones trimestrales, así lo aconsejasen y mostrasen interés por mejorar. Así, sí estaríamos apoyando la integración. Lo de sacar a los alumnos, de su aula ordinaria, para ir a las clases de apoyo, o de E. especial, no parece que esté dando el resultado deseado, en muchos casos.

    Pero volvamos a primaria. ES MUY GRAVE, QUE NO SE ENFATICE EL VALOR DEL ESFUERZO. Esto ha sido desmoralizante, hasta para algunos docentes, quienes suelen esforzarse para que los alumnos, aprendan lo más posible, dentro de sus capacidades. Al ver que los alumnos, la familia, las autoridades educativas, mantienen una actitud laxa, respecto a esfuerzos, y exigencias, han dejado de luchar contra corriente y han acabado adaptándose a la triste realidad.

    Es lamentable, que algunos niños, vengan a los institutos, con tan bajísimo nivel cognitivo en áreas instrumentales, lengua y matemáticas. ¿No es preocupante, que un alumno, después de haber estado seis o siete años, no sepa sumar: 6+178+57= ? , ¿No es triste que al entrar al instituto varios cada año, se equivoquen en una resta, del tipo: 128-59= ? La tabla de multiplicar, para bastantes es asignatura pendiente, y la división, para muchos, algo que todavía no “pillan”.

    Se nos dirá, que para hacer estas operaciones, ya hay calculadoras. En unos tiempos, de relativismo cultural, se nos pretende hacer creer, que no vale la pena esfuerzo alguno, porque quizás mañana, éste sea inútil, ya que prima lo rápido y fácil. De ahí, la resistencia en los últimos años, a definir con claridad y sin ambigüedad, niveles mínimos de competencia curricular, en los distintos ciclos, a nivel general, trasladando la responsabilidad de realizar los distintos proyectos curriculares a los centros, que bajo el ropaje de dar mayor autonomía, se esconde el apocamiento para fijar, llegando a acuerdos, mínimos básicos comunes a todos los alumnos de un mismo ciclo en este país. En nombre de la flexibilidad, se deja al azar la conveniencia o no, de aprender unos contenidos u otros.

    Si hablamos de lengua, cuando a alguno le dices que lea un texto, se niega, para evitarse la vergüenza, de parecer torpes, ante sus compañeros, ya que cuando empiezan a silabear, señalar con el dedo, no faltan los “carraspeos”, de sus compañeros. Cuando escriben, la cantidad de faltas, y lagunas se hace notoria.    Aquí, se nos suele decir, que para qué el alumno ha de esforzarse, en escribir correctamente, si ya hay programas informáticos, que traducen el lenguaje verbal a escrito.

    Estamos en absoluto desacuerdo, con estas objeciones, como la totalidad de los maestros, que pese a todo, se siguen esforzando, en interesar motivar, enseñar, a los alumnos, los mínimos para seguir construyendo.    No obstante, quizás le debemos a la “autora de Harry Potter”, la afición por la lectura de muchos de nuestros alumnos, y consecuentemente el aumento de la capacidad de comprensión.

    Pensamos que los alumnos deben dominar las destrezas básicas de lectura, escritura, comprensión y matemáticas, cuando se inician en el instituto. Sin ellas, sus posibilidades disminuyen. Apostamos por hacer una misma prueba objetiva de 3º ciclo de primaria, para todos los alumnos, que fuera como la prueba final de primaria, que superada permitiera el acceso al instituto, con un mínimo de garantía.

    La cuestión, sigue siendo, cómo evitar que haya alumnos que están convencidos desde pequeños, que no llegarán a los niveles mínimos, y se esfuerzan mucho más en salirse con las suyas, que en afrontar los problemas de la lectura, escritura y cálculo. La prevención, es la asignatura pendiente.

    Sabemos que algunos de los que no tienen buenos resultados académicos, se debe a que no lo intentan, ya que piensan erróneamente, que aunque trabajen mucho, los resultados no van a mejorar. Cuando el docente, recalca, acentúa, enfatiza, la importancia de la relación entre los logros y el esfuerzo, el camino está a la mitad.

    En la medida que el niño, toma conciencia, e interioriza la relación entre su esfuerzo, y los buenos resultados que obtiene, como consecuencia del mismo, ya tenemos un alumno bien encauzado.

    En resumen, que si el niño descubre, que si se esfuerza, puede aprender, lo demás, habrá que irlo dosificando. La pena, es cuando descubre, que haga lo que haga, da igual, promociona lo mismo. Entonces, la relación entre su esfuerzo y aprendizaje, pasa a un segundo plano, centrándose en qué le conviene más, qué recompensas, gratificaciones a corto plazo, le interesan más..., y entonces bastantes eligen por la ley del mínimo esfuerzo.

    Pocos son lo que saben aplazar la gratificación, puesto que la recompensa posterior inmediata, es la misma: la promoción de curso; no hay casi aliciente añadido, si acaso, una pequeña letra, que en vez de ser PA, de progresa adecuadamente, del compañero que casi no se esfuerza, pasa a ser una triste D, de destacar. Uno se pregunta, para qué quiere destacar, y decide que para que nadie le ponga la etiqueta de “empollón”, más vale no destacar, y no esforzarse mucho, por lo de pasar desapercibido.

    Es esta triste realidad legal, con buenas intenciones, al principio, pero con resultados posteriores, que invitan a cuestionarse un cambio, la que se ha vivido en los últimos años. Pero seamos optimistas y valoremos los aspectos positivos de esta etapa.

    Una de las claves de lo pacífica que resulta la convivencia en los centros de primaria, sin duda, es la continuidad de los tutores, con el grupo de alumnos, a lo largo del ciclo, y a veces se prolonga toda la etapa, con lo que el conocimiento de la evolución y desarrollo de cada alumno, es exhaustivo, además de mantenerse estrategias conjuntas con las familias, para incidir positivamente sobre éste.

    Por su parte, el alumno conoce y respeta especialmente a su tutor. En menor medida, a los especialistas, siendo escasa la conflictividad en los centros donde hay continuidad, exceptuando casos puntuales, al final de etapa, que suelen resolverse, dando la carta de libertad, entre otras cosas, porque ya han repetido el año.

    Los maestros, conocen bien su trabajo y lo hacen adaptándose a las exigencias legales. Cuando al grupo al que tutoriza, llega el especialista, se dedica a atención directa a alumnos, “apoyando a otros grupos”, o sustituyendo ante ausencia de compañeros. Pero, ¿en qué consiste exactamente lo del apoyo?

    Que el maestro, va a otra clase, normalmente dentro del ciclo al que pertenece, donde sigue las indicaciones de otro maestro, para atender a los alumnos que necesiten reforzar, aspectos instrumentales básicos, fundamentalmente de lengua y matemáticas; también pueden convenir, sacarlos del aula, para hacer un seguimiento más individualizado de los mismos, con lo que éstos alumnos que salen, se acaban perdiendo el curriculum ordinario. Lo normal, es que permanezcan dentro del aula, cuando no tienen que sustituir.

    En realidad, los maestros de apoyo, dentro o fuera del aula, en horario lectivo, hasta la fecha, no han sido todo lo eficaces que se desearía, para integrar a los niños de menor nivel cognitivo.

    Están rellenando un horario, pues cuando no tienen que sustituir, entonces sí apoyan. Pero, no se dan las mejores condiciones para un apoyo eficaz, al no haber continuidad, conocimiento exhaustivo del alumno, implicación con la familia ; se nos ocurre, que en base a estas variables, el tutor, sería el mejor apoyo del alumno atrasado.

    Ello supondría, que cuando llega el especialista de música, idioma, religión y E. física, el tutor se encargara de los alumnos, que más déficit tengan en destrezas básicas, para subsanarlas. Como quiera, que todo maestro o profesor de la antigua EGB, ha estudiado música, educación física, religión o alternativa, podría hacer una adaptación, en colaboración con los especialistas, a sus alumnos, priorizando aspectos esenciales en esta etapa, sin olvidar que su cometido es recuperar a esos alumnos, que él bien sabe, son los más necesitados, en las destrezas básicas. El único problema, sería el inglés, que el tutor, si es de plan antiguo no habrá dado, entonces se daba francés.

    Tengo algunos sabios amigos, maestros jubilados, que con el debido respeto, me dicen que hemos trasladado el modelo industrial, de los especialistas, al ámbito educativo, y la escuela no es una fábrica de coches. Piensan que un maestro tutor, con una formación inicial sólida, que no descuide, conocimiento del inglés, nuevas tecnologías y la amplia formación de base, que siempre tuvo, el magisterio, daría una respuesta educativa, mucho más eficaz, que la que en este momento, se está dando, con tanto especialista.

    Tienen muy claro, que lo importante es la RELACIÓN que se establece, no solo con el alumno, sino con los padres de éste. Cuánto más tiempo estén, mayor será la influencia, compromisos mutuos a tres bandas, responsabilidades, niveles de implicación..., en fin todo iría mejor, no sólo en primaria, sino sobretodo en secundaría.

    Todos los docentes de primaria, que conozco, tienen muy claro que cualquier alumno es capaz de aprender, cuando cuenta con las herramientas académicas y personales adecuadas.

    Saben también, que cuando algún alumno, no consigue el resultado esperado, tras varios intentos, empieza a desmotivarse, por lo que tienen muy claro ir enseñando, paso a paso, adaptándose a las capacidades de cada uno, dentro de lo posible, para evitarles frustraciones innecesarias.

    Tratan a los alumnos con gran respeto, y crean un clima en clase, de seguridad, propicio para facilitar el aprendizaje. Son responsables y la mayoría, estaría por llegar a acuerdos, sobre mínimos cognitivos básicos en instrumentales, en los distintos ciclos de primaria, sin tener miedo a hablar de repetición, cuando no se superasen éstos, aunque prefieren pensar cómo prevenir la repetición, para evitar los efectos indeseables de ésta, en algunos alumnos.

    Claro que, por imperativo legal, el debate sobre la conveniencia o no de la repetición, en cada alumno en concreto, ha quedado resuelto, o cuando menos, muy limitado.

    Respecto a los profesores de E. especial, creo sinceramente, que en los centros específicos, donde suelen atender a los deficientes mentales, psicosis infantiles, parálisis cerebral..., y alteraciones más graves sensoriales y neurológicas, su labor es encomiable, contando con el reconocimiento y agradecimiento de toda la sociedad...

    En los colegios ordinarios, al ser de integración, los profesores de E. Especial, realizan su trabajo de manera dignísima, y normalmente con muchos menos medios y reconocimiento, que los centros específicos. Hacen las adaptaciones curriculares pertinentes, en muchos casos, con implicación tutorial efectiva, y responsables de que sus objetivos, tienen como finalidad apoyar a este tipo de alumnos para que puedan integrarse plenamente, sin limitaciones ni prejuicios.

    También suelen hacer revisiones periódicas y exhaustivas sobre el aprovechamiento y progreso que hacen los niños en su clase, para que puedan integrarse bien, cuanto antes al grupo ordinario, en la medida de lo posible.

    Con demasiada frecuencia, se tiene la impresión que el niño etiquetado de E. especial, sufre el estigma de ser señalado, diferenciado; pesa sobre él, tal maldición, que nunca vaya a salir del aula de apoyo a la integración. Si lo diagnosticaron a los seis o siete años, quedará con la marca hasta más tarde de los dieciséis. Y lo peor, es que se tiene la errónea convicción, de que nunca llegarán a dominar las destrezas básicas, como el resto de los compañeros. Una vez más, asistimos con gran pesar, a las profecías, que de tanto escucharlas, el niño, acaba creyéndoselas, y se cumplen.

    Otro error muy frecuente, es el trato de “guante blanco”, que estos niños, sin alteraciones sensoriales ni neurológicas reciben. Los sentimientos de “pobrecito”, no le podemos exigir más, es que no da más de sí..., son de un equívoco absoluto, al pretender compensar algunas carencias. Hemos visto alumnos que hubieran dado muchísimo más de ellos mismos, y habrían aprendido muchísimo más, si no hubieran tenido tanto “abogado defensor” bienintencionado, poniendo límites, o sobreprotegiendo, y se hubieran integrado al grupo ordinario, que corresponda, no según edad, sino nivel cognitivo, en áreas instrumentales.

    Claro que para qué van a hacer el esfuerzo, si al final, se consigue el título, o el aprobado, si vas de la mano de E. especial, total por un “aci” más o menos. Los niños con bajas expectativas, por lo general, eligen lo más ventajoso para ellos, y si les cuesta menos esfuerzo..., la decisión es más fácil tomarla.

    Somos partidarios, de no discriminar a estos niños. Han de superar las mismas pruebas de ciclo, que el resto de sus compañeros. Para ello, tienen los apoyos pertinentes y legalmente, pueden permanecer hasta un año más que el resto de alumnos en la etapa. Personalmente, excluiría limitaciones de tiempo.

    Lo cierto es que hay alumnos, que cuanto más acuden al aula de apoyo a la integración, más se desintegran de su curso, y esto aumenta a medida que van cumpliendo años. Así, hay algunos alumnos, que cuando llegan al segundo ciclo de la Eso, están completamente perdidos, sobre todo al asistir a alguna hora suelta de alguna asignatura.

    Las adaptaciones curriculares, en la práctica, se quedan en un compendio de buenas intenciones. Esto es una consecuencia, de no aplicar criterios claros y objetivos en la promoción de alumnos. En las reuniones de evaluación, los profesores de Educación especial, concluyen que el alumno tiene aprobado 2º de Eso, en matemáticas, aunque su nivel es de 2º o 3º ciclo de primaria, eso sí, le pondrán “Aci,” que viene a significar adaptación curricular individualizada...

     Con la autorización de: S. Sánchez García. http://rutas6.blog.com.es/

     C) 2. Propuestas de mejora para final de primaria y ESO

     ALUMNOS: Aprender es un reto, para valientes. Algunos tienen miedo a fracasar y no lo intentan con la energía suficiente. Prefieren ir a lo fácil, lo cómodo, por eso eligen “hacer el tonto”, “ir de graciosillo”...etc., y no aprovechan su estancia en el centro educativo como debieran.

    Lo fácil y cómodo, no son la mejor opción. El precio que pagan es alto, pues conforme pasa el tiempo, más se pierden del resto de compañeros, y para ocultar sus escasos conocimientos y su complejo de inferioridad, que les hace sentir mal, siguen llamando la atención, con faltas de respeto a sus compañeros, profesores...etc. A veces les sale bien, y consiguen granjearse la simpatía de otros compañeros, que están en parecida situación.

    Pero amigo, tu tutor(a) sabes que acabará con todas tus malas jugadas. Se las sabe todas, se juntará contigo, y te hablará convincentemente de tu realidad, te descubrirá. Frente a él, poco puedes hacer, porque no dudará en juntarse con tus padres, y por más que ellos quieran sobreprotegerte, con “siempre ha sido así, es cosa de críos, a ver si cambia...”, te obligará a cambiar, a ti, y también la relación con tus padres, que ya no será tan permisiva.

    Llegará a acuerdos por escrito, contigo, con tus padres, y si alguien no cumple, aparte de demostrar que no tiene palabra, no dudará en aplicarte, la sanción más contundente, que puede ir desde “ridiculizarte”, si tú pretendes ridiculizar a alguien, faltando al respeto, para que te pongas en el lugar del otro, y sientas y aprendas, que hay conductas socialmente inaceptables, a proponerte para que te expulsen un mes, a tu casa, si tus padres no cooperan, para que así ellos sepan la prenda que han malcriado.

   Si siguen sin cooperar, quizás el juez de menores, haya de vérselas con ellos. Claro que si tus padres, cooperan, bastará con que te mire, para que tú entiendas, que si te pasas de listillo, sufrirás las consecuencias de tus acciones, y no te quedarán ganas de intentarlo de nuevo.

   Así, que dadas las cosas, mejor que si quieres llamar la atención, en clase, te dediques a aprender al máximo de tus posibilidades, porque así conseguirás no sólo tu satisfacción personal, al aprender nuevas e interesantes cosas y desarrollar tus capacidades, sino el elogio entusiasta y sincero de tu tutor, la aprobación y respeto de tus compañeros, además de ser tu obligación. Por cierto, además de derechos tienes obligaciones, entre las que te recuerdo está la de “respetar y obedecer siempre a tus padres”, y en su ausencia, a los tutores legales.

    El mismo respeto y obediencia, debes a los profesores del centro, que en ausencia de tus padres, son los responsables de tu custodia, así que, ponte las pilas, sintoniza buena onda, y estaremos de “buen rollito”.

    No te olvides, que vas al centro educativo, además de a aprender a convivir, a trabajar para obtener unos conocimientos, que te van a ser más útiles, de lo que ahora puedas imaginar, y que este aprendizaje requiere que tú te esfuerces. Nadie va a aprender por tí, ni va a elegir, atender o distraerse, esforzarse en aprender, o ir de flojo. Tuya es la elección y la responsabilidad. Todo depende de ti.

    Como te supongo buena intención, si has leído hasta aquí, quiero darte las gracias, porque sé que tú, elegirás acertadamente.

    Permíteme algunas sugerencias, que te pueden ser útiles:

    . En clase, sigue las indicaciones del profesor, pon atención a sus explicaciones, y procura ir al día, sin dejar para mañana, lo que puedes hacer hoy.

    . Si te pierdes, o no entiendes algo, pide ayuda, pregunta, no te quedes con dudas. Tu profesor, estará encantando de ayudarte, y le alegrará comprobar que a tí te interesa aprender.

    . En el recreo, puedes divertirte, con tus compañeros y amigos, pero no hagas el gamberro, para llamar la atención, ni abuses o pegues a los menores.

    . Si eres objeto de burlas, insultos, faltas de respeto por parte de algún compañero, no aguantes ninguna humillación. No entres al “trapo”, de los provocadores. Huye de esa situación, o de esos compañeros, como si se tratara de un perro que tiene la rabia.

    El patio de recreo, suele ser grande y espacioso, busca otro lugar, y pasa de los comentarios. Uno no se pone a dialogar con un perro con rabia, y si se lo encuentra por la calle, no dudará en cambiar de calle, para ponerse a salvo. No se le ocurre a una persona con juicio, ir a ver si no le muerde, o a ver quién es el dueño, para decirle que lo ate, o que le ponga un bozal.

    Primero, se pone uno a salvo, y luego sí, acude al tutor, o profesor de guardia, o director..., y comunica lo que ha ocurrido.

    . No caigas en la tentación de devolver los insultos, porque entonces les darás a los agresores argumentos para defenderse y contraatacarte.

    . Si ves, que tus denuncias, no resuelven la situación, comunícaselo a tus padres, que tomen parte en el asunto, y vengan al centro para hablar con tutor, o director. Estos tendrán que llamar a los padres de los alumnos “maltratadores”, y buscarán llegar a acuerdos, tras aclarar la situación. Pueden concluir con alguna propuesta de expulsión, si hubiere lugar.

    . En cualquier caso, renuncia a las peleas. Procura que el que te busque, no te encuentre. No te calles, habla con tu tutor, padres, director. Es mejor, una retirada a tiempo, que tener que lamentarlo. . Si te amenazan, que te van a esperar a la salida, para pegarte una paliza, comunícalo al tutor, o en su ausencia al director. Ellos no sólo te van a proteger, sino que pondrán los medios, para que esto no se repita, llamando a la policía, si fuera necesario...

    . No permitas que ningún “malcriado”, te amargue la vida; si sigue con amenazas, de ya te pillará por la calle, fuera del entorno escolar, si te “chivas,” por “acusica”. Lo mejor que haces es pasar de él, o de ellos, y dedicarte a la gente que te quiere, a las cosas que te gustan. No pretendas urdir un plan, para dar un escarmiento al “matón” de turno. La vida ya se encarga de eso.

    Tú mantén una buena condición física, haciendo deporte para divertirte y mantenerte en buena forma, comiendo sano, bebiendo agua, descansando, y antes de que te quieras dar cuenta, la supuesta amenaza, habrá desaparecido de tu vida.

    . Es importante, que no estés resentido con ellos, ni con nadie. El resentimiento te perjudica. No vale la pena; no permitas que la gente que menos te importa, controle tu vida. No les des ese poder. Tu vida es tuya, te pertenece, a ti, y tú no vas a consentir que ningún pobre infeliz, te arrastre en su desgracia. Ya sabes, sobre todo “buen rollito”, contigo mismo.

    . Las peleas se saben cómo empiezan, pero nunca se sabe, cuándo y cómo acaban, una vez empezadas. Así que, por favor, evítalas siempre que puedas.

    Si alguna vez, te vieras envuelto en alguna, y preso del miedo, ira, rabia, te cegarás y te dedicases a devolver golpes, piensa que podrías herir gravemente e incluso matar a alguien, porque cuando uno está “secuestrado emocionalmente”, no se pueden predecir las consecuencias de sus acciones.

      PADRES: Sé que trabajáis duro, para que en casa no falte nada. Sé, que apenas tenéis tiempo y sin embargo lo sacáis de donde haga falta, para ocuparos de la educación de vuestro hijo. A quienes están leyendo estas palabras, sé que es quienes menos lo necesitan, porque suelen ser los padres más responsables, los que acuden a las reuniones del centro, cuando se les cita, o a petición propia, para interesaros por la marcha de vuestro hijo.

    Estas sugerencias les vendrían mejor a los que no sacarán ni tiempo, ni energía, para ocuparse en formarse, para bien educar a su hijo, que ya empieza a dar problemas, en casa, su barrio, la escuela, el entorno comunitario...

    Algunos de éstos padres, para compensar su desatención a sus hijos, no dudarán en premiar las fechorías del mismo, colmándolo de regalos nada apropiados a su edad. Qué decir, de los regalos prematuros de motos pequeñas, “mini car”, patines con motor..., y otros artilugios que vemos en niños, que aún no tienen 10 años, y van acelerando, en las vías públicas, de manera inconsciente, sin la menor idea de educación vial, poniendo en peligro a los viandantes y a ellos mismos.

    . No aceptar ningún tipo de chantaje de parte del “aprendiz de tirano”, del tipo: “pues si no me traes este juguete, me voy a portar mal”..., si el niño insiste en su conducta desafiante e infantil, se le trata como cuando era un niño pequeño.

    Recordar que si el niño se escapaba de pequeño, y se ponía en peligro en la calle, por la posibilidad de atropello, nada mejor que un azote a tiempo, en el trasero, para acabar con las ganas de ponerse en peligro.

    No os estoy invitando al uso de la violencia, que tan perjudicial es, en la medida que luego el niño imita lo que ve y aprende ésta. Habréis de prescindir, del uso de la misma. Pero el niño debe de aprender, que no aceptaréis, chantajes, manipulaciones, amenazas, insultos..., o cualquier falta de respeto. En esto no debéis transigir. Si lo dejáis claro, desde pequeños, luego todo es más fácil.

    . Para extinguir algunas conductas que no consideráis apropiadas, nada mejor que los beneficios de la falta de atención. Si el niño, hace o dice algo, que no consideráis apropiado, para llamar vuestra atención, al ignorarlo, estaréis eliminando la posibilidad de que lo repita.

    Vuestra atención, es una poderosa herramienta educativa, que te permitirá que le sorprendas haciendo algo bien, y al tú decirle, “muy bien”, estás guardando tus juguetes, conseguirás, que el niño, vaya adquiriendo un poco de orden, responsabilidad...; tu hijo, volverá a repetir la conducta, que tú has reforzado, con tu atención selectiva, porque para él, captar tu atención es muy importante.

    . Sé que a algunos niños, es difícil sorprenderlos haciendo alguna cosa bien, pero los padres, han de esforzarse, por intentar pillar a su hijo, haciendo el intento de hacer algo bien. Lo que normalmente hacemos, es pillarlos haciendo algo mal, para corregirles, y enseñarles, y aunque esto es inevitable, deberíamos centrarnos mucho más, en ver, valorar, reforzar, las cosas que se le dan bien, las que hace mejor , así disminuiremos las que hace malamente.

    . Cuando venís del trabajo, no permitáis que con el beso del saludo, el niño acompañe la pregunta petición-exigencia: ¿mama, qué me has traído?

    . Que vuestro amor de madre, padre, no os ciegue, para reforzando las virtualidades de vuestro hijo, que sin duda las tiene, y muchas, seáis capaces de aceptar también sus defectos, para corregirlos, con paciencia, perseverancia, tenacidad, disciplina, y objetivamente.

    . Escuchar a vuestro hijo, tanto como podáis, pero no tenéis que darle la razón, cuando no la tenga. No permitáis, que su llanto, gritos, desaires, os manipulen.

    . Ser suaves, amables, cariñosos, compasivos, benevolentes, en la medida que podáis. Ello os hará más persuasivos, pero no olvidéis que a veces habréis de emplearos con formas menos suaves, más contundentes, con más firmeza, con dignidad y respeto, pero sin transigir.

    . Si los niños advierten debilidad en vuestro comportamiento, que os molesta enfadaros, estaréis renunciando al control de la situación y le daréis a ellos, la capacidad de manipularos, en su perjuicio.

    . Acudid periódicamente a las llamadas que os hagan desde el centro, al menos cuatro al año, la inicial de presentación y las recogidas de las notas en la evaluaciones, o cuando lo estiméis conveniente.

     Vuestros hijos necesitan que les demostréis, que estáis interesados en su marcha en el centro educativo. Sois el mejor refuerzo positivo, que pueden tener, al captar vuestra atención. Tened una actitud de cooperación con el tutor, y profesorado en general, evitando exculpar, sobreproteger, quitar importancia al asunto, si os llaman la atención por alguna acción de vuestro hijo.

    . Para evitarse problemas, nada mejor que prevenir. Preguntad diariamente a vuestro hijo, qué ha hecho en clase, qué tiene que estudiar, qué dificultades tiene, lo mejor del día...; ese diálogo sincero, hará mucho bien a vuestro hijo, que os percibirá como que además de quererlo, os interesáis, por su cada día..., sus aciertos, logros y errores.

    . Ayudarle a resolver alguna duda puntual, si lo estimáis conveniente, pero no caigáis en hacer por ellos, los deberes. Es su trabajo y su responsabilidad, y tu mejor ayuda puede ser, facilitarle un lugar tranquilo, libre de ruidos y distracciones, en el domicilio, para que de manera autónoma, vaya construyendo su propio aprendizaje. Que repasen y afiancen lo que han dado, cada día, preparando lo que toca el día siguiente, anticipándose, para que luego en los exámenes no tengan que darse grandes atracones. Esta tarea debe ser diaria y constante, para acabar convirtiéndose en un hábito, donde el estudiante ha de centrarse solo en sus estudios, que son su obligación.

    . Podemos supervisar sus tareas, o exigirle que escriba su plan diario de deberes, para en el supuesto de que incumpla, bien con excusas de que no tiene deberes, o que ya los ha hecho, sin ser esto cierto, perder los beneficios de los que disfruta habitualmente: ver televisión, juegos de video consola, utilización de móvil, teléfono, salidas, pagas, refrescos, bici, patines…, o alguna actividad extraescolar que sea de su agrado y que no quisiera perder.

    . Podéis ayudarle en los comienzos, a estructurar su tiempo, para que no pase horas muertas, viendo la tele, enganchado a juegos de video consola, o a muñecos móviles. Si os ven a vosotros leer, seréis su mejor modelo a imitar.

    . Respecto a la conveniencia o no de recibir clases particulares, mi opinión es que en estas edades, las dificultades que se presentan pueden solventarse con la ayuda del profesor de clase, salvo que éste indique lo contrario, en cuyo caso, es bueno seguir sus indicaciones, pues él, mejor que nadie, sabe el nivel, ritmo de aprendizaje, capacidades del alumno, y la conveniencia o no, de recibir una ayuda extra de clases particulares.

    En muchas ocasiones, son un pretexto, que el niño utiliza, para no aprovechar el tiempo, de la manera que debiera, en cuanto a la atención en clase, y su responsabilidad de seguir las indicaciones de cada profesor. Es por ello, que no se consideran en la mayoría de los casos, necesarias, ya que así, el alumno puede aprender a aprender por sí mismo, desarrolla su autonomía, su responsabilidad..., y de paso se implica más en su propio proceso de aprendizaje, no delegando ninguna responsabilidad, ni en el profesor que le da clases, ni en los padres, que no tienen que aprender por él, ni en el profesor que da las clases particulares.

    Algunos alumnos, comenzarán a aplicarse cuando se les diga que si los resultados no acompañan, darán clases particulares, que habrán de pagar de sus ahorros. Ante este panorama, no les queda más remedio, que esforzarse, y desarrollar el potencial que tienen.

    ADMINISTRACIÓN:

    . Urge hacer un pacto por la educación, donde sentar las bases, para consolidar los acuerdos sobre el papel de la educación en la sociedad actual: Valores que ha de transmitir, contenidos mínimos cognitivos en los diferentes ciclos de la educación obligatoria, para todo el estado español.

    . Concreción de los mismos, y seguimiento para de manera abierta y flexible ir haciendo los ajustes necesarios. No ha de confundirse, con el hoy tan de moda, relativismo cultural, donde la ambiguedad se ha impuesto, y para evitar la rigidez, el dogmatismo, se da paso a la permisividad, a la duda permanente, que desemboca en el casi todo vale, para al final, quejarnos de que hoy se están perdiendo los valores.

    Justificamos nuestra pasividad, mirándonos en espejos más amplios y globales:” es que en el contexto europeo, no podemos hacer nada “...

    . Proponer una cultura del esfuerzo, donde una mano lava la otra, no se lavan solas. No se pasa de un ciclo a otro, sin esfuerzo alguno, sin control de mínimos.

    . Prevenir la repetición, supone hacer el esfuerzo de preguntarse porqué, para después ir al cómo, poniendo los medios, materiales y humanos necesarios, no cayendo en la simplificación, de arbitrar leyes que la limiten.

    Habrán de revisarse y cuestionarse, la conveniencia o no de los apoyos, incluidos los apoyos a la integración, en base a su implicación, y no a rellenar horarios.

    . Que las ratios no superen los 20 alumnos. Si pueden ser quince mejor. Así, la atención al alumno, es más individualizada. El motivo lo sabe cualquier docente, que intenta respetar las capacidades de cada alumno, adaptándose no solo a los distintos ritmos de aprendizaje, sino a los distintos estilos, que a cada alumno, le va mejor, para aprender.

    . Lo de dar a cada uno, lo que pueda digerir, comprender, según sus necesidades, ya es bastante difícil, mucho más lo es, lo de exigir o pedir a cada uno según sus posibilidades. En base a estas dos últimas afirmaciones, existe la tendencia, bastante generalizada, de atender prioritariamente, a los alumnos que más necesidades y carencias tienen, y después para compensar, que la mayor parte del tiempo y atención del profesor se la llevan estos niños, solemos atender al otro extremo, que son los alumnos brillantes, quienes más nos satisfacen, porque son más atentos, comprenden mejor, nos refuerzan profesionalmente, ya que nos producen un cierto alivio y consuelo, a tanta prédica en el desierto. Esta tendencia habría que corregirla.

    . Como consecuencia de la situación anteriormente descrita, existe en las clases, una mayoría silenciosa, que al no presentar problemas no llama nuestra atención, ni nos atraen por no ser brillantes, que sufre una discriminación encubierta, al no ser lo suficientemente atendidos. Dentro de esta mayoría silenciosa, hay un grupo de niños, que suelen ser los” invisibles”, nunca molestan, están calladitos, y pocas veces, les damos la atención en tiempo y calidad del mismo, que merecen. Y lo necesitan y merecen tanto como el resto.

    . Por ello, pensamos que todos merecen nuestra atención, nuestro tiempo, por igual, porque todos tienen necesidades diferentes, y no hay unas más importantes que otras, ni unos alumnos más prioritarios que otros. ¿Porqué seguimos permitiendo, que el que más llore, más mame, quitándole el alimento, o la atención a otro?...

     . Lo de exigir a cada uno según sus posibilidades, es bastante engañoso, en el ámbito educativo. ¿Acaso los docentes, tenemos superpoderes, para descubrir y predecir las posibilidades de cada uno?

    Desde luego que no; esto lo saben bien, quienes llevan bastantes años, trabajando, y descubren para su sorpresa, que aquel niño, que habían minusvalorado en cuanto a sus posibilidades, de adulto es una persona con un potencial enorme, y con un éxito profesional y prestigio social  encomiable.

    No deberíamos, jugar a adivinos y etiquetar a la baja, antes bien, puestos a creer, da mejores resultados, creer en el ilimitado potencial humano de cualquier persona, y pensar que en cualquier momento, nos puede dar una sorpresa, en positivo.

    Si nuestras expectativas con el alumno son bajas, tendremos niveles de exigencia bajos, y el alumno no nos va a defraudar, de momento; rendirá poquito, porque en principio le es más cómodo. Además, que como sabe, que cuando lo evaluamos, separamos su esfuerzo del resultado, pondrá cara de esforzarse mucho, nos demostrará que tiene una buena actitud, participando con preguntas, haciendo como que trabaja..., y pasará a engrosar la lista, de los que podría haber aprendido mucho más, si le hubiésemos dejado claro, que el esfuerzo en aprender va unido a buenos resultados, como demostraría cualquier prueba de ciclo obligatoria, que le hubiéramos hecho.

    . Que el tutor se implique con el grupo el mayor número de horas, que pueda y que continúe al menos el ciclo, aunque no tenemos inconveniente, que si se desea, fuera de toda la etapa. Priorizamos la calidad y continuidad en la relación a tres bandas: alumnos-profesores-padres, porque pensamos, que se da una mayor implicación en el proceso educativo de los tres sectores, siendo éste un factor de prevención y resolución de problemas posteriores.

     Esto no obliga a ningún tutor a dar materias, para las que no se considere preparado. Para ello, están los especialistas; pero si un tutor, se considera capacitado, debe tener prioridad, para que pueda transmitir con entusiasmo, cualquiera de las materias del currículo.

    . La formación de enseñantes, hoy llamada maestros, ayer profesores de EGB, con su especialidad, debería ser lo suficientemente amplía, que tendría que tener un tiempo equivalente al de cualquier licenciatura. En ella, además de una amplia formación de base en psicopedagogía, debería abarcar una formación integral y global, ya que esta es la característica distintiva, de la E. primaria. Ello supondría, formación en música, E. física, como planes antiguos, además de ingles y nuevas tecnologías. Sin olvidarnos, de lo que siempre diferenció cualitativamente a los maestros de planes antiguos, sus buenas y amplias prácticas, en su periodo de formación, lo que supuso quizá, el orgullo de ser “maestros”, de saber enseñar, que generaciones posteriores, que tuvimos menor periodo de prácticas, éramos especialistas, siempre anhelamos, y reconocimos.

    Con estos maestros bien preparados, ya no serían imprescindibles, los especialistas, y se atendería de manera global, por áreas, no por materias; reforzándose la acción tutorial, que tan decisiva es, se estarían previniendo problemas, abandonos, en la etapa posterior de secundaria.

    . Es necesario que los instalados en las instancias superiores, donde se toman decisiones, en materia educativa, cada cierto tiempo, pisen la arena de la realidad y se actualicen, para así tener mejor criterio, ya que además de contar con una buena formación teórica, cuenten con una no menos importante, fundamentación práctica, que les permitirá un mayor ajuste a la realidad. Lo de propiciar un feedback, o retroalimentación.

    Esto que se suele hacer con los profesores, que trabajan en los Ceps (centro de profesores), que a los seis años, como máximo se les obliga a regresar a su trabajo de maestro, por un tiempo mínimo de dos años, para que tomen el pulso a la actualidad, para después volver a ser profesor de profesores, con mayor y mejor criterio, si lo desean, nos parece una medida muy loable, que debiera extenderse a otros ámbitos, como asesores, inspectores... y demás personas que perdidos entre papeles, y con el debido respeto, “desde la estratosfera”, tienen responsabilidades educativas, y no acaban de implicarse, con la relevancia deseable, por su falta de proximidad.

    . Los equipos externos podrían hacerse internos de centro, para implicarse más, siendo conveniente que en relación al psicólogo orientador de primaria, pedagogos de los Epoes, además de tener una amplia experiencia en la práctica docente educativa, en la etapa que pretenden asesorar, pongamos un mínimo de 15 años, para así tener autoridad moral y no sólo teórica en la comunidad educativa, tutorizasen de manera compartida a los alumnos más problemáticos, una vez efectuado diagnostico, para trabajando con los alumnos, hacer seguimiento y evolución del mismo, con vistas a la posible recuperación e integración al grupo ordinario.

     DOCENTES:

    Con mi reconocimiento más sincero y mi agradecimiento por lo bien que trabajáis, voy a permitirme recordar a los más jóvenes algunas sugerencias, que los veteranos hemos practicado, o al menos, hemos tenido en cuenta en nuestra actuación docente. No obstante, a los más veteranos hoy en activo, les voy a plantear unos temas que a mí, me han hecho reflexionar; puede que vosotros, estas cuestiones las tengáis más claras.

      Sé que siempre hemos tenido en cuenta el valor del esfuerzo, hemos construido a partir de los errores, hemos mejorado un pequeño aspecto cada día yendo paso a paso; nos ha gustado tratar de forma respetuosa a los alumnos, de manera sencilla y amable, porque sabíamos que eso les motivaba más.

    Cuando había que repetir, revisar, rehacer, ahí estábamos con nuestra tenacidad habitual. Empezábamos pidiendo pequeñas cosas, y superadas éstas, elogiábamos los logros, porque sabíamos que eso reforzaba el aprendizaje. Si alguno se resistía, nos juntamos con ellos, y por escrito, establecíamos un compromiso, que firmábamos y cumplíamos...

    Compañero, dime, ¿qué opinas de la promoción automática, o de la limitación legal a un año, el tiempo máximo de repetición?

    Sé que a ti, lo que te preocupa es poner los medios, para que el alumno tenga unos niveles mínimos en cada ciclo y también sé, que no te da miedo hablar de repetición.

     Que cuando el alumno, no sepa lo mínimo para avanzar en el ciclo siguiente, debiera repetir, por su bien, aunque la sociedad, erróneamente equipare la repetición a “fracaso”, y ello genere actitudes no deseables, en algunos alumnos que repiten, no así en otros.

    La ley te obliga a promocionar a un alumno, que tú sabes, no debería, ni por él, ni por los demás, que ven, que consiguen lo mismo quienes saben, que quienes no, y esto crea precedentes poco edificantes, lo del currículo oculto, que decíamos antes, que resulta desmoralizante para todos los que se esfuerzan, en el proceso educativo.

    Otra duda que tengo, es si ¿crees que la llegada de los especialistas, en primaria, ha mejorado la calidad de la educación en esta etapa?

    Yo sé que los especialistas, suelen compartir su pasión por la materia que enseñan y eso es bueno. Pero, porqué se ha priorizado este aspecto sobre el aspecto relacional.

    Todos sabemos, que el especialista, ha de dispersarse, por muchos cursos, y cuantos más alumnos tienen, menos los conoce y menos se implica.

     Por cierto, cuando llega el especialista, tú tutor, has de irte a algunas clases a apoyar, para completar tu horario, o a sustituir. Permíteme alguna sugerencia. ¿Verdad que tú querrías apoyar al grupo que tú tutorizas, porque sabes mejor que nadie, cómo va cada alumno en destrezas básicas, y además estás más interesado que nadie, en que mejore?

    La sugerencia sería que tus horas de apoyo, además de ser para tu grupo, sean intocables, para que haya continuidad, y no sea un parche más, para rellenar tu horario. Tendréis que diferenciar con claridad, estas horas de las disponibles para guardia o sustitución, en las que tú habrás de sustituir, si algún compañero falta. Si no falta nadie, entonces tú estarás de guardia, por si hay alguna incidencia..., pero no tienes porqué apoyar.

    Así, los profesores de apoyo, repito preferentemente a alumnos de su grupo, en su defecto a alumnos de mismo ciclo, pero siempre en destrezas básicas prioritariamente, y con continuidad e implicación, es decir, interés, y contacto con la familia, podrán hacer una labor más efectiva y tomada en serio, hasta tanto la moda de los especialistas, decaiga, y una nueva generación de maestros, bien preparados, recupere el gusto por estar el mayor tiempo posible, con su clase, en una relación tutorial, de las de antes, que dejaban “huella”, y gratificaban más.

    Hasta que esto sea posible, no estaría de más compañero, que vindiques tu derecho a estar el mayor tiempo posible, con tus alumnos, y atreverte a dar las materias para las que sí estás preparado, y de paso le permitís a los especialistas que den alguna materia distinta, para que no se rayen mucho, y vayan cogiéndole el gusto a dejar de ir de ambulante, y centrarse sobre menos alumnos.

    Gracias por tu paciencia al leerme y disculpar si he metido la pata, porque es lo que se suele hacer, cuando uno habla de lo que no conoce bien, y reconozco que yo ando alejado de primaria, aunque como recibo el fruto de vuestro trabajo, me he tomado tal licencia.

    Pero lo mejor está aún por llegar, después del verano, llegan los alumnos que han cursado primaria, de aquella manera, al instituto.

    Con sus maestros, a finales de mayo, hicieron una primera visita, que supuso una primera toma de contacto, para ir conociendo la situación, en que se encontrarían, en sus comienzos por secundaria.

    Tuvieron la oportunidad, de conocer además de las instalaciones del nuevo centro, algunas clases, en las que pudieron hacer un intercambio fugaz, con los alumnos de 1º de eso, que les informaron, que en el instituto, tendrán más profesores, más materias, más que estudiar, si desean aprobar.

   También, entre bromas y risas, advertían a los “noveles”, de la no conveniencia de pasarse, con tal o cual, profesor, “ya verás cuando te toque...”; pero en general, la impresión, que se llevan los futuros alumnos, de sus compañeros, es que no es para tanto, y que si uno estudia, irá bien; pero si se pasa, acabará expulsado..

     Con la autorización de: S. Sánchez García. http://rutas6.blog.com.es/

     D) 3. La disciplina en los institutos: asignatura pendiente

    Tomemos los datos de un instituto al azar, de 900 alumnos, 350, son del primer ciclo de la Eso; ha habido 94 expulsiones, 657 envíos a aula de incidencia, y 1777 partes de incidencias. El estudio comparativo de disciplina, respecto a hace dos años, manifiesta una mejora muy significativa, donde hubo 3500 partes y 189 expulsiones.

    Prácticamente la totalidad de partes y expulsiones corresponden a alumnos de la Eso, y en su mayoría a alumnos del primer ciclo.

    La bajada tan espectacular de partes y expulsiones, se debe entre otras cosas, a que el instituto en cuestión, es centro TIC, desde hace año y medio, con las muchas ventajas que esto conlleva, y que aún no han llegado a optimizarse.

    Los datos académicos, referidos a 1º y 2º de ESO, arrojan el siguiente balance: un 25 %, aprueban todo, siendo un 50%, los alumnos con 4 o más suspensos. Estos son resultados de junio, ya veremos, qué pasa en septiembre, ya que la recuperación, este año, y por decisión del claustro, se ha dejado para septiembre, así el alumno no tiene excusa, y tiene más tiempo para estudiar. Recordamos que el año anterior, había una única propuesta, por parte de las autoridades académicas, de hacer los exámenes o evaluaciones, extraordinarias, en el mismo mes de junio, una o dos semanas después de terminar las clases, que la mayoría, de los profesores, veíamos con recelo; luego los resultados, confirmaron nuestras predicciones, y este año, se nos ha consultado, aún a sabiendas, que tampoco es una solución definitiva, es posible, que sea mejor que la anterior. Y así ha sido, ya que ha habido, un ligerísimo aumento del rendimiento de los alumnos en las pruebas extraordinarias de septiembre, en relación a las del año anterior.

    En vista de los resultados académicos y de disciplina, analicemos los hechos.

    DISCIPLINA:

    Los datos anteriormente señalados, nos parecen excesivos. Veamos, ha habido en un año 3500 partes de incidencia, bajando esta cifra dos años más tarde, a los 1777 del último curso.

    El principal problema es la masificación: hay demasiados alumnos por aula, demasiadas grupos por profesor, lo que dificulta la comunicación, produciéndose una despersonalización. El profesor, si el alumno se pasa, no dudará en ponerle un parte. Lo ideal sería que él mismo, hablará con el alumno, para evitar que se repitiese la misma situación agrandada, y también con los padres, si fuera necesario, para llegar a acuerdos. Podría escribir una nota de comunicación a los padres, en el mismo cuaderno de la materia que imparte al alumno, que trajera firmada por el padre, en la próxima clase.

    El profesor también podría, por el mismo procedimiento anterior, citarse con los padres y el alumno, cuando a los padres, les viniera bien, para repetimos, evitar llegar al parte de incidencias.

    Antes de llegar al parte, tendría que haber negociado y renegociado con los alumnos conflictivos, dentro y fuera del aula, acuerdos mínimos por escrito. Aislar al alumno, dentro del aula, puede hacerle reflexionar, y echarlo al pasillo, bajo la supervisión del profesor que lo ha echado, puede ser un recurso, temporal, que tranquilice al alumno. Todos ellos, son recursos previos, al parte de incidencia, que podrían aplicarse, a nivel preventivo, si los profesores no estuvieran tan agobiados por tantas clases numerosas y conflictivas.

    En los decretos de evaluación, se nos dice que “la función docente, conlleva la acción tutorial”. Esto traducido a lenguaje cotidiano, supone, que el docente, que imparte una materia, es el máximo responsable de lo que ocurre en su clase, y no puede eludir esta responsabilidad, echando balones fuera.

    Haciendo partes, con tanta alegría, o expulsando a los alumnos, fuera de su aula, al aula de incidencias, no olvidemos el dato, 657 envíos a dicha aula, quizás pone de manifiesto, su incapacidad, para dar una respuesta educativa a esos alumnos.

    Podrá argumentar que hay alumnos, que no quieren dar clase, y que a nadie se le puede obligar contra su voluntad, a educarse, por lo que, para permitir que se respete, el derecho a la educación, de los que sí quieren estar en clase y aprender, opta por la opción menos mala.

    Tiene razón, al expresarse de esta manera, pues él no tiene la culpa de que algunos alumnos, bastantes según el curso, no quieran recibir clases.

    Tampoco es su problema, analizar las causas, familiares, ambientales, legales, administrativas..., que propician esta realidad. Su problema es dar clases a los que quieren aprender.

    Lo malo es que la realidad, le explotará delante suya, y le salpicará; por lo que si quiere no ser tan víctima de esta situación, bueno será que empiece a analizar la misma, para intentar comprenderla, y procurar al menos limpiarse, porque una cosa es segura, quiéralo o no, acabará “manchándose”....

    Es de destacar, que los partes de incidencia, se ponen en su mayoría, por los profesores en el transcurso de sus clases. Es decir, tienen que parar la clase, o esperar para el final, y rellenar un parte, donde además de poner nombre y curso del alumno, hora en que ocurre, señalan el tipo de falta, que el alumno ha cometido, pudiendo también hacer, si lo estiman conveniente, una descripción de los hechos. Han de firmar el mismo y entregárselo al conserje, para que a la mayor brevedad, dé una copia al tutor, pasando el original a jefatura de estudios, donde se archivan.

    El tutor, hablará con el alumno y hará llegar el parte a los padres de éste, a la mayor brevedad, invitándoles a que acudan al centro, normalmente en la hora de tutoría, donde si el profesor que puso el parte, está libre, puede aclarar lo ocurrido, para que los padres, llamen la atención, amonesten, o sancionen a su hijo, de manera que a ser posible, no se vuelva a repetir.

    Puede ocurrir también, que para que no transcurra mucho tiempo, entre la falta cometida, y las consecuencias de la misma, entiéndase, información a los padres, para que éstos además de informarse, tomen conciencia del asunto, y se impliquen, para evitar males mayores, el profesor que realiza el parte, llame por teléfono a los padres del citado alumno.

    Pero dado que un profesor, suele dar normalmente un mínimo de 5 cursos, que serian 150 alumnos, no suele llamar a los padres, por ser demasiados, y normalmente, las llamadas telefónicas, las hacen los tutores de los alumnos a quienes se ha puesto un parte de incidencia.

    Aquí, nos encontramos otro problema: la falta de inmediatez. Pasa al menos una semana, entre que el alumno comete la acción no deseable y que los padres, vengan a hablar con el tutor.

    Algunos centros agilizan el proceso, de los partes de incidencia, con una hoja cuádruple, autocopiable, de tal forma, que una hoja quede en poder del titular que ha hecho el parte, que a su vez entrega otra en secretaría rápidamente, para que ésta la envíe, con acuse de recibo, para evitar falsificaciones y garantizar que llega a los padres del alumno, que en un día reciben notificación por escrito. La otra hoja, la entregan al tutor, para que aclare lo sucedido con el alumno, y pueda citar a los padres, si lo estima conveniente, y la otra la entrega en jefatura de estudio, donde se archiva y será tenida en cuenta, para decisiones que comisión de convivencia, estime pertinentes.¿Demasiado papeleo?...

    Algunos tutores con muchas tablas, sabedores de los beneficios de la inmediatez, pasan diariamente por conserjería, para ver si tienen partes, indicando a los conserjes, la conveniencia de que les entreguen los partes rápidamente. Inmediatamente, buscan al profesor que ha puesto el parte, para ampliar detalles, buscan al alumno, para que haga las alegaciones oportunas, cita a los padres por teléfono, para el día siguiente, normalmente en el recreo, que sabe, que los implicados, estarán libres y media en la confrontación.

    Esto supone una sobrecarga para el tutor, sobre todo si el grupo al que tutoriza es un grupo de los conflictivos, donde abundan repetidores desmotivados, apáticos, absentistas, objetores académicos..., y curiosamente en los institutos hay grupos que no tienen ni un solo parte, y grupos con 300 y 400 partes. De cómo es esto posible, y de los criterios de agrupamientos, que se emplean, ya tendremos tiempo más adelante, cuando hablemos de la prevención del caos...

    Sí, ha leído bien, pues lo que suele ocurrir en muchos casos, más se parece a un diálogo de sordos. El alumno, si respeta a los padres, en algunas ocasiones, negará los hechos, inculpando a otros compañeros, para no asumir su parte de responsabilidad; puede incluso alegar que el profesor que le ha hecho el parte, la tiene tomada con él.

    Los padres, tratarán de exculpar a su hijo, para evitarse el mal trago de tener que tomar medidas; el profesor que le ha hecho el parte, se sentirá indignado, porque lejos de obtener el agradecimiento de los padres, por ayudar a educar a su hijo, éstos parecen más inclinados a dar la razón al alumno, dudando no solo de la palabra del profesional, sino de su competencia.

    El tutor, intentará mediar para que haya un clima de mutuo respeto que facilite el entendimiento. Será tachado de corporativo, por los padres, al creer ciegamente a su compañero, que además ha tenido la buena disposición de acudir a la cita, para aclarar lo que hiciera falta, tal y como se contempla en el *Rof. El tutor, no se dejará confundir, por los intentos de manipulación del alumno, que ntentará arroparse con los compañeros, con expresiones que cuestionen la forma de dar clase, de tal o cual, profesor, con argumentaciones del tipo: “pregúnte en la asamblea, en la hora de tutoría...”

    No le corresponde al tutor, juzgar ninguna situación, pero como conocedor de la trayectoria del alumno, porque recibe toda la información de los otros profesores, parece razonable que pueda mediar.

    Sin embargo, no nos parece no ya razonable, sino posible, estar constantemente mediando, en un grupo de alta conflictividad, de los de más de 300 partes, que suelen ser grupos de refuerzo de lengua o de matemáticas, donde se dan varias circunstancias extremas: más de la mitad, son repetidores desmotivados, con prácticamente todas pendientes de 1º eso, y quedándole casi todas las materias de 2º eso, en las respectivas evaluaciones; la otra mitad, casi en su totalidad, desea cumplir los 16, para así quedar liberados de la “condena” de estar obligados a permanecer de aquella manera en los institutos; es decir, van al instituto porque les obligan, dado que si no van, los tutores les piden la justificación, y si no justifican las faltas, mensualmente dan parte, a los servicios sociales, quienes realizarán una visita a los domicilios.

    Cuando haya más de un número limitado de ausencias sin justificar, antes era a partir del 5º día, con lo que el alumno, podía acumular hasta 30 horas de faltas a clase en el mes, de tal manera, que se veían grupos de alumnos, por el patio, que no asistían a una clase, los llamados “objetores académicos”, que además de molestar, a los profesores de E. física, increpando a sus alumnos, se liberaban de soportar aquel “profesor plomo”, y liberaban al resto de compañeros, de su molesta presencia, pudiendo por fin, dar la clase, a los que habían decidido quedarse.

    Esto ocurrió, hasta que los profesores de guardia, tomaron consciencia de que tenían que vigilar, o controlar, mejor, hacer cumplir las normas, para que nadie confunda a los profesores, con vigilantes, y se llegó al acuerdo de que los alumnos tenían la obligación de estar en sus clases, y a éstas había que llevarlos, de “escolta”, pese a la resistencia de los alumnos, que no querían ir, y de algunos *Rof: reglamento de organización y funcionamiento que cada centro aprueba. profesores, que argumentando que habían llegado tarde, pretendían fueran enviados a la tan socorrida aula de incidencia, donde los profesores de guardia, se hicieran cargo.

    Claro que, ante la posibilidad de que el aula de incidencia, tuviera dimensiones de salón de actos, se convino enviar a dicha aula, sólo los casos realmente excepcionales, es decir, cuando la situación fuera insoportable.

    Así las cosas, y a pesar de los profesores más solidarios, que desean repartir su carga, para que todos compartamos, sus “marrones”, en el aula de incidencias, no parece que en general se esté abusando de la misma, exceptuando contados casos.

    En defensa de éstos, y para que nadie piense, porqué no son tan solidarios, al final de mes, repartiendo el sueldo, de la misma forma que reparten el trabajo, hay que hacer notar, que cuando uno tiene que vérselas con 4 o 5 grupos de alumnos de los llamados conflictivos,con una media de 30 alumnos,por grupo o más,entonces te quedas sin argumentos y sobrevives,de la mejor manera que puedes. Eso sí, te acuerdas de los responsables en política educativa, que propician estas situaciones, del jefe de estudios, que te ha asignado esos grupos, ¿porqué a mí?, te preguntas, sin encontrar respuestas convincentes.

    Recordamos que los profesores de Música, E. física, Dibujo, religión, pueden tener entre 9 y 12 grupos diferentes de alumnos. Pensar que te puedan caer, 4 o 5 grupos, de los denominados conflictivos, no es ninguna exageración.

    Hasta no hace mucho, en 2º de eso, la mitad del curso se daba música y la otra mitad dibujo. Los profesores de estas asignaturas, tenían que pasar por todos los cursos de 2ª de eso, poco más de un cuatrimestre. Apenas podían conocer a los alumnos, lo que da idea, de que los que esto dispusieron, tenían muy claro, que lo importante no son los alumnos, sino la materia.

    Pero volvamos a la tutoría. En muchas ocasiones, su mediación surte los efectos deseados. Pero cuando los niños abiertamente, no respetan la autoridad de los padres, y son éstos los primeros que vienen a quejarse de sus hijos, diciendo lo mal que se portan en casa, lo desobedientes, desordenados, indisciplinados, agresivos, peleantes, mentirosos..., que son, y piden ayuda, para ver cómo les pueden educar, porque se les han ido de las manos..., la situación a éstas alturas, se convierte en difícil de reconducir, al no haberse puesto los medios con anterioridad.

    Algunos padres se quejan de que ya no pueden con sus hijos, estamos hablando de alumnos de 1º ciclo de eso. No les hacen caso, temen por lo que pueden estar ingiriendo, dadas las amistades que frecuentan. En ocasiones, hay un maltrato hacia la madre, mediante continuas faltas de respeto, descalificaciones, insultos, advertencias, amenazas de todo tipo, verbales y con intimidación física..., que suelen silenciarse por parte de ésta, no las vaya a cumplir, y el “maleducado” acabe fugándose de casa, o haciendo cualquier brutalidad, que pudiese lastimar no solo objetos, sino personas alrededor.

    Cuando las cosas han llegado hasta aquí, ha habido una historia previa, acompañada de frecuentes periodos de absentismo, ya desde el último curso de primaria, conflictividad escolar, con llamadas de atención a los padres, silenciadas a veces, por evitarse un mal rato, o abiertamente ocultadas por el propio alumno. Ha podido haber alguna expulsión temporal del centro..., por alguna falta grave de respeto, o por acumulación de partes.

    La mayoría de los padres, de estos alumnos, que son expulsados, lo que viene demandando del centro, es que les den una solución, pues la expulsión no resuelve la problemática de estos alumnos, ya que muchos de ellos, lo que desean es ser expulsados, así, no estarán obligados a permanecer en el centro, con lo que se liberan temporalmente del “secuestro legal”.

    Durante el tiempo que permanecen expulsados, en general, gozan de más libertad para salir de casa, pues las tareas, que se les dan para que las hagan durante su periodo de expulsión, y no pierdan la conexión con el centro, al carecer de interés, para ellos, no las suelen hacer, entre otras cosas, porque lo normal, es que el padre y la madre, salgan de casa, a trabajar, y no van a obligar a alguien que se niega en su presencia, mucho más en su ausencia.

    Así que, la mayor preocupación de los padres, no es que hagan los deberes, para que luego puedan reintegrarse al aula ordinaria, sino el hecho de que su hijo pueda estar en la calle, las amistades con las que se junta, el no saber qué pueden estar haciendo, consumiendo...etc.

    Estas bandas callejeras de menores expulsados, absentistas, empiezan a cometer pequeños delitos, hurtos, gamberradas, y comienzan a ser un pequeño problema para la policía y para los jueces de menores, que intentan por todos los medios, meterlos en los institutos; allí es donde deben estar, tal y como dice la ley, aunque sea a la fuerza, con tal de que no estén en la calle..., “balones fuera-torpedos dentro”.

    Y así es, estos alumnos, a su regreso a los institutos, buscarán la forma de que los vuelvan a echar, no sin antes, haber hecho de las suyas: destrozo de sillas, mesas, puertas, cisternas, lavabos, azulejos, paredes, tablones de anuncios, cerraduras con silicona, quitar teclas de ordenadores, pintadas...etc., además de las faltas de respeto a sus compañeros, profesores, manifiestas en burlas, amenazas, insultos...etc.

    Esta ha sido parte de la realidad de los institutos, que más o menos silenciada, por unos, manifiesta por otros, ha sido el pan nuestro de cada día, en los últimos 7 años, desde que los alumnos pasaran masivamente de los antiguos colegios a los IES.

    En las zonas rurales, la problemática se atenúa, entre otras cosas, por no haber problemas de masificación. Las estructuras “macro centros”, de muchos de los actuales IES, no responden a modelos de calidad en la educación, sino más bien a criterios economicistas.

    Por otra parte, hay mayor proximidad y contacto en la relación educativa. Los maestros, que conocen al alumno, desde que entró en el colegio, no dudarán en juntarse con los padres, servicios sociales, si hiciera falta, familiares del entorno con influencia positiva sobre el alumno problemático, que suele estar más aislado, al no encontrar el eco, y complicidad de otros compañeros problemáticos, como ocurre en los institutos.

    Además el tutor del alumno, seguirá con el mismo, durante el ciclo de la eso, con las ventajas ya comentadas de la continuidad, a la hora de establecer estrategias conjuntas con los familiares.

    Otra ventaja de las zonas rurales, es que allí, no hay tantos especialistas. Un alumno de 12 años no tiene 10 o 11 profesores diferentes en el mismo curso. Va a tener 4 o 5, que lo van a conocer bien, y a los que el alumno, conoce y respeta desde que era pequeño. Si la mayoría de esos profesores, han estado en este tramo de edad, 12 -16 años, durante toda su vida, en la antigua 2ª etapa de EGB, o el ciclo superior, que se llamó después, entonces, el éxito está más que garantizado.

    La escasísima conflictividad de éstos centros rurales, prueba lo anterior, como también han podido constatarse en los institutos, el bien hacer, de los pocos maestros y profesores especialistas de la antigua EGB, que se integraron en los IES, que tenían una amplísima experiencia, de más de 20 años, en el trato con adolescentes.

    Lástima que fueran tan pocos, los que pudieron integrarse a los Ies, ya que se limitó su número, desaprovechando la pericia, fruto de la experiencia y sabiduría, que dan las tablas. Los primeros años fueron escandalosos. Se echaron en falta, a los maestros y profesores con especialidad, que sabían trabajar con la adolescencia, y que lo habían hecho durante casi toda su vida, con resultados mucho más eficaces, que los que hoy estamos teniendo, en educación.

    Pero, se apostó por un intento de “bachillerizar la eso”, y aunque la intención, a priori, no era mala, se pretendía que los alumnos tuvieran más nivel en las distintas materias, y todo el mundo sabe, que cualquier profesor de instituto, en su materia, es una autoridad, muy superior a cualquier maestro o profesor especialista de la antigua EGB.

    Se pensó, que dichos profesores licenciados en su materia, podrían transmitir con más pasión y entusiasmo, el gusto por aprender ésta, y así los alumnos quedarían “enganchados” para seguir avanzando, ya que las semillas que se habían plantado, eran de la mejor calidad...

    Sin embargo, no se tuvo en cuenta, el “terreno”, ni a los que conocían el “terreno”, porque lo habían estado labrando muchos años.

    Pero volviendo a los institutos, hay que apuntar, en honor a la verdad, que la mayoría de los profesores de instituto, están haciendo un esfuerzo enorme, por intentar desesperadamente dar clases, a quienes, al parecer, no están dispuestos a recibirlas.

    Esto provoca frustración, desaliento, desánimo y gran pesar, en estos excelentes profesionales, que sienten estar perdiendo el tiempo, al ver un público tan poco receptivo. Ha habido excelentes catedráticos de instituto, intentando sembrar en 1º de eso, porque pensaban que si se ponían unas buenas bases, luego todo iría mejor. Algunos lujos, no se saben aprovechar, cuando uno es muy joven, y los alumnos de 1º de eso, en su mayoría, con su atención por las nubes, no sólo no valoraron lo que estaban recibiendo, sino que además, algunos se permitían faltar al respeto, a tan ilustres personas.

    Y es que, no está hecha la miel, para la boca del asno, o quizá mejor, cada cosa, a su tiempo. Esto lo entendieron rápidamente los catedráticos, que además de ser excelentes en su materia, suelen pensar, que quizá el público de 1º de eso, lo que necesite prioritariamente sean “domadores”, que obliguen con paciencia, a dominar la atención, para fijarla en el cuaderno, encerado, explicación, ordenador, y no han vuelto por aquellos derroteros.

    La palabra domador, suele aplicarse a aquellos profesores, capaces de dar clase, en los grupos tipificadas por algunos de imposibles, por el ganado que allí está encerrado. En términos taurinos, podíamos sustituir domador por torero, porque hay que dar buenos capotazos, saber cuando no entrar al toro, y ser un buen artista, para sobrevivir casi sin rasguños, de tamaña proeza, y lo más increíble de todo, es que suelen torear sin partes de incidencia, ni expulsiones al aula de incidencia. ¿Tendrán poderes para amansar al personal que hay allí?, o será que saben ¿cómo castigar si es necesario?    En primer lugar sólo castigan en el caso de que otras técnicas no hayan sido efectivas, como el refuerzo positivo a comportamientos incompatibles, extinción, saciación, entrenamiento discriminativo, control de estímulos...,es decir, que el mal que se impide castigando, es superior a las consecuencias negativas que siguen del castigo.

    Castigan el comportamiento, no a la persona, para evitar comprometer las relaciones interpersonales.

    Especifican claramente qué comportamientos, y en qué condiciones van a castigarse, a fin de que el alumno conozca qué es lo que debe evitar, y qué consecuencias tendrá no evitarlo. El alumno ha de asociar el estímulo punitivo con el comportamiento inapropiado, para poder inhibirse, o “cortarse”, mejor autocontrolarse.

    Es conveniente que la aplicación del castigo sea lo más inmediata posible. Mejor castigar cuando empieza a portarse mal, que esperar a que realice toda la fechoría, y castigar después, o esperar varios días.

    Es necesario que el alumno perciba como castigo, la aplicación del estímulo punitivo, no como premio, como cuando a uno lo liberan de la clase, y lo envían al aula de incidencias. Además es conveniente que el castigo, guarde alguna relación con la falta cometida, en el caso de envío al aula, sería con una tarea específica, en relación a la materia que se esté trabajando, aunque el envío al aula de incidencias, debería ser excepcional.

    Es mejor retirarle algún beneficio, y variar el tipo de castigo, para evitar que pierda efectividad, por lo esperado y familiar que le pueda resultar.

    En cuanto a la intensidad, es necesario que se aplique desde el principio, el nivel máximo, con el objeto de impedir su habituación. Siempre ha de relacionarse con la gravedad de la indisciplina.

    Conviene antes de castigar indicar al alumno, lo que se espera de él, es decir, insistir en las posibles alternativas al comportamiento castigado. Con el castigo, el alumno sabe lo que no debe hacer, por ello, hemos de insistirle en lo que se espera de él, en lo que debe de hacer, para no ser castigado.

    Hemos hablado del castigo, pero en realidad preferimos hablar del refuerzo positivo de los comportamientos alternativos, a los que producen castigo, con el fin de potenciar las consecuencias educativas positivas, de las conductas deseables.

    Si reforzáis cada avance, si con vuestra atención, sorprendéis haciendo algo bien, a un alumno “difícil”, no dudéis en elogiar, animar, su conducta, pues con ello, conseguiréis, que este tipo de comportamiento aparezca más a menudo, y quizá desaparezcan las conductas disruptivas, que sólo pretendían llamar la atención, y fastidiar un ratito...

    Lo de obligar, suena muy mal, en un tiempo, donde todo son derechos, y escasas las obligaciones. Afortunadamente, esta tendencia se va corrigiendo y ya empiezan a equipararse los derechos y las obligaciones. No obstante, cuando uno solo ha oído hablar de sus derechos, cuesta entender que también tenga obligaciones, y esto lo saben muy bien los adolescentes, que pretenden derechos de mayores, libertad de horarios, etc., pero para trabajar, o tener obligaciones, son menores.

    Por otra parte, alguno de los ideólogos de la Logse, promotores convencidos de su bondad, cuando han regresado al tajo, de docentes, y se han topado con la triste realidad, no han tenido más remedio, que reconocer públicamente, que esto no es lo que soñaron, cuando diseñaron la ley, y han acabado, jubilándose anticipadamente, o volviendo a otros menesteres, menos frustrantes y más tranquilos.

    Pero qué pasa, para que un niño de 12 años, que ha tenido una escolaridad normal en primaria, puede que con escaso entusiasmo por las tareas académicas, alguna que otra llamada de atención para que mejore su conducta, con escasas faltas a clase, como mucho en el último curso, algunas faltas no justificadas en el peor de los casos, pero que nunca fue expulsado, cuando llega al instituto, se convierte en unos años, en un adolescente problemático...

   S. Sánchez García. http://rutas6.blog.com.es/


   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Cómo se pueden prevenir los problemas de los institutos?

 2. ¿Cómo es la situación educativa actual?

 3. Indicar las propuestas de mejora de Primaria y ESO

 4. ¿Cómo mejorar la disciplina de los institutos?

   Bibliografía:

   Daniel Pennac. El mal de escuela. Editorial Mondadori.

   Enlaces de Internet:

4. La entrada en los institutos en primero de ESO

5. Agrupamiento de los alumnos en primero de ESO

6. Comparativa que invita a la reflexión

7. Prevención de conflictos en la ESO

8. Hoja a rellenar por los alumnos de primero de ESO al matricularse

9. Continuidad en tutoría y otras consideraciones

10. Prevención de problemas en los institutos. Conclusión

Reprensión razonada

Pluralismo y tolerancia


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