60. Prevención de conflictos


    A) Una educación completa

    Con frecuencia aparecen en los medios de comunicación, noticias que hablan de hijos que amenazan o incluso pegan a sus padres o a sus abuelos. Se está escribiendo sobre la 'tiranía de los hijos'. ¿Cómo se llega a esta situación? En bastantes ocasiones por transigir, por ceder en situaciones en que se debía mantener la autoridad de los padres. En el fondo puede haber el miedo que tienen los padres de perder el amor de sus hijos y llegan a dejarse tiranizar por éstos como esclavos dóciles y angustiados. Pero los padres tienen la capacidad de educar a sus hijos, con una libertad responsable, no una libertad esclava, y con verdadero amor a los pequeños, no un amor esclavo. Esta capacidad de los padres debe ser cultivada constantemente.

     Educar es prestar una ayuda al protagonista precario de quien se educa. El chico es el agente de su propia educación, pero necesita la ayuda de los mayores.

     La educación se propone la mejora de todo el ser humano en su conjunto, en todas las dimensiones de su existencia. El profesor Víctor García Hoz destaca estos aspectos: intelectual, ético, estético, técnico y religioso. La educación intelectual pretende alcanzar la verdad, el aspecto ético busca el bien en todas sus manifestaciones; la educación estética desarrolla la capacidad de descubrir y saborear la belleza; el aspecto técnico pretende alcanzar lo útil y la educación religiosa pretende conocer y vivir las relaciones con Dios como Creador del hombre.

    Si falta alguna de estas dimensiones, la educación es incompleta y parcial, y puede darse por cualquier modalidad manipulativa o por 'miopía educativa'.

    No puede limitarse la educación a las posibilidades humanas del tener y del hacer, con olvido del ser. En ocasiones la educación se enfoca hacia el hacer y se pretende que el chico sepa hacer operaciones aritméticas, problemas, redacciones, exámenes, oposiciones, etc. con el fin de alcanzar el éxito social y el progreso material. Se trataría de saber hacer más para tener más cosas (casas, coches, electrodomésticos, etc.) De esta forma la educación se reduce a una relación hacer-tener y en muchos sectores sociales ésta es la educación solicitada, porque es la educación para la eficacia.

     Pero la educación completa exige la consideración de la educación de personas. Y éste requiere relacionar el ser humano no sólo con el tener, sino también con el ser.

    Arturo Ramo García

    B) Aprender a convivir

    Nos enseñaron los filósofos que el hombre es sociable por naturaleza. Pero en el mundo actual, con sus prisas y su exceso de información, no siempre es fácil lograr una vida social aceptable.     Podríamos distinguir cuatro formas de relacionarnos con los demás:

     A) La coexistencia es vivir al lado de otros sin relaciones personales. Es estar solo en medio de una multitud de gente, con los que no se establece ninguna comunicación.

     B) El individualismo o la tendencia a separarse de los demás. Quizás por experiencias negativas en sus relaciones sociales, el hombre se mete en "sus cosas" y se fabrica su propio mundo en una campana de cristal. Ordinariamente le falta información de lo que pasa a su alrededor y no se beneficia de los estímulos de los demás.

    C) El conflicto con los demás, cuando las distintas formas de pensar de los otros no se asimilan y son motivo de separación, lucha y conflicto.

     D) La convivencia o vivir con armonía con los otros se da cuando se tiene vida en común y se comparten experiencias, vivencia y sentimientos. El hombre trata de convivir en la familia, en el trabajo, con los amigos, con los vecinos, etc. Para mejorar la convivencia es aconsejable desarrollar las actitudes de comprensión (ponernos en el lugar del otro), aceptación (acogerlos como son, con sus virtudes y defectos) y tolerancia (aceptando que los otros tengan planteamientos diferentes a los nuestros, es decir, aceptar a la persona aunque no se compartan sus ideas).

     Mantener la convivencia siempre supone esfuerzo y siempre podemos aprender a mejorarla. Decía el filósofo Natorp que "el hombre sólo se hace hombre mediante la comunidad humana".

     La sociabilidad forma parte de la educación de los chicos. Además de satisfacer la necesidad de comunicación, los niños abiertos tienen una serie de ventajas en los estudios:

      * Cuando se trabaja en equipo se aprende más porque se participa de las respuestas y razonamientos de los otros. "El hombre no llega nunca a la verdadera cultura personal sin haber cooperado a la cultura de los demás; el hombre culto tiene siempre algo de formador". (Willmann).

     * Se mejora la motivación ya que no se estudia por la presión de los profesores o los padres, sino porque es una actividad normal del grupo de amigos.

     * En los debates o discusiones con los compañeros, se aprende a fundamentar mejor los propios razonamientos y a ser más objetivo en los juicios.

     El aprender a convivir es una tarea diaria y contribuye en el perfeccionamiento de la vida humana.

     Arturo Ramo García

    C) Respetar a los hijos

    Esperamos que nuestros hijos nos traten con el respeto debido y que sepan respetar a los demás. Pero ¿respetamos nosotros a nuestros hijos en la misma medida?

    "Los niños pequeños tienen sentimientos pequeños" "Los jóvenes de pocos años tienen pocos sentimientos".

    Evidentemente, sorprende leer estas dos premisas. Es muy probable que al leerlas pudiera pensarse que un servidor no sabe lo que dice. Pero en cambio no es demasiado extraño que actuemos como si fuera cierto que a menor edad correspondieran menos sentimientos y menos dignidad. Y si no, preguntémonos por qué en ocasiones la manera de tratar a nuestro hijo no se corresponde con el respeto que debemos a cualquier persona adulta.

    Aunque son pequeños y de corta edad, se sienten despreciados cuando les hablamos con altivez, humillados cuando les avergonzamos (a veces en público), y atropellados cuando les damos órdenes incomprensibles a sus ojos. Actuar así es la mejor manera de empezar a levantar barreras que dificultarán nuestro entendimiento con ellos. En cambio, si les tratamos con el mismo respeto que a cualquier persona, les ayudamos a sentirse tan importantes como los adultos, dignos de la misma consideración y favorecemos una comunicación fluida entre nosotros y ellos. Respetar es tratar a alguien con la debida consideración.

    El respeto que les tenemos a los hijos se manifiesta en la calidad del trato que les otorgamos y en la atención que ponemos en tratar de no invadir sin permiso sus espacios de autonomía. No es lo mismo, por ejemplo:

    Supongo que esta mañana no has podido dejar ordenado tu cuarto. Me gustaría que lo hicieras ahora.

    ¡Eres un cochino, siempre lo dejas todo de cualquier manera! Haz el favor de ordenar tu cuarto.

    Las ventajas educativas de tratar a los hijos con el debido respeto son decisivas. Si nuestra relación con ellos no se basa en la consideración, se vuelve imposible llevar a cabo una acción educativa eficaz y la convivencia, a medida que se van haciendo mayores, resultará dificultosa.

    Dos grandes razones justifican la necesidad de otorgar a los hijos un trato basado en el respeto:

    Los niños tienen sentimientos igual o más intensos que nosotros. A menudo nos olvidamos de ello y pensamos que no tener ni el poder ni la madurez de la edad adulta es sinónimo de no acusar lo que pasa alrededor de uno.

    Cuando a Pablo, en plena fiesta de cumpleaños de un amigo, su madre empezó a limpiarle los pantalones sacudiéndole con fuerza e increpándole furiosa: "¡Qué cochino eres! !Mira como te has puesto! ¡Siempre has de ser el más desastrado!" le estaba poniendo en evidencia delante de todos y los sentimientos de Pablo fueron de vergüenza y de odio hacia su madre.

    - Cuando reciben un trato considerado, reaccionan con actitudes de colaboración. Pronunciar una frase amable para pedirles alguna cosa en vez de una orden autoritaria y cargada de reproches genera en ellos sentimientos de agradecimiento que les animan a identificarse y colaborar con la persona que no manda, sino que pide, recuerda, sugiere. No es magia: al igual que los adultos, los niños responden según los estímulos que reciben, se adaptan al trato recibido.

    - Cuando reciben un trato desconsiderado o irrespetuoso, acaban por asumir conductas irrespetuosas, negativas e incluso agresivas. Al sentirse maltratado, el niño no puede por menos que sentir aversión hacia aquellos que le tratan mal, que no tienen en cuenta su dignidad. Y con esos sentimientos como cojín de su voluntad, es difícil que tenga ganas de seguir las indicaciones que ha recibido. Al contrario, es probable que por despecho, tenga ganas de desobedecer.

    Imaginemos por un momento que en una reunión de amigos, nuestra pareja se mancha la camisa y, en voz alta y con tono de reproche le decimos: "Eres un auténtico desastre, siempre haces igual, mira como te has puesto, da vergüenza ir contigo a cualquier sitio..." Una situación similar sería tan inaudita que el simple hecho de imaginarla nos resulta cuando menos gracioso.

    En cambio, si la escena se plantea entre padres e hijo, adquiere normalidad, pierde dramatismo. Incluso veríamos con relativa normalidad el pensar en un castigo si el hijo contestara una impertinencia.

    Parémonos a pensar: ¿por qué nos parece normal destinarle un trato a nuestro hijo que de ninguna manera destinaríamos a nuestra pareja? ¿No podemos deducir que realmente nos olvidamos de pensar que tiene sentimientos y reacciones que dependen en gran medida de nuestra actitud con él?

    Los niños aprenden a relacionarse y a comportarse por imitación y por contagio. Cuando son pequeños aprenden a hablar en el idioma que hablan los padres y, sólo mediante enseñanzas sistemáticas insistentes, consiguen aprender otros idiomas. Aprenden imitando las palabras que oyen. Pero al aprender a hablar no sólo adquieren esta habilidad, sino que adquieren con las palabras unos contenidos, unas actitudes, unas maneras de comunicarse.

    Tan importante como las habilidades que adquieren son las ideas, actitudes y sentimientos que les han rodeado y que también aprenderán por imitación y por contagio. Pensemos por un momento en lo que aprenderá un niño cuando reciba de sus padres un trato más delicado, respetuoso y considerado, cuando haya podido imitar a sus padres en su consideración, delicadeza y respeto, y cuando, las palabras que haya escuchado desde pequeño expresen ideas valiosas y sentimientos positivos... Por el contrario, ¿qué forma de relacionarse y que valores tendrá un niño cuyos padres crearon en su casa un ambiente de falta de respeto, de autoritarismo, de desconsideración...

    Es posible que, después de lo antes expuesto, quede en mis palabras un eco que no se corresponde con mi intención ni con la realidad de las cosas. Las palabras, con frecuencia son equívocas y nos inducen a errores. Me gustaría puntualizar que cuando hablo de respeto, consideración y delicadeza, no quiero decir no-intervención, no quiero decir que no haya que contrariar a los hijos, no quiero decir que debamos dejarnos avasallar por sus exigencias. Sólo quiero dejar claro que amonestar, orientar, informar o exigir no es lo mismo que insultar, avasallar, maltratar o avergonzar.

    -¿Araña?- pregunta un transeúnte a una señora que acariciaba dulcemente a su gato sentada en un banco del parque. -No, es un gato- respondió ella con cara de sorpresa.

    Ciertamente las palabras engañan, pero son también una preciosa herramienta para transmitirles a nuestros hijos sentimientos de aceptación y de respeto.

    José María Lahoz García Pedagogo (Orientador escolar y profesional), Profesor de Educación Primaria y de Psicología y Pedagogía en Secundaria Con la autorización de: www.solohijos.com

     D) Prevención de conflictos en la ESO

    Como en cualquier ámbito de la vida, lo más razonable parece ser lo de llegar a acuerdos, entre los implicados, para poniéndose en lugar del otro, acercar posturas. Es posible, que lo de ponerse en lugar del otro, sea bastante difícil, pero vale la pena hacer el esfuerzo.

    Cualquier padre o madre, de un adolescente difícil, sabe lo recalcitrante, que a veces, es el trato con su propio hijo, mucho más sospechan ellos, debe ser tratar con 30 adolescentes, por hora, mínimo de 150 alumnos diferentes por semana. Así las cosas, aunque la tendencia natural de los padres, de puertas para fuera, sea minimizar las fechorías de su hijo, sobreprotegiéndoles, y exculpándoles cuando son llamados al instituto, por algún profesor, luego, cuando llegan a casa, saben que el profesor del instituto, ni la tiene tomada con su hijo, ni ha exagerado los hechos, y por lo general, suelen amonestar, a su manera, a su hijo, aunque también saben, que la situación volverá a repetirse, si no se hacen cambios significativos en la relación.

    Por otra parte, son muchos los profesores, que saben que un alumno desmotivado, casi apático, suele ser complicado el trato con él, pues parece que todo le diera igual, pasan de todo. Saben que la desmotivación surge, entre otras cosas, ante los reiterados fracasos, en los intentos por conseguir un logro. Así, si un alumno, no domina la resta, difícilmente podremos esperar buenos resultados si lo examinamos de divisiones, pues para hacer bien éstas, es necesario que sepa bien restar.

    De ahí, que no consideren acertado exponerlo a repetidos exámenes de división, sin antes tener bien dominados los automatismos de la resta. Es por ello, por lo que entienden acertado, darle a cada alumno, el menú que pueda digerir, para no exponerlos a platos indigestos, que le provoquen un rechazo no sólo a ese plato, sino a toda la comida, lo que provocaría problemas mayores, anorexia, trastornos de conducta, que en el ámbito del instituto, se manifestaría en problemas de comportamiento, indisciplina, que no son sino intentos de llamar la atención y protestar, porque no le están dando un plato, que él pueda digerir.

    La mayoría de los alumnos, etiquetados de “difíciles”, los que llenan las listas de expulsados, en los institutos, que ponen en jaque, no solo a sus numerosos profesores y equipos directivos, sino alguno de sus compañeros, al dificultarles su derecho a aprender en un clima seguro, responderían positivamente si se negociase con ellos, al entrar en el instituto y durante su estancia en el mismo, un menú adaptado a sus intereses, necesidades, y expectativas.

    Esta afirmación no es gratuita, y convendría incluso a los más escépticos, seguir leyendo, aunque solo sea por las ventajas de librarse del incordio de evitarse las trastadas que realizan: rotura de inmobiliario, otros destrozos menores sin cuantificar, además de su nefasta influencia en pasillos, recreos, y espacios comunes, mediante gritos, insultos, incitación a las peleas, broncas, consumo de sustancias, vaciar las papeleras... y demás actos vandálicos que en mayor o menor medida, se suceden diariamente en muchos institutos, y que recordemos no se sucedían con tanta frecuencia y virulencia, en los antiguos colegios, donde solían estar en el pasado, ni en los actuales, en zonas rurales, como ya ha quedado dicho.

    Pero sobre todo, conviene destacar que el sufrimiento que generan estas interacciones con alumnos conflictivos, la frustración, dolor innecesario, desánimo, desaliento, que provocan en muchos profesores, y alumnos podrían evitarse.

    También los “boicoteos”, que se dan en muchas clases, donde los más perjudicados, además de los alumnos que desean estudiar, son los otros alumnos, la mayoría silenciosa, que ante semejantes líderes negativos, se ven indefensos y son arrastrados hacia actitudes y comportamientos, nada educativos.

    Por todas las anteriores causas expuestas, conviene comprender que toda la comunidad educativa se beneficiaría de establecer formas sutiles, de mejorar la convivencia en los Ies, y que entendiendo la comunidad educativa, como un sistema amplio donde se dan muchas interacciones, e influencias mutuas, lo que se entiende como visión sistémica, nos llevaría a la conclusión, que si actuamos sobre unos determinados grupos de alumnos, esto va a tener consecuencias, que pueden ser positivas, siempre que tengamos una perspectiva global de la situación, y tengamos en cuenta a la totalidad de los mismos.

    A continuación os ofrecemos un pequeño esbozo, que cada centro podrá mejorar, ampliar, corregir, adecuar, de establecer formas más sutiles de organización de alumnos, en la eso, con el objeto de propiciar una mejor convivencia en los centros, disminuir significativamente los problemas de disciplina de los mismos, y consecuentemente, evitar sufrimiento innecesario.

    A quienes piensen que sus institutos funcionan perfectamente, no necesitan seguir leyendo. Esto puede ser de interés, para aquellos institutos, que acogen a alumnos, con grandes carencias, no sólo académicas, sino educativas, por déficit varios. También puede ser útil, a bastantes padres, que no acaban de entender, porqué su hijo está en la calle, en horas lectivas, o porqué no dan una solución a su hijo, que no sea la típica expulsión, o porqué a su hijo, en clase, algunos compañeros, no le dejan avanzar a su ritmo, y dificultan e impiden que pueda recibir clases con normalidad.

    Las tres clasificaciones que hacemos, no son cerradas, ni rígidas. Esto significa, que los alumnos, pueden cambiar de grupo, libremente, al término del año académico. Para quienes piensan, que establecemos una clasificación, en base al origen familiar, les hacemos notar, que si bien, el influjo de la familia es importante, la elección le corresponde a cada alumno, con el conocimiento de los padres. Y ojala todos los alumnos, fueran del primer grupo, y la escuela hubiera compensado las carencias y lagunas culturales, que presentan los grupos de riesgo, que normalmente pertenecen a familias de menor poder adquisitivo.

    Para quienes están convencidos, que los alumnos, son muy jóvenes para elegir, no habría inconveniente, en demorar la elección, un año, cuando el alumno, sepa lo que se cuece en los institutos, y haya hecho 1º de eso, tal y como ahora se hace. Quién debe elegir es el alumno. Los padres, pueden ayudar, aconsejar, sugerir, proponer, negociar..., pero la última palabra, la tiene el alumno. A él, le corresponde, implicarse, responsabilizarse, rectificar, aprender de los errores..., es su decisión, porque es su futuro lo que está en juego.

    De todas formas, ha de quedar claro que no hay ningún intento selectivo, sino adaptativo, ya que es preferible tener a un alumno en el instituto formándose, que tenerlo fuera, desmotivado, absentista, expulsado, es decir, excluido.

    Cuando los alumnos llegan a los institutos, a sus doce años, ya pueden observarse tres tipos, diferentes de alumnos. El primer grupo, lo formarían los que quieren estudiar. Tienen claro, que aprenderán lo máximo, si les dejan, para sacar el título, porque desean seguir estudiando en el futuro, ya sea bachillerato o formación profesional.

    Suelen ser, los que se interesan por lo que se da, participan, atienden a las explicaciones, llevando las diversas asignaturas al día, estudian en casa, y aprueban los exámenes. No suelen crear problemas ni en clase, ni en los espacios comunes. Es el mismo tipo de alumno, que antes accedía a los institutos, que procedente de un entorno familiar, que valora el estudio, como medio para promocionarse, o camino hacia su objetivo, según el nivel familiar, refuerza, apoya y estimula a su hijo, siendo muy receptivo a las indicaciones, que se le hacen desde el instituto.

    A estos alumnos, habría que seguir cuidando, para que sobre todo, se respete su derecho a seguir avanzando a su ritmo, sin verse ralentizados, enlentecidos, boicoteados, por otros alumnos que tienen mucho menor nivel cognitivo y diferentes intereses, a los que por supuesto, ni culpabilizamos, ni criminalizamos, ni etiquetamos, como peores, simplemente diferentes.

    Para este primer grupo, me parece bien, que tengan tantas asignaturas como especialistas, como si quieren darles clase los catedráticos, muy probablemente las sabrán aprovechar, y se sembrarán excelentes semillas, que después, toda la sociedad, se beneficiará del fruto.

    El segundo grupo, suele estar formado, por los alumnos, que lo único que desean es sacar el título de graduado. No van a estudiar, sino lo justo, casi nunca en casa. Tienen escasas expectativas de seguir estudiando en el futuro, aunque no lo descartan del todo, preferentemente formación profesional de grado medio, que tenga que ver más con actividades prácticas. En este momento, la mitad de estos alumnos, tras los sucesivos suspensos, se van desmotivando, y no llegan a obtener el título de graduado. Creemos, que para este tipo de alumnos, al que desde un punto de vista socio-educativo, es mejor a la larga, tenerlos dentro de los institutos, aprendiendo cuestiones básicas, útiles, significativas, para que las puedan aplicar en su vida, que tenerlos fuera, absentistas, no implicados, desmotivados...

    Pensamos que habría que adaptar el currículo actual de la eso, y esto lo pueden hacer, los distintos departamentos en el *ETCP, con el objeto de implicar más a estos alumnos, en su propio proceso de aprendizaje. Se ampliarían los horarios de las instrumentales lengua y matemáticas, a un mínimo de 5 horas por semana, buscando más los aspectos prácticos de ambas materias, huyendo de los enfoques teórico-academicistas.

    En lenguaje, por ejemplo, un importante objetivo a perseguir sería que el alumno se aficionase por la lectura, y pudiese disfrutar de la misma, con lo que mejoraría, no solo su vocabulario, sino su comprensión verbal, y expresión escrita.

    La idea sería darle a los alumnos, la posibilidad de leer libremente según sus aficiones, y después de hacer un resumen, pudieran hacer un comentario de lo leído, si se considera de interés para el grupo.    El profesor puede sugerir lecturas, que sabe han resultado de interés para una gran mayoría de alumnos; lo que no se debería de hacer, con este tipo de alumnos, es obligar a leer a todos el mismo libro, ya sea “el Quijote”, o poemas de “Rosalía de Castro”, para evitar que acaben aborreciendo la lectura.    Incluso da mejores resultados, que lean prensa deportiva, o del corazón, que l menos engancha más, con los inconvenientes que tiene, y que pueden abrir un debate, sobre determinados tipos de valores, que la sociedad actual alienta, que para algunos pueda ser un motivo para la reflexión y quizá para el cambio...

    Poco a poco, iríamos orientando hacia unas lecturas de más calidad. La función docente, sería mediar, sugerir, no dogmatizar. Permitirles expresarse, escuchar opiniones, hacer preguntas, que invitasen a la reflexión...

    Posibilitar que la clase vibre, esté viva, porque los temas que se tocan, de los que se leen, investigan, comentan, responden a los intereses de los alumnos, sería una buena forma de dar lengua.

    Cuando nos entreguen sus comentarios de texto, o resúmenes, de lo que han leído, será una excelente oportunidad, para hacer las indicaciones ortográficas, morfológicas, semánticas, que estimemos adecuadas, sin excedernos en tecnicismos. Es posible, que así mantengamos despierta la motivación y el gusto por leer y aprender. Naturalmente, lo ideal son clases reducidas, de 15 alumnos, para obtener un mejor feed-back.

    *ETCP: Equipo técnico de coordinación Pedagógica, formado por los jefes de departamento de cada instituto.

    Al comentar la otra gran instrumental, habría que ir a unas matemáticas prácticas, de uso cotidiano y útiles para la vida. Se huirían de aspectos teórico-abstractos, y nos centraríamos en lo básico, más significativo y que pudiera suscitar el interés del alumno, no su rechazo, como desgraciadamente ocurre, con tanta frecuencia.

    Algunas consideraciones, a raíz del informe “pisa”, sería un buen punto de partida, para construir desde abajo, no pretendiendo sobrecargar aceleradamente de contenidos diversos, sino sentando unas buenas bases, para afianzar los contenidos esenciales, que puedan aplicarse posteriormente.

    El ingles, se centraría más en el carácter utilitario del mismo, desde su aparición en los ordenadores, hasta traducción de temas musicales, películas subtituladas, de interés para los alumnos, expresiones sencillas de saludo, cortesía.., siendo voluntario para aquellos alumnos, que deseen reforzar más su conocimiento del español, o tener un refuerzo en matemáticas primarias.

    No tiene mucho sentido obligar a un alumno, con grandes lagunas en el conocimiento de una lengua, complicarse en el conocimiento de otra, salvo que se mostrase interesado en la misma.    El francés ni tocarlo. Que tenga una cultura científica-tecnológica básica, huyendo de aspectos teóricos en cuanto a enunciado de teoremas, y otras profundidades, para adentrarse en lo que de interesante tienen estas materias para los alumnos.

    Igual en Sociales, partir del conocimiento social de la realidad actual, más significativa para el alumno, para adentrarse en el pasado, y entender los porqué, el de dónde venimos, hacia dónde vamos. Dichos acontecimientos, nos van a permitir situarlos, con lo que podremos incidir en algunos aspectos geográficos pertinentes.

    La educación física, tan importante para la salud al permitir una buena condición física, ha de huir de planteamientos teóricos, rigideces y exigencias que provoquen rechazo. El gusto por moverse, disfrutar con el ejercicio, incluso el placer que acompaña a la ducha después de sudar, ha de propiciarse con múltiples actividades, desde juegos y deportes hasta danzas y excursiones. Nos parece que esta materia tiene un potencial enorme de posibilidades educativas, incluso se podría ampliar horario, para descargar adrenalina. Habría que olvidarse de los exámenes escritos.

    Igual que el dibujo o la música, como expresión artística de uno mismo, donde además de desarrollar habilidades, nos sensibilizan y emocionan, acercándonos a las mejores cualidades del ser humano. Este espíritu es el que ha de acompañar, el acercamiento del alumno a estas 3 importantísimas materias, a las que repito, se les podría ampliar el horario, según disponibilidades, entre otras muchas razones, por su carácter reparador, TERAPEÚTICO.

    Que el alumno, amplíe su cultura musical, con los clásicos, me parece muy interesante, pero más que esto, es que disfrute la música, se emocione, se sienta a gusto, tras una audición.

    Para poder hacer realidad esto, sería aconsejable que los profesores se implicasen más. Para implicarse, es necesario conocer bien. Uno ama lo que conoce, y cuánto más tiempo se esté con un grupo, más se va a conocer a ese grupo, de ahí, que aunque es importante conocer la materia que vamos a dar, dado que para este tipo de alumnos, hemos de huir de profundizaciones en aspectos cognitivos, se hace necesario, priorizar más, en la medida que podamos, la importancia de la relación con los alumnos, que el conocimiento de la materia que impartamos, de ahí, que sugiramos que el número de profesores de estos grupos de alumnos, no excediese de 4 en primer ciclo de eso, y 5 en el segundo ciclo, intentando que haya continuidad, no sólo de los tutores, sino del resto de equipo educativo.

    La sugerencia, se fundamenta en el hecho de que la mayoría de los profesores, o estudiamos el bachillerato de ciencias, o de letras. Esto no dio, suficiente nivel cognitivo, como para abordar determinadas materias, que aunque no sean de nuestra especialidad, sí han podido ser de nuestro interés, y para el nivel de secundaria obligatoria, estamos más que capacitados. Es evidente, que alguien que no sepa inglés, no va a ofrecerse para enseñarlo.

    Es muy probable, que además de mejorar la calidad de la relación con nuestros alumnos, éstos no sólo mejoren su comportamiento, sino hasta su motivación por aprender, y quién sabe, si mejorarían los resultados del informe “pisa”.

    El 3º grupo de alumnos, es el que a mí, más me interesa, pues es al que ya en el primer trimestre, si es que llegan, empiezan a acumular partes de incidencia, faltas injustificadas, de puntualidad, asistencia a clase, y comienzan su particular aventura que los lleva a la exclusión, léase expulsiones varias , absentismo...

    A este tipo de alumnos, no se les está dando una respuesta educativa adecuada a su realidad. No quiero que nadie, pueda suponer, que los considero los más víctimas del sistema educativo, cuando se sabe que a su vez, algunos de ellos victimizan a alguno de sus compañeros, profesores..., con sus comportamientos agresivos, insultantes e irrespetuosos.

    Tampoco estoy satanizando el hecho de que se les expulse. Pienso que el castigo, la sanción, es adecuada y educativa, en la medida que disuade al infractor, a no cometer los actos socialmente inaceptables, y como tal, ha de seguir aplicándose para que el alumno aprenda, que no se va a ser permisivo, con determinadas faltas de respeto, y que determinadas conductas tienen consecuencias.

    Lo mismo, que en la sociedad, se sancionan determinadas conductas, el instituto, también educa para la vida, sancionando cuando lo entiende pertinente. En la realidad social, a veces, se tiene la sensación, de que se defienden más los derechos de los delincuentes, que los de las víctimas. Para no caer en este error, muchos institutos, en su afán de defender el derecho de los alumnos, que quieren estudiar, e impedir que otros dificulten o entorpezcan, el citado derecho, eligen expulsar a cuántos atentan contra el citado derecho de los demás, y encima incumplen, su principal deber, que es estudiar.

    Naturalmente no estoy insinuando que se expulse a los alumnos por no estudiar. Simplemente estoy recordando, que el estudio y aprendizaje, es el principal deber de todos los que están matriculados en los institutos. El problema, es que uno no elige, si desea o no, matricularse. Ha de matricularse obligatoriamente, hasta los 16 años. Es decir, debe educarse a la fuerza. Esto que es una paradoja, genera demasiado sufrimiento y frustración, consume demasiada energía, que podría encauzarse hacia menesteres más productivos.

    Analicemos los hechos. Lo cierto, es que dependiendo de la zona, donde esté ubicado el instituto, tendrá más o menos, alumnos de los problemáticos, conflictivos, caracteríales, difíciles, antiescuela,..., o como quiera adjetivarse a los alumnos que vienen a los institutos a la fuerza, y que no tardan en ser excluidos, expulsados, porque hasta la fecha, no se han empleado las redes que los enganchen.

    Estos alumnos de 12 y 13 años, ya desde la educación infantil, dieron problemas de adaptación, pues se resistían a aceptar las normas, sin embargo, no les quedaba más remedio, gracias a la tenacidad y perseverancia de las profesoras de infantil, fueron poco a poco integrándose.

    En primaria, han ido flojeando, y quedándose atrás, en algunas importantes materias instrumentales, lo que les ha hecho, llamar la atención por otras vías menos adecuadas, mostrando un comportamiento, que ha sido objeto, de frecuentes llamadas de atención a los padres, por parte de sus maestros. El alumno por su parte, ha ido evitando las actividades académicas, por varias razones, la dificultad que le suponía, temor a fracasar, esfuerzo que exigían..., con lo que las distancias cognitivas han ido aumentando, respecto a sus compañeros de clase.

    Estas llamadas de atención, no son nuevas para los padres, ya que hasta los propios familiares, les han dado un toque o varios, haciéndole ver a éstos, que el niño muestra un comportamiento provocador, busca follones, poco respetuoso en general, cosa que los padres, no ignoran.

    Sin embargo, y salvo ligero absentismo, de los últimos cursos de primaria, han estado bien controlados en los colegios. El absentismo justificado, que traen algunos, se debe a causas psicosomáticas, al alumno no le gusta la escuela, porque le exigen que siga unas normas, estudie..., esto le produce dolores de cabeza, mareos, sensaciones de malestar...; se sabe que la familia cede a su chantaje, y le sigue el juego, cuando inventa excusas, o exterioza algún síntoma, si tiene algún examen en el que sabe va a salir mal parado, con tal de evitar el colegio. Otro absentismo injustificado, , se da en familias desestructuradas, que no siguen de cerca a sus hijos, así, algunas veces, éstos no van a clase, y se quedan en los alrededores del colegio, con algunos amiguetes, o conocidos mayores...

    Con la adolescencia, los problemas van en aumento. Cuando estos alumnos llegan a los institutos, y se encuentran propuestos para una expulsión, antes del primer trimestre, debido a que han acumulado, gran cantidad de partes, con faltas graves, los padres, que ya han sido citados en varias ocasiones, piden al centro, que les den una solución, que no sea la expulsión, porque saben que a sus hijos, que no les gustaban las escuelas, les gustan menos todavía los institutos, donde hay tantos profesores, como materias, con lo que si en primaria estaban medio controlados, aquí en los institutos, se descontrolan por completo, ya que tienen 10 o más profesores diferentes, que les piden cosas, que ellos ni entienden, ni tienen ganas de entender, y no tardarán en aprender, que cuánto más partes de incidencia tengan, más llamarán la atención y más expulsiones tendrán, con lo que se evitarán el incordio de acudir cada mañana puntual a los institutos.    Irán sí, más tarde, y se quedarán merodeando en los alrededores, porque no les permiten entrar, invitando a alguno de sus amigos a salir, y acompañarlos en sus correrías, para disfrutar el haber sido capaces de liberarse del secuestro institucional.

    Algunos de éstos, saltarán la alambrada, y buscarán la forma de escapar de la “prisión”, que les supone el instituto, para librarse de algunas clases, preferentemente, las dos últimas, que ya se les hacen demasiado insoportables.    Y es que aguantar 6 clases diarias, sentados y quietos, en las que en la mayoría, les hablan de unas cosas, que no les interesan, es poco menos que una tortura, para algunos de estos alumnos, que no dudarán en torear la primera clase, llegando más tarde, y no pasarán hasta la 2ª hora.

    Su hora favorita, suele ser el recreo, donde pueden disfrutar de sus coleguitas, y no hay el agobio de las clases. A estos alumnos, no les gustan, ni las clases de E. Física, como demuestra el hecho, de que hasta en estas clases, son a veces, enviados al aula de incidencia.    Así las cosas, no es extraño, que para algunos profesores, sea extenuante el esfuerzo de contender con tan “aplicados” alumnos, y se les ve sudar, como si hubieran terminado de subir una montaña.

    Otros, quizá más inteligentes, se liberan rápidamente de tan pesada carga, y liberan a los alumnos, al aula de incidencia, con lo que “la cara de circunstancias”, que se le queda, al profesor de guardia, que está en el aula de incidencias, es todo un poema, por lo que la técnica de “balones-fuera”, no parece que contente a todos los docentes, sobre todo a los que piensan, “que cada palo debe aguantar su vela”.

    Suerte, que los abusos de la misma, se van corrigiendo, y los acuerdos, sirven para que se utilice el aula de incidencia, como penúltimo recurso. El último recurso, por más que no se tenga mucho interés, en hacer público, es recordar que siempre hay un cargo directivo de guardia, y que en caso de que la situación del aula fuera insostenible, la autoridad de un cargo directivo, puede hacerse cargo del alumno conflictivo, para tomar las medidas que estime pertinentes.

    Supongamos que el alumno, tenga una crisis de ansiedad, o presa de un ataque de ira, quiera agredir a un profesor, compañero...etc. El directivo en cuestión, podrá avisar al departamento de orientación, que a través del psicólogo, o psicopedagogo, intentarán calmar, aplicando la técnica de relajación, adecuada al caso, o quizá fuera mejor, localizar al tutor, para que éste conociendo historial...

    Pero el tutor, está dando clases, a otro grupo, o está libre en este momento, qué hacer, “menudo papelón”, para el directivo. Por una parte, desde el departamento de orientación, se ha dicho que los asuntos de disciplina, son competencia de jefatura de estudios, por otra parte, los psicólogos, no están en los institutos en calidad de clínicos, es decir, no están facultados para utilizar fármacos, aunque sí medidas “blandas”, además hay que actuar rápidamente, no hay tiempo...

    Para evitarse estos y otros muchos contratiempos, nada mejor que prevenir. Este tipo de alumnos, lo que necesitan es reeducación. Para reeducar a alguien hay que tener en cuenta unos principios básicos, que han de cumplirse. El primero, es que el alumno, quiera hacerlo libremente. El segundo, es que exista una buena relación, de confianza, comprensión, aceptación y respeto, entre el educador y educando. El tercero, y no menos importante, que los anteriores, es que el reeducador, quiera hacerlo, esté convencido de que puede y quiere, ayudar al alumno, partiendo de la realidad de éste.

    Dicho esto, parece que los orientadores de los IES, en su calidad de Psicólogos, o pedagogos, son los más capacitados para abordar esta difícil tarea. De hecho, nos consta que algunos de ellos, no sólo en España, sino en otros países, de nuestro entorno comunitario, que cuentan con la figura del psicopedagógo, desde hace más de 3O años, han realizado y están realizando proyectos de implicación tutorial, con los alumnos de más riesgos, excluidos, expulsados, en los IES.

    Son los orientadores, quienes conscientes de la exclusión a que se ven sometidos, estos alumnos en los IES, realizan proyectos, para dar una salida educativa a los mismos, que les evite, consumos de sustancias tóxicas, prevención de delincuencia..., además del acercamiento terapéutico al currículo.

    Algunos orientadores, tutorizan a estos alumnos, haciendo una adaptación curricular significativa, e implicándose activamente y directamente, con estos alumnos, dándoles un mínimo de 12-18 horas semanales de docencia directa.

    Desgraciadamente, son pocos quienes se dedican a esta tarea, que exige una dedicación casi total, de su tiempo, dado que como se sabe, la acción tutorial, exige también una intervención con las familias, en muchos de estos casos, desestructuradas, además de la dificultad de reconducir, a éstos alumnos problemáticos, que opondrán resistencia, al principio.

    En cualquier caso, y dependiendo de la problemática que cada instituto presente, con este tipo de alumnos, los programas de enriquecimiento instrumental, alfabetización emocional, modificación de conducta, terapia racional emotiva..., son medios al alcance de los psicopedagogos, que suelen conseguir buenos resultados.

    Lo ideal es que a este tipo de alumnos, les den clase 2 profesores. El orientador y un profesor que se implique con ellos, un mínimo de dos o tres años. Tienen que querer. Pienso que como hay pocos orientadores que asuman el riesgo, bien porque priorizan otras tareas, o por otras razones, que no comentaré ahora, los profesores más idóneos, sin excluir a nadie, serían los más jóvenes que creyesen en la idea, porque suelen aportar más entusiasmo, optimismo, energía, o los más expertos en el tramo con esta edad, entiéndase los hoy conocidos como maestros, de los que ya van quedando cada vez menos en los institutos, ya que se van jubilando, y en plazo de diez o doce años, no quedará ninguno, en los IES. Son éstos últimos, quienes están hoy más capacitados, para trabajar con este alumnado, más desmotivado, porque lo conoce, de toda la vida. Esta experiencia, no debía perderse, aunque en algún caso, se haya perdido energía, entusiasmo y quizá convicción.

    Todas las materias de la adaptación curricular, las darían estos dos profesores, a ser posible, uno de idioma, aunque no necesariamente, según disponibilidades, durante los años mínimos, antes apuntados, y con unos grupos que no excedieran en ningún caso de 15 alumnos.    Recuérdese que estos alumnos, suelen tener un desfase académico superior a dos y tres años, que vienen arrastrando desde su infancia, por diversas causas. Si este desfase, no se corrige, cuanto más tiempo va pasando, peor, porque más se amplía el mismo. Esto hace, que el alumno se aburra, moleste, increpe..., en una espiral que va en aumento, de mal a peor, en los sucesivos años en la eso, intentando escapar de la molesta situación que les supone aguantar unas clases, que no les dicen nada.    Además de los aspectos cognitivos que habrán de adaptarse a los ritmos y niveles de aprendizaje de cada alumno, se priorizarán aspectos actitudinales, cuestionándose los valores que los mueven, y sobre todo adaptando el currículo a los intereses, necesidades, expectativas, de los alumnos.

    Cuando nos hayamos ganado su confianza y respeto, podremos ampliar sus intereses, y expectativas. Pensamos que si aceptamos la realidad de cada uno, y la respetamos, comprendemos, estaremos en condiciones de mejorarla, sobre todo priorizando valores: educación para la salud, consumo, medio-ambiental, cambio climático, desigualdades, honestidad, sentido del esfuerzo y del valor por las cosas bien hechas, la tolerancia, que puedan elegir desde el respeto a los demás..., y también, les sugeriremos otras formas de resolver los conflictos, desde la negociación y la búsqueda de acuerdos, o encauzar su impulsividad, agresividad, ...etc. En cualquier caso, buscaremos mejorar su calidad de vida, que no pasa, por consumo de sustancias, expulsiones..., sino por ayudarles a ser mejores personas.

    Es duro y difícil trabajar con este tipo de alumno, porque en muchas ocasiones ponen la paciencia a prueba. Sin embargo, habrá que ser firmes y flexibles al mismo tiempo, para buscar acuerdos por escrito, y mantenerlos con gran perseverancia y tenacidad.

    ¿Porqué alguien querría comprometerse con este trabajo, a veces, tan poco gratificante?    Sin duda, habrá inconvenientes, pero también tiene muchas ventajas. La primera es la continuidad. Vas a poder estar, con unos mismos alumnos, un mínimo de varios años, pudiendo ver el resultado de tu trabajo. Vas a poder disfrutar del factor humano, conocer bien a esas personas, quererlos. Te van a dar mucho más de lo que tú les des, en cuanto a afecto, reconocimiento, sentido a lo que haces profesionalmente, además de la experiencia que te enriquecerá, ya que mejorarás tus habilidades para trabajar en el futuro, con todo tipo de alumnos....

    La deshumanización a que están sometidos los profesores de institutos grandes, al tratar a 30 alumnos por hora, y un mínimo de 150 alumnos cada año, cambiando al siguiente año, no son las mejores condiciones, para facilitar la relación con los mismos, y es que lo importante, es la materia, no la relación.

    En el trabajo con adolescentes de alto riesgo, lo importante es el alumno, y la relación con él, porque si ésta es buena, se habrán puesto las bases, para construir aprendizajes posteriores, ya sean académicos o vitales.

    Con éstos alumnos, ambos han de ir juntos, así lograremos implicarlos.

    Esta apuesta hoy es viable, bien mediante proyectos de compensatoria, en las distintas comunidades, que exigen papeleo previo, pero que si se solicita, y se fundamenta adecuadamente, las posibilidades de que se concedan, además de los recursos humanos necesarios, otros recursos materiales, son muy altas.

    Si no se quiere esperar un año, puede organizarse, efectuados los acuerdos necesarios, si cuenta con dos profesores que quieran y un aula. Uno de los profesores, hará de tutor, y está entre 15 y 21 horas con ellos. El otro, da el resto de las materias y horas, que se distribuyen convenientemente, de tal forma, que este grupo sólo tengan 2 profesores. Si es centro Tic, tanto mejor, así el aula está equipada con 14 o 15 ordenadores. Si no hay medios adicionales, también ha de intentarse.

    Creo que vale la pena, el pequeño esfuerzo de intentarlo, no sólo nos evitaremos mucho papeleo innecesario, mucha energía y expulsiones, sino que estaremos lanzando un reto, el reto de mejorar algo sus vidas, a lo que todos, de alguna u otra manera, intentamos dar respuesta.

    Cualquier profesor puede iniciar esta aventura y atreverse, superando miedos iniciales de no saber qué se va a dar, cómo organizarse, siempre y cuando esté dispuesto a implicarse y confíe en que puede ayudar al grupo. En realidad, un poco de sentido común, sería la mejor medida. Incluso, algún directivo podría implicarse dando ejemplo, sin que se sienta obligado, ni presionado por nada, ni nadie. Que no sea,” pues por lo menos, permitimos que los otros, puedan dar clases normalmente”.

    El currículo va a irse adecuando a la nueva realidad. Se van a priorizar las áreas instrumentales,-lengua y matemáticas-, pero con una metodología, activa, y creativa. Partiendo de un centro de interés, para los implicados, podremos ir poco a poco, paso a paso, rellenando las lagunas, y déficit, que vayamos encontrando, proponiendo metas, y pactos, que ayuden a conseguir unos objetivos mínimos, posibles y deseables, en las diferentes materias, que garanticen una cultura general básica, y sobre todo, el deseo de seguir aprendiendo.

    Estar abierto a la realidad más inmediata, suele ser un buen punto de partida, pero ha de irse ampliando, leyendo periódicos, revistas, que pueden ser deportivos, musicales, sucesos, para ir profundizando poco a poco, a secciones de noticias, de ámbito nacional e internacional...etc., donde los alumnos, podrán ver, que las distintas materias, están en la vida, y van a ayudarle a comprender mejor la realidad, desde estudios de gráficas, hasta porcentajes, en los diferentes ámbitos históricos, geográficos, literarios...

    Si contamos con internet, las posibilidades son inmensas. Si no, hay que ser creativo, y partir de algunas actividades que enganchen, desde el fútbol, hasta talleres, ajedrez, música, educación vial..., buscando el equilibrio entre aspectos cognitivos y actitudinales. Cada una de éstas y otras disciplinas, además de desarrollar habilidades, y determinados procesos cognitivos superiores, tales como la atención, percepción, concentración, pensamiento, lenguaje..., son una buena oportunidad para educar en los valores que tan importantes son: saber escuchar, ponerse en el lugar de otros, resolver las diferencias con el diálogo, comprobar que con el esfuerzo, son posibles los resultados....

    Cada equipo de profesores, según sus aptitudes y los intereses del grupo, hará su propia adaptación curricular, sin agobiarse por los mínimos cognitivos culturales, pero teniéndolos tan presente, como las actitudes, lo que supondrá la realización de controles periódicos, exámenes para evaluar los procesos de aprendizaje, y hará las correcciones oportunas en base a éstos, de tal manera que los alumnos, no tarden en comprender que además de aprender a convivir y formarse como personas, hace falta esforzarse, para mejorar, y superar las lagunas y déficit que cada uno tenga.

    Después de un año, vamos a constatar, que un alumno, que aprende que todo es cuestión de práctica, estará dispuesto a seguir practicando, hasta límites, anteriormente impensables, con lo que es posible, que a la vuelta de dos años, una vez que les hayamos abierto el abanico de otros intereses, puedan ampliar sus expectativas, y alguno pida la integración, al segundo grupo, porque tendrá base, para seguir avanzando, y continuar su formación, al término de la eso.

    En cualquier caso, nuestro objetivo es que desarrollen al máximo de sus posibilidades, el enorme potencial que tienen. La integración en la comunidad educativa, ha de quedar garantizada, puesto que han de seguir participando normalmente en el resto de actividades comunes del instituto.

    No han de parecerse en ningún caso, dichas aulas, a guetos, espacios marginales, sino que han de ofrecerse como una opción más a la entrada en los institutos, para que cada uno, pueda elegir libremente, sin imposiciones de nadie.

    Al término de la eso, los alumnos, que hayan superado unos mínimos comunes básicos, en las diferentes materias, especialmente en las instrumentales, podrán acceder al título de graduado, como el resto de sus compañeros.

    Algunos, pueden decidir estar algún año más, para obtener dicho título, que puede ser un aliciente añadido, para superar un reto, en la actualidad inimaginable.    No obstante, en los primeros cursos de la eso, no debemos agobiar a este tipo de alumnos, priorizando aspectos cognitivos, ya que nuestro objetivo en este periodo, es mejorar la relación, para ir llenando poco a poco, las lagunas y poder obtener el fruto un poco más tarde. No olvidemos, que este tipo de alumnos, no suele llegar a 3º de eso, porque entre absentismos, expulsiones, abandonos, cambios de centros..., la verdad es que se les educa poco actualmente.

    Es posible, que al introducir estos cambios, su permanencia en el instituto aumentara considerablemente, por lo que la influencia de la institución educativa, quizá cale más hondo, y tengamos en un futuro próximo, ciudadanos más formados, respetuosos, responsables, honestos, pacíficos, tolerantes..., capaces de valorar el instituto como un lugar que les ayudó a formarse, y no como un lugar del que contar batallitas, de las fechorías y trastadas juveniles que cada cual hizo..., que desde luego no eran precisamente educativas.

    Es probable, que la mejora que todos tendríamos, si invertimos en educación, nos produzcan beneficios, hoy impensables. Me imagino en pocos años, a estos alumnos, ya adultos, utilizando las papeleras, en las ciudades, campos, playas. El bochornoso espectáculo, que algunos supuestos honrados ciudadanos, realizan hoy a su paso por estos lugares, dejando su particular huella, bolsas de plástico abandonadas, envases de latas, botellas, cartones, colillas, pipas, chicles...etc., da idea del escaso nivel educativo ciudadano, además de la poca pedagogía utilizada por los responsables de las diversas autoridades. Puede que la cultura de la que hoy muchos ciudadanos hacen gala, de “usar y tirar, en cualquier parte, que otros lo recogerán”, tenga los días contados, y haya de ser sustituida por “no tire nada al suelo, utilice las papeleras, si hay, si no, se lleva su basura, y la deposita en el contenedor que estime conveniente”.

    Esta nueva cultura, que ha calado ya en muchas ciudades que se afanan por mantener altos niveles de higiene, limpieza, y pulcritud, supone una diferencia cualitativa, respecto a las típicas imágenes que vemos en otras, donde los paseos públicos, aparecen llenos de todo tipo de basuras, incluidos excrementos de perro..., y es que habrá que hacer cumplir, aquello de “quién contamina paga”.

    Esto viene a cuento de que si somos capaces en los institutos de ayudar a formar para la vida, y priorizamos determinados valores, es posible que se utilicen las papeleras, y nadie tira nada al suelo, que el “botellón”, dejase de ser problema, ni de contaminación ni de ruidos; es posible, que la violencia en los jóvenes se atenuase, al enseñarles a resolver los conflictos y diferencias, de manera pacífica; es posible que nadie, tenga porqué sufrir maltrato, acoso, o niveles de exigencia por encima de sus posibilidades, y no se vea abocado a elegir soluciones dramáticas, definitivas e irreversibles.

    Por éstas y otras muchísimas razones, los institutos han de educar en valores, de respeto, pluralidad, tolerancia, libertad, responsabilidad..., de ahí que tengan que tener cabida en sus horarios y currículos, tanto los aspectos cognitivos que han de adecuarse a los intereses, capacidades, expectativas, niveles de cada uno, como aspectos actitudinales, entiéndanse valores, útiles para el individuo y la sociedad, ya que ambos forman a la persona.    El problema es que hay que oponerse a la inercia de los institutos, que tradicionalmente priorizaban fundamentalmente aspectos cognitivos, ya que los aspectos educativos, eran casi asunto familiar, entre otras muchas cosas, porque al haber una selección, normalmente la educación era aceptable.

    Hoy no hay tal selección, pues se ha generalizado el acceso a los institutos, y además de los retos educativos que plantean los nuevos tiempos, resulta que hay déficit educativos importantes, no sólo en aspectos cognitivos, sino sobre todo en el tema de las actitudes, los valores, que no voy a volver a repetir, pero que sí insistir en la importancia de los mismos, si queremos una sociedad más formada. Y aunque en esta tarea, no tenemos la exclusiva responsabilidad, sí que podemos aportar bastante, sobre todo los profesores que diariamente pulsamos la realidad.

    Las actuaciones de reeducación, que realicemos con este tercer grupo, van a dar buen fruto, de eso no tengo duda.

    Quisiera creer, que a la vuelta de unos años, con las revisiones legales, vayan disminuyendo los grupos de riesgos, en la medida que se actúe preventivamente, sin embargo, soy consciente de que éstos van a seguir existiendo, en base a que las actuaciones político educativas, van por detrás de la aparición de los problemas, por lo que cuando llegan éstas, la nueva realidad, de grupos de desfavorecidos, inmigración descontrolada..., plantea nuevas exigencias, nuevos desafíos y diferentes retos.

    Otros intentarán dar respuestas a éstos. Para entonces, es posible que los avances tecnológicos, siembren de optimismo, las posibilidades de éstos, sin embargo, el factor humano, la relación personal, seguirá siendo determinante, para evitar sufrimiento, dolor, frustración y pesar, en esta etapa que hoy nos parece complicada.

    Para hacer todo esto posible, cuando todos los alumnos vayan a matricularse en 1º de eso, han de rellenar una hoja que adjuntamos, al final, que deberán firmar, teniendo conocimiento de la misma los padres. Caso de no haber conformidad de los mismos, con el hijo, o entre ellos, se les invita a entrevista con el orientador, o responsable de agrupamientos de alumnos, en presencia de su hijo, donde se insistirá en la conveniencia de que sea el alumno, quién decida, posponiéndose excepcionalmente, la decisión al siguiente año, si hubiera absoluta discrepancia, asumiéndose las consecuencias de la misma por la familia, durante este tiempo.

    La principal dificultad estriba en la resistencia, que tienen algunos padres al entender que sus hijos, son demasiado pequeños aún, para elegir, algo tan importante, que le puede condicionar su futuro. Temen que su decisión, esté más influida por la comodidad, que por la responsabilidad. Piensan que les corresponde a ellos, como adultos, elegir por su pequeño, para evitarle males mayores, dado que como ellos, tienen más experiencia, saben mejor que es lo que le conviene más a su hijo.

    Tienen razón los padres al querer elegir ellos por su hijo, dado que nadie en su sano juicio pensaría que un padre, quiere lo peor para su hijo, además es innegable, que su mayor experiencia, que nadie discute, les da más sabiduría.

    Sin embargo, han de poner toda su energía y capacidad, en aconsejar, persuadir, convencer, sugerir, en la dirección que estimen conveniente, que preferentemente será formar parte del primer o segundo grupo, respetando la libertad de su hijo, para que bien informado, elija, la opción que estime adecuada para él, sabiendo que al año siguiente, la puede cambiar, que puede haber vuelta atrás, no a lo largo del curso, por cuestiones organizativas, sí el año siguiente.

    Pensamos que los padres que educan bien a sus hijos, respetan y apoyan, que sus hijos, vayan desarrollando su autonomía, responsabilidad, en la toma de decisiones, que habrán ido haciendo, hasta llegar al instituto. También saben que poco pueden hacer para impedir, los inevitables tropezones y caídas, que la vida tiene reservada a cada uno, y que son fuente de experiencia y aprendizaje.

    En cualquier caso, todos los padres desean tener a sus hijos en los institutos, que no tenerlos expulsados, absentistas, apáticos, o desmotivados, así que es fundamental que elija el alumno, sin esconderse en los padres, “es que ellos quieren “..., no, ¿qué es lo que tú alumno quieres? ¿Qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo?.., recuerdas que firmas una especie de contrato.

    Otra dificultad que suelen plantear estas intervenciones, es la posible presunción de que los alumnos, elijan mayoritariamente, la opción más fácil, la más cómoda para obtener el título, donde menos haya que estudiar. Esto es un riesgo que habrá que asumir, pero a poco que se haya leído, creo haber dejado muy claro, que apunto sobre pruebas comunes de mínimos, al menos en las instrumentales, al término de la eso, para que dicho título garantice unos niveles mínimos.    El riesgo en cualquier caso, no será para los actuales alumnos excluidos, expulsados; para ellos la posibilidad de obtener un título de graduado, supone un aliciente añadido, ya que hoy están bastante lejos de su obtención, dado que la inercia con la que siguen actuando los institutos, y que en cierta medida es la responsable de la “bachillerización de la eso”, con lo que de selectivo, tiene y tuvo este proceso, es una de las varias causas de la citada exclusión.

    No creo que una sociedad de más de un 35% de intitulados en secundaría pueda sentirse satisfecha de sus resultados, sobre todo, cuando es consciente de que en educación nos jugamos nada menos que el futuro. Debía de plantearse el porqué de estos datos, y hacer las correcciones pertinentes, para conseguir el ideal, de educar a la totalidad, donde no hubiera ni excluidos, ni intitulados, sino alumnos implicados en su proceso formativo.

    Otra consideración que deberá ser objeto de reflexión, es que si queremos que la titulación sea un aliciente añadido, habremos de darle valor al título de graduado, como requisito para acceder a determinados puestos cualificados de trabajo, o sacarse permisos de circulación, obligando a la gente a la obtención del mismo, como garantía de un nivel cultural adecuado a una sociedad más cívica y educada.

    En la actualidad, con el debido respeto, no son comportamientos deseables, algunos “vociferios” cara al público, que no dan una imagen de un país con educación. En cambio, el trato con respeto y educación, marca la diferencia de calidad. Insistimos en el tema de valores, en todos los ámbitos de educación. También en los grupos primero y segundo, según las carencias y necesidades de los mismos, aunque sabemos que es difícil ver a un médico, o un profesional mal educado, y que la exquisitez en el trato con personas educadas, es un valor en alza, que empieza a ser apreciado, incluso económicamente.

    Si se ha leído hasta aquí, creo que está bastante claro, que no se tiene la intención de hacer clasificaciones selectivas, que separen a unos alumnos de otros, a la fuerza. Creo que la diversidad y la pluralidad, enriquecen, son un valor. El descontrol, que ha habido en los institutos, que parecían tomados, por los más “gamberros”, en determinados espacios y tiempos, o la imprevisión, que se tiene para no dar respuestas educativas a las diferentes realidades de cada alumno, y especialmente a los grupos de riesgo, más desfavorecidos, excluidos, expulsados, absentistas, esto no son valores, que hayan de perpetuarse.

    Es necesario, establecer formas más flexibles de agrupamiento de alumnos, respetando el principio de libre elección, previa información, que se adecue a las necesidades, intereses, expectativas de los mismos. También, se ha de considerar el hecho de que los alumnos, puedan equivocarse, y decidir cambiar su decisión, ya que ésta no puede ni debe ser irreversible.

    Sería muy conveniente, que hasta tanto no haya un gran pacto por la educación, y se llegue a unos acuerdos mínimos en las distintas etapas de educación obligatoria, los Etcp de los IES, en base a la realidad que tienen, y según legislación vigente, realicen el proyecto curricular, que permita llegar a acuerdos sobre mínimos, adaptándose no sólo y como suele ser costumbre, a los alumnos mejores, sino especialmente al 2º grupo formado por la mayoría silenciosa, y por supuesto sin excluir al 3º grupo de potenciales expulsados y absentistas, los “antiescuela”, que suelen ser los más desfavorecidos socio-culturalmente, para que dejen de explotar su condición de “víctimas”, y superen su situación de marginalidad.

    Si se sigue sin actuar, pues seguirá habiendo caos por doquier, también por los pasillos, en horario lectivo, donde cada vez más alumnos, han descubierto cómo librarse de tal o cual clase, y aprovechan para “escaquearse”, poniendo excusas variadas, dolores de “to”, para ir al servicio o llamar a sus casas que los vengan a recoger, aunque como no hay nadie, me quedo en los pasillos..., visitas a la orientadora, porque tiene un problema, y necesita que le aconsejen, y como la orientadora le ha dicho que en el recreo los alumnos tienen tiempo libre, que no es para hacer visitas, pues ya tienen la excusa perfecta para seguir faltando a clase, éstas además son justificadas...

    Otros seguirán faltando a clase injustificadamente, más en 3º y 4º de eso, donde las ratios reales, se aproximan aquí, a las ideales, dado que aunque haya 3O alumnos matriculados, la asistencia media a lo largo del curso, no supera los 15-20, según clases. No estamos tan mal, pensarán algunos, y hasta es posible que tengan razón. La cuestión es si la situación educativa actual en los Ies, es mejorable.

    Pensamos que lo es, y felicitamos a la administración por la apuesta de futuro que hace al propiciar centros TIC, que sin duda, representan una diferencia significativa, respecto a épocas anteriores, y que bien utilizados pueden ayudar a incentivar, enganchar, motivar, e implicar a todos nuestros alumnos.

    Ojalá que todos los centros puedan ser Tic, en un futuro inmediato, se bajen las ratios, y se intente dar respuesta educativa a todos los alumnos de los IES, por las vías que cada centro, encuentre más pertinentes.

    Por mi parte, os propongo la siguiente página, que podéis adaptar, a vuestra realidad, o como más conveniente creáis, si bien, puede darse el primer año, o el segundo. Ustedes mismos, yo sugiero el primero, para actuar cuanto antes y evitar que el alumno se vicie, manifestando conductas socialmente inaceptables, aunque cada situación, y cada alumno necesitan una respuesta... En cualquier caso no olvidemos que nadie da lo que no tiene...

    S. Sánchez García. http://rutas6.blog.com.es/


   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. Aspectos fundamentales de la educación completa

 2. ¿Cómo lograr una buena convivencia?

 3. ¿Qué hacer para respetar a los chicos?

 4. ¿Cómo prevenir los conflictos en la ESO?

   Bibliografía:

   Dreikurs, R. Cómo lograr la disciplina en el niño y en el adolescente. Editorial Paidós.

   Enlaces de Internet:

Los profesores pueden emplear una fuerza moderada

Lograr una autoridad positiva

Tener conversación

Prevención de problemas en los institutos

El ejercicio de la autoridad

Educar en el deber

El arte de enseñar los límites de los hijos

Violencia familiar y drogas

Respeto y autoridad

Saber escuchar


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