57. Permisivismo


   A) Ejemplo y permisividad

   Hablando de los hijos, hay padres que piensan que el ejemplo lo es todo y ya no hace falta hacer más. Esto es importante pero no lo es todo.

    Recuerdo un chico de unos 12 años que su conducta en el colegio, en el recreo y en los deportes dejaba mucho que desear: era caprichoso, no ayudaba a los compañeros, siempre quería tener la razón en las discusiones y se las arreglaba para hacer siempre lo menos posible.

    Sin embargo, sus padres eran unas personas excelentes: le daban buen ejemplo con su trabajo, apreciaban los buenos sentimientos del chico y le alababan para mejorar su autoestima. Pero hablando con ellos reconocieron algunos hábitos de su hijo:

    - Suspendía casi siempre varias asignaturas, pero la culpa no era del chico sino de los profesores y de la mala suerte en los exámenes.

    - Cuando llegaba a casa solía dejar el abrigo o la chaqueta en cualquier sitio y su madre pacientemente lo colgaba en la percha.

    - Como estaba ocupado viendo la televisión, no podía ayudar a su padre a poner la mesa.

    - Cuando llamaban a la puerta no se levantaba a abrir, sino que su madre lo hacía aunque estuviera planchando o cocinando.

    - La mayoría de las veces comía a su capricho.

    - Los padres cedían a sus intereses con poca resistencia, pensando que no podían forzar al chico, sino que la buena conducta tenía que salir de él mismo.

   El padre argumentaba que tenía mucha experiencia en relaciones humanas y que si el chico hacía las cosas forzado, crecería en un espíritu negativo, resentido y retorcido. Así no se conseguiría nada. Esta filosofía llevada al extremo estaba dando unos resultados desastrosos, porque la excesiva permisividad es un grave error casi tanto como su ingenuidad.

   Es necesario dar buen ejemplo, razonando las cosas y hacer que nazcan en ellos las ideas positivas. Pero esto no equivale a consentirles todo. Tampoco se trata de imponer una disciplina militar en casa, pero no es formativo para el chico que no ayude a los demás, que no haga recados, que tenga siempre la razón y permitirle que haga siempre lo que le dé la gana. Tan equivocado es ser excesivamente intransigentes como totalmente permisivos.

   Arturo Ramo García

    B) Los caprichos de los niños

   Con frecuencia se quejan las madres de que sus hijos no les obedecen y se comportan mal en casa y en el colegio. Se diría que sus hijos están malcriados. ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Las causas pueden ser diversas, pero podemos señalar algunas.

   Una suele ser que durante mucho tiempo los padres han cedido a sus caprichos o antojos, sin causas justificadas.

   En otras ocasiones se le hacen alabanzas por cualquier cosa y el chico se cree y exige ser el centro del interés de todos. Esto puede llegar a ser él mismo el que determine las decisiones familiares. Cuando el chico está rodeado de excesiva atención y de concesiones inoportunas, suele formarse un carácter débil, sin fuerza de voluntad e incapaz de desenvolverse por sí mismo. Con frecuencia estos chicos, cuando están fuera del ámbito familiar suelen tener una timidez desmesurada.

   Pero si el chico caprichoso tiene un temperamento fuerte, suele caer en el egoísmo y tratará por todos los medios de servirse y aprovecharse de los otros para conseguir sus caprichos. Si no lo consigue cogerá un enfado y puede terminar insultando o pegando a quien le contradiga.

   Ante estos hechos, los padres suelen desarrollar un sentimiento de impotencia por su incapacidad de mantener el control. Porque se supone que los padres deben controlar a sus hijos. Si un chico tiene un mal comportamiento se le dice a la madre que no debe dejarse hacer eso y se le considera una madre incompetente. Esta incapacidad puede provocar en la madre un enfado mayor y puede llegar a perder el propio control personal.

   En otras ocasiones es el propio chico el que se porta mal a propósito cuando hay visitas en casa para dejar en mal lugar a sus padres y dar a entender que ya no es un niño.

   ¿Qué hacer ante un niño caprichoso? ¿Cuándo hay que empezar a resolver este problema? En la primera ocasión en que el chico exige un capricho injustificado, correcto es no ceder a su exigencia. Habrá que esperar a que se la pase la pataleta, sin perder los nervios y manteniendo una actitud serena y firme. Más tarde, habrá que hacerle comprender que su antojo no tiene sentido. Los padres han de tener la fortaleza de no ceder a los caprichos y pensar en el bien del chico, que debe ir siempre delante de la propia comodidad paterna. No importa quedar bien o mal ante los demás, pues lo importante es el bien de los hijos y ésta es la clave de la educación.

   Arturo Ramo García

   C) Reprensión razonada

   En muchas ocasiones los chicos se equivocan o hacen cosas inapropiadas. Entonces los padres y profesores se ven en la necesidad de reprender la mala conducta y ayudar al pequeño en su formación personal.

   Pero la tarea de reprender no suele ser fácil. Con frecuencia los padres lo hacen de forma inoportuna y con falta de tacto. Se dejan llevar por el mal genio y reprenden a sus hijos a gritos, imponiéndoles castigos precipitados. Les echan en cara los trapos sucios y la lista de agravios de las conductas negativas pasadas.

   Ante esta situación agobiante, los chicos suelen reaccionar con mecanismos de defensa, tales como la mentira o echando la culpa de los problemas a otras personas o circunstancias. Piensan que los castigos precipitados injusticias de los mayores, que no olvidarán fácilmente.

   La solución a estos problemas es aprender a reprender de forma razonada. Los educadores han de ser personas serenas y con dominio de sí mismas. Al evitar los enfados se ganan una autoridad natural, que resulta atractiva e infunde respeto en los demás.

   A la hora de reprender habría que tener en cuenta algunas cuestiones: en primer lugar, tratar de comprender al chico y escuchar de él las razones o motivos que han originado una conducta irregular. Podemos aplicar aquí el sabio principio jurídico recogido en el Derecho Romano que dice: No se puede juzgar a nadie sin haberle antes escuchado. Después de saber lo que dice el interesado habrá que escuchar a otras personas por aquello de que hay que oír las dos campanas (o más, si es el caso). Al conocer la fiabilidad de cada versión se tendrá un criterio razonado para calibrar la culpabilidad de cada uno.

   Si hay que reprender, se hará en el momento oportuno, quizás no inmediatamente, sino cuando los ánimos estén serenos. Es positivo hablar a solas, convenciendo a las buenas y sin humillar. Se pueden utilizar palabras de afecto, sin ningún rastro de disgusto personal, amenaza o venganza. Después de explicar los motivos de la reprensión, habrá que decirle que se confía en que va a mejorar y sabrá corregir la conducta inapropiada.

   De esta forma el pequeño, en lugar de inventarse mentiras, empezará a decir la verdad y vivir con sinceridad.  

   Arturo Ramo García

    D) Permisivismo y libertad de educación

   Los adolescentes necesitan de la autoridad para su crecimiento en auténtica libertad; es como un pilar fuerte al que agarrarse cuando todo se les tambalea.

   La falta de autoridad en padres y profesores contribuye a acentuar la inseguridad y dificulta la libertad de los adolescentes; y parece evidente que hay crisis de autoridad en muchos padres y en bastantes profesores. Autoridad que por otro lado tampoco está demasiado potenciada por el sistema educativo que nos rige en la actualidad ni por las administraciones educativas.

   Es bien cierto que muchos adolescentes hacen lo que quieren en casa y en el colegio; los padres tienden a responsabilizar a los profesores del fracaso de los hijos y con frecuencia los desautorizan, con lo cual aún les merman más su autoridad. Y los profesores son incapaces de hacer nada ante el permisivismo y la falta de autoridad de los padres. Unos por otros esa falta de autoridad también repercute negativamente en la educación de la libertad y en el ejercicio de la misma.

   Aunque aparentemente la rechacen, los adolescentes necesitan de la autoridad para su crecimiento en auténtica libertad; es como un pilar fuerte al que agarrarse cuado todo se les tambalea. Algo que les da seguridad ante su inseguridad personal. Y si no la encuentran en los mayores la buscarán en el grupo o la pandilla. La coherencia y autoridad moral de los educadores es como la veleta o la referencia que les orienta en el proceloso mar de la adolescencia. Por el contrario, la falta de autoridad en quienes más cerca tienen contribuye a su inseguridad y desorientación, además de suponer una falta de referentes positivos que incide en el relativismo ético y en el indiferentismo, enemigos ambos de la verdadera libertad.

   Por supuesto que no hay que confundir esta autoridad con el autoritarismo, ni con obligar a hacer las cosas porque sí, ni con lo de “la letra con sangre entra”. Ha de ser autoridad moral, basada en el ejemplo y en el prestigio. Autoridad que se tiene pero que se ejerce muy poco. Autoridad que cumple siempre lo que promete, que es justa y coherente, pero que en ocasiones sabe ser “injusta” en cuanto trata de manera desigual a personas desiguales. (¡Cómo cuesta entender esto a los adolescentes!)

    La autoridad de la que hablamos es aquella que no tiene miedo a rectificar y pedir perdón si se ha equivocado. Que puede ser flexible y tolerante en algunas ocasiones, pero raras veces pasar por alto o hacer la vista gorda ante lo que está mal, sobre todo si esa actitud puede interpretarse como indiferencia. Y también es autoridad que se preocupa más de corregir que de castigar, que se ejerce con pocas palabras y con la sonrisa en los labios, y que procura siempre ser dialogante, dando razones aún a riesgo de que no sean entendidas. Y ello sin tirar nunca la toalla.

   Por último, es autoridad que sabe dar libertad de forma progresiva, incluso hasta permitir que se equivoquen sin retraerles nada, pero exigiendo siempre la correspondiente responsabilidad. Es en definitiva la autoridad de un ser libre que valora sobremanera este don que Dios ha concedido al hombre y que por tanto lo quiere no solo para sí, sino para todos.

   Federico Gómez Pardo. Con la autorización de: www.forumlibertas.com


   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Qué enseñar además del ejemplo?

 2. ¿Cómo luchar contra los caprichos?

 3. ¿Cómo reprender a los pequeños?

 4. ¿Por qué los adolescentes necesitan la autoridad?

   Bibliografía:

   José Manuel Mañú Noain. Cómo educar a niños de 6 a 12 años. Editorial Ediciones Internacionales Universitarias.

   Enlaces de Internet:

¿Todos hacen igual? No

El miedo a exigir

El poder y la autoridad

El arte de enseñar los límites de los hijos

Hacia una educación sin castigos

Los castigos y sus consecuencias

Los límites del castigo

Una educación completa

Los hijos de la abundancia


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