55. La disciplina


   A) La disciplina

   Enseñar a un niño a comportarse de una manera aceptable es una parte esencial de su crianza. La disciplina varía con la edad y no hay una única manera de criar a los niños. Los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan seguir algunas reglas.

   Generalmente, los niños quieren complacer a sus padres. Los padres pueden integran este deseo de complacer a las actividades disciplinarias que les propongan a sus hijos.

   Cuando los padres demuestran su alegría y aprobación por algún comportamiento que les gusta, están reforzando el buen comportamiento de su hijo. Cuando los padres demuestran su desaprobación al comportamiento peligroso o desagradable del niño pequeño, tienen mayor posibilidad de éxito cuando el niño sea mayor.

   La forma en que el padre corrige el mal comportamiento del niño o adolescente es muy importante para el hijo. El padre no puede ser tan estricto que el niño o el adolescente no sienta el amor y la buena intención del padre.

   Los niños y adolescentes pueden hacer que sus padres se enfaden. Pero los padres deben tener control sobre sí mismos cuando están enfadados. Aunque un grito de "no" puede atraer la atención de un niño pequeño que está a punto de cruzar la calle, puede conseguir intranquilizar a un bebé que está llorando. Los niños mayores deben saber lo que se espera de ellos. Los padres deben ponerse de acuerdo y deben explicarle claramente las reglas al niño o al adolescente.

   En nuestra sociedad existen muchas culturas y maneras de criar los niños. Cada familia espera un comportamiento diferente de sus hijos.

   A un niño se le puede permitir ir y venir cuando quiera, mientras que a otro se imponen unos horarios fijos para volver a casa cada día. Cuando los padres y los niños no están de acuerdo en estas reglas, deben tener un intercambio de ideas que les permita conocerse mejor. Sin embargo, los padres son los responsables de establecer las reglas y los valores de la familia.

   Es más fácil evitar que un comportamiento indeseable empiece, que ponerle fin luego.

   Es mejor colocar los objetos frágiles o valiosos fuera del alcance de los niños pequeños que castigarlos por romperlos. Los padres deben estimular la curiosidad dirigiéndola hacia actividades tales como hacer rompecabezas, aprender a pintar o leer.

   Cambiar el comportamiento del niño puede ayudarle a obtener un mejor dominio de sí mismo, cosa que necesitará para ser más responsable y considerado con otras personas.

   El dominio de uno mismo o auto-control no tiene lugar de repente. Los niños pequeños necesitan que sus padres les guíen y apoyen para comenzar el proceso de aprender a controlarse. El auto-control acostumbra a comenzar alrededor de los seis años. Cuando los padres guían el proceso, el auto-control aumenta durante los años escolares. Los adolescentes pueden todavía experimentar y rebelarse, pero la mayor parte de ellos pasa por este período y llega a ser un adulto responsable, especialmente si desde temprana edad han experimentado un buen entrenamiento.

   Las familias transmiten sus métodos de disciplina y sus expectativas a los niños de generación en generación.

   Cuando los intentos por disciplinar a un niño no tienen éxito, puede ser beneficioso consultar con alguien externo a la familia para que ofrezca sugerencias sobre la crianza del niño. Los profesionales especializados en el desarrollo y el comportamiento infantil pueden darnos información acerca de la manera de pensar y de desarrollarse el niño. También pueden sugerir métodos para modificar el comportamiento: con la paciencia de los padres y la ayuda de los profesionales cuando sea necesaria, puede mejorarse el camino para que los niños aprendan lo que la sociedad espera de ellos y lo que ellos pueden esperar de sí mismos.

   La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP). Kay Widdwson.  Con la autorización de: www.solohijos.com

    B) Indisciplina: el caos puede ordenarse

   En Chile, aunque parezca insólito, un cuarto de cada hora de clases a alumnos de enseñanza media se pierde imponiendo disciplina. Así lo advirtió, tras un exhaustivo análisis, la comisión Brunner en 1994 y todo hace presumir que la situación se ha agravado desde entonces. En 1996, un profesor de Huechuraba sufrió en tec cerrado producto de una pedrada propinada por uno de sus alumnos y en Lo Galvarino una joven maestra era hostigada cada vez que intentaba pasar lista.

   Si bien estos casos son extremos y, por lo mismo, aislados, ellos se originaron a partir de una situación de caos disciplinario general que afecta a la educación en Chile. No por nada el Colegio de Profesores reconoció que la falta de disciplina compromete la salud de los pedagogos. El 90% del gremio sufre de estrés y la mitad de ese porcentaje está tan neurótico que ya no es capaz de dictar un clase. Docentes entrevistados — que prefirieron ocultar sus nombres para no perjudicar a las instituciones en las que enseñan —sostienen que sus colegas son incapaces de controlar a los muchachos, mientras los papás no encuentran modo de contener la rebelión.

   Y es que el asunto es generalizado. En Sheridan, Wyoming, Estados Unidos, dos jóvenes solían amedrentar a su profesor de español para lograr mejores calificaciones. Cuando el agredido se atrevió a reportar el chantaje, los muchachos se enseñaron con su mascota. Una mañana, la gata apareció decapitada en la terraza del maestro con un mensaje admonitorio: "What happend with your cat, may happen to you, rat!" (¡Lo que pasó con tu gata, puede pasarte a ti, rata!) Hechos de indisciplina, rebeldía y hasta matonaje como el consignado ocurren a diario en Europa y Norteamérica.

   Hablar claro y ser consecuente

   Debido a la importancia que se le ha dado al igualitarismo en todos los ámbitos de la sociedad —desde el político al educacional-, los adultos dudan de su derecho para someter a un niño o adolescente a las consecuencias de su comportamiento. Se tiene miedo a ser autoritario, lo que ha hecho difusa la figura de los padres y los adultos como autoridades dignas de respeto. "Hoy los padres se concentran en ser amigos de sus hijos, lo que sí no es malo, pero tienden a decidir todo según acuerdos y no imponen muchas reglas", comenta una catedrática.

   La psicóloga y profesora universitaria Cecilia Araya explica que las familias pasaron del estilo autoritario-patriarcal -donde el padre decían- a un estilo muy poco claro. "Se adoptó un modelo demasiado permisivo, pero en cualquier parte se necesita alguien que mande. Una familia sana no es democrática, porque, por ejemplo, sería absurdo hacer una votación para determinar si la mentira dicha por un hijo está bien o mal . Cosas fundamentales como éstas simplemente no se discuten, sino que las deciden los padres. Pero hay mucho temor de disentir y poner limites".

   Este "síndrome de la desubicación", como lo llamó un profesor entrevistado, hace que los niños traten a los maestros como un igual, la autoridad, la edad del otro no es valor para muchos jóvenes. Existe una actitud de que "somos todos iguales"," tú sabes más, pero me latea lo que dices"; "tú eres latero aunque seas sabio", hay cosas más choras que el conocimiento, comenta Cecilia Araya.

   La psicóloga explica que existen elementos de comunicación que se pueden manejar para hacerse respetar como autoridad e imponer disciplina:

   1.-Hablar clara y precisamente respecto a lo que se espera del otro y asegurarse de que el otro entendió lo dicho.

   2.-Acompañar lo dicho con una gestualidad coherente. Por ejemplo, no reírse de algo que se dijo estaba mal ni actuar según el estado de ánimo. (Y cumplir siempre con lo expuesto en 1).

   3.-Oír a los alumnos. Al final del año consultar qué se puede hacer para mejorar la clase. Siempre se sacan buenas ideas porque los chiquillos son muy creativos.

   Por último, todos coinciden en que nunca se debe amenazar con llamar al inspector o a otra autoridad para que ponga orden, porque es como reconocer la incapacidad de imponer disciplina y se hipoteca automáticamente la autoridad del profesor frente a la clase.

   Escasa motivación

   Todos los profesores entrevistados coinciden en que el desinterés por aprender y la falta de motivación hacia el estudio son dos problemas bastantes generalizados en todos los cursos. "El colegio mantiene sus exigencias, pero lo que eran exigencias normales hace 40 años se han vuelto desmesuradas por la ignorancia y desinterés con que enfrentan los muchachos cualquier materia. Hoy nadie lee, entonces el tránsito desde la televisión a "El Quijote", es mucho más brusco que lo que era pasar de "Simbad, el marino" a "El Quijote", comento un profesor de cuarto medio de un colegio santiaguino.

   Lo mismo sucede en el primer año de la universidad. Una catedrática de un establecimiento privado comenta que muchos jóvenes entran muy desmotivados porque no fueron admitidos en las universidades tradicionales. Esto conlleva un grave problema de autoestima que los conduce hacia la desmotivación: "Como están bajo el estrato de los 700 puntos en la PAA, se sienten mediocres y hacen todo con desgano y lata. Así, caen en el facilismo, la flojera, la apatía y la displicencia". Al respecto, los docentes consideran que existen dos manera de motivar a los jóvenes:

   1.-conversando con ellos y explicándoles la importancia de la educación como modo de convertirse en seres humanos más íntegros y como herramienta para comprender el mundo.

   2.-Hacerles ver el privilegio que significa acceder a la educación, y con más razón si ésta es universitaria. Sensibilizarlos con respecto a la oportunidad maravillosa de estudiar una carrera y ser profesionales, lo que a veces se olvida por la vasta oferta de universidades.

   3.-Muchos alumnos sólo se interesan por aquellas materias o lecturas que tienen una utilidad especifica, como sacarse una buena nota. Este pragmatismo que busca siempre el "para que", y no el "por que", puede combatirse estimulando la curiosidad, la inquietud intelectual, el valor de las cosas que no se transan en el mercado ni sirven para comprar nada.

   Mostrarse estricto o abrirse al diálogo

   "Mi primera clase fue traumática. La mitad del curso escuchaba lo que yo decía. La otra mitad, replegada al final de la clase, cuchicheaba, se reía, dos o tres personas dormitaban, otros estaban concentrados a un walkman", contó un profesor universitario con seis años de la docencia.

   Como él, todos afirman que el principal problema de los jóvenes de enseñanza media y primeros años de la universidad es su incapacidad de estar callados y tranquilos. "Muchos son hiperquinéticos, no se concentran. Les es difícil seguir un discurso abstracto porque se distraen fácilmente y algunos tienes serias dificultades para tomar apuntes", relata una profesora.

   1.-Para luchar contra la inmadurez de los alumnos, a veces se los debe tratar un poco como niños. Un método utilizado en los últimos años de colegio en los de universidad es disponer que las calificaciones del curso estén estrechamente ligadas a la disciplina. Ser drásticos duros. Por ejemplo, al final de cada clase, llamar a los más inquietos y asignar trabajos para ser evaluados la próxima clase.

   2.-A veces algo inquieta a los alumnos, como algún problema administrativo o la preocupación por una prueba. Cuando se perciba esta inquietud generalizada, es bueno proponerles que conversen entre ellos diez minutos y después discutir el problema. Darles un espacio para que expresen sus preocupaciones y así comenzar la clase con los alumnos más tranquilos.

   Premiar más que castigar

   "Para muchos alumnos, ser disciplinado, ordenado o interesado por la materia es como ser ganso. Lo mejor es "no estar ni ahí", ser contestatario por niñerías como cambiar una prueba o pedir que se lea menos en el curso", comenta una profesora universitaria. Cuenta, además ,que existe un porcentaje nada despreciable de alumnos que nivelan hacia abajo, haciendo que a los mejores, les dé "vergüenza" ser aplicados.

   Para combatir esta displicencia, los docentes recomiendan:

   1.-Utilizar más premios que castigos. Beneficiar académicamente al alumno que manifieste interés y participe en clases de manera constructiva.

   2.-Nunca hablarles en tono de sermón o discurso, sino intentar ganarse a los más aplicados y no tomar en cuenta las niñerías de los "lideres",

   Josefina Schencke.  www.hacerfamilia.net

   C) Disciplina escolar y rendimiento escolar

   Prácticamente seis de cada diez docentes españoles opinan que los alumnos de Educación Infantil, Primaria y Secundaria son peores que los de años atrás, tanto en conocimiento como en comportamiento.

    Reconocen que se advierte una progresiva pérdida de disciplina en las aulas, cosa que es preocupante porque influye de modo irreversible en el deterioro de la enseñanza. El colegio, después de la familia, está entre los principales eslabones de la cadena de transmisión de valores de una sociedad, especialmente para los más jóvenes.

   El respeto, la autoridad y la disciplina, así como el esfuerzo, la sana competitividad o los méritos, son principios de los que un sistema educativo no puede prescindir. Lo contrario, desgraciadamente, generará un progresivo contagio de consecuencias nocivas. Cosa que, a mi entender, una sociedad desarrollada no puede permitirse.

     Xus D Madrid. Con la autorización de: www.forumlibertas.com

    D) Gestionar la disciplina

   La disciplina es indispensable para que los niños adquieran conciencia de los límites, sin los cuales no se puede crecer, como no se puede llegar al destino sin seguir una ruta determinada. Poner límites no es limitar, no significa colocar un techo, sino al contrario, hacer que ese techo pueda estar lo más alto posible. La disciplina en la familia resulta de conjugar el afecto y la exigencia, dos pilares sobre los que se ha de sustentar la educación de nuestros hijos.

   Pero, en general, nos cuesta gestionar la disciplina porque pensamos que sólo se consigue castigando y, para más inri, castigamos mal. Un reciente artículo publicado en The Wall Street Journal nos da algunas pistas para utilizar “con inteligencia” los premios y los castigos.

   En primer lugar, el psiquiatra infantil Timothy Verduin propone que los padres, en lugar de centrarse en qué hacer cuando un niño actúa mal, decidan cómo quieren que sus hijos se comporten y se lo digan: orden en la habitación, prepararse para ir a tiempo a la escuela, jugar con su hermano…   Entonces, pueden alabar los comportamientos correctos y eso hará que aumente su frecuencia.

   En segundo lugar, la psicóloga clínica Daniela J. Owen mantiene que “los niños se benefician de las fronteras y límites”. El estudio llevado a cabo por Owen puso de manifiesto que si bien los elogios y las respuestas positivas por parte de los padres al buen comportamiento de los hijos no se han traducido en un mayor cumplimiento de las normas a corto plazo, a la larga, la constante alabanza fortalece la relación entre padres e hijos en general y la disciplina en particular.

   En tercer lugar, el doctor Verduin, que practica la terapia de interacción padres-hijos, afirma que muchos padres no aciertan en dar órdenes claras y precisas a sus hijos, por lo que resulta más difícil ser obedecidas. Así, al cruzar la calle, no vale con el aviso: “ten cuidado”, sino que es mejor especificar la orden: “dame la mano”. Del mismo modo, el doctor Verduin instruye a los padres para que cuenten hasta cinco después de dar una indicación del tipo: “Ponte el abrigo”. “La mayoría de los padres –comenta– esperan un segundo o dos antes de repetir la orden, con lo que no dan tiempo al niño para hacer lo que se le pide y, como consecuencia, se acaba con gritos y amenazas”.

   En cuarto lugar, Alan E. Kazdin, profesor de psicología y psiquiatría infantil en la Universidad de Yale, señala que nuestro cerebro tiene un “sesgo de negatividad”, por lo que solemos poner más atención cuando los niños se portan mal que cuando lo hacen bien. Kazdin recomienda elogiar más que recriminar y, en el caso de niños pequeños, los elogios deben ser efusivos e incluir un abrazo o algún otro gesto de afecto físico.

   En quinto lugar, los castigos demasiado severos no funcionan, al contrario, uno de sus efectos secundarios es la desobediencia y la agresión. Según Kazdin, tampoco funciona para cambiar el comportamiento de niños pequeños intentar únicamente razonar, sino que se debe buscar un término medio, que requiere humor e imaginación. Así, el equipo de Kazdin ha observado que si los niños “practican” un berrinche controlado por los padres, acaba reduciéndose su frecuencia e intensidad. Los padres pueden pedir a su hijo que “practique” una rabieta un par de veces al día y, gradualmente, pedirle que vaya eliminando algunas conductas de esa rabieta, como patalear, gritar o tirarse al suelo. Después ha de alabar efusivamente las rabietas moderadas. El “método Kazdin” asegura que los berrinches empiezan a cambiar y en dos o tres semanas, se extinguen. Algo semejante recomienda para acabar con los lloriqueos: que los padres imiten al niño, probablemente ambos acabarán riendo y la conducta se olvidará.

   Lógicamente, no hay una técnica que sea efectiva para todos los hijos, aunque parece que el castigo puro y duro genera más problemas de los que soluciona. En todo caso, nos quedamos con estas recomendaciones: no sea demasiado impaciente, no grite, no intente razonar en medio de una rabieta, no dé órdenes imprecisas y no se centre sólo en el mal comportamiento.

   Pilar Guembe y Carlos Goñi. Fuente: http://blogs/aceprensa.com/familiaactual/


   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Cómo mejorar los comportamientos del niño?

 2. ¿Cómo ordenar el caos?

 3. Señalar los principales principios del sistema educativo

 4. ¿Cómo gestionar la disciplina?

   Bibliografía:

   Richard L. Curwin y Allen N. Mendlen. La disciplina en clase. Editorial Narcea.

   Enlaces de Internet:

¿Hacia dónde va la disciplina?

La disciplina como sinónimo de perfeccionamiento y orden

La indisciplina escolar

La clave de la eficacia: orden

La exigencia en la educación

Ejercicio de la autoridad

La disciplina en los institutos: asignatura pendiente

Prevenir los problemas en los institutos

Prevención de conflictos en la ESO


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