38. Fracaso escolar


   A) ¿Qué hacemos con los suspensos?

 Cuando un chico acude a casa con varios Insuficientes o suspensos en el boletín de notas, el padre suele reaccionar enfadándose y echando una regañina al hijo. Quizás tome la decisión de aplicar algún castigo y buscar un profesor particular.

 Sin embargo, antes de tomar decisiones y actuar, lo prudente es buscar toda la información posible sobre las causas de esa situación. Y para averiguar las causas, puede concertar una entrevista con el tutor del colegio o con algún profesor específico directamente relacionado con los suspensos. La otra fuente de información es el propio chico que en una conversación distendida puede aportar luz sobre las causas del fracaso escolar.

 Los malos resultados pueden obedecer a diversas causas. En algunas ocasiones puede deberse a falta de esfuerzo del chico para llevar al día los trabajos y estudiar lo suficiente. Puede dedicar menos tiempo del necesario o no aprovechar debidamente ese tiempo al hacer un estudio con poca intensidad, es decir, con poca concentración, bajo nivel de comprensión y falta de memorización de lo estudiado.

 En otras ocasiones el alumno se esfuerza y dedica bastante tiempo al estudio, pero no consigue resultados satisfactorios. Puede deberse a una falta de capacidad intelectual general o para alguna asignatura concreta. Otra causa, bastante frecuente en la actualidad, es el bajo nivel de lectura comprensiva, asociada a una falta de vocabulario y a la falta de hábitos de lectura. Puede deberse también a una falta de base de conocimientos que son imprescindibles para adquirir conocimientos superiores. Y en último lugar, hay que considerar unas técnicas de estudio deficientes, cuando el alumno no ha adquirido los hábitos de hacer subrayados, esquemas y cuadros sinópticos y capacidad de repasar y memorizar las ideas principales del tema.

 Una vez conocidas las causas de los suspensos es el momento de tomar decisiones para subsanar las deficiencias o falta de hábitos. Quizás sea suficiente con dedicar más tiempo al estudio, pero en otras ocasiones hará falta una ayuda especial por parte del tutor o de algún profesor del colegio o algún compañero de estudio. Con todos los datos se puede hacer un plan de recuperación especial, pero nunca reprender por malas notas sin antes conocer las causas que los provocan.

 Arturo Ramo

   B) Mi hijo ha tenido muchos suspensos

 Cuando un hijo trae a casa el boletín de notas plagado de "Necesita Mejorar" en Primaria o de suspensos en Secundaria, cualquier padre o madre se lleva un gran disgusto. ¿Es entonces el mejor momento para poner remedio? ¿Son buenas las soluciones drásticas e inmediatas?

 Hoy en día, gracias a la LOGSE, el sistema de evaluación y calificación ha cambiado, y en primaria ya no hay suspensos ni aprobados. Actualmente hay informes de los maestros que intentan ser positivos y dar una idea más completa del alumno. Sin embargo, estas apreciaciones positivas deben ser valoradas por los padres junto con el estudiante y no deben pasar por alto aquellas asignaturas en que el profesor ha puesto un "NM": necesita mejorar. "Necesita mejorar" suena mejor, pero quiere decir simple y llanamente que el estudiante no ha alcanzado los conocimientos que debería haber asimilado y que es probable que el año siguiente no consiga pasar de curso. Es decir, lo mismo que en mis tiempos se llamaba "suspenso" y que en la Educación General Básica pasó a llamarse "insuficiente".

 Todos los padres deseamos que nuestro hijo traiga a casa un informe lleno de "PA" --Progresa Adecuadamente-- y ningún "NM". Pero a veces, esto no es posible. ¿Qué podemos hacer los padres entonces?

 Conductas muy frecuentes pero que resultan ineficaces e incluso perjudiciales.

 Los grandes castigos y los grandes gritos. Muchos padres al recibir un informe académico desfavorable reaccionan amenazando a su hijo en medio de grandes gritos. Un padre que recurre a estos procedimientos no suele preocuparse de su hijo durante las 10 ó 12 semanas que dura una evaluación y se limita a llevarse el gran disgusto cuando llega el boletín con las notas. Evidentemente, los castigos y los gritos no son la manera más adecuada para encontrar las causas del fracaso y, por lo general, al llegar el siguiente informe, se repite la misma escena. Cuando esta situación es reiterativa, el estudiante se acostumbra a ella, aguanta con más o menos estoicismo los gritos de los padres, y al día siguiente sigue la vida como si nada. Lo triste es que la situación académica no mejora y la relación familiar se deteriora poco a poco.

 Humillarle. Expresiones como: "Eres un vago", "No harás nada en la vida", "Que tonto eres", "Si yo hubiera tenido tus oportunidades...", y otras lindezas de este estilo no suelen dar buenos resultados, al menos en el plano personal, porque sólo humillan, pero no buscan soluciones. Conozco personas adultas que tienen una falta de seguridad en sí mismas por oír comentarios despectivos hacia su persona por parte de educadores que los querían estimular así hacia el estudio. Normalmente, si el estudiante no tiene motivación hacia el estudio es por algo. Decir que es un vago que no quiere estudiar es lo más fácil, pero lo menos eficaz porque, frecuentemente, no es cuestión de querer, sino de poder.

 No hacer nada después de los grandes gritos. Olvidarse del hijo en cuanto se ha pasado el berrinche suele ser lo más frecuente, y lo peor es que queda abandonado a su soledad. El padre sigue tan absorbido por el trabajo personal, sus problemas o sus aficiones como antes y pensando que el éxito en los estudios es, únicamente, tarea del estudiante.

 Para la gran mayoría de los estudiantes, estudiar es un trabajo duro. En estos tiempos tal vez más, porque elegir entre ir al cine y aprender a calcular el máximo común divisor o cómo funcionan las fuerzas físicas, no tiene vuelta de hoja. ¿Quién no elige ir al cine? Y en estos momentos el cine, en forma de televisión, está dentro de todas las casas. A veces, inmenso error paterno, incluso dentro de la habitación. No hace falta tener dinero ni sacar entradas. Basta aposentarse en el sofá y apretar un botón para ver la película favorita.

 ¿Qué se puede hacer ante los suspensos?

 Si hay comunicación entre padres e hijos ha de haber sinceridad y aceptación de los hechos por parte de todos, en especial de los padres, para buscar las causas y los remedios.

 Recomiendo a los padres que escuchen a sus hijos. Seguro que éstos tienen mil razones por las que no les va bien en los estudios. No es el momento de evaluarlas sobre la marcha, ni de echar sermones, ni de decir que son excusas baratas. Es el momento de leer entre líneas los mensajes que el hijo envía, a veces camuflados, para tratar de averiguar por qué le gusta tan poco estudiar.

 La verdad es que encontrar estas causas no es fácil y menos hacerlo los padres solos. El problema del éxito escolar es complejo ya que es un tema donde influyen mucho las relaciones humanas y éstas son una asignatura difícil.

 La ayuda de los maestros suele ser muy valiosa siempre que los padres vayamos a ellos con una actitud adecuada. Los profesores no tienen una varita mágica que asegure el éxito de sus estudiantes. Pero sí tienen datos del rendimiento del muchacho y observaciones de su comportamiento en clase. Ellos dan su versión, que nunca puede ser objetiva del todo, pero es muy importante. Después, los padres, hemos de hacer los deberes a que nos hemos comprometido. Porque de nada sirve hacer muchas visitas a los tutores si, cuando salimos de la entrevista, no rematamos la tarea en casa. Es como ir al médico y no tomar las medicinas.

 Proporcionar técnicas de estudio: Muchos fracasos escolares sólo esconden una falta de habilidad para el estudio, que se puede solucionar con la ayuda extraescolar de un profesional que, individualmente, le enseñe a estudiar y le proporcione los conocimientos necesarios para cubrir las "lagunas" que seguramente tiene. Con frecuencia, el fracaso de un alumno se debe exclusivamente, por ejemplo, a un problema concreto de lectura.

 Tener clara la vocación profesional es la principal fuente de motivación del adolescente, por lo que es fundamental ayudarle a decidir la carrera o profesión que quiere estudiar. En este sentido, una buena orientación profesional puede dar buenos resultados.

 Dar responsabilidades a los hijos en casa desde que son pequeñitos. La experiencia escolar demuestra que los alumnos que colaboran en casa responsablemente - ponen la mesa, sacan la basura, se hacen la cama, riegan las flores, ayudan a limpiar...-, suelen tener más éxito en los estudios que aquellos que no hacen nada. En este aspecto también se cumple aquello de que "dinero llama a dinero", "trabajo llama a trabajo" y... "pereza llama a pereza".

 Ayudar a los hijos a hacer los deberes en casa, valorando el trabajo individual que nuestro hijo ha de hacer fuera de la escuela. Enséñale a apuntar las tareas en la agenda con precisión, a organizar el tiempo en casa (hacer horarios con tiempos de estudio y de descanso), proponerse metas cortas ...

 Un estudiante pocas veces admite que no es capaz de sacar adelante una asignatura. Su orgullo y su amor propio le impiden reconocer su falta de habilidad para el estudio o su falta de conocimientos previos necesarios (lo que se conoce como "lagunas") para seguir aprendiendo, por lo que prefiere dar la imagen de vago antes que reconocer otros problemas, ya sean emocionales o intelectuales. Los padres, que somos los adultos responsables que tiene a su lado para ayudarle, debemos tener el temple suficiente para ofrecer a nuestro hijo ayudas y alternativas racionales que le permitan desarrollarse como persona.

 Pablo Pascual Sorribas. Maestro, licenciado en Historia y en Logopedia.

 Con la autorización de: www.solohijos.com

   C) Clases particulares

 Jamás anota las tareas y hace los ejercicios de matemáticas en el cuaderno de inglés. Cada tarde, cuando lo ve llegar con la mochila al hombro, su madre inicia la pesadilla cotidiana: ¿qué hago con este niño? Piensa que un profesor particular puede ayudarlo a estudiar y a llevar el ritmo de la clase. Si se opta por ello, existen medidas preventivas que adoptar para que la solución no se convierta en vicio.

 La decisión de tomar un profesor particular no puede surgir de un enojo pasajero, tras comprobar que todavía no domina las tablas de multiplicar. Por el contrario, los padres deben evaluar tranquilamente la conveniencia de un profesor particular para ese hijo que tiene dificultades con el estudio; le cuesta una materia en particular, o le falta un método de estudio. Para no abusar de este recurso los padres deben saber que hay situaciones típicas en las que la colaboración de un profesor particular estaría justificada. Estas son las siguientes:

 · Retraso notable en el aprendizaje de alguna materia por causas diversas, como no haber asistido a clases durante un período de tiempo amplio debido a enfermedad, incomprensión sucesiva de la materia del curso, etc.

 · Menor capacidad para el estudio en una materia determinada. Por ejemplo, hay alumnos que les va muy bien en todo, excepto en castellano.

 · Dificultad especial para el aprendizaje y perfeccionamiento de la lectura y escritura, debido a algún trastorno de aprendizaje como la dislexia · Actitudes negativas hacia el estudio como la apatía habitual, flojera, indisciplina, desorden en la realización del trabajo.

 · Carencias de hábitos de trabajo o deficiencias importantes en el método de estudio.

 · Peleas continuas a causa de estos problemas, que desgastan la relación familiar y acaban con la paz del hogar.

 Encontrarse en alguno de estos casos no quiere decir que el profesor particular sea un recurso obligado. De hecho, muchas veces el problema puede ser resuelto por el mismo colegio a través, por ejemplo, de una evaluación correcta que detecta el problema del alumno y una enseñanza individualizada que solucione el retraso.

 También existen padres o madres de familia que deciden dedicar una hora diaria, por ejemplo, a estudiar con ese hijo y a enseñarle a suplir sus falencias escolares. Lo anterior puede llegar a ser muy positivo e incluso mejorar la relación del padre o la madre con ese hijo, siempre y cuando el progenitor tenga la paciencia y la paz necesaria para dedicarse a él. Si carece de ellas, esa hora de estudio, además de ineficaz, se convertirá en una batalla campal.

 Según la psicopedagoga Silvia Navias, cuando los padres y el colegio ya han agotado todos los recursos, se puede pensar en las clases particulares. “Es preciso meditar muy bien esta decisión, porque el riesgo es que si un niño realmente no las necesita, puede abusar de ellas y transformarlas en algo muy cómodo: el niño sabe que puede no poner atención en clases porque en su casa se lo van explicar todo”.

  ¿Quién es la persona adecuada?

 Una vez que se ha decidido tomar un profesor particular es importante saber elegir bien a dicho profesor, ya que una mala elección puede agravar el problema del estudiante.

 Como primera característica, Silvia Navias señala que ante todo debe ser profesional “sólo así, hay garantías de que el profesor sepa cómo tomar y manejar el problema del alumno”. Pero también los padres deben saber que no es suficiente con que sea competente en las materias en que el hijo necesita ayuda. Además es necesario que sepa enseñar a estudiar, a organizarse, a ser responsable y perseverante. De lo contrario, existen varios riesgos como:

 - Facilitar excesivamente el trabajo de los hijos, por ejemplo, haciéndoles las tareas.

 - No adaptar la enseñanza a la situación de cada niño.

 - Limitarse a explicar los diferentes temas sin orientar al estudiante en las dificultades que encuentra.

 - No exigir estudio personal previo y posterior a cada clase particular.

 - No seguir el proceso de aprendizaje de cada alumno para observar qué progresos obtiene en relación con la situación de aprendizaje inicial.

 En resumen, existe el riesgo de que el profesor particular sea un mero instructor que no estimule y oriente el desarrollo de los hábitos de trabajo personal, lo que a su vez fomenta actitudes de pasividad y dependencia en el estudiante.

 ¿Cómo obtener buenos resultados?

 Para que las clases funcionen y se obtenga un buen rendimiento, es bueno considerar ciertas pautas de acción.

 La primera de ellas, según Silvia Navias es que el profesor particular necesita estar en contacto habitual con los padres y sobre todo con el profesor jefe del colegio. De esta forma, el profesor particular se familiariza con el sistema y organización del colegio, conoce su nivel de trabajo y de exigencia. Además, este contacto hace posible definir las necesidades inmediatas del niño con una visión más completa; trazar metas en común; actuar orientados por un mismo objetivo, e informarse mutuamente acerca de cómo responde el alumno. “Para obtener frutos el nexo es clave, no se puede ir por caminos diferentes. En esos casos el resultado puede ser desastroso”.

 También como forma de acción y con la idea de evitar la dependencia a las clases particulares, es importante que:

 - El profesor particular oriente al alumno en la realización de las actividades relacionadas con las dificultades a superar. Ello implica explicar el sentido de cada tarea, sugerir procedimientos de estudio, aclarar puntos oscuros y dudas en la comprensión del contenido de cada materia, informar de los aciertos y corregir los errores.

 - El alumno debe saber que ésta es una ayuda temporal. “El niño debe sentir que se le está dando un apoyo puntual, por un problema específico y por un período determinado, de manera que no se relaje pensando que en clases puede ser flojo porque en la casa se pondrá al día”. Así, cuando las clases comiencen a dar buenos resultados es bueno ir distanciándolas, hasta suprimirlas por completo.

 Las “otras” clases

 No todo es estudio y de hecho es probable que en esta edad su hijo tenga mucho tiempo libre y también mucha curiosidad por aprender cosas nuevas. Para esto las actividades extraescolares como deporte, música, idiomas o danza son una buena solución. Sin embargo, a la hora de tomarlas, es necesario considerar:

 - Estas actividades deben sustituir horas de televisión o de sofá, nunca de convivencia familiar, deberes o juegos.

 - Los niños necesitan tiempo libre para jugar. No es bueno agobiarlos y sobreexigirlos con un horario copado de actividades desde que sale del colegio hasta que se acuesta.

 - La actividad extraescolar que se decida tiene que gustarle al niño y no a los padres: éstos sólo deben plantearle buenas alternativas para que él elija.

 - Hay que incentivar la responsabilidad y la perseverancia en lo que decidan hacer, lo que se inicia se termina y no se abandona a medio camino.

 - Por último, hay que considerar que cada niño es un mundo distinto y no por comodidad se puede pretender meterlos a todos en lo mismo. Hay que respetar los intereses de cada uno, porque lo que le viene bien a uno, tal vez no le gusta nada al otro.

 Cuando se respetan estos puntos, las bondades de las actividades extraprogramáticas son muchas. Mediante ellas, los niños aumentan su círculo de amistades, aprenden a relacionarse con los demás,   complementan su formación y se desarrollan íntegramente.

 Magdalena Pulido S. www.hacerfamilia.net

   D) Iniciativas contra el fracaso escolar

    Tanto el informe del Consejo Económico y Social como el documento de la Comisión Europea coinciden en gran parte de las medidas que poner en práctica para combatir el fracaso escolar.

    Las principales son: diversificar los itinerarios educativos; intentar limitar la concentración de alumnos con necesidades de compensación educativa; favorecer la autonomía de los centros en cuestiones académicas; aplicar políticas laborales especialmente dirigidas a los jóvenes, y acercarse lo más posible al aprendizaje personalizado, empezando por fomentar las tutorías personales y familiares.

    Las medidas contra el fracaso escolar sobre las que hay más acuerdo son diversificar los itinerarios educativos, reducir la concentración de alumnos necesitados de clases de refuerzo, ampliar la autonomía de los centros.

    Además, la Comisión Europea recoge en su informe algunas iniciativas que se han puesto en marcha en distintos países europeos y se han revelado eficaces.

    Seguimiento continuo

    En Reino Unido, Países Bajos, Alemania o Italia se asigna a cada alumno un número de identificación que remite a un expediente pormenorizado donde se recoge una completa información sobre su trayectoria escolar. Se incluyen ahí no solo las calificaciones del estudiante, sino también sus dificultades en el aprendizaje, problemas de disciplina, puntuación en las competencias básicas, etc. Se trata de hacer un seguimiento en línea, que la Comisión Europea considera clave para la reducción del abandono escolar prematuro.

    Otra iniciativa interesante, en este caso para fomentar la formación profesional de calidad, es la de promover itinerarios que combinen la formación teórica con la primera experiencia laboral. Es un perfil especialmente diseñado para alumnos desilusionados con los estudios y que quieran empezar a trabajar. Luxemburgo, Dinamarca o Italia ya han empezado con este tipo de programas.

    En España, la reciente reforma de la ley de educación persigue el objetivo de evitar la desconexión con el sistema educativo de un gran número de jóvenes, y de ayudarles a ingresar en el mundo laboral. Para ello, se expedirán certificados de nivel con una nómina de competencias adquiridas para los alumnos que no hayan podido terminar la etapa obligatoria. Además, el último curso de esta etapa (4º de ESO) contará con un itinerario orientado a la formación profesional. Se rebaja un año, hasta los 15, el umbral par poder ingresar en un Programa de Cualificación Profesional Inicial, que permite conseguir el título de la ESO a través de un plan de estudios centrado en la práctica y con menor contenido teórico. La reforma incorpora un incremento de la oferta de la modalidad semi-presencial en los cursos de especialización para titulados en Formación Profesional. Se trata, en definitiva, de no abandonar al alumno con dificultades.

    Buscar ayuda fuera de la escuela.

    Una cuenta pendiente de la educación es, según la Comisión Europea, la colaboración con agentes externos a la escuela que puedan desempeñar un papel activo en la educación de los jóvenes. Problemas de drogas o alcohol, déficit de sueño o malos tratos pueden ser afrontados de forma más efectiva con la ayuda de esos agentes.

    Un ejemplo es el School Completion Programme de Irlanda, un plan intersectorial en el que los centros están relacionados con organismos de juventud, servicios sociales, organismos de desarrollo local, etc. Gracias a esta iniciativa están finalizando los estudios obligatorios muchos jóvenes irlandeses que de otra forma habrían abandonado.

    Las scuole aperte de Nápoles también pretenden evitar el abandono del alumno desmotivado. Para ello, organizan una gran variedad de proyectos, muchos fuera del recinto escolar, en asociación con la sociedad civil local. Las actividades están programadas fuera del horario normal y pueden asistir incluso los que han abandonado ya la educación general.

    Otros programas destinados específicamente a la reincorporación al sistema educativo son el Proyecto de Aprendizaje para Jóvenes Adultos de Eslovenia, las clases de transición en Francia o los centros SAS de Bélgica. Todos tienen en común que “ofrecen a los jóvenes en situación de riesgo una oportunidad de recuperar gradualmente la confianza, ponerse al día en lo que dejaron de aprender y reincorporarse a la enseñanza general”.

    No obstante, la Comisión Europea reconoce que el principal problema de todas estas iniciativas está en la evaluación de su efectividad y, fundamentalmente, en la captación del alumnado.

    Fernando Rodríguez. 20-XI-2011. Con la autorización de: www.aceprensa.com

   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Cuáles suelen ser las causas de los suspensos?

 2. ¿Cómo reaccionar ante las malas notas?

 3. ¿Cuándo empezar una clase particular?

 4. ¿Qué pueden hacer los profesores ante el fracaso escolar?

   Bibliografía:

 Alfonso Aguiló. Problemas de los adolescentes. Editorial Palabra

   Enlaces de Internet:

Abandono escolar

Ruptura familiar y fracaso escolar

Las razones del fracaso escolar

Aspectos del fracaso escolar

Personalidad: Aprender a fracasar

El deterioro de la educación

El divorcio aumenta el fracaso escolar de los hijos

Fracaso escolar

Personalidad: la vida fácil

Escuelas públicas masculinas: recuperación a la vista

Llegar a tiempo

Dificultades en el estudio

El aprendizaje de la decepción

La televisión y el estudio

Cómo echar a perder a un hijo

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