37. La voluntad


   A) ¿Qué es la voluntad?

 Aunque algunos intelectuales pretenden asimilar al hombre con los animales, la psicología nos enseña que el ser humano es superior a los animales, porque tiene inteligencia, afectividad, libertad y sobre todo voluntad.

     La palabra voluntad procede del latín voluntas-voluntatis, que significa querer. Es un acto intencional, de orientarse con decisión hacia algo que considera positivo y valioso. Podemos distinguir en esta facultad tres ingredientes:

     - Una tendencia o preferencia por algo. Es tener un anhelo, una aspiración.

     - Una determinación o decisión firme por algo concreto, después de haber evaluado las distintas posibilidades que se presentaban.

     - Una acción o puesta en marcha de toda la personalidad para conquistar aquello que se quiere.

     Habría que distinguir entre el desear y el querer. El desear sería pretender algo desde el punto de vista afectivo o sentimental, pero de forma superficial. Algunos jóvenes lo expresan diciendo: "Esto me apetece", "no me apetece". Este deseo, que tiene sus raíces en el plano sentimental, no conduce a nada o a casi nada.

     El querer, sin embargo, es más racional. Nace del análisis y evaluación de los valores e ideales y conduce al hombre maduro hacia metas alcanzables.

     En el proceso de la voluntad podemos distinguir cuatro fases:

     1. Conocer el objetivo que pretendemos alcanzar. El adolescente que no ha aprendido a decir que "no", quiere abarcar demasiadas cosas y esta dispersión le lleva a no avanzar en sus propósitos. Por el contrario, el hombre maduro se para a pensar y concreta de forma clara lo que pretende alcanzar.

     2. Tener cierta motivación o ilusión por algo sugerente y atractivo que le empuja a luchar para conseguir la meta lejana y valiosa. Por contra, algunos jóvenes de definen "pasotas", sin ideales y sin motivación. Desde la indiferencia no se puede cultivar la voluntad.

     3. La deliberación o análisis detenido de los medios y los fines. ¿Compensa hacer todo esto? ¿Vale la pena esforzarse por conseguir ese proyecto, o esa mejora en la personalidad, o esas buenas notas en los estudios, o esa capacitación profesional?

     4. La cuarta fase es la decisión o tomar una determinada determinación (como decía Santa Teresa de Jesús) de conseguir algo. El hombre maduro es capaz de proponerse objetivos concretos en su vida y poner su empeño en alcanzarlos.

 Arturo Ramo

   B) Los móviles de la voluntad

 El desarrollo de la voluntad es una parte importante de la formación humana. La voluntad se aplica para conseguir unos objetivos que pueden ser de distintos tipos. Interesa distinguir los diversos móviles de la voluntad.

 Hay un móvil físico cuando el hombre es capaz de sacrificarse mediante una dieta de adelgazamiento o un deporte sistemático para conseguir una estética corporal o facial.

 Otras veces, ante una enfermedad, el ser humano se somete a privaciones costosas para recuperar la salud corporal.

 Es un móvil psicológico el que persigue superar un complejo de inferioridad o una susceptibilidad a flor de piel o la inestabilidad emocional. Cuando se recuperan estos aspectos el ser humano alcanza una serenidad muy positiva.

 En otras ocasiones los móviles son sociales como el esfuerzo por adquirir las habilidades que facilitan la comunicación con otras personas, para superar la timidez o para expresarse en público.

 El móvil por alcanzar la cultura es importante porque ésta hace al hombre más libre y con más criterio. Ser culto es tener las claves para interpretar correctamente la vida humana El hombre se desarrolla por el conocimiento de si mismo y del mundo que le rodea.

 Pero actualmente para muchas personas casi toda la cultura es la que reciben de la televisión y ésta tiene una calidad deficiente. La televisión basura se caracteriza por la pornografía, el sexo fácil, los concursos absurdos y el recurso morboso de los reality shows. Con esta mediocridad el hombre se queda indefenso intelectualmente y es una presa fácil para la manipulación demagógica de los dirigentes.

 Educar la voluntad hacia la cultura supone estimular la inquietud hacia la literatura, el arte, la música, etc. que son los valores que el hombre ha desarrollado a través de la historia: el pensamiento filosófico del mundo griego, el derecho del mundo romano, el amor a las tradiciones del pensamiento hebreo y el nuevo concepto del hombre que aportó el cristianismo basado en el amor (afecto por el cual busca el ánimo el bien verdadero) y en el sentido trascendente.

 También hay un móvil espiritual que busca los valores naturales y sobrenaturales. Cuando se carece de ellos tenemos al hombre light, que sólo busca el placer, el éxito, el pasarlo bien y la permisividad ilimitada. Por este camino se llega a una saturación de contradicciones que desembocan en el vacío personal. Nos acercamos a la felicidad a la que todos aspiramos con amor, trabajo y cultura.

 Arturo Ramo

   C) Fortalecer la voluntad

    Los dos pilares de la personalidad humana son la inteligencia y la afectividad. En unos hombres predomina el primer aspecto y son fundamentalmente racionales. Otros, por el contrario, son más afectivos y sentimentales. Además de estos hay toda una gama de tipos intermedios que la caracteriología ha definido con distintos elementos psicológicos.

    Junto a los dos pilares básicos de la razón y el amor, la voluntad es el puente entre ellos y les da firmeza con su entrenamiento. Una persona con una gran inteligencia y una voluntad débil difícilmente alcanzará los objetivos que se propuso para su vida, llevando una existencia irregular, zigzagueante y sin seguridad. Por el contrario, un hombre de inteligencia mediana pero con fuerte voluntad llevará una vida constante y ordenada, disciplina personal y autoexigencia, alcanzando en gran medida las metas propuestas.

    En el trabajo de investigación "Influencia de los hábitos de estudio en el rendimiento escolar" sobre el peso de la inteligencia y la motivación (fuerza de voluntad) en las notas del colegio se concluye que tiene más peso estadístico la motivación que la inteligencia. Otra conclusión es que las motivaciones internas (estudiar porque uno mismo quiere) es más importante que las externas (estudiar porque me lo mandan).

    De todos los educadores es bien conocido que el ambiente familiar es determinante de la formación y el rendimiento escolar de los chicos. Los padres en su función educadora utilizan los premios y castigos. El psicólogo conductista Skinner afirmaba que del buen manejo del binomio premios y castigos dependía que los niños tuvieran una buena o mala educación. Los padres se apoyan en la autoridad y el cariño en su función educadora. Una autoridad que sea exigente y estimulante, a la vez que fomente un ambiente alegre y amable.

    Para fortalecer la voluntad es conveniente seguir una estrategia de pequeños vencimientos: cumplir la obligación aunque no se tengan ganas; cumplir los deberes diarios aunque no apetezca hacerlos; negarse algún pequeño capricho para ser dueños de sí mismo, etc. Es necesario adquirir una serie de hábitos tales como cumplir el horario previsto, tener ordenadas las cosas de la mesa y los armarios, planificar las tareas que se deben hacer y poner el esfuerzo de hacerlas todas, aceptar las contrariedades y tener una buena tolerancia con las frustraciones.

    Estos hábitos de la conducta fortalecen la voluntad y forman al hombre recio, seguro, estable y dueño de sí mismo. Se adquiere una especie de fortaleza amurallada contra las tentaciones actuales de la droga, el alcohol y la infidelidad, a la vez que facilita la consecución de las metas que se habían propuesto.

    Arturo Ramo

   D) El esfuerzo en el estudio

 A veces nos asaltan anuncios publicitarios con frases como ésta: “Aprenda inglés sin esfuerzo” o “No estudie más. Aprenderá a hablar inglés sin estudio” o comentarios por el estilo. En el fondo de estos anuncios está la idea de que no hace falta esforzarse, ni luchar, ni estudiar, ni trabajar para conseguir los objetivos de una lengua o de una ciencia. No se discute la técnica publicitaria de estos anuncios, pero pedagógicamente el contenido de esos mensajes es erróneo y falso, creando unas expectativas engañosas en el ingenuo receptor de esos mensajes.

 En la misma línea también nos encontramos con las propuestas de aprender jugando. El estudio y el juego son conceptos distintos que no se deben confundir. El estudio exige esfuerzo y proporciona también satisfacciones y alegrías y el juego busca prioritariamente la diversión. Hay un tiempo para estudiar y un tiempo para jugar y divertirse.

 En los cursos de técnicas de estudio se afirma que para obtener buenos rendimientos académicos hacen falta cuatro cosas: poder, querer, saber y dedicar tiempo.

 a) Poder estudiar es tener las facultades intelectuales necesarias, como inteligencia, memoria y atención.

 b) Saber estudiar es dominar las técnicas básicas del estudio: lectura comprensiva, subrayado, esquema, cuadro sinóptico y repaso.

 c) Querer estudiar es estar motivado personalmente para aprender nuevos conocimientos y estar dispuesto a superar las dificultades que posiblemente se encontrarán en el estudio. Las motivaciones han de ser personales, es decir, que nazcan del propio estudiante. Las presiones externas, ya sean de los padres, de los profesores o de la sociedad suelen ser poco efectivas para mejorar el rendimiento.

 d) El último requisito es dedicar el tiempo necesario para hacer los deberes, estudiar las lecciones, hacer los problemas y demás ejercicios. El tiempo dedicado al estudio será mayor conforme se avanza en los cursos de bachillerato y Universidad.

 De estos cuatro factores, el más importante es querer estudiar, es decir, tener motivaciones positivas y estar decidido a poner el esfuerzo y el empeño necesario para conseguir los objetivos. Santa Teresa hablaba de tener una “determinada determinación” de luchar hasta el fin.

  El estudio no es camino fácil. Habitualmente se encuentran dificultades tales como: palabras que no se entienden y hay que buscar en el diccionario, volver a leer un párrafo para comprender bien el sentido, descubrir las ideas principales, subrayar y hacer el esquema de la lección, memorizar los conceptos fundamentales, dedicar el tiempo necesario al estudio cuando apetecería más salir a jugar o ver la tele, etc.

 Para superar estas dificultades hace falta esfuerzo y dedicación. Un buen estudiante tendría en cuenta estos aspectos:

 1. No dejar el trabajo para mañana.

 2. Aprender a decir que no a otras posibilidades y ofrecimientos que no facilitan la formación.

 3. Desarrollar la propia voluntad para hacer con energía en cada momento lo que hay que hacer.

 4. Luchar con empeño para no quedarse en lo fácil, sino profundizar en todos los asuntos.

 5. Saber que el trabajo profesional del estudiante es estudiar mucho y bien.

 6. No desanimarse cuando no se alcanza un objetivo que parecía fácil y sencillo.

 7. Poner el esfuerzo necesario como aquel deportista, que corriendo en el estadio, consigue llegar el primero a la meta.

 8. Comprender la necesidad del descanso, que muchas veces consistirá en cambiar de ocupación. Pero descanso no es sinónimo de ocio en el sentido de no hacer nada.

 La falta de esfuerzo puede desembocar en un fracaso escolar en la vida de estudiante, pero puede ser más grave si termina en una vida fracasada profesionalmente.

  Arturo Ramo

   Tertulia dialogada.

 Escribir las dudas sobre este texto y dos ideas interesantes. Contestar por escrito a estas cuatro preguntas y llevarlas después a la reunión general de la tertulia:

 1. ¿Qué hacer para que los chicos tengan voluntad?

 2. ¿Qué les mueve la voluntad a los pequeños?

 3. ¿Cómo fortalecer la voluntad?

 4. ¿Cómo estimular el esfuerzo en el estudio?

   Bibliografía:

 Fernando Corominas. Cómo educar la voluntad. Editorial Palabra

   Enlaces de Internet:

Tipos de voluntad

Esfuérzate

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Pequeños vencimientos

Educación de la voluntad

Los tres grandes obstáculos para la cultura del esfuerzo

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Cómo desarrollar la voluntad de nuestros hijos de 2 a 10 años

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