Don Quijote recogió la bacía del barbero



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Escribe sobre el guión la letra que falta.


-¡A_entura  tenemos, Sancho! -dijo don Quijote-.

Porque aquel ca_allero  que viene por allí

trae en la cabeza el _elmo  de Mambrino,

con el que   podr_  sustituir el casco

que me rompió aquel escudero de  _izcaya.

Hacía mucho  tie_po  que don Quijote

soñaba con conquistar el yelmo del moro _ambrino,

un casco maravi_oso  del que los libros decían

que volvía  in_encible  a quien lo usaba.

Pero el  _ombre  que venía por el camino

no era más que el  _arbero,

y lo que llevaba en la  ca_eza

era la  _acía  con que afeitaba a sus clientes.

Se la  _abía  puesto en la cabeza

para no mojarse el sombrero con la _uvia,

y, como la bacía era de  _ojalata  y estaba muy limpia,

relumbraba desde muy le_os  como si fuese de oro.

-Abre _ien  los ojos, Sancho -dijo don Quijote-,

porque  a_ora  mismo me verás

conquistar el yelmo de  Mam_rino.

Y, sin decir nada m_s,

galopó contra el  bar_ero  dispuesto

a atra_esarlo   con su lanza.

_-¡Entr_game  ese yelmo o morirás! -le decía.

El barbero, que, sin comerlo ni  _eberlo,

vio _a  aquel fantasma cayéndole encima,

saltó de su burro y  _echó  a correr

por el campo más  li_ero  que el viento.

En la _uida  perdió la bacía,

que don Quijote recogi_  del suelo

para pon_rsela  en la cabeza.

Y, como costaba enca_ársela  dijo:

-Sin duda que el _ey  moro

que mandó que le _icieran  este yelmo

debía tener la ca_eza  enorme.


Miguel de Cervantes. Don Quijote. Adaptación de Agustín Sánchez. Editorial Vicens Vives. Barcelona. 2004. Con la autorización de la Editorial www.vicensvives.es





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