Values and education of personality and character

Values and educatión of personality and character
 By Miguel Zapater Cornejo

Nowadays, because of the existing relativism, there is a deep moral crisis of values that are affecting different society dimensions (economic crisis); hence the need of insisting on education in values. As we know, according to its nature, man is a person composed by a sensitive and material body and a spiritual and rational soul. The way of showing of man through thought, word and deed in all and each of its activities is called personality.

Etymologically, the term character means sign or mark that is printed, painted or sculpted in something. It, applied to the personality, means the adherence to moral values that a person expresses consistently in its behavior. That is signal or recognizable mark of its moral worth as a human being. It is a quality of personality.

Character is not innate, it depends on heredity and environmental influences, and therefore also on education. First of all, character education is the acquisition of values or ideals of conduct consistent with the dignity of a person. An ideal or value is a worthy aspiration maintained as a guiding principle of action.  For example, we have the truth, goodness, honesty, tolerance, justice (fairness), prudence, temperance… The resources to acquire values and ideals are the teaching and the example. These must be adapted to the characteristics of each education stage. Good rules do much, but good models do even more. The primary sources of values are the imitation and emulation.

Character education is responsibility of the family that from the moment of birth must prepare a plan with the values for it. Likewise, it is responsibility of the society that should provide sources of example, and the school, hence the need that educational pact establish a minimum set of common values on which we can educate. We must remember that coexistence in society becomes difficult without values. These can be completed with other values such as religious or transcendental without opposing to the constitutional framework.

Secondly, it is the improvement of will or ability to act deliberately, of owning one’s actions. All teaching should be directed to the strengthening of will, to the reflection and deliberation, to the decision-making and to the enforcement of the same, trying to be persistent in order to act according to the values on which we intend to educate.

Thirdly, it is the formation of good habits. The man of character is the man of reason, willpower and temperance in all things. In order to set this purpose, it is necessary to establish strong and well organized habits which must result in correct ways of thinking and acting during all occasions of life in accordance with the values and ideals established. For that reason, it is essential that family, society and school provide opportunities to live and practice these values.

Finally, it is the establishment of emotional stability. Man is not pure intellect or pure will. Knowledge and action are painted by feelings and emotions, hence the need to attend simultaneously the affective education, the emotional intelligence education with the acquisition of skills that will help man to handle its emotions and passions properly. This, in turn, stimulates the intellect and motivates the desire.

Emotional stability implies emotional balance. It is the result of a happy and reasonable control of emotions, necessary for job and study. The use of will in controlling emotions is essential and this control constitutes self-control. Catholic morality can help for this, as manifested even some laicists. Payot, J. (1896) Education of the will. Madrid: Edmundo Capdeville& Victoriano Suarez.

Original de http://indeforum.wordpress.com/


Los valores y la educación de la personalidad y el carácter
Por Miguel Zapater Cornejo

         Hoy, debido al relativismo existente, hay una profunda crisis de valores morales que están afectando a las distintas dimensiones de la sociedad, (crisis económica), de ahí la necesidad,  de insistir en la educación  en valores. El hombre, como es sabido, es, en virtud de su naturaleza, una persona compuesta de  cuerpo sensible y material y un alma espiritual y racional. El modo de manifestarse el hombre como persona a través del pensamiento, palabra y obra en todas y cada una de sus actividades recibe el nombre de personalidad.

         Etimológicamente, el término carácter significa señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en algo. Aplicado  a la personalidad significa la adhesión a unos valores morales que la persona manifiesta consistentemente en su conducta que es señal o marca reconocible de su valía moral como ser humano. Es una cualidad de la personalidad.

El carácter no es  innato,  depende de la herencia y de la influencia del medio y, por tanto también de la educación. La educación del carácter consiste, en primer lugar, en la adquisición de valores o ideales de conducta coherentes con la dignidad de la persona. Un ideal o valor es una aspiración digna mantenida como principio rector de la acción. Tales son la verdad, el bien, la honradez, la tolerancia, la justicia, (la equidad), la prudencia, la fortaleza, la templanza… Los medios para adquirir los valores e ideales son la enseñanza y el ejemplo, adaptados a las características de cada etapa educativa. Las buenas normas hacen mucho, pero los buenos modelos logran aún más. Las fuentes primarias de los valores son la imitación y la emulación.

 La educación del carácter corresponde a la familia, que desde el momento del nacimiento, debe prever un plan con los valores para ello;  a la sociedad, que debe ofrecer un medio ejemplificador, y a la escuela,  de aquí la necesidad de que el pacto educativo establezca un mínimo de valores comunes en los que educar, sin los que la convivencia en la sociedad se hace difícil y pueda ser completado con otros valores como los  religiosos o trascendentales que no se opongan al marco constitucional.

En segundo lugar consiste en el perfeccionamiento de la voluntad o capacidad de actuar deliberadamente, de ser dueño de las propias acciones. Toda enseñanza debe dirigirse al robustecimiento de la voluntad, a la reflexión y deliberación, a la toma de decisiones y a la ejecución de la misma, procurando que sea persistente para procurar actuar conforme a los valores en los que se pretende formar.

 En tercer lugar, en la formación de hábitos adecuados. El hombre de carácter es el hombre de razón, de fuerza de voluntad y templanza en todas las cosas. Para establecer este propósito es necesario establecer hábitos, firmes y bien organizados que resulten en formas correctas de pensar y de actuar de acuerdo con los valores e ideales establecidos y en todas las ocasiones de la vida, para lo cual es imprescindible que en el  seno de la familia, en la sociedad y en el de la escuela se ofrezcan oportunidades de vivir y de practicar esos valores, para los que esa debe reunir las condiciones adecuadas.

Y en cuarto lugar, el establecimiento de la estabilidad emotiva. El hombre no es solo intelecto ni solo voluntad. El conocimiento y la acción están coloreados por los sentimientos y las emociones, de ahí la necesidad de que se atienda, al mismo tiempo a la educación afectiva, a la educación de la inteligencia emocional con la adquisición de las habilidades que le permitan manejar, adecuadamente, sus emociones y pasiones,  que, a su vez, estimulen al intelecto y motiven la voluntad. La estabilidad emotiva implica equilibrio emocional, resultante de un control feliz y razonable de las emociones, necesaria para el trabajo y el estudio.  El empleo de la voluntad en controlar las emociones es esencial, y este control  constituye el autodominio. Puede ayudar a ello la moral católica., según manifiestan incluso algunos laicistas. Payot, J. (1896) La educación de la voluntad. Madrid: Edmundo Capdeville& Victoriano Suarez.

Original de http://foroin.wordpress.com/






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