About apes and men

About apes and men
 By Federico Gómez Pardo

    I have just seen an exhibition of the stages of evolution. As might be expected, it is suggested that apes are our ancestors, a hypothesis supported by the latest findings on the chimpanzee genome. The team which has deciphered the sequence of DNA units has shown that less than 4% of that genome signals the differences between this animal and a man, but it has said nothing about the reason for these differences and about how these show themselves in their respective behavior. I understand that this 4% may be the cause of morphological and physiological differences, but not of the great gap existing between both beings from the cultural and spiritual points of view. Rationality, freedom, and the ability to advance are manifestations of the human spirit which cannot be explained by the scientific method based on sensory experimentation; however, I neither believe that they are only the result of this biological substrate where we coincide, nor that they are a mere consequence of evolution.

     I am well aware that among those differences between the human and the chimpanzee genomes there might be the structure of the cerebral cortex to which some abilities in Primates are attributed, but I find it difficult to believe that the power of self-determination exceeding one’s own instinct and ethical consciousness should depend on the gyri of the brain. What distinguishes man from irrational beings is not a difference of degree but something substantial. Nevertheless, many have trouble accepting the existence of a spiritual and rational human soul. They argue that this is a far from scientific concept which only believers’ minds have identified. They overlook that science is not the only form of knowledge and that, many centuries before Christ, and throughout all ages, there have been non-Christian, non-believing philosophers who have discussed and studied the rational soul as essentially different from the sensitive soul and the vegetative soul.

     However, I do not wish to be held as denying the theory of evolution. I admit and I am convinced of it, but I do not see it as contradicting God’s existence, or God’s involvement in the evolutionary process and in the creation of the human soul. Darwin himself, the father of evolutionism, said: “I have never denied the existence of God. I think the theory of evolution is entirely compatible with belief in God. The chief argument for the existence of God is for me the inability to establish that the universe (...) and man have been the result of chance.”

     Science cannot justify everything. Other forms of knowledge are necessary for finding a meaning to life. As Viktor Frankl said, this meaning can only be found in transcendence. And transcendence cannot be detected in the bones at Atapuerca, or in the microscope, or in the telescope. But one might certainly catch a glimpse of it, for, as Einstein said, “Every researcher deep into nature cannot help being overwhelmed by some kind of religious feeling, because he finds it impossible to conceive himself as the first to have seen the extremely delicate relations he sees. Through the incomprehensible universe an infinitely superior intelligence manifests itself.”

     Through these findings related to the chimpanzee genome and its scarce differences from man’s, I am myself led to catch a glimpse of the greatness of that spark of divine intelligence which is the human soul.

Original de http://indeforum.wordpress.com/


De monos y hombres
Por Federico Gómez Pérez

    Acabo de ver una exposición sobre las etapas de la evolución. Como no podía ser menos, se nos sugiere que el mono es nuestro antepasado; avala tal  hipótesis los últimos descubrimientos sobre el genoma del chimpancé. El equipo que descifrado la secuencia de unidades de ADN, ha demostrado que menos de un 4% del ese genoma marca las diferencias que existen entre este animal y un hombre, pero nada ha dicho sobre a qué se deben esas diferencias y sobre cómo se manifiestan  las mismas en el comportamiento de uno y otro. Entiendo que ese 4% pueda ser la causa de las diferencias morfológicas y fisiológicas, pero no del abismo que separa a ambos seres desde el punto de vista cultural y espiritual. La racionalidad, la libertad y la capacidad  progresar son manifestaciones del espíritu humano que no pueden explicarse por el método científico basado en la experimentación sensible;  pero no creo que se deban sólo a ese escaso sustrato biológico en el que coincidimos, ni que sean consecuencia de la simple evolución.

     Ya sé que entre esas diferencias entre el genoma humano y el del chimpancé puede estar la configuración del córtex cervical al cual se atribuyen algunas capacidades de los primates, pero me cuesta creer que el poder autodeterminarse superando el propio instinto y la conciencia ética, dependan de las circunvalaciones cerebrales. Lo que separa al hombre de los seres irracionales no es una diferencia de grado sino algo sustancial. A pesar de ello, a muchos les  cuesta aceptar la existencia de un alma humana espiritual y racional. Arguyen  que éste es un concepto nada científico que solo la mente de los creyentes ha detectado. Olvidan que la ciencia no es la única forma de conocimiento y que, muchos siglos antes de Cristo, y en todas las épocas, ha habido filósofos no cristianos y no creyentes que han hablado y estudiado el alma racional como esencialmente diferente del alma sensitiva y del alma vegetativa.

     Con todo no quiero que se piense que niego la teoría de la evolución. Admito y estoy convencido de la misma; pero no me parece que esté en contradicción con la existencia de Dios, ni con la intervención del mismo en el proceso evolutivo y en la creación del alma humana. El  mismo Darwin, padre del evolucionismo decía: “Nunca he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios es para mí la imposibilidad de demostrar que el universo (...) y el hombre hayan sido frutos del azar”

     La ciencia no puede dar razón de todo. Son necesarias otras formas de conocimiento para encontrar sentido a la vida. Y como decía Víctor Frankl, éste sólo se puede encontrar en la trascendencia. Y la trascendencia no puede detectarse en los huesos de Atapuerca, ni en el microscopio, ni en el telescopio. Aunque quizá sí pueda vislumbrarse, pues como decía Einstein, “A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una inteligencia superior infinita.”

     También a mí esos descubrimientos, referidos al genoma del chimpancé y a sus escasas diferencias con el del hombre, me hacen vislumbrar la grandeza de ese chispazo de la inteligencia divina que es el alma humana.

Original de http://foroin.wordpress.com/





 Aplicaciones didácticas 

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