The novelty and the permanent

The novelty and the permanent

By Agustín Pérez Cerrada

    Apparently, in postmodernist, the novelty seems to have better predicament than the ancient. You always find someone willing to pay attention to the latest novelty. The editorials edit every year thousands of new books and readers are going looking for the best-seller and the novelty, it is good for the publishing business, but is good for culture?, Is selected and read all what to buy?, it is established dialogue between author and reader?
 

    It seems as if the reader-consumer is subjected to strength the last wind of the offer. The read is good for culture, but the novelty tells us very little about the why of things. If the past is not known, we can hardly know the present.

    In science, technology, over a long period, it is clear that innovation renders obsolete much of the prior knowledge except that which is the foundation of every science. But not so with humanistic knowledge. However, it also dominates the novelty here, it has been relegated the study of philosophy, the sciences of man, of classical culture. Even the story is minimized to the local. Preference was given to the useful, immediate, and compared to the permanent.

    Exaggerating, for some it seems as if they had not existed previous generations who have said something about almost everything. It writes frequently about the need to return to the classics, reading the classics, but this reading is rarely practiced

    Should not be regarded a classic as a simple testimony of another time. The contents of those works which are defined as classical-distant in time and other very close, "has been refined by generations of readers, and probably offer us a closer current reality, feelings and human passions, the conflicts between individuals and between them and society far more than innovations that end up being treated as a consumer product: disposable.

    The validity of the classics is that the man remains always the same, it match, at least in the West, that the ancient world alive in our culture.

    We can conclude: There is a time for everything, a time for innovation and a time to the permanent, and certainly always a time to accept the invitation to regain those authors who, well chosen, give us the perennial youth of the always mature fruit.
 

Original de http://indeforum.wordpress.com/

Traducido por José Molero Fernández. http://pepemolero.artelista.com/

     Instituto de Desarrollo Comunitario: http://www.idcmurcia.blogspot.com/


La novedad y lo permanente 

Por Agustín Pérez Cerrada

    Aparentemente, en la postmodernidad, la novedad parece gozar de más predicamento que la antigüedad. Siempre se encuentra a alguien dispuesto a prestar atención a la última novedad. Las editoriales lanzan todos los años miles de nuevos libros y los lectores corren tras de best-seller y de las novedades editoriales; lo cual es bueno para el negocio editorial, ¿pero lo es para la cultura?, ¿se selecciona y se lee todo lo que se compra?, ¿se establece dialogo entre el autor y el lector?

    Parece como si el lector-consumidor quedara sometido a la fuerza del último viento de la oferta. El que se lea es bueno para la cultura, pero la novedad nos dice muy poco del por qué de las cosas. Si no se conoce el pasado, difícilmente se entenderá el presente.

    En la ciencia, en la técnica, en un periodo largo, es indudable que la innovación deja obsoleto mucho del conocimiento anterior, salvo aquello que es el fundamento de cada ciencia. Pero no ocurre lo mismo con los saberes humanísticos. Sin embargo, también aquí impera la novedad; se ha relegado el estudio de la filosofía, de las ciencias del hombre, de la cultura clásica. Incluso la historia se minimiza a lo local. Se ha dado preferencia a lo útil, a lo inmediato, frente a lo permanente.

    El recorte de las Humanidades en la enseñanza está deteriorando el idioma. El olvido del latín —relegar la cultura grecolatina— supone el desconocimiento de nuestro propio idioma, del origen y significado de nuestras palabras, o de las cosas que nos rodean. Si a ello se añade el culto a la imagen, no es de sorprender la pobreza del lenguaje de tanta gente joven, la incorrecta utilización de palabras por parte de locutores, o la incapacidad de muchos políticos para hacer un discurso coherente o simplemente para hablar en público.

    Exagerando, para algunos parece como si no hubieran existido generaciones anteriores que han dicho algo sobre casi todo. Se escribe frecuentemente sobre la necesidad de volver a los clásicos, de leer a los clásicos; pero se practica poco su lectura.

    No debe entenderse a un clásico como un simple testimonio de otro tiempo. El contenido de aquellas obras que se definen como clásicas —lejanas unas en el tiempo junto a otras muy cercanas—, ha sido depurado por muchas generaciones de lectores; y, seguramente, nos ofrecerán un mayor acercamiento a la realidad actual, a los sentimientos y pasiones del hombre, a los conflictos entre los individuos y entre estos y la sociedad; mucho más que novedades que acaban siendo tratadas como un producto de consumo: de usar y tirar.

    La vigencia de los clásicos se corresponde con el hecho de que el hombre sigue siendo siempre el mismo; se corresponde con que, al menos en Occidente, el mundo antiguo pervive en nuestra cultura.

    Pongamos un pie final. Hay un tiempo para cada cosa, un tiempo para la novedad y un tiempo para lo permanente; y, seguramente, siempre un tiempo para aceptar la invitación a la reflexión pausada, para retomar aquellos autores que, bien elegidos, nos ofrecen la juventud perenne de un fruto siempre maduro.

Original de http://foroin.wordpress.com/






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