39. Hablar con los hijos


    A) Hablar con los hijos

    Si los padres son los primeros en la educación, hay una condición necesaria: cualquier perfección que quieran estimular en sus hijos han de poseerla, o espirar a su posesión, los padres. Si aspiran a que sus hijos sean capaces de descubrir la alegría, ellos mismo deben intentar vivirla. Quien no intente ser cada vez un poco mejor, más ordenado, mejor trabajador, más generoso, no puede aspirar realmente a educar a sus hijos. Si tiene esta aspiración, estimulará a sus hijos con el fin de que tomen su protagonismo en la lucha que cada ser humano ha de librar para construir su propia vida. Cada palabra de los padres ha de ser un estímulo para que sus hijos obren. Cualquier acción educativa de los padres tiene como objetivo inmediato que los hijos actúen, porque son ellos los que han de educarse.

   En la vida de la familia, la palabra, aunque decirlo sea una perogrullada, ha de ser familiar, espontánea, y con la preocupación de que sea un estímulo para una doble actividad mental de quien escucha: la reflexión sobre lo que se habla y la posibilidad de que el hijo exprese su propio pensamiento. No tiene sentido que el hijo se limite a escuchar. La palabra, tanto del padre como del hijo, tiene valor educativo en la familia cuando es instrumento de conversación, es decir, comunicación recíproca de dos o más personas.

    Víctor García Hoz. Ideas para la educación. Editorial Rialp. Pág. 150.

     Tertulia dialogada de la Hacer familia.  Otras tertulias.

    B) Cooperación discreta

    La cooperación que preste el maestro al discípulo ha de ser discreta, porque ni ha de ser tanta que anule la gimnasia mental de los alumnos, tan necesaria para el desenvolvimiento de sus facultades, ni tan escasa que les cause tedio y fatiga.

    P. Valentín Caballero, Sch. P. Orientaciones pedagógicas de san José de Calasanz. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pág. 79.

    Ejercicio interactivo de la Comprensión.   Otros ejercicios.

   C) Formación de la voluntad

    Acaso el feminismo a ultranza haya insistido viciosamente en la independencia de la mujer como individuo, con peligro de las funciones maternales y familiares que para ser afrontadas requieren un caudal de abnegación ilimitada. Cierto que tales funciones solo adquieren toda su grandeza cuando se asumen cada día con una libertad renovada, pero si esta libertad no ha de ser egoísta, -capaz de conculcar no solo las leyes de la moral, sino las de la especie- ha de ser querida con una voluntad domeñada, cultivada, castigada, educada "como una reina, que lo es desde que nace". Una voluntad que se ha ensayado muchas veces en elegir hasta hacerse "fuerte y dulcísima, tierna como la de una niña, dura como la de u7n héroe; apasionada sin  peligro, decidida, sin terquedad, pronta sin  imprudencia, prudente sin suspicacia, libre sin disipación, esclava sin humillación, templada y ardorosa".

   Una voluntad en  fin, y con esto se aparta claramente de la vulgar literatura energética, que no es mera fuerza de voluntad, porque no le son indiferentes los motivos, ya que aspira a ser "fácil para el bien e invencible para el mal".

  San Pedro Poveda. Itinerario pedagógico. Estudio preliminar de Ángeles Galino. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pág. 77.

   Ejercicio interactivo de Fortalecer la voluntad.   Otros ejercicios.






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