Dos madres hablan de sus hijos

    Dos madres hablan de sus respectivos hijos:

    -¡Tengo un hijo más tonto...!

    -¡Pues anda que yo!

    Los dos hijos se acercan, y dice la madre 1:

    -Anda, Marianico, vete a casa a ver si estoy.

    Y el niño se va. Y dice la madre 2:

    -Anda, Santiaguico, toma esta peseta y cómprame una TV en color.

    Y el niño también se va. Durante el camino, se encuentran los dos, y dicen:

    -¡Tengo una madre más tonta...!

    -¡Pues anda que yo!

    -Fíjate, la mía me manda ir a casa a ver si está y no me da la llave.

    -Pues fíjate la mía, que me da una pela para comprar una TV en color, y no me dice de qué color la quiere.


De países


Dos finlandeses deciden echarse una cerveza; abren las botellas y uno dice:

-¡Salud!

-Pero, bueno, ¿a qué estamos, a beber o a charlar?


Dos rusos están un día haciendo cola para comprar vodka, cuando uno de ellos se harta y dice:

-Estoy hasta las narices de que todos los días pase lo mismo: cinco horas de cola para que luego nos digan que se ha acabado. Hay que hacer algo. Ahora mismo voy y mato a Putin.

El tío se va, pero vuelve de nuevo al cabo de un rato y su amigo le pregunta:

-Oye, ¿y por qué has vuelto a la cola para el vodka?

-Es que la cola para matar a Putin era más larga.


Esto es Castro y su hermano que están sobrevolando La Habana en helicóptero, y entonces va Fidel y dice: “Voy a tirar un billete de veinte pesos al aire y así haré feliz a un cubano”. Entonces su hermano le contesta: “Y por qué  no tiras dos billetes de diez pesos, y así harás felices a dos cubanos?”. “Pues es una buena idea. Pero se me ha ocurrido una todavía mejor; voy a tirar cuatro billetes de cinco pesos y así haré feliz a cuatro cubanos”. Total, que el piloto del helicóptero se harta, se da la vuelta y les dice:

-¿Por qué no hacen felices a varios millones de cubanos y se tiran ustedes?


Hablando con un emigrante soviético:

-Oye, y ¿cómo se vivía en la Unión Soviética?

-Hombre, no me podía quejar...

-¿Y la economía?

-Pues mira, no nos podíamos quejar...

-¿Y se bebe mucho?

-Bueno, no te puedes quejar...

-Joer, entonces ¿por qué te fuiste de la Unión Soviética?

-¡Caray!, pues porque no me podía quejar.


Hitler va a uno de los campos de concentración nazi y se queda tan impresionado que empieza a tener unas terribles pesadillas. Al cabo de unas cuantas noches decide ir a consultar con una de sus astrólogas. La astróloga empieza a hacerle preguntas, y Hitler le cuenta lo que ha visto; al final, la astróloga le dice:

-Pues mira, Adolfo, no puedo decirte qué es lo que significan estas pesadillas, pero lo que sí puedo decirte es que morirás en una fiesta judía.

-¡Ajá!... ¿y qué fiesta será esa?

-No lo sé, pero el día que mueras será una fiesta judía...


Lenin está muriendo y llama a Stalin.

-Stalin, estoy preocupado por el futuro de nuestro pueblo. ¿Crees que te seguirán como su líder?

-Sí, Lenin, no lo dudes por un momento.

-Ya, bueno... pero ¿y si no te siguen?

-Entonces te seguirán a ti, hombre, no hay problema.


Parece ser que en China cuentan chistes de Li Peng como los que contábamos nosotros en España del ministro Morán. Se dice que, cuando fue a la Unión Soviética a estudiar ingeniería, le enseñaron que en la calle los coches circulan por el carril de la derecha, y él contestó:

-¿Y el lado izquierdo no se usa?


Un domingo por la mañana, en una iglesia de Inglaterra, el cura hace la colecta y ve tres monedas de un penique entre los billetes, así que dice:

-Hombre, hoy está entre nosotros un escocés.

Al fondo de la iglesia se oye tímidamente:

-¿Oye, le decimos que somos tres?


Un grupo de suizos se van a cazar, y al cabo de un  rato, dos de ellos se separan del resto y se pierden. Tras unas cuantas horas:

-Mira, ¿qué te parece si disparamos, a ver si nos oyen?

-Jo, tío, qué buena idea. Venga, disparo yo.

Al cabo de una hora:

-Pues no creo que nos hayan oído, ¿por qué no vuelves a disparar?

-Bueno...

Al anochecer:

-Oye, ¿por qué no disparas otra vez?

-No puedo, se me han acabado las flechas.


Era tan... tan... 


Eres tan bobo que te estrangularías con un teléfono sin cable.


Eres tan desgraciado que haces llorar a las cebollas.


Eres tan gafe que morirías apuñalado durante un tiroteo.


Pues me matriculé de un curso de física que era tan difícil, tan difícil, tan difícil, que no conseguí siquiera encontrar la clase.


Era un tío tan tonto, tan tonto, tan tonto, que desde que perdió un dedo solo sabía contar hasta nueve.






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