Entrevista sobre sexología

      



    Entrevista mantenida con el Doctor Wilhelm Dietrich von Rudstedt, Catedrático de Psicología de la Universidad de Friburgo en Alemania, especialista en sexología a quien le queremos hacer algunas preguntas de actualidad.

    Periodista. Doctor von Rudstedt, Ud. es psicólogo sexual especialista en temas de sexología. En la actualidad, todos los días aparecen en los medios de comunicación de todo el mundo, sobre todo en el mundo occidental europeo y americano, propuestas sorprendentes sobre la sexualidad humana. Dígame, ¿la sexualidad de los seres humanos es inmodificable o se puede cambiar de sexo a voluntad del interesado?

    Doctor von Rudstedt. El ser humano es un ente compuesto de alma espiritual y cuerpo animal unidos de forma substancial que permanecen así hasta el final de la vida, es decir, cuando se produce la muerte y se separan ambos compuestos definitivamente según los no creyentes y temporal o coyunturalmente para los creyentes en otra vida más placentera después de la muerte humana.

    El alma humana posee dos facultades fundamentales que son la inteligencia y la voluntad que se van desarrollando paulatinamente ya dentro el vientre de la madre de manera inconsciente y fuera del seno materno con el nacimiento, de modo cada vez más consciente. Por lo tanto, se puede decir que el alma humana cambia, mejora, se desarrolla, y aumenta constantemente su capacidad de conocimiento hasta un cierto límite que desconocemos por completo cada uno de nosotros. Además, posee otras facultades como la imaginación, la memoria y la afectividad que también son susceptibles de desarrollo y mejora.

     En cuanto al cuerpo, también se desarrolla y crece especialmente a partir del nacimiento hasta adquirir un tamaño y proporciones anatómicas determinadas a partir de las cuales con la adultez, deja de crecer y desarrollarse.

     Con respecto al cambio de sexo sobre el que Ud. me ha preguntado, mi experiencia científica es que, efectivamente todos los seres humanos nacemos con un sexo determinado que se origina y empieza a configurarse ya en el seno de la madre con los cromosomas XX de la mujer o XY del varón, sabiendo que los óvulos de la mujer son siempre de cromosoma X y los esparmatozoides del varón son variables, unos son X y otros Y, y según cuál de los espermatozoides se introduce en el óvulo generado por la mujer así da lugar a una mujer o a un varón.

     Se nace pues, con un sexo determinado, aleatorio, realizado por la propia naturaleza humana sin que ésta pueda intervenirse, pues no se pueden distinguir a simple vista ni en ningún laboratorio, a qué grupo X o Y pertenece cada espermatozoide. Sin embargo, una vez asignado el sexo con el que nacemos cada ser humano, éste puede, por voluntad propia, tratar de cambiar su sexo mediante ingestión o inyección de hormonas correspondientes al sexo contrario al que se ha recibido, pero siempre ese cambio será externo, aparente, ya que tanto las hormonas como la cirugía plástica a la que se recurre para implantar el cambio, tan sólo proporcionan las características externas de cada uno de los sexos, pene, testículos y escroto en las mujeres que han decidido cambiar de sexo, y vagina en los hombres con la misma intencionalidad. El resto del aparato genital o reproductor femenino compuesto por las trompas de falopio, ovarios productores de los óvulos femeninos y el útero para la implantación del feto proveniente de la concepción humana que resulta de la unión de un óvulo con un espermatozoide determinado, no pueden reproducirse quirúrgica-mente en ningún ser humano, como ocurre también con los testículos del hombre que no son factibles de reproducir en laboratorio.

     Este hecho da como resultado que la persona que se somete al cambio de sexo, ha perdido la facultad de engendrar un hijo natural tanto si es mujer que ha pretendido ser un hombre, como si es un hombre que ha pretendido convertirse en mujer. Además de este hecho incontrovertible, la transformación buscada puede producir importantes dificultades o secuelas de carácter fisiológico, dolores, rechazo físico, etc. y también de carácter psíquico como inadaptación, desconcierto, angustia, etc.

     Así pues, no sé si he contestado totalmente a su pregunta, de si se puede cambiar de sexo, se puede, pero no se debe, porque es siempre peligroso por sus consecuencias negativas para el ser humano, además de eliminar un aspecto tan importante para la vida humana como es la posibilidad de tener un hijo y de conseguir sólo la apariencia del sexo contrario.

    Periodista. Ha quedado muy claro lo del cambio de sexo, gracias por su exposición tan detallada. Ahora, por favor, contésteme a otra pregunta importante que se suscita en la sociedad actual: ¿puede el ser humano elegir libremente su orientación sexual, es decir, inclinar su afectividad y su apetito sexual hacia personas de su mismo sexo, del sexo contrario, o de ambos sexos por igual, o no tener ningún deseo sexual?

    Doctor von Rudstedt. Es una pregunta muy comprometida, especialmente en los tiempos actuales en que se ha fomentado tanto esa presunta libertad de orientación sexual y se ha avanzado tan extraordinariamente para evitar que las personas que la ejercen, puedan sentirse discriminadas en sus derechos y libertades.

     Aquí entramos en un terreno que, además de la sexología que estudia una parte de la fisiología corporal humana el sexo, es necesario también apelar a la psicología la cual estudia la parte espiritual del hombre, su razón, su voluntad y sus sentimientos.

     Mi experiencia personal es que el ser humano posee dos elementos distintos, el cuerpo material y el alma espiritual, inteligencia, voluntad y sentimientos o afectividad. Desde este punto de vista que es obviamente científico porque no rechaza ningún prejuicio que a priori pueda establecer o determinar una conclusión objetiva de su pregunta, entiendo que puede afirmarse lo siguiente.

     He dicho presunta libertad de orientación sexual, porque aunque la voluntad humana tiene completa libertad para afirmar una cosa y la contraria si le place, la dificultad está en analizar detenidamente si lo que afirma es real, objetivo y se puede demostrar empíricamente, o bien se trata de afirmaciones o negaciones que se llaman gratuitas, porque la persona no se preocupa de demostrar nada, sino que se mantiene en sus afirmaciones, podríamos decir que “porque si” porque le da la gana.

     En el caso de la libertad de orientación sexual, nos encontramos con un tema complejo. En principio se puede decir que, en circunstancias normales, sin ninguna patología que altere la percepción del individuo, existe la libertad de orientación sexual en cuanto admitida por la voluntad personal, pero no parece sensato que las personas la ejerzan, prescindiendo de la realidad del propio sexo recibido al venir al mundo. Parece y es más sensato en realidad, que la persona se atenga al sexo sobre el que no ha tenido ninguna posibilidad de elegir, para desarrollar en el futuro su vida sexual y afectiva.

     Ahora bien, puede haber patologías fisiológicas, anatómicas o psíquicas que impulsen al individuo a decantarse sexualmente hacia otra persona del mismo sexo sin que se haya producido un apercibimiento previo de la persona, es decir, una predisposición o inclinación hacia otra persona del mismo sexo, no deseada ni elegida, sino simplemente sentida más o menos intensamente.

     Otra cosa distinta es que la persona elija conscientemente esa inclinación ante otras de su mismo sexo y se enorgullezca de ella ante los demás. En este caso estaríamos ante una anomalía o desviación psíquica querida y consentida.

     Con respecto a la inclinación sexual permanente hacia los dos sexos, me parece un caso poco frecuente, aunque pueda darse en ocasiones, pero siempre será un hecho psíquico bastante excepcional, sobre el que no puede sostenerse ningún tipo de inconsciencia ni desconocimiento de la propia realidad sexual. En este caso, siempre será un error entenderlo y vivirlo así.

    Aún menos frecuente me parece que una persona normal, sin ninguna enfermedad o patología, se considere absolutamente indiferente hacia una realidad corporal tan importante como es el sexo, naturalmente prescindiendo de la vejez, que puede o suele producir un descenso muy notable del deseo sexual e incluso desaparecer casi por completo del horizonte del individuo muy anciano.

     En definitiva, entiendo que todos los seres humanos tenemos libertad de orientación para ejercer nuestro inclinación afectiva y nuestro apetito sexual, pero el hecho de ejercer esa inclinación y ese deseo hacia personas del mismo sexo, considero que es un error, un capricho o una decisión poco sensata por parte del individuo.

    Periodista. Otro aspecto muy controvertido en la actualidad ligado con los anteriores temas, es la sensación de algunas personas adultas e incluso de niños que afirman que no se sienten a gusto con el sexo recibido por la naturaleza, bien sean hombres que se sienten mujeres o mujeres que se sienten hombres y desean y exigen que se les reconozca que pertenecen al sexo contrario y adoptan decididamente el papel o rol de las costumbres y características del género opuesto, sin intentar el cambio genital de sexo que decíamos al principio, sino solamente el cambio de género masculino al femenino, o al revés, es decir, permaneciendo con el aparato genital recibido.

    Doctor von Rudstedt. Este hecho que Ud. menciona, es lo que se llama en la medicina actual disforia de género. El término disforia se adoptó como contrario a euforia, o sea, un estado de disgusto contrario al de euforia que significa un estado de gusto y entusiasmo por lo que nos acontece en la vida. La disforia de género se refiere a que la persona no quiere cambiar de sexo, sometiéndose a la ingestión de hormonas y la cirugía que se ha venido a llamar “de reasignación de sexo”, que consiste en sustituir los propios genitales por los del sexo contrario, sino que solamente desea el cambio de apariencia para adquirir la forma de vivir del sexo al que se siente identificado, con independencia del aparato genital que sigue poseyendo sin cambio alguno.

     Esta disforia de género, antiguamente llamada trastorno de identidad sexual, es un diagnóstico psiquiátrico asignado a las personas que sienten una tendencia fuerte y significativa también llamada distrés, debido a la discordancia que sienten entre su sexo asignado al nacer, con el que no se identifican ni sienten como propio, y su identidad del género al que quieren pertenecer apelando a que se acepte su sentimiento y su deseo como algo lógico y natural, para evitar esa discordancia.

     Por otro lado, mientras que el trastorno de identidad sexual está clasificado actualmente en la CIE-10 (acrónimo de la Clasificación Internacional de Enfermedades, décima versión), en el DSM5 (Manual internacional diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) publicado por la Asociación de Psiquiatras Americanos (APA) fue reclasificado moviéndose de la categoría de trastornos sexuales hacia una nueva categoría propia renombrada como disforia de género con objeto de evitar la estigmatización de las personas transgénero, llamadas así por el resultado de su decisión de cambio de género. Existe también la llamada disforia de sexo que es una disposición semejante a la de género pero incluyendo la modificación del aparato de reproducción genital. En esta reclasificación se declara que, tanto la disforia de género como la de sexo no constituyen una enfermedad mental en sí mismas sino que su elemento crítico es la presencia permanente de malestar clínicamente significativo asociado a la condición del sexo asignado y/o al género al que se pertenece o se quiere pertenecer.

    Periodista. Doctor, ¿entonces puede decirme cuál es su opinión sobre estas disforias, tanto la de sexo como la de género, es decir, si como están justificadas por la psiquiatría internacional alegando que no son enfermedades mentales, son en realidad viables y aceptables por las personas consideradas individualmente y por la sociedad en general?

   Doctor von Rudstedt.Se trata de varias preguntas en una sola. Voy a tratar de responderlas con cierto orden. En cuanto a la disforia de sexo, ya le he comentado con anterioridad que por el hecho de desear cambiar de sexo y de poner los medios para intentarlo mediante hormonas y operaciones quirúrgicas, no se consigue una solución satisfactoria sino generalmente al contrario, esa decisión suele producir en la persona una situación de incomodidad permanente que hace que ese deseo sea viable aparente-mente, pero inaceptable por sus consecuencias traumatizantes biológicas, tanto fisiológicas como psíquicas de inadaptación.

    A este respecto, voy a relatarle unos hechos ocurridos en EEUU a finales de los años 60 del pasado siglo, que fue el intento de cambio de sexo de un niño nacido en 1965 llamado Bruce Reimer. Este niño, nacido en Winipeg Canadá, a raíz de que a los pocos meses de nacer le diagnosticaran un problema de fimosis, los médicos recomendaron a sus padres que la mejor solución era la circuncisión. Se le practicó esta intervención quirúrgica pero no salió bien, porque un fallo médico con el cauterizador eléctrico provocó la quemadura del pene y su posterior amputación. Los padres, preocupados por el hecho de que no pudiera ser feliz en el futuro, recurrieron al médico Dr. John Money del Hospital John Hopkins de Baltimore que les aconsejó que se le hicieran varias operaciones para convertirlo en niña y llamarla Brenda, como así lo hicieron. Este niño convertido en niña vivió así durante unos años sin conseguir adaptarse a su nueva situación hasta llegar a tener intentos de suicidio a partir de los 11 años, en 1976.

     En marzo de 1980, su padre Ron Reimer le reveló a su presunta hija Brenda la verdad de lo que era al nacer y lo que le habían hecho, por lo que Brenda se sintió aliviada según dijo, ya que por fin entendió que “no estaba loca”. Decidió volver a su sexo biológico y eligió llamarse David, con nuevas operaciones quirúrgicas que le permitieron recuperar y ejercer su función de varón. En 1988 se casó con Jane, una madre soltera con tres hijos de distintos padres. Su matrimonio no fue feliz ya que ella sufría profundas crisis depresivas constantemente.

    David, tuvo un hermano gemelo que tras varios fracasos matrimoniales, drogas y alcohol, terminó suicidándose en el año 2002. Esto le afectó mucho y por aquel tiempo se separó de su mujer. El 4 de mayo de 2004 David condujo su coche a un parking aislado y se disparó un tiro en la cabeza. Tenía 38 años.    El promotor y ejecutor de las sucesivas operaciones de cambio de sexo fue el citado Doctor John Money que adquirió gran relevancia y se hizo famoso como el inventor de la “ideología de género” la cual a partir de entonces, se extendió rápidamente por los EEUU y gran parte del mundo. Murió en el año 2004.

     Este breve relato resumido, está tomado del libro “Bruce, Brenda y David” el muchacho que creció como una muchacha, del periodista estadounidense John Colapinto que lo publicó en 1997 dando todos los detalles de los hechos ocurridos.     Como comprenderá este relato tan revelador, confirma plenamente mi experiencia en este tema y mi opinión sobre el mismo. Otro tanto ocurre con el cambio de género, aunque quizás con menos dramatismo.

     Creo que he contestado a su pregunta en lo que se refiere a la aceptación individual de las personas transexo y transgénero. En cuanto a la aceptación social, es importante que la sociedad conozca y considere objetivamente las dificultades que producen estos intentos de cambio, para formar su propio criterio.

    Roberto Grao Gracia

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