Dime Niño, ¿de quién eres?

DIME NIÑO, ¿DE QUIÉN ERES?

Dime Niño, ¿de quien eres?

todo vestidito de blanco.

Soy de la Virgen María

y del Espíritu Santo.

Resuenen con alegría

los cánticos de mi tierra

y viva el Niño de Dios

que nació en la Nochebuena.

 

La Nochebuena se viene, tururú

la Nochebuena se va.

Y nosotros nos iremos, tururú

y no volveremos más.

 

Dime Niño, ¿de quien eres?

y si te llamas Jesús.

Soy amor en el pesebre

y sufrimiento en la Cruz.

Resuenen con alegría

los cánticos de mi tierra

y viva el Niño de Dios

que nació en la Nochebuena.

 

(Música MIDI compuesta y facilitada por Aldo Moreno)

(De www.navidaddigital.com).





  Pinturas navideñas de RAFAEL Sanzio. Para salir: Alt + F4
  La Anunciación. Pinacoteca Vaticana.
  La adoración de los Magos. Pinacoteca Vaticana. 
  La presentación en el Templo. Pinacoteca Vaticana.
  La Señora y el Niño. Norton Simon Museum of Art, Pasadena.
  Los Desposorios de la Virgen. Pinacoteca di Brera, Milán.
  Señora. Galería Palatina, Florencia.
  La Señora con San José imberbe. The Hermitage, St. Petersburg.
  Señora de Loreto.  Museo Condé, Chantilly.
  Señora de la Seggiola (Sedia).  Galería Palatina, Florencia.
  La Sagrada Familia. Musée du Louvre, París.

 

VOS, GLORIOSA MADRE

Bartolomé Leonardo de Argensola (1562-1631)

   Vos, gloriosa Madre,
que le dais el pecho,
recogednos las perlas
que vierte gimiendo;
que por ser de sus ojos
no tienen precio.


   Cuanto sus ojos miraren,
veremos fértil y lleno,
la tierra de alegres frutos,
de serenidad de cielo.

   Cesará el rigor del rayo
y la amenaza del trueno;
pondrá a los pies de la paz
la venganza sus trofeos.

   Obrad, lágrimas suaves,
nuestro general remedio,
y salgan de suspensión
la esperanza y el deseo.

   Vos, gloriosa Madre,
que le dais el pecho,
recogednos las perlas
que vierte gimiendo;
que por ser de sus ojos
no tienen  precio.

   Niño divino y humano,
pues venís para volvernos
a la gracia, que al principio
nos quitó el primer exceso,

   comience a esparcir sus glorias
la unión de los dos extremos;
porque el ocio y el amor
no caben en un sujeto.

   En vuestras lágrimas hierve
la calidad del afecto;
haced que el orbe se abrase
en tan amoroso incendio.

   Vos, gloriosa Madre,
que le dais el pecho,
recogednos las perlas
que vierte gimiendo;
que por ser de sus ojos
no tienen precio.





 Ejercicio:   Visitación 

Aplicaciones didácticas

Villancicos





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