La vida de oración

    58. La vida de oración

   San Juan Bautista María Vianney, cura de Ars en Francia, refiere un caso de oración bien singular. Había en el pueblo un labrador que hacía la visita a la Iglesia cuando iba y volvía del trabajo; dejaba la azada y el hato a la puerta, entraba y permanecía de rodillas un buen rato delante del Sagrario. El Santo lo había observado y le llamaba la atención que no movía los labios, aunque no apartaba los ojos del Sagrario. Un día le preguntó:

    -Juan, ¿qué dices al Señor?

    Y Juan respondió:

    -No le digo nada. Yo le miro y Él me mira.

    ¡Anécdota espléndida para entender lo fácil que es tratar al Señor!

1. Jesús invita a orar continuamente

   El hombre es una criatura privilegiada pero con necesidades constantes; depende de Dios, que es quien puede resolver las necesidades, y acudimos a Él en la oración para contárselas. Jesús recurría continuamente a su Padre, y los Apóstoles lo verán frecuentemente entregado a la oración (cfr. Lucas 5,16; Mateo 14,23). San Lucas recuerda cómo un día "les dijo una parábola para mostrar que es preciso orar en todo momento y no desfallecer" (Lucas 18,1). Con el ejemplo y la exhortación el Señor quiere que comprendamos la necesidad de la oración.

2. Los momentos de la oración

    Generalmente, cuando se quiere ver a un personaje tenemos que esperar; Dios no hace esperar, antes bien es Él quien espera; ciertamente es un gran honor hablar con Dios en la oración. Podemos orar siempre, pero es buena pedagogía señalarnos momentos determinados para hacerlo: al levantarse y al acostarse; visitando al Santísimo por la tarde; después de  comulgar; al empezar un trabajo...; sin olvidar que la Santa Misa es -como ya se ha dicho- el momento cumbre para alabar, dar gracias, pedir perdón por los pecados y poner en manos de Dios nuestras necesidades y las de todo el mundo.

3. Modos de orar

    Cabe decir que hay infinitos modos de orar porque Dios guía a cada uno por su camino, y no se trata de encorsetar a nadie; sin embargo, la tradición cristiana señala como formas principales de orar:

    a) La oración vocal. Es la que se realiza también con palabras, como al rezar el Padrenuestro o el Avemaría.

    b) La oración mental. En realidad toda oración es -o debe ser- mental, en el sentido de que el alma de la oración está en la devoción interior; pero la calificamos así porque toda la carga del trato con Dios descansa en la actuación de la mente y no en las palabras; interviene el pensamiento, la imaginación, la emoción, el deseo, confrontando las verdades divinas con nuestra existencia real y personal para adaptarla al querer de Dios.

4. Cualidades de la oración

    Al hablar con Dios en la oración debemos cuidar los detalles de respeto y delicadeza, igual que cuidamos la educación con las personas que tratamos. De ahí que la oración bien hecha habrá de ser:

    - Piadosa. Hemos de acudir a la oración como hijos, porque lo somos.

    - Humilde. Siempre necesitamos de Dios, y somos pecadores.

    - Confiada. Él nos ama como Padre, nos fiamos de Él y estamos seguros de que nos dará lo mejor.

    - Perseverante. Pedir una y otra vez, sin cansancio ni desánimo.

    A veces tenemos la sensación de que Dios no nos concede lo que pedimos. Habrá que examinar si lo que pedimos es conveniente para nuestra salvación, o si nuestros rezos tienen las condiciones expuestas. Porque puede ocurrir que rezamos mal, o nos portamos mal o pedimos cosas no convenientes.

5. Valor de la oración

    A medida que nos vamos habituando a la oración, nos unimos más con Dios y comprendemos mejor sus planes sobre nosotros y sobre los demás, poniendo las cosas de la tierra en su justo lugar. De la oración salimos fortalecidos para luchar contra el mal y hacer el bien; para enfrentarnos a las dificultades de la vida con serenidad y alegría. La oración nos consigue la gracia de permanecer hasta el fin fieles a Cristo, cooperando con Él a la redención del mundo y a la salvación de los hombres.


Curso de Catequesis. Don Jaime Pujol Balcells y Don Jesús Sancho Bielsa. EUNSA. Con la autorización de Don Jesús Sancho



 

    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

 

    1. Objetivo. Acudir a Dios en todo momento: en las alegrías y tristezas, en la necesidad y en la abundancia.
 

    2. Actividades.-Sacar por impresora el texto. Cada alumno lo subraya y contesta a estas preguntas:

        a) ¿Qué cuenta el santo Cura de Ars?

        b) ¿Cuándo podemos hacer oración?

        c) Explica las diferencias entre oración vocal y mental.

        d) Explica las cuatro cualidades de la oración.

        e) ¿Cómo nos ayuda la oración?
 

    3. Puesta en común. Varios chicos leen sus respuestas.

    4. Propósito de vida cristiana. Dedicar unos minutos al día para hacer oración mental. Procurar rezar con piedad y confianza nuestras oraciones vocales.




    CATECISMO

1. ¿Tenemos obligación de orar?

- Tenemos obligación de orar porque Jesucristo nos lo manda y porque la oración es el medio ordinario para alcanzar la gracia y los beneficios de Dios. 

2. ¿Cómo hemos de orar? 

- Hemos de orar con atención, humildad, confianza y perseverancia. 

3. ¿Oye siempre Dios nuestras oraciones? 

- Dios oye siempre nuestras oraciones y nos concede lo que es más conveniente para nuestra salvación. 

4. ¿Podemos pedir a Dios la salud y otros bienes temporales? 

- Podemos pedir a Dios la salud y otros bienes temporales, con tal de que los pidamos sometiéndolos a su voluntad. 


    ORACIÓN

   BENDICIÓN DE LA MESA

   ( De nuestro Padre Dios recibimos todos los dones y beneficios. El de la comida es uno de ellos.          Acostúmbrate a bendecir la mesa, que es una forma de agradecérselos.)

Antes de comer

V. + Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos, que por tu bondad vamos a tomar.

R. Amén.

V. El Rey de la Gloria nos haga partícipes de la mesa celestial.

R. Amén.

 

                    Después de comer

V. + Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios. A Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

V. El Señor nos dé su paz.

R. Y la vida eterna.  Amén.


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