No cometerás actos impuros

    50. Sexto mandamiento: No cometerás actos impuros

   San Pablo escribe a los de Corinto: "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?... ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, que lo habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis? ¡Habéis sido comprados a gran precio! Glorificad por tanto a Dios en vuestro cuerpo" (1 Corintios 6,15;19-20) En un mundo  pagano, donde la castidad se despreciaba y ridiculizaba, San Pablo exhibe las razones para que el cristiano viva la castidad: es miembro de Cristo, templo del Espíritu Santo y debe dar gloria a Dios también con el cuerpo.

    Pero no sólo el cristiano, sino el hombre como tal, debe respetar su cuerpo -y el de los demás- cuidando con esmero la castidad en pensamientos, palabras, obras y deseos, si quiere vivir conforme a la razón. Dios ha marcado el camino de la dignidad humana en este campo con dos preceptos: el sexto, "no cometerás actos impuros", y el noveno, "no consentirás pensamientos ni deseos impuros", para el pleno dominio racional -interior y exterior- de la sexualidad.

1. La sexualidad es don de Dios

   Un  punto de partida, tan fundamental como necesario para hablar del sexto mandamiento es la afirmación de la Sagrada Escritura, cuando enseña que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y los creó hombre y mujer (cfr. Génesis 1,27). El que el varón, pues, sea varón y la mujer sea mujer, viene de Dios. Dios lo ha querido así. Por tanto, como todo lo que hace Dios es bueno, la sexualidad no es mala, ni es contraria a la ley de Dios; es buena puesto que viene de Dios. Es otro don de Dios.

    Eso sí, la sexualidad tiene una razón de ser muy definida y sublime. Aunque Dios podía haber hecho las cosas de otra manera, quiso -por la sexualidad- confiar al hombre y a la mujer -a los esposos- la misión nobilísima de transmitir la vida, continuando la generación humana querida por Dios. Y como la misión es tan alta, quiso también ordenarla y protegerla con unos preceptos que la mantienen en su dignidad y eficacia, conforme al plan de Dios. Por eso no se puede hacer con el cuerpo lo que apetece. Dios ha establecido un orden en el uso de la sexualidad y consiste en que el placer sexual -sea de pensamiento, palabra u obra- sólo es lícito buscarlo dentro del matrimonio y encaminado al fin señalado por el Creador: la transmisión de la vida humana, junto con la ayuda mutua de los esposos.

2. La virtud de la castidad

   Aunque a veces se identifican castidad y pureza, la virtud de la pureza expresa más bien el hecho y la renuncia total al uso de la sexualidad; mientras que la castidad expresa el señorío sobre la sexualidad por renuncia total al uso ilícito. La castidad, pues, es la virtud que regula y controla la sexualidad, imponiendo el respeto al cuerpo en pensamientos, deseos, palabras y acciones. Esta virtud expresa la integración de la sexualidad en la persona y, por consiguiente, la sumisión de la pasión sexual a la razón humana y a la fe. La virtud de la castidad es, como toda virtud, una conquista propia de valientes; es algo positivo que libera de la esclavitud del pecado.

3. La impureza destruye muchas cosas en el hombre

   El pecado de impureza destruye en el hombre y en la mujer tesoros que Dios les ha dado, no sólo por cuanto le ofendemos y perdemos su amistad, sino porque daña de modo particular virtudes de verdad excelentes. El impuro está triste porque es esclavo del pecado; no es generoso porque sólo piensa en sí mismo y en el placer; se debilita su fe porque se le va cegando el corazón. Pierde esa sensibilidad fina del alma, que le capacita para amar a Dios y a los demás.

    Si no se consigue la educación y dominio de la sexualidad, con una pedagogía de libertad, la alternativa es evidente: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado.

4. La castidad es para todos

   Cristo es el modelo de todas las virtudes, y condición del cristiano es vivir una vida casta. Cada uno en su estado y según la vocación que ha recibido, pues a unos Dios les pide vivir en virginidad o en celibato -modo eminente de dedicarse por entero a Dios con el corazón indiviso-, y a otros, en el matrimonio o solteros. Los casados han de vivir la castidad conyugal, fieles a sus deberes matrimoniales; los solteros practican la castidad en la continencia.

    Los esposos han de tener presente que la fecundidad es un bien y fin del matrimonio, pues el amor conyugal tiende naturalmente a ser fecundo; por eso, el acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida, y nunca está permitido el recurso a la anticoncepción o a la esterilización para evitar la procreación.

5. Pecados contra la castidad

   Pecan contra la castidad los que -consigo o con otros- cometen acciones impuras; miran cosas impuras; consienten pensamientos o deseos impuros; mantienen conversaciones o cuentan chistes sobre cosas impuras; los que voluntariamente se ponen a sí mismos o a otros en peligro de cometerlos. Como tipificación moral, son pecados notorios contra la castidad la masturbación, la fornicación, las actividades pornográficas y las prácticas homosexuales; contra la dignidad del matrimonio podemos destacar el adulterio, la poligamia y el amor libre.

    Estos pecados contra la castidad son siempre graves, si hay pleno conocimiento y consentimiento; en tal caso no hay materia leve.

6. La lucha por la castidad

   Para ganar la batalla de la castidad es necesario huir de las ocasiones; en esta materia huir no significa cobardía sino prudencia. Y la prudencia dicta evitar amistades, lecturas, espectáculos, conversaciones, etc., que empujen al pecado.

    Otro paso es estar ocupados en un trabajo serio, que salva de ensimismarse en el egoísmo; ayuda también el deporte, que forma virtudes espléndidas para resistir al capricho. Y no se puede olvidar la importancia de la sinceridad, que cuenta las dificultades a las personas competentes en busca de ayuda y consejo, así como la modestia y el pudor que enseñan delicadeza al vestirse, en el aseo diario, etc., en orden a defender la pureza propiamente dicha.

    Pero lo más importante es poner los medios sobrenaturales: confesión y comunión frecuentes; pedir la castidad con humildad y perseverancia; acudir a la Virgen Purísima y Madre nuestra; ofrecer pequeños sacrificios que afirman la voluntad y consiguen la gracia. Como observa Santo Tomás de Aquino, "que el hombre viva en la carne y no según la carne, no es del hombre sino de Dios".


Curso de Catequesis. Don Jaime Pujol Balcells y Don Jesús Sancho Bielsa. EUNSA. Con la autorización de Don Jesús Sancho






    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

 

    1. Objetivo. Acudir a la Virgen al sentir tentaciones contra la castidad; se puede rezar el "Bendita sea tu pureza" o el "Acordaos".


    2. Actividades.-Sacar por impresora el texto. Cada alumno lo subraya y contesta a estas preguntas:

         a) Explica el uso bueno y malo de la sexualidad.

         b) ¿Qué diferencia hay entre pureza y castidad?

         c) ¿Qué perjuicios causa la impureza?

         d) Escribe los pecados contra la castidad.

         e) ¿Qué hacer para vivir la castidad?

    3. Puesta en común. Varios chicos leen sus respuestas.

    4. Propósito de vida cristiana. Poner esmero en ser y mostrarse siempre limpios en palabras, conversaciones, chistes, etc.


CATECISMO

    1. ¿Qué nos prohíbe el sexto Mandamiento de la Ley de Dios? 

    - El sexto Mandamiento de la Ley de Dios nos prohíbe toda acción, mirada o conversación contrarios a la castidad y prohíbe también la infidelidad en el matrimonio.

    2. ¿Qué nos manda el noveno Mandamiento de la Ley de Dios? 

    - El noveno Mandamiento de la Ley de Dios nos manda que seamos puros y castos en pensamientos y deseos. 

    3. ¿Cuándo son pecado los pensamientos y deseos impuros? 

    - Los pensamientos y deseos impuros son pecado cuando la voluntad se complace en ellos, aunque no se realice el acto impuro, pero no son pecado si la voluntad no lo consiente y procura rechazarlos. 

    4. ¿Quiénes pecan contra la pureza? 

    - Pecan contra la pureza los que consigo o con otros cometen acciones deshonestas, y los que voluntariamente se ponen a sí mismos o ponen a otros en peligro de cometerlas. 

    5. ¿Cómo peca el que se pone en ocasión o peligro de consentir en malos pensamientos y deseos? 

    - El que sin justa causa se pone en grave ocasión o peligro de con sentir en malos pensamientos o deseos, peca gravemente. 

    6. ¿Son graves los pecados contra la pureza? 

    - Los pecados contra la pureza, cometidos con pleno conocimiento y consentimiento, son siempre graves. 

    7. ¿Cuáles son los medios principales para guardar la santa pureza? 

    - Los medios principales para guardar la santa pureza son: la Confesión y Comunión frecuentes, la devoción a la Santísima Virgen, la modestia y guarda de los sentidos y la huida de las ocasiones peligrosas como conversaciones, miradas, lecturas, amistades y espectáculos deshonestos.


    ORACIÓN

 BENDITA SEA TU PUREZA

    (Pídele muchas veces a la Virgen la pureza de pensamientos, palabras y obras en tu vida.)

    Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti celestial Princesa, Virgen Sagrada,  María, te ofrezco desde este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión. No me dejes, Madre mía, Amén.





 Aplicaciones didácticas 

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