Nuestra reconciliación con Dios

    33. Nuestra reconciliación con Dios

   En la vida de San Cirilo de Jerusalén se cuenta este episodio: "Una Semana Santa había mucha gente esperando para confesarse, y entre ellos vio al demonio. Le preguntó el Obispo qué hacía allí, y el demonio respondió que hacía un acto de penitencia.

    -¿Tú, penitencia?, le replicó el santo.

    Yo te lo diré, repuso el demonio: ¿No es un acto de penitencia satisfacer y restituir lo que se quitó? Pues yo quité a todos estos la vergüenza para que pecasen, y ahora vengo a restituírsela para que no se confiesen".

    Miedo, vergüenza, falta de sinceridad..., son peligros a evitar en la confesión. Si somos conscientes de que es Jesucristo mismo quien perdona los pecados por medio del sacerdote, superaremos mejor esas actitudes que a ciertos cristianos les retraen al confesarse.

1. Condiciones para una buena confesión

   Para hacer una buena confesión son necesarias cinco cosas: Examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Hay que confesarse procurando vivir bien estas disposiciones, sin caer en la rutina, ya que cada confesión es un encuentro personal con Jesucristo.

2. Examen de conciencia

    Es preciso recordar -para acusarse después- los pecados mortales cometidos desde la última confesión bien hecha. En ese examen hay hay que considerar detenidamente los mandamientos de la Ley de Dios, los de la Iglesia y las obligaciones del propio estado. Si se descubren pecados mortales cometidos desde la última confesión válida, hay que saber la clase de pecado, las circunstancias que cambian su especie y -dentro de lo posible- el número de veces o al menos una media aproximada. Conviene ver también los pecados veniales.

   Normalmente, el examen debe ser breve, lo que no quiere decir "superficial". Si se confiesa uno con frecuencia será más fácil hacerlo, como es más fácil confesarse bien   cuando uno se examina habitualmente.

3. Dolor de los pecados

   El dolor puede ser de atrición (por el castigo o por la fealdad del pecado) o de contrición (por haber ofendido a Dios, siendo quien es).

    El dolor de contrición o dolor perfecto, fruto de una ardiente caridad hacia Dios ofendido, cuando existe la imposibilidad de confesarse, reconcilia al hombre con Dios antes de que de hecho se reciba el sacramento de la Penitencia. Sin embargo, este dolor no hace superflua la confesión oral de los pecados, sino que presupone su deseo y a ella se ordena por naturaleza.

    Sería contradictorio un perfecto dolor de los pecados unido al rechazo del precepto divino de confesarlos al sacerdote. La efectiva confesión de los pecados es necesaria porque nadie puede estar absolutamente seguro de que su contrición es perfecta. Por eso, para acercarse a comulgar, si se tiene conciencia de pecado mortal, salvo casos raros y especiales, hay que confesarse antes. No hacerlo así, y acercarse sólo con un supuesto acto de contrición, sería un desprecio a Cristo, ya que pondría en ocasión de recibirlo sin las disposiciones necesarias, puesto que nadie puede estar seguro de la suficiencia de su dolor.

    El dolor de atrición o dolor imperfecto de suyo no perdona el pecado, pero es suficiente para recibir el sacramento de la Penitencia.

4. Propósito de la enmienda

   Consiste en la determinación de no volver a pecar, como se lo indicó Jesús a la mujer pecadora: "Anda, y no peques más" (Juan 8,11). Aunque no sea posible tener certeza de que no se ofenderá más a Dios, hay que estar dispuesto a poner los medios para no volver a hacerlo. Esto lleva a quitar las ocasiones  próximas y voluntarias de pecado: malas amistades, lecturas, conversaciones, etc.; poner los medios sobrenaturales y humanos para fortalecer la voluntad y no volver a pecar.

5. Confesión o acusación de los pecados

   Para hacer una buena confesión es necesario decir todos los pecados al confesor; la confesión es a modo de juicio y ningún juez puede juzgar ni poner la penitencia adecuada si no conoce la causa del reo. Hay que confesar todos los pecados mortales según su número y circunstancias importantes; por ejemplo, las que cambian la especie del pecado, que hacen que en solo acto se cometan dos o más pecados específicamente distintos, como sería el robo con violencia.

    Se cometería un sacrilegio y la confesión sería inválida si se callara un pecado mortal a sabiendas; si se olvida algún pecado y uno se da cuenta después, queda perdonado ese pecado pero hay obligación de decirlo en la próxima confesión; mientras tanto se puede comulgar. Aunque no es necesario es muy conveniente confesar también los pecados veniales.

6. Cumplir la penitencia

   La penitencia impuesta por el confesor es para satisfacer la deuda debida a Dios por el pecado. Es muy bueno que, además de cumplirla en seguida, el penitente procure libremente hacer por su cuenta otras obras que le ayuden a sentir y reparar el pecado. Si teniendo intención de cumplir la penitencia, luego no se cumple, la confesión es válida, aunque este incumplimiento puede ser grave o leve según los casos.

7. Normas prácticas sobre el modo de confesarse

   a) Antes de la confesión. Es bueno rezar alguna oración preparatoria, por ejemplo: "Ven, Espíritu Santo, ilumíname para que pueda conocer mis pecados. Ayúdame para que tenga verdadero dolor, los confiese con sinceridad y me enmiende seriamente. Amén".

    Después de hacer el examen de conciencia, se provoca el dolor de todos y cada uno de los pecados y se hace el firme propósito de luchar para no caer en esas faltas (propósito de la enmienda). Mientras se espera, hay que procurar el recogimiento interior hablando con el Señor o rezando algunas oraciones.

    b) Durante la confesión. En el momento oportuno, el penitente se dirige al confesionario, se arrodilla, y saludo al sacerdote con el saludo habitual: "Ave María Purísima". El sacerdote nos acoge y nos invita a la confianza en Dios, diciendo, por ejemplo: "El Señor esté en tu corazón para que, arrepentido, confieses tus pecados". Después, y si el sacerdote lo cree oportuno, lee o recita de memoria algún texto de la Sagrada Escritura, en el que se manifieste la misericordia de Dios. Seguidamente, el penitente se acusa de los pecados; antes puede recitar una fórmula de confesión, por ejemplo: "Yo confieso". Se acusa de todos los pecados con brevedad, claridad y sinceridad. Al terminar se puede decir: "No recuerdo más". Luego se escucha con atención la recomendación del sacerdote y la penitencia que impone. Se hace un acto de contrición diciendo, por ejemplo: "Señor Jesús, Hijo de Dios ten piedad de este pecador". Mientras el sacerdote imparte la absolución, nos recogemos con piedad y agradecimiento, respondiendo cuando acaba: "Amén".

    c) Después de la confesión. Lo mejor es cumplir la penitencia indicada cuanto antes, sin dejarla para más adelante. Al mismo tiempo se da gracias a Dios por su misericordia, se renuevan los propósitos de enmienda y se pide ayuda al Seños y a la Virgen para ponerlos en práctica.

8. La celebración del sacramento de la penitencia

   Aunque en casos realmente excepcionales hay otras formas, la confesión individual e íntegra de los pecados graves seguida de la absolución es el único camino ordinario para la reconciliación con Dios y con la Iglesia.

9. Las indulgencias

   Fuera de la confesión, Jesús ha dado a su Iglesia poder para perdonar la pena temporal debida por los pecados, y lo hace por medio de las indulgencias. Así, pues, con las indulgencias se perdona la pena temporal que puede restar de pecados ya perdonados. Para ganarlas hay que estar en gracia de Dios y hacer lo que pide la Iglesia.

    Se ganan indulgencias de muchas maneras: al ofrecer el trabajo o estudio, el rezar el Ángelus, el Rosario, el Vía Crucis, la comunión espiritual, una oración por el Papa, al usar una medalla o un crucifijo bendecido, etc.


Curso de Catequesis. Don Jaime Pujol Balcells y Don Jesús Sancho Bielsa. EUNSA. Con la autorización de Don Jesús Sancho



 

    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    1. Objetivo. Aprender a confesarse bien conforme a las indicaciones que se dan en el tema o preguntando al sacerdote, padres, profesor o catequista, las dudas que se tengan.
 

    2. Actividades.-Formar equipos de 4 ó 5 chicos y contestar a estas preguntas:

        a) ¿Qué se cuenta de San Cirilo de Jerusalén?

        b) ¿Cuáles son las cinco partes de la confesión?

        c) Explica el dolor de atrición y el de contrición.

        d) ¿Qué es el propósito de la enmienda?

        e) ¿Cuándo se comete un sacrilegio?

        f) ¿Cómo prepararnos antes de la confesión?
 

    3. Puesta en común. Los secretarios de los equipos leen las contestaciones.

    4. Propósito de vida cristiana. Preparar una buena confesión y hacerla cuanto antes.





CATECISMO

    1. ¿Qué es necesario para hacer una buena Confesión?  

- Para hacer una buena Confesión es necesario:

1. Examen de conciencia.

2. Dolor de los pecados.

3. Propósito de enmienda.

4. Decir los pecados al confesor.

5. Cumplir la penitencia.

    2. ¿Qué es examen de conciencia? 

    - Examen de conciencia es recordar todos los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.

    3. ¿Qué es dolor de los pecados? 

    - El dolor de los pecados es un sentimiento o pena espiritual de haber ofendido a Dios.

    4. ¿De cuántas maneras es el dolor de los pecados? 

    - El dolor de los pecados es de dos maneras: dolor de contrición y dolor de atrición.


    ORACIÓN

EL ACTO DE CONTRICIÓN

(Es un modo de decirle al Señor que estamos arrepentidos de haber pecado, de haberle ofendido con nuestros pensamientos, palabras y obras. Será bueno que te lo aprendas de memoria.)

¡Señor mío Jesucristo!, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois,  Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas de infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.


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