Los vendedores del Templo

    LOS VENDEDORES DEL TEMPLO

    Estaba próxima la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados.  Jesús trenzó con cordeles un látigo y empezó a arrojar a los vendedores; derribó las mesas de los cambistas y desparramó las monedas por el suelo exclamando:

-          ¡No convirtáis la casa de mi Padre en casa de traficantes!

    Después del alboroto se le acercaron los jefes de los judíos y le preguntaron:

-          ¿Qué señal nos muestras que te dé autorización para hacer estas cosas?

-          Destruid este templo y en tres días lo levantaré.

-          ¿Cuarenta y seis años se han empleado en edificar este santuario y en tres días lo vas a levantar tú?

    Jesús hablaba del templo de su cuerpo.

            (Juan 2, 13-22; 3, 1-21)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 176) 





    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

            Objetivo.- Respetar el templo como lugar de oración.

         Contenido.- Mi casa será casa de oración. ¡Qué claridad tiene la expresión que designa el templo como la casa de Dios! Como tal hemos de tenerla. A ella hemos de acudir con amor, con alegría y también con un gran  respeto, como conviene al lugar donde está, ¡Esperándonos!, el mismo Dios.
    Con frecuencia tenemos noticia o asistimos a actos y ceremonias de la vida política, académica, deportiva: una recepción, un desfile, unas Olimpiadas... Y se advierte enseguida que el protocolo y una cierta solemnidad no son superfluos. Estos detalles, a veces mínimos -las precedencias, el modo de vestir, el ritmo pausado de andar...-, entran por los ojos y dan al acto una buena parte de su valor y de su ser.
    También entre las personas, el cariño se demuestra en pequeños pormenores, en atenciones y cuidados. La alianza que se regalan los futuros esposos u otras atenciones no son en sí mismas el amor, pero en ellas se manifiesta. Es el rito sencillo que el hombre necesita para expresar lo más íntimo de su ser. El hombre, que no es sólo cuerpo ni sólo alma, necesita también manifestar su fe en actos externos y sensibles, que expresen bien lo que lleva en su corazón. Cuando se ve a alguien, por ejemplo, hincar con devoción la rodilla ante el Sagrario es fácil pensar: tiene fe y ama a su Dios. Y este gesto de adoración, resultado de lo que se lleva en el corazón, ayuda a uno mismo y a otros a tener más fe y más amor. El Papa Juan Pablo II señala en este sentido la influencia que tuvo en él la piedad sencilla y sincera de su padre: "El mero hecho de verle arrodillarse -cuenta el Pontífice- tuvo una influencia decisiva en mis años de juventud".

        (Fernández Carvajal, Francisco. Hablar con Dios. Tomo V. Página 715 y 716. Ediciones Palabra.)

         Actividades.- 

    1. Sacar por impresora este texto y hacer copias para los alumnos.

    2. Leer en voz alta y comprobar la comprensión.

    3. Cada alumno contesta por escrito a estas preguntas:

        a) ¿Qué animales había en el templo principalmente?

        b) ¿En qué consistía el negocio de los mercaderes?

        c) ¿Por qué se enfadó Jesús?

        d) ¿Cómo expulsó a los mercaderes?

        e) ¿Cómo podemos manifestar nuestro respeto a los templos o iglesias?

    4. Puesta en común leyendo las respuestas de varios alumnos, especialmente la e).





 Aplicaciones didácticas 

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