La Iglesia en marcha

    La Iglesia en marcha

    Los primeros cristianos aumentaban en número cada día.  Se reunían en las casas para leer las Escrituras y celebrar la Eucaristía y se ayudaban los unos a los otros con sus bienes.

    Los Apóstoles, con gran fortaleza de ánimo, daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y de todo lo que él les había mandado anunciar.  Obraban muchos prodigios entre el pueblo.

    Pedro y Juan subían una tarde al templo a orar y al entrar por la puerta llamada Hermosa un cojo de nacimiento, que cada día pedía limosna en ella, alargó la mano para que le dieran alguna moneda. Pedro, mirándolo fijamente, le dijo:

    -Ni oro, ni plata tengo; pero lo que tengo, eso te doy; en nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda.

    Se incorporó y entró con ellos en el templo saltando de alegría y glorificando a Dios.  El cojo era muy conocido y su curación llenó de asombro a todo el pueblo.  No se separaba de Pedro y para verlo se reunió mucha gente bajo el pórtico de Salomón, donde el Apóstol solía dirigirse a la multitud.

    Los Apóstoles fueron encarcelados varias veces.  En una de ellas Gamaliel, doctor de la ley, pidió que los sacaran de la sala para deliberar a solas.  Les dijo a los otros miembros del senado:

    -Dejad en paz a estos hombres porque si lo que enseñan es obra de hombres, desaparecerá por sí sola; mas si proviene de Dios, no podréis destruirla, y es malo pelear contra Dios.

    Después de azotarlos los dejaron en libertad, ordenándoles que no anunciaran a Jesús.  Pedro les contestó:

    -Juzgad vosotros mismos si tenemos obligación de obedecer a los hombres antes que a Dios.

    Salieron gozosos de haber padecido azotes por el nombre de Jesús, y continuaron predicando todos los días en el templo y en las casas la buena nueva del Señor Jesús.

            (Hechos de los Apóstoles 3; 4, 1-37; 5, 12-42)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 250) 





    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

            Objetivo.- Animar a otros amigos y compañeros a seguir a Jesús.

         Contenido.- Gamaliel fue maestro de San Pablo. Representaba una tendencia moderada dentro de la secta de los fariseos. Era un hombre prudente, capaz de imparcialidad y dotado de reconocido sentido religioso. Los Padres de la Iglesia le suelen proponer como ejemplo de hombre recto que espera el Reino de Dios y se atreve a defender a los Apóstoles. Las insurrecciones de Teudas y Judas a las que alude en su discurso son recogidas por Flavio Josefo, aunque parece que deben situarse en el tiempo del nacimiento de Jesús. Ambos, Teudas y Judas, reunieron gran número de adeptos que lucharon para que el pueblo judío, elegido por Dios, no tuviera que estar sometido y pagar tributo a gentes extranjeras, como herodes o el Imperio romano.
   Es evidente que, ante la argumentación de Gamaliel, también el lector juzgará que la obra de los Apóstoles es de Dios. Sin embargo, los miembros del Sanedrín no obraron así y, al castigar a los discípulos de Jesús, no hicieron sino dar cumplimiento a las palabras que el Señor les había dirigido: sufrir por Él sería para ellos motivo de alegría.

    (Sagrada Biblia. Nuevo Testamento. EUNSA. Ediciones de la Universidad de Navarra. 1999. Página 489. Nota 5, 34-42.    )

         Actividades.- 

1.Hacer copias de este texto y leerlo en clase.

2.Responder por escrito a estas cuestiones:

            a) ¿Para qué se reunían los creyentes?

            b) Explica el milagro que hizo Pedro.

            c) Por qué los judíos encarcelaron a los apóstoles?

            d) ¿Qué dijo Gamaliel?

            e) ¿Qué les contestó Pedro?

            f) ¿Cómo podemos animar a otros chicos a seguir a Jesús?

3.- Escribir en la pizarra las respuestas a la pregunta f). 





 Aplicaciones didácticas 

Atrás





| Formación: La Santa MisaOtros: Religión pequeños |

®Arturo Ramo García.-Registro de Propiedad Intelectual de Teruel nº 141, de 29-IX-1999
Plaza Playa de Aro, 3, 1º DO 44002-TERUEL (España)