El trabajo entusiasta

    El trabajo entusiasta

    Medio de primer orden en la escuela de la voluntad y del desarrollo del carácter es el trabajo, el deber diario cumplido con alegría. Con celo.

    El trabajo, en sentir de los paganos, era algo degradante, indigno de un hombre libre. Fue tan solo el Cristianismo quien tributó el honor debido al trabajo al enseñar que lo que ennoblece al hombre es justamente el trabajo.

    El Cristianismo mostró a la humanidad la gran fuerza que late en el trabajo para desarrollar el carácter. El trabajo fortalece en gran manera la voluntad porque exige dominio de sí mismo, abnegación, perseverancia. Quien posee una voluntad bastante fuerte para trabajar con perseverancia, con concienzuda puntualidad, no encontrará gran dificultad en mostrarse fuerte al tener que refrenar las pasiones, cosa bastante difícil para un hombre holgazán que realiza su trabajo con negligencia y descuido.

    El trabajo conserva la frescura y la salud del cuerpo; la inactividad, en cambio, consume y corroe las fuerzas. El trabajo perseverante origina constancia, seriedad, paciencia.

    Acaso no comprendas cómo se vigoriza tu voluntad si cumples con puntualidad, con celo y en el tiempo debido la labor diaria que te impone la escuela. Trázate un plan minucioso para la tarde: si al llegar el tiempo del estudio se presentare cualquier otra ocupación para distraerte, por mucho que te seduzca el sofá para echarte, por muy interesante que sea el libro que has cogido, aunque te inviten tus amigos, no vaciles. Lo primero es el deber. Coge con alegría el libro. Aprende con alma y vida. El deber cumplido con entusiasmo tiene una gran fuerza educadora de la voluntad.

    Cuando pasé por Milán subí al techo de la catedral, ese templo soberanamente hermoso. Toda la iglesia está construida de mármol blanco deslumbrante; hasta en el techo levántanse innumerables torrecitas de mármol y los nichos de las torres también están llenas de estatuas marmóreas de santos a cual más hermosas. Mientras duraba la construcción dijo alguien al escultor, que estaba trabajando con gran celo:

    -Pero, ¡tanto trabajo! ¡Desde abajo nadie verá las estatuas! ¿Para qué entonces tanta fatiga?

    -Desde abajo, nadie –contestó el artista-, pero lo ve Dios.

    Dios ve mi trabajo y esto me basta. ¿Ves ya cuánta alma y vida puede haber en el trabajo que se hace de esta manera?

    El deber cumplido con todas las veras del alma educa tu carácter; en cambio el trabajo hecho de mala gana y superficialmente lo deteriora.

    El trabajo sin entusiasmo, sin alma, refunfuñando, es peor que la completa inactividad, pues te engaña haciéndote creer que trabajas mucho.

    De la misma materia en que el artista esculpe una estatua maravillosa, el chapucero no sabe sino moldear una caricatura. De la misma manera podemos ser héroes del trabajo y, mediante él, pulir nuestro carácter, mientras que otros son sus esclavos y gimen con cara entristecida bajo su yugo.

    El hombre nació para el trabajo, y ya que no hay más remedio que trabajar, por lo menos trabajaré de buena gana. Echaré de ver en seguida que así me resulta fácil el trabajo.

    Tihamer Toth. El joven de carácter. Atenas.

 

SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

            Objetivo.- Aprender a trabajar bien.

        Contenido.-

Laboriosidad


   
Trabajar es solo el primer paso, hacerlo bien y con cuidado en los pequeños detalles es cuando se convierte en un valor.


    Alguna vez un cómico dijo "Tan terrible es el trabajo que hasta pagan por hacerlo", sin embargo el trabajo es un valor fundamental.

    Cuando alguien se refiere a nosotros por “ser muy trabajadores” nos sentimos distinguidos y halagados: los demás ven en nosotros la capacidad de estar horas y horas en la escuela, en la casa o en la oficina haciendo “muchas cosas importantes”. Efectivamente esa puede ser la razón, pero existe la posibilidad de carecer de un sistema de trabajo que nos lleva a “trabajar” más tiempo de lo previsto. Esto se identifica con claridad cuando iniciamos varias tareas y sólo terminamos algunas, generalmente las menos importantes (las que más nos gustan o se nos facilitan), además de ir acumulando labores que después se convertirán en urgentes.
La laboriosidad significa hacer con cuidado y esmero las tareas, labores y deberes que son propios de nuestras circunstancias. El estudiante va a la escuela, el ama de casa se preocupa por los miles de detalles que implican que un hogar sea acogedor, los profesionistas dirigen su actividad a los servicios que prestan. Pero laboriosidad no significa únicamente "cumplir" nuestro trabajo. También implica el ayudar a quienes nos rodean en el trabajo, la escuela, e incluso durante nuestro tiempo de descanso; los padres velan por el bienestar de toda la familia y el cuidado material de sus bienes; los hijos además del estudio proporcionan ayuda en los quehaceres domésticos.

    Podemos, fácilmente, dar una apariencia de laboriosidad cuando adquirimos demasiadas obligaciones para quedar bien, aún sabiendo que no podremos cumplir oportunamente; también puede tomarse como pretexto el pasar demasiado tiempo en la oficina o la escuela para dejar de hacer otras cosas, como evitar llegar temprano a casa y así no ayudar a la esposa o a los padres.

    Al crear una imagen de mucha actividad pero con pocos resultados se le llama activismo, popularmente expresado con un “mucho ruido y pocas nueces”. Es entonces cuando se hace necesario analizar con valentía los verdaderos motivos por los que actuamos, para no engañarnos, ni pretender engañar a los demás cubriendo nuestra falta de responsabilidad.

    La pereza es la manera común de entender la falta de laboriosidad; las máquinas cuando no se usan pueden quedar inservibles o funcionar de manera inadecuada, de igual forma sucede con las personas: quien con el pretexto de descansar de su intensa actividad -cualquier día y a cualquier hora- pasa demasiado tiempo en el sofá o en la cama viendo televisión “hasta que el cuerpo reclame movimiento”, poco a poco perderá su capacidad de esfuerzo hasta ser incapaz de permanecer mucho tiempo trabajando o estudiando en lo que no le gusta o no le llama la atención.

    Para ser laborioso se necesita estar activo, hacer cosas que traigan un beneficio a nuestra persona, o mejor aún, a quienes nos rodean: dedicar tiempo a buena lectura, pintar, hacer pequeños arreglos en casa, ayudar a los hijos con sus deberes, ofrecerse a cortar el pasto... No hace falta pensar en grandes trabajos “extras”, sobre todo para los fines de semana, pues el descanso es necesario para reponer fuerzas y trabajar más y mejor. El descanso no significa “no hacer nada”, sino dedicarse a actividades que requieren menor esfuerzo y diferentes a las que usualmente realizamos.

 Podemos establecer pequeñas acciones que poco a poco y con constancia, nos ayudarán a trabajar mejor y a cultivar el valor de la laboriosidad:

    - Comenzar y terminar de trabajar en las horas previstas. Generalmente cuesta mucho trabajo, pero nos garantiza orden para poder cubrir más actividades.

    - Establecer un horario y una agenda de actividades para casa, en donde se contempla el estudio, el descanso, el tiempo para cultivar las aficiones, el tiempo familiar y el de cumplir las obligaciones domésticas o encargos.

    - Terminar en orden y de acuerdo a su importancia todo lo empezado: encargos, trabajos, reparaciones, etc.

    - Cumplir con todos nuestros deberes, aunque no nos gusten o impliquen un poco más de esfuerzo.







 
    - Tener ordenado y dispuesto nuestro material y equipo de trabajo antes de iniciar cualquier actividad. Evitando así poner pretextos para buscar lo necesario y la consabida pérdida de tiempo e interés.

    - Esmerarnos por presentar nuestro trabajo limpio y ordenado.

    Cuando nos decidimos a vivir el valor de la laboriosidad adquirimos la capacidad de esfuerzo, tan necesaria en estos tiempos para contrarrestar la idea ficticia de que la felicidad sólo es posible alcanzarla por el placer y comodidad, logrando trabajar mejor poniendo empeño en todo lo que se haga.

    El trabajo es mucho más que un valor: es una bendición.

Con autorización de:    www.encuentra.com

          Actividades.- 

1. Los alumnos leen en voz alta el texto y el profesor comprueba la comprensión.

2. Contestar individualmente a estas preguntas:

            a) ¿Por qué el trabajo desarrolla el carácter?

            b) ¿Cómo es un  trabajo bien hecho?

            c) ¿Qué se dice de la catedral de Milán?

            d) Explica la frase “Dios ve mi trabajo y esto me basta”

            e) ¿Cómo podemos mejorar nuestro trabajo o estudio?

3. Leer algunas de las contestaciones. 




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®Arturo Ramo García.-Registro de Propiedad Intelectual de Teruel nº 141, de 29-IX-1999

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