El lago de Golaster

    El lago de Golasters

    Dicen que en otros tiempos, este lago, uno de los más conocidos de la pequeña república de Andorra, no existía y que en su lugar había un pueblo que tenía el mismo nombre.

    La causa de que las aguas hicieran desaparecer la superficie de la tierra fue la que ahora explicaremos.

    Una mujer del pueblo de Golasters había amasado el pan, y justo cuando acababa de ponerlo al horno, llamó a su puerta un pobre hombre que le pidió algo para comer. Ella le respondió que acababa de amasar y que no tenía ni una miga de pan para darle.

    -“Es verdad que no tenéis ni una miga de pan en el cajón –respondió el hombre- pero si aprovecharais bien la amasadera aún me podríais hacer un  panecillo.”

    La mujer hizo lo que el pobre le decía y aún pudo hacer un panecillo bastante grande para satisfacer el hambre del hambriento. Cogió la pala y lo puso en el horno para cocerlo, junto con los que había puesto antes. El pobre quedó satisfecho y esperaba ansioso el momento en que la señora quitaría su panecillo del horno. Cuando el pan ya estaba cocido la mujer dijo:

    -“Este pan no debe ser para vos porque ha salido del mismo tamaño que los otros y lo podré vender. Id en paz a otro lugar donde tengan más que yo para daros.”

    Entonces el pobre, sin enojarse respondió:

    -“Bien, guárdese este pan y repase otra vez la amasadera, seguro que aún podrá hacer un panecillo con los restos que encuentre.”

    La mujer hizo como él le dijo y puso el pan en el horno. Cuando ya estaba cocido lo sacó y vio que aún era más grande que los otros. Como era muy avariciosa y poco caritativa volvió a negarse a dárselo al pobre.

    Pero él tenía hambre y era impaciente, así que le dijo:

    -“Bien, quédese también con éste, pero hágame la caridad de recoger las migas que han caído alrededor de la amasadera, seguro que aún saldrá un panecillo, por pequeño que sea.”

    La mujer hizo como le decía el pobre y, otra vez, al abrir el horno encontró un pan más bonito que los primeros. Pero tal como había hecho antes, se negó a dárselo al pobre.

    En aquel mismo momento, no se sabe muy bien si por una lluvia del cielo o  brotando de la tierra, el agua fue subiendo hasta cubrir las casas del pueblo, que quedaron para siempre colgadas bajo las aguas de este lago. 

    Y dicen que en otros tiempos los pastores de las “Escaldes” (un pueblecito) que iban con el rebaño por sus orillas, los días de tempestad oían una voz que salía de lo más profundo y que les recomendaba: “Haced caridad a los pobres...”

    Carme Garriga.

 





    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

            Objetivo.- Aprender a ser caritativo y generoso con los demás.

            Contenido.-

Sensibilidad


   
Es el valor que nos hace despertar hacia la realidad, descubriendo todo aquello que afecta en mayor o menor grado al desarrollo personal, familiar y social.


    Antes de hablar de sensibilidad hay que distinguirla de la “sensiblería” que casi siempre es sinónimo de cursilería, superficialidad o debilidad. En realidad el valor de la sensibilidad es la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir y comprender el estado de ánimo, el modo de ser y de actuar de las personas, así como la naturaleza de las circunstancias y los ambientes, para actuar correctamente en beneficio de los demás.

    Para comprender la importancia de este valor, necesitamos recordar que en distintos momentos de nuestra vida hemos buscado afecto, comprensión y cuidados, sin encontrar a ese alguien que muestre interés por nuestras necesidades y particulares circunstancias. ¿Qué podríamos hacer si viviéramos aislados? La sensibilidad nos permite descubrir en los demás a ese “otro yo” que piensa, siente y requiere de nuestra ayuda.

    No pensemos en esa sensibilidad emocional que se manifiesta exageradamente con risas o llanto y tal vez “sintiendo” pena o disgusto por todo. Ser sensible va más allá de un estado de ánimo, es permanecer alerta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Acaso ser sensible es signo de debilidad? No es blando el padre de familia que se preocupa por la educación y formación que reciben sus hijos; el empresario que vela por el bienestar y seguridad de sus empleados; quien escucha, conforta y alienta a un amigo en los buenos y malos momentos. La sensibilidad es interés, preocupación, colaboración y entrega generosa hacia los demás.

    La realidad es que las personas prefieren aparentar ser duras o insensibles, para no comprometerse e involucrarse en cosas que califican como fuera de su competencia. Todas las penas y padecimientos de los demás resultan incómodos y molestos, pensando que cada quien tiene ya suficiente con sus propios problemas como para preocuparse de los ajenos. La indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad.

    Lo peor de todo es mostrar esa misma indiferencia en familia, algunos padres nunca se enteran de los conocimientos que reciben sus hijos; de los ambientes que frecuentan; las costumbres y hábitos que adquieren con los amigos; de los programas que ven en la televisión; del uso que hacen del dinero; de la información que reciben respecto a la familia, la moda, la religión, la política... todas ellas son realidades que afectan a los adultos por igual.

    ¿Es que todo está bien? No se puede esperar que las nuevas generaciones construyan ese futuro mejor que tanto se espera, si nos da lo mismo todo y no estamos ahí para dar criterio, para formar hábitos y hacer valer las buenas costumbres.

    Puede parecer extraño, pero en cierta forma somos insensibles con nosotros mismos, pues generalmente no advertimos el rumbo que le estamos dando a nuestra vida: pensamos poco en cambiar nuestros hábitos para bien; casi nunca hacemos propósitos de mejora personal o profesional; fácilmente nos dejamos llevar por el ambiente de los amigos o del trabajo sin poner objeción alguna; trabajamos sin orden y desmedidamente; dedicamos mucho tiempo a la diversión personal. Dejarse llevar por lo más fácil y cómodo es la muestra más clara de insensibilidad hacia todo lo que afecta nuestra vida.

    Reaccionar frente ante las críticas, la murmuración y el desprestigio de las personas, es una forma de salir de ese estado de pasividad e indiferencia para crear una mejor calidad de vida y de convivencia entre los seres humanos.
    Muchas veces nos limitamos a conocer el nombre de las personas, incluso compañeros de trabajo o estudio, criticamos y enjuiciamos sin conocer lo que ocurre a su alrededor: el motivo de sus preocupaciones y el bajo rendimiento que en momentos tiene, si su familia pasa por una difícil etapa económica o alguien tiene graves problemas de salud. Todo sería más fácil si tuviéramos un interés verdadero por las personas y su bienestar.

    En todas partes se habla de los problemas sociales, corrupción, inseguridad, vicios, etc. y es algo tan cotidiano que ya forma parte de nuestra vida, dejamos que sean otros quienes piensen, tomen decisiones y actúen para solucionarnos hasta que nos vemos afectados. La sensibilidad nos hace ser más previsores y participativos, pues no es correcto contemplar el mal creyendo que somos inmunes.

    Podemos afirmar que la sensibilidad nos hace despertar hacia la realidad, descubriendo todo aquello que afecta en mayor o menor grado al desarrollo personal, familiar y social. Con sentido común y un criterio bien formado, podemos hacer frente a todo tipo de inconvenientes, con la seguridad de hacer el bien poniendo todas nuestras capacidades al servicio de los demás.

Con autorización de:     www.encuentra.com

          Actividades.- 

1. Se forman equipos y se lee este cuento.

2. El secretario escribe las contestaciones a estas preguntas:

            a) ¿Dónde está el lago de Golasters?

            b) ¿Cómo era la mujer del pueblo?

            c) ¿Cuántos panes consiguieron de las migajas?

            d) ¿Qué castigo tuvo aquel pueblo?

            e) ¿En qué ocasiones podemos ser generosos?

       3. Los secretarios de los equipos leen las contestaciones a la pregunta e)





 Aplicaciones didácticas 

Atrás





Vídeo: Flujos migratorios


Otros: El orden internacional

®Arturo Ramo García.-Registro de Propiedad Intelectual de Teruel nº 141, de 29-IX-1999
Plaza Playa de Aro, 3, 1º DO 44002-TERUEL (España)