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Sugerencias metodológicas:
Objetivo:
Aprender el décimo mandamiento de la
Ley de Dios.
Contenido:
El décimo mandamiento de la Ley de Dios es: «No codiciar
los bienes ajenos». Significa este mandamiento que no tengamos codicia y
envidia de los bienes de los demás. Los pecados contra la propiedad, como el
robo, el hurto, el fraude, empiezan en el corazón, con los malos deseos y
codicias de apoderarse de los bienes ajenos. Una chica se estaciona ante el
escaparate de una joyería y ve unas magníficas pulseras de oro adornadas de
esmeraldas y rubíes. Y forma el propósito de aplicarse para aprobar la
revalida con el fin de que sus padres le regalen una de esas pulseras. ¿Peca
por tener ese deseo? De ninguna manera. En cambio, cerca de ella está un
individuo que desea apoderarse de esas alhajas como sea, rompiendo el cristal y
rápido meter la mano en el escaparate, coger todas las pulseras y huir pronto.
Pero no se atreve porque cerca de él está un policía. ¿Ha pecado? Sí, ha
pecado, pues ha tenido un deseo de apoderarse de lo que no es suyo.
Por eso Jesucristo nos advierte: «Mirad, guardaos de toda
avaricia, porque, aunque se tenga mucho, no está la vida en la hacienda. Por
tanto, hemos de guardarnos del egoísmo y de la avaricia que causa tantos males
en la sociedad y en las familias.
Es lícito y bueno tener deseos de poseer riquezas obtenidas
por medio del trabajo honrado, con el fin de hacer un bien para uno mismo y para
los demás.
Actividades:
1. Los alumnos leen
en voz alta el texto y el profesor explica el Contenido.
2. Por equipos contestan a
estas preguntas:
a)
¿Cómo eran las limosnas de Santo Tomás de Villanueva?
b)
¿Qué solución encontró para la viuda de Valencia?
c)
¿Cómo ayudó al joven carpintero?
d)
¿Cómo podemos vivir nosotros la pobreza?
3. Puesta en común de la
pregunta d).
Norma de conducta:
Con mis riquezas haré todo el bien posible a los demás, en
especial a los pobres.
Reproducido con autorización de: www.encuentra.com
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