Daniel

    Daniel

    El año tercero del reinado de Joaquím, rey de Judá, Nabucodonoso, rey de Babilonia, fue contra Jerusalén y la asedió. Mandó traer cuatro mozos de buen parecer, de talento, instruidos en toda suerte de sabiduría, dotados intelectualmente y educados, capaces de servir en el palacio del rey y a quienes se les instruyese en las letras y la lengua de los caldeos.. Fueron Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Su formación duraría tres años y, si se les consideraba aptos, pasarían al servicio de Nabucodonosor. Dios concedió a los cuatro muchachos inteligencia y sabiduría sobre toda clase de cuestiones. Daniel además estaba dotado de un poder extraordinario para interpretar visiones.

    Nabucodonosor tuvo un sueño que le angustiaba tanto que no podía dormir. Convocó a sus magos y adivinos para que se lo interpretaran. Mas el rey no quiso contarles el sueño, sino que pidió que se lo adivinaran ellos, y así tendría seguridad y certeza de su interpretación. Confesaron su incapacidad, y el rey decretó la muerte de todos ellos. También afectaba a Daniel este decreto. Oró al Seños, y Dios le reveló el enigma del rey. Para salvar su vida y la de los demás se presentó ante él y le explicó el sueño: Era una estatua de gran altura; la cabeza, de oro; el pecho y los brazos, de plata; el vientre y los lomos, de bronce; los muslos eran de hierro, y los pies de arcilla y hierro. Cuando la estaba contemplando, una leve piedra rodó de las alturas sin que interviniera mano humana, y chocó contra los pies de la estatua; ésta se derrumbó hasta convertirse en polvo y nada. En cambio, la piedra empezó a crecer; se hizo montaña, y llenó toda la Tierra.

    -Éste es el sueño -dijo Daniel- y su interpretación es la siguiente: La cabeza de oro, ¡oh rey! eres tú; te sucederá otro imperio de plata; vendrá otro de bronce; después, uno fuerte como el hierro que luego se debilitará al unírsele una parte quebradiza como es la arcilla del alfarero. La piedra que rodó de lo alto sin intervención humana es un nuevo reino que Dios creará y que perdurará eternamente. Con este sueño, ¡oh rey!, Dios te ha dado a conocer el futuro.

    Nabucodonosor se postró en tierra y confesó ante Daniel:

    -Tu Dios es Dios de dioses y Señor de los reyes.

    Le obsequió con cuantiosos regalos; lo nombró señor de la provincia de Babilonia y jefe de todos los sabios.

         (Daniel)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 130) 





    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

    Objetivo.- Buscar la fortaleza en el Señor.

   Contenido.- La estatua puede ser imagen de cada cristiano: con una inteligencia de oro, que nos permite conocer a Dios; un corazón de plata, con una inmensa capacidad de amar; y la fortaleza que dan las virtudes... Pero los pies los tendremos siempre de barro, con la posibilidad de caer al suelo si olvidamos este debilidad del fundamento humano, de la que, por otra parte, tenemos sobrada experiencia. Este conocimiento del frágil material que nos sostiene nos debe volver prudentes y humildes. Sólo quien es consciente de esta debilidad no se fiará de sí mismo y buscará la fortaleza en el Señor, en la oración diaria, en el espíritu de mortificación, en la firmeza de la dirección espiritual. De esta forma, las propias fragilidades servirán para afianzar nuestra perseverancia, pues nos volverán más humildes y aumentarán nuestra confianza en la misericordia divina. Conocemos bien la realidad de las palabras de San Agustín: "No hay pecado ni crimen cometido por otro hombre que yo no sea capaz de cometer por razón de mi fragilidad; y si aún no lo he cometido es porque Dios, en su misericordia, no lo ha permitido y me ha preservado del Mal".

        (Fernández Carvajal, Francisco. Hablar con Dios. Tomo V. Página 746. Ediciones Palabra.)

    Actividades.- 

1. Cada alumno lee en voz baja el texto y contesta a estas preguntas:

             a) ¿Cómo se llamaban los cuatro jóvenes elegidos?

             b) ¿Cómo eran los cuatro jóvenes?

   c) ¿Qué sueño tuvo Nabucodonosor?

             d) ¿Cuál fue la interpretación de Daniel?

             e) ¿Qué hizo Nabucodonosor al final?

2. Dos alumnos leen sus contestaciones. 





 Aplicaciones didácticas 

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