Hacia el Sinaí

    Hacia el Sinaí

    Los hijos de Israel partieron de Elim y vino toda la multitud de los hijos de Israel al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del mes segundo después que salieron de la tierra de Egipto. Y murmuró toda la multitud de los hijos de Israel contra Moisés y Aarón diciendo: Ojalá hubiéramos muerto por mano del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos ante las ollas de carne y comíamos el pan en abundancia, ¿por qué nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la multitud?

    Dios acudió de nuevo en su ayuda y les aseguró que aquella tarde comerían carne y que a la mañana siguiente tendrían pan.  Una bandada enorme de codornices, en su vuelo migratorio estacional, se posó en el campamento y aquella noche pudieron comer carne.  A la mañana siguiente todo apareció cubierto por una especie de rocío que al evaporarse dejaba unos granos o copos blancos con gusto muy parecido al del pan.

    -“Man-ha?” (¿Qué es?) -se preguntaban.

    -Es el pan que Dios nos da para alimento -les comunicó Moisés.

    Mientras cruzaron el árido desierto, cada  mañana los israelitas recogían este alimento divino o  “man-ha”; pero solamente la cantidad que iban a necesitar para la jornada.

    Acampada tras acampada, de oasis en oasis, el pueblo se iba acercando a las montañas del Sinaí.  Por las tardes Moisés, cuando se detenían, se sentaba para escuchar y resolver los pleitos que se producían entre las gentes del pueblo.

    Un día los amalacitas atacaron a los israelitas.  A la mañana siguiente y por orden de Moisés, Josué salió a combatirlos al frente de un grupo de hombres.  Moisés subió a lo alto de un cerro para orar por la victoria de su pueblo.  Mientras permanecía en oración con los brazos en cruz, Josué vencía, pero cuando los bajaba por cansancio físico ganaban los amalacitas.  Sus acompañantes, Aarón y un mensajero, se dieron cuenta de esta circunstancia y le sostuvieron los brazos extendidos hasta que los amalacitas fueron definitivamente derrotados.  Se cumplía el tercer mes de la salida de Egipto cuando los israelitas llegaron a las laderas del monte Sinaí.

    Dios ordenó a Moisés que subiera a la cumbre porque quería hablarle.

                    (Éxodo 16; 17)

    (Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 74) 




    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

            Objetivo.- Obedecer a Dios y a los padres.

          Contenido.- El prodigio del maná y de las codornices tuvo enorme importancia como manifestación de la especial providencia de Dios para con su pueblo durante su peregrinación por el desierto. Estos hechos son entendidos por los israelitas como acciones prodigiosas de Dios. Así como el maná es una donación divina para remediar la necesidad más perentoria de alimentarse, también los preceptos divinos, en concreto, el precepto del sábado son un don gratuito de Dios. De esta forma, la obediencia no es una carga pesada, sino el ejercicio de la propia capacidad para recibir los beneficios que Dios otorga a los que obedecen.

    (Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Sagrada Biblia. Pentateuco. Página 349. Nota 16, 1-36. EUNSA. Pamplona)

          Actividades.- 

1. Leer en voz alta el texto y contestar a estas preguntas:

            a) ¿De qué se quejaban los israelitas?

            b) ¿Qué carne comieron?

            c) ¿Cómo era el pan?

            d) ¿Qué pasó con los amalacitas?

            e) ¿Qué efecto tenía la oración?

2.- Puesta en común leyendo las respuestas de algunos alumnos. 





 Aplicaciones didácticas 

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