David reina en Jerusalén

    Después de todo esto, consultó David al Señor diciendo: ¿He de subir a alguna de las ciudades de Judá? Respondiole el Señor: Ve a Hebrón.n.n.

David, después de llorar la muerte de Saúl y Jonatán, subió a Hebrón, y allí fue proclamado rey de Judá. Durante siete años hubo luchas entre los partidarios de David y los de Isboset, hijo menor de Saúl, a quien Abner, con el poder militar, había proclamado rey de las otras tribus. El convencimiento de que David era el rey querido por Dios hizo que Abner cediera para que se produjera la unidad.

Los jebuseos estaban orgullosos y seguros dentro de los muros inexpugnables de Jerusalén. David la había escogido para que fuera la capital de la nación. La conquistó y estableció en ella su morada y el gobierno del país. Más adelante trajo el Arca de la Alianza al pabellón que le preparó. Así empezó Jerusalén a ser también el centro de culto del pueblo de Israel, la ciudad santa de Dios.

Después de muchos años de guerra fue borrado el poder de los filisteos, y se concertó la paz con las otras naciones vecinas. Con David se cumplió la promesa, hecha siglos antes a Abraham, de que Canán sería la tierra del Pueblo Elegido.

David fue un hombre honesto; fiel siempre a la voluntad de Dios; de corazón grande para amar y perdonar. Pero también cometió un grave pecado. Mandó que un general de su ejército fuera puesto, durante una batalla, en el ala más peligrosa del combate para que lo mataran, y así quedara viuda la mujer que quería. Después lloró y purgó por su pecado.

Absalón, el hijo preferido de David, originó una guerra civil al proclamarse rey de Hebrón impulsado por su propia vanidad y mal aconsejado. Tiempo más tarde las milicias de David derrotaron a las de Absalón. Quien al huir al galope en un mulo halló la muerte al enredarse su poblada cabellera de las ramas de una encina. Sin evitarlo, los lanceros que venían detrás de él lo atravesaron. David lloró la muerte de su hijo con tales muestras de dolor que nadie se atrevió a celebrar la victoria.

(II Samuel 2; 5-18)

(Texto adaptado por D. Samuel Valero. Biblia infantil. Editorial Alfredo Ortells, S.L. Valencia. página 106) 





    SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

Objetivo.- Pedir fuerzas al Señor en nuestras luchas.

    Contenido.- Una vez que David se ha asentado en Jerusalén, el Señor le protege en sus batallas contra los filisteos. Aunque estas guerrillas debieron de ser anteriores a la conquista de Jerusalén, el autor sagrado prefiere subrayar la soberanía y la religiosidad de David. Así pues, son los filisteos los quienes atacan por dos veces, por dos veces David consulta al Señor antes de tomar una decisión y por dos veces los derrota precisamente por haber cumplido lo que el Señor le había dicho. "Con Dios, no se pierde batallas, seremos siempre vencedores. Por eso, en la pelea para la santidad, si te notas sin fuerzas, escucha los mandatos, haz caso, déjate ayudar,... porque Él no falla." (San Josemaría Escrivá, Surco, n. 151).

    (Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Sagrada Biblia. Libros históricos. Página 399. Nota 5, 17-25. EUNSA. Pamplona)

Actividades.-

1. Formar equipos y leer este texto.

2. Los secretarios escriben las contestaciones a estas preguntas:

a) ¿Cuándo y dónde fue proclamado David rey de Judá?

b) ¿Qué pasó con Isboset?

c) ¿Qué cualidades tenía David?

d) ¿Qué pasó con Absalón?

e) ¿En qué podemos imitar a David?

3.- Los secretarios leen sus contestaciones.





 Aplicaciones didácticas 

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