Trece días


    TRECE DÍAS

    Director: Roger Donaldson

    Intérpretes: Kevin Costner, Bruce Greenwoog, Steven Culp, Dylan Baker, Henry Strozier.

    Drama político. 145 minutos.

    Hace años, cuando muchos españoles aún tenían a los Kennedy en una especie de altar, leí de un tirón un librito de Robert F. Kennedy sobre la crisis de los misiles nucleares que los soviéticos desplegaron en Cuba en  octubre de 1962. El libro se titulaba -y se titula- 13 días, en referencia a las casi dos semanas que duró el pulso a cara de perro entre Estados Unidos y la URSS. En la película homónima, el guionista David Self se ha basado más en otros estudios, y sobre todo en los testimonios de Kenny O’Donnell, que fue consejero especial de los Kennedy en la Casa Blanca. En todo caso, ha sabido recrear también la inmediatez, la veracidad, la cercana tensión que rezumaba la obrita de Bobby Kennedy.

    Precisamente por haber logrado mantener visualmente esa misma tensión dramática durante dos horas y media cabe considerar 13 días como la mejor película de Roger Donaldson, autor hasta ahora de films tan mediocres como No hay salida, Cocktail, Arenas blancas, La huida, Species o Un pueblo llamado Dante’s Peak. Esta vez -consciente quizá de la oportunidad que se le brindaba-, el cineasta australiano se ha ceñido meticulosamente al guión, no ha arriesgado en la puesta en escena -que mantiene en todo momento el ágil clasicismo de los grandes títulos de recreación histórica- y ha dado primacía a la excelente labor interpretativa de un reparto muy bien seleccionado. En él destacan un recuperado Kevin Costner, y el dúo Bruce Greenwood-Steven Gulp, inmejorables en sus matizadas caracterizaciones de los hermanos John F. y Robert Kennedy.

    Cabe reprochar alguna inexactitud histórica y sobre todo que se presente a los altos mandos militares de un modo unidimensional, todos ellos partidarios del ataque y de la posterior invasión de Cuba. Las posiciones fueron más complejas. De todos modos, se trata de un defecto menor, que se compensa con una visión más equilibrada en los niveles inferiores, llenos de personajes de una atractiva humanidad. En este sentido, la película logra integrar a la perfección los pequeños dramas íntimos con el gran espectáculo, la intriga casi policial y el análisis social, moral y hasta religioso de aquella peliaguda situación, que estuvo a punto de convertir la Guerra Fría en un holocausto atómico de alcance mundial.

    Jerónimo José Martín. De la revista Mundo Cristiano.






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