Descubriendo a Forrester


    DESCUBRIENDO A FORRESTER

    Director: Gus Van Sant

    Intérpretes: Ron Brown, Sean Connery, F. Murray Abraham, A. Paquin

    Drama. 133 minutos.

    Jamal es un sereno chaval negro del Bronx que juega muy bien al baloncesto y guarda para sí unas excepcionales cualidades como escritor. Podrá desarrollar dichas cualidades cuando se hace amigo de Wiliam Forrester, un famoso escritor escocés, autor en 1954 de una única y mítica novela, ganadora del Premio Pulitzer, y que,  por misteriosas razones, vive encerrado desde hace 30 años en un apartamento del peligroso barrio neoyorquino. Cuando Jamal es becado por un prestigioso instituto preuniversitario, los consejos literarios y vitales de Forrester le ayudarán a encauzar sus ilusiones e inseguridades, y a afrontar alguna injusticia. A su vez, la integridad y el idealismo de Jamal ayudarán a Forrester a salir de su egoísta y cobarde postración.

    Parte de la crítica ha reprochado al guionista Mike Rich el haber hecho un cóctel descarado de otros dramas contemporáneos de iniciación y redención, como El Club de los Poetas Muertos, Amadeus, El hombre sin rostro o El indomable Will Hunting. También  ha criticado al director Gus Van Sant por alejarse cada vez más del estilo duro y radical de sus primeras películas -Drugstore Cowboy, Mi Idaho privado, Todo por un sueño-, hasta ir cayendo poco a poco -El indomable Will Hunting, Psyco, Descubriendo a Forrester- en brazos del Hollywood más blando y convencional.

    Ciertamente, esas críticas tienen fundamento. Sin embargo, resultan decididamente injustas si obvian la notable calidad global de la película, que ofrece un guión profundo y bien articulado, una puesta en escena de gran densidad dramática y visual, y una bellísima banda sonora. Todo ello, encarnado en unas interpretaciones muy emotivas, sobre todo las de Sean Connery y el debutante Rob Brown, que convierten a sus complejos personajes en seres muy entrañables. Por otra parte, frente a tanto cinismo desanimante, no viene mal que nos recuerden -como ya hizo hace años El Club de los Poetas Muertos- que, a pesar de  tantos grandes hermanos, al literatura sigue siendo un poderoso transformador social, que para escribir hay que ponerse a hacerlo, con el corazón y con la cabeza, y que también en los lugares más ordinarios hay personas capaces de hacer que nuestras vidas sean extraordinarias.

    Jerónimo José Martín. De la revista Mundo Cristiano.





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