La vida prometida


    LA VIDA PROMETIDA. ESTE-OESTE

    Director: Régis Wargnier.

    Intérpretes: Sandrine Bannaire, Oleg Mánshikov, Catherine Deneuve, Serguei Bodrov.

    Drama. 110 minutos.

    Al director francés Régis Wargnier le gustan los melodramas históricos, como ya demostró en Los amores de una mujer francesa y en Indochina, con la que ganó en 1993 el Oscar a la mejor película en habla no inglesa. Ahora vuelve presenta La vida prometida. Este-Oeste.

    Este último filme de Wargnier es una superproducción europea basada en hechos reales acaecidos durante la supuesta apertura política que llevó a cabo Stalin en 1946. Ese año, ante el patriótico llamamiento del líder soviético, un médico ruso, su esposa francesa y el pequeño hijo de ambos retornan a Kiev con otros muchos refugiados. Muy pronto sufren en propia carne el engaño estalinista, y comprenden que la feliz vida prometida no tenía nada que ver con la terrible pesadilla real de la pobreza lacerante, las purgas y el terror.

    La mujer francesa se rebela contra la terrible situación, lo que pone en peligro la unidad familiar, sobre todo cuando ella se enamora de un joven e idealista nadador ruso, al que ayuda en su intento de fuga a través de una famosa actriz francesa que se interesa por su caso. Mientras tanto, el marido parece adaptarse a la dura situación y asciende poco a poco en la burocracia soviética. Así pasan varios años, sin que parezca que la situación vaya a modificarse.

    Un primer aliciente de la película es que ha sido rodada en parajes naturales de Kiev, que envuelven el romance entre Sandrine Bonnaire y Serguei Bodrov en una sugestiva atmósfera decadente. Además de esta preciosa factura visual y musical, Wargnier logra integrar el análisis histórico con una leve trama de intriga y una historia central fuertemente dramática, que adquiere una hondura inusitada en el sorprendente desenlace. Sin embargo, durante su desarrollo, Wargnier se deja llevar por ciertos excesos melodramáticos -marcados en apariencia por una frívola amoralidad-, que tornan un poco artificiosas algunas situaciones, y debilitan el trabajo de los actores, al menos en la versión doblada al castellano.

    En todo caso, queda un intenso melodrama, de sugerente sabor añejo, que acaba ofreciendo una bella apología del amor matrimonial y una profunda reflexión sobre el sentido del dolor y del sacrificio.

    Jerónimo José Martín. De la revista Mundo Cristiano.






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