44. Los diez mandamientos:
un regalo de Dios
Juego de palabras

  Introducción

   Cuenta el evangelio que se acercó a Jesús un joven y le preguntó: "Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para alcanzar la vida eterna?". El Señor le respondió: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos" (Mateo 19,17). De esta forma tan clara le indicó -y señala a todos- cuál es el camino para ir al cielo.

    Efectivamente, el cumplimiento de los mandamientos es el camino para salvarse. El que los cumple, se salva; el que no, se condena. Dios reveló a Moisés los diez mandamientos en el monte Sinaí, quedando grabados en dos tablas de piedra para que su pueblo nunca los olvidase. Jesucristo perfeccionó la ley y encomendó a la Iglesia que la guardara y enseñase a todos los hombres. El seguimiento de Jesucristo implica cumplir los mandamientos.

  Ideas principales

1. El fin del hombre

   El hombre tiene un fin para el que ha sido creado por Dios. El fin último del hombre es dar gloria a Dios amándole y obedeciéndole en la tierra, para ser feliz después con Él en el cielo. Hemos sido creados para dar gloria a Dios, y para eso existimos.

    ¿Cómo daremos gloria a Dios? Cumpliendo en todo momento su voluntad. La voluntad divina encamina al hombre a su fin y, como somos seres libres, debemos asumirla con voluntad de amar y obedecer a nuestro Creador y Señor. La voluntad divina se expresa fundamentalmente en los mandamientos de la ley de Dios.

2. Le ley eterna como ordenamiento de la creación a su fin

   Contemplando las cosas creadas observamos que siguen unas leyes naturales: la tierra da vueltas alrededor del sol, las plantas dan flores en primavera, el hombre siente remordimientos, cuando ha hecho algo mal, etc. Este orden no se da por casualidad, sino que está perfectamente pensado por la Sabiduría de Dios. Dios ha ordenado todas las cosas de modo que cada una cumpla su fin: los minerales, las plantas, los animales y el hombre. Como este orden está pensado y proyectado por Dios desde toda la eternidad, lo llamamos ley eterna.

3. La ley natural como norma del hombre

   Los minerales, las plantas y los animales obedecen siempre la ley de Dios -la ley eterna-, que en ellos está determinada por leyes físicas y biológicas. El hombre, como ser libre, se orienta a su fin libremente tras conocer con la inteligencia la ley que Dios le ha dado y que descubre dentro de sí mismo. A esa ley grabada por Dios en nuestro corazón le llamamos ley natural; y como está escrita en la naturaleza humana, obliga a todos los hombres de todos los tiempos. Al ser una participación de la ley eterna, el hombre no puede cambiarla, siendo, por tanto, universal e inmutable.

4. A veces la ley natural es difícil de conocer

   Los hombres tienen la ley natural grabada en el corazón, de forma que -con cierta facilidad- pueden conocer los principios fundamentales; por eso, de los paganos que no glorificaron a Dios dice San Pablo que son inexcusables. Con todo, se hace difícil conocerla; el pecado original y los pecados personales posteriores oscurecen su conocimiento. Por este motivo, para que con mayor facilidad, con firme certeza y sin ningún error, todos los hombres pudieran conocer lo que debían hacer para agradarle, Dios reveló cuál era su voluntad dándonos los diez mandamientos.

    Estos diez mandamientos ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto, indirectamente, los derechos fundamentales inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural.

5. La revelación de los mandamientos a Moisés

   No se contentó Dios con grabar en el corazón del hombre su ley, sino que se la ha manifestado claramente. En el monte Sinaí, cuando el pueblo elegido había salido de Egipto, Dios anunció a Moisés de los diez mandamientos o Decálogo, dándoselos esculpidos en dos tablas de piedra para que nuca se olvidara de cumplirlos. Aquellos diez mandamientos son, resumidos, los que tenemos en el Catecismo: 1º) Amarás a Dios sobre todas las cosas; 2º) No tomarás el santo nombre de Dios en vano; 3º) Santificarás las fiestas; etc.

    Los mandamientos señalan de manera cierta y segura cómo debemos actuar, indican el camino de la felicidad en esta vida y en la otra. Por eso decimos que los diez mandamientos son un regalo de Dios, ya que son el instrumento con el que Dios manifiesta al hombre lo que es bueno y lo que es malo, lo que es verdadero y lo que es falso, qué es lo que le agrada y qué le desagrada.

6. Jesucristo perfecciona la ley

   La ley que Dios dio a Moisés en el Sinaí fue llevada a la perfección por Jesucristo, que se pone a sí mismo como modelo y camino para alcanzar la vida eterna: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14,6). Esta perfección se revela sobre todo en el mandamiento nuevo del amor. Después de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todas las fuerzas, nos manda que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado. El Decálogo debe ser interpretado a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la ley. La Iglesia continuadora de la obra redentora de Jesucristo, sigue enseñanza, custodiando e interpretando la ley dada por Dios a los hombres.

7. Obligación de cumplir los mandamientos

   Como Dios es el Creador, Dueño y Señor del universo, toda la creación está sometida a la ley u orden impuesto por Dios. Las criaturas irracionales la cumplen inexorablemente, pero el hombre es libre y puede no seguirla. Si no observa la ley divina, comete pecado, ofende a Dios y se hace daño a sí mismo y a los demás. En cambio, cuando guarda los mandamientos, el hombre tiene la seguridad de estar en el buen camino y de que está haciendo la voluntad de Dios. Pero no podemos -no debemos- sentirnos encorsetados por los mandamientos, sino tener la visión grande y noble de que Dios quiere decididamente el bien de la criatura preferida -el hombre-, cuya libertad defiende y guarda con las normas.

8. Cumplir los mandamientos por amor

   En consecuencia, desde la conciencia clara de que los mandamientos son el camino -como una carretera bien señalizada, que manifiesta el modo de obrar rectamente y avisa de los peligros-, tenemos que decir que los diez mandamientos de la ley de Dios son una prueba del amor y de la misericordia de Dios, de Dios que nos amó primero. Por eso hay que cumplirlos por amor. Es la respuesta que Dios espera de nosotros.

    Hay que conocer, pues, el contenido de los mandamientos, si queremos vivirlos bien y por amor.


Curso de Catequesis. Don Jaime Pujol Balcells y Don Jesús Sancho Bielsa. EUNSA. Navarra. 1982. Con la autorización de los autores.


  A. Contesta a cada pregunta con una palabra y escríbela en un papel para escribirla después en el juego de palabras:


 Si quieres entrar en la vida, guarda los...
 Dios dio a Moisés los diez mandamientos en el monte...
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 El fin del hombre es dar gloria a Dios, amándole y...
 Los hombres tienen la ley natural grabada en el...
 Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la...
 Amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y...
 Nos manda que nos amemos los unos a los...
 Si el hombre no cumple la ley divina, comete...
 Los mandamientos deben cumplirse con...

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