21. Caso Pablo "La naturaleza de la Iglesia" y Nota técnica "¿Por qué pertenezco a la Iglesia?"

1º Paso. Estudio individual del caso Pablo "La naturaleza de la Iglesia"

SITUACIÓN:

    Pablo tiene 16 años y ha advertido que en las noticias de la televisión y de la prensa se ataca bastante a la Iglesia. Tiene la impresión de que se da mucha relevancia a cualquier actuación desafortunada de un eclesiástico, y casi nunca sale nada de todo lo bueno que hacen. También ve que se habla mucho de las voces discrepantes que hay en la Iglesia, y salen frecuentes declaraciones de esas personas asegurando que ese "sector crítico" es muy numeroso y son tratados injustamente. Lo comentó un día en el colegio con un amigo suyo: "Normal –le contestó–: también cuando sale uno del gobierno sacan después a otro de la oposición".

    Sin darse mucha cuenta, el asunto despertó aún más su interés y empezó a fijarse en todas las noticias relativas a la Iglesia. Se hablaba mucho de conservadores y progresistas, de presiones de unos y de otros. Todo eso le decepcionaba. En esos días, la prensa dedicó bastante espacio a un profesor de una facultad eclesiástica de teología que había sido "desposeído de su cátedra porque sus enseñanzas eran contrarias a la línea oficial de la Iglesia". El expulsado decía que era un atropello y que conculcaba "no sólo el derecho a la libertad de cátedra, sino también el derecho a la libertad de expresión, elemental en cualquier sociedad que no sea una dictadura". Y añadió que además pretendían amordazarle con amenazas de suspensión.

    A Pablo todo esto le produjo una pequeña conmoción. Pensaba que quizá la doctrina católica que él había aprendido no era tan segura, sino que dependía de quién tuviera las riendas en la Iglesia en cada momento. Estaba ensimismado en esto mientras leía la noticia. Su padre se dio cuenta, y le preguntó qué leía tan absorto. Pablo se lo explicó.

OBJETIVO:

Ayudarle a tener una idea más clara y completa sobre la naturaleza de la Iglesia católica.


MEDIOS:

Explicar bien los conceptos de autoridad, dogma y libertad en la Iglesia.


MOTIVACIÓN:

    Los padres de Pablo comentaron el asunto. Pensaban que no bastaba con la breve conversación que habían tenido su padre y él. Era preciso propiciar otras nuevas, en las que de modo distendido salieran a la luz todas esas dudas.


HISTORIA:

    "Pablo –le dijo su padre–, esta noche entrevistan en televisión al teólogo sancionado. ¿Quieres que lo veamos juntos?". A Pablo le gustó la idea. Su padre estaba siempre muy ocupado, y eso de que le prestara atención y le tratara como a alguien ya mayor, le gustaba.

    El programa fue muy interesante. Al acabar, siguieron los dos hablando casi una hora. Al principio, Pablo preguntaba con cierta prevención, pero después lo hacía ya con una confianza total. Se veía que tenía muy dentro todas esas dudas e inquietudes.

    Al final, Pablo estaba muy satisfecho: "Oye, se aprende bastante así...". "Sí –contestó su padre–, y creo que no solo tú". "¿Tú también...? ¿Y qué has aprendido?". "Pues, de entrada, que esto hay que repetirlo", contestó, dejando así abierta la cuestión para otro momento.


RESULTADO:

    En esa conversación y en otras siguientes salieron los principales temas. Lo primero, que no se puede entender la Iglesia si se pierde de vista su carácter sobrenatural. Pretender introducir la democracia en la Iglesia, acabaría –por la misma dinámica de la democracia–, sometiendo a votación lo que Jesucristo instauró, y eso sería una contradicción.

    Luego hablaron de que la fe pide una adhesión a Dios, y por tanto una adhesión a lo que Dios ha enseñado y establecido, y a quienes actúan como legítimos representantes suyos. Hay una especial asistencia del Espíritu Santo, y quien habla en nombre de la Iglesia –en lo que pertenece al depósito de la fe, de conformidad con su cabeza y con su tradición–, se puede decir que habla en nombre de Dios. Y si se examina lo que Cristo dispuso, se debe concluir que los maestros de la fe son en primer lugar los obispos unidos al Papa. Aquel teólogo se quejaba de que no se respetaba su opinión, cuando lo que estaba haciendo no era opinar, sino enseñar en una cátedra de teología de la Iglesia católica. No tiene derecho a quejarse de que los responsables de esa enseñanza declaren que lo que ese hombre enseña no se ajusta a lo que enseñó Jesucristo y la Iglesia tiene el deber de conservar.

    Y en cuanto a las "amenazas de suspensión" a las que se refería el mencionado teólogo, son sanciones de orden espiritual. El Derecho Penal de la Iglesia habla de "suspensiones" (de ejercer como clérigo) o de "excomuniones" (se aparta del culto y los sacramentos), no de penas de cárcel. En toda sociedad debe existir una autoridad, pues de lo contrario se disgregaría, sería una sociedad anárquica. Jesucristo quiso que los designados para transmitir su enseñanza y su gracia también tuvieran autoridad y pudieran gobernar la Iglesia. Por eso fundó una Iglesia con una jerarquía, y una autoridad suprema, que es el sucesor de Pedro: el Papa. La jerarquía no está para sancionar, sino sobre todo para guiar, pero no podría cumplir bien su cometido si no tuviera ese poder sancionador.

Alfonso Aguiló.  Con la autorización de:   www.interrogantes.net


2º paso. Trabajo en equipo para contestar a cinco cuestiones

a) El sector crítico de la Iglesia.

b) ¿Por qué se expulsó a ese profesor eclesiástico?

c) ¿Fue positivo ver la televisión?

d) ¿Por qué las verdades de la fe no se aprueban por votación?

e) ¿Cómo fundó Jesucristo a la Iglesia?


3º paso. Puesta en común del gran grupo


4º paso. Descanso de 15 minutos


5º paso. Estudio individual de la Nota técnica "¿Por qué pertenezco a la Iglesia?"    

    Podemos pensar en la iglesia católica comparándola con la luna: por la relación luna-mujer (madre) y por el hecho de que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol sin el cual sería oscuridad completa. La luna resplandece, pero su luz no es suya sino de otro. La sonda lunar y los astronautas descubrieron que la luna es solo una estepa rocosa y desértica, como montañas y arena, vieron una realidad distinta a la de la antigüedad: no como luz. Y efectivamente la luna es en sí y por sí misma lo desierto, arena y rocas. Sin embargo, es también luz y como tal permanece incluso en la época de los vuelos espaciales.

    ¿No es ésta una imagen exacta de la Iglesia? Quien la explora y la excava con la sonda, como la luna, descubrirá solamente desierto, arena y piedras, las debilidades del hombre y su historia a través del polvo, los desiertos y las montañas. El hecho decisivo es que ella, aunque es solamente arena y rocas, es también luz en virtud de otro, del Señor.

    Yo estoy en la iglesia porque creo que hoy como ayer e independientemente de nosotros, detrás de nuestra iglesia vive su iglesia y no puedo estar cerca de Él si no es permaneciendo en su iglesia. Yo estoy en la Iglesia porque a pesar de todo creo que no es en el fondo nuestra sino suya.

    La Iglesia es la que, no obstante todas las debilidades humanas existentes en ella, nos da a Jesucristo; solamente por medio de ella puedo yo recibirlo como una realidad viva y poderosa, aquí y ahora. Sin la Iglesia, Cristo se evapora, se desmenuza, se anula. ¿Y qué sería la humanidad privada de Cristo?

    Si yo estoy en la Iglesia es por las mismas razones porque soy cristiano. No se puede creer en solitario. La fe es posible en comunión con otros creyentes. La fe por su misma naturaleza es fuerza que une. Esta fe o es eclesial o no es tal fe. Además así como no se puede creer en solitario, sino sólo en comunión con otros, tampoco se puede tener fe por iniciativa propia o invención.

    Yo permanezco en la Iglesia porque creo que la fe, realizable solamente en ella y nunca contra ella, es una verdadera necesidad para el hombre y para el mundo.

    Yo permanezco en la Iglesia porque solamente la fe de la iglesia salva al hombre. El gran ideal de nuestra generación es uno, sociedad libre de la tiranía, del dolor y de la injusticia. En este mundo el dolor no se deriva sólo de la desigualdad en las riquezas y en el poder. Se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es.

    En realidad el hombre no es salvado sino a través de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos y de los sufrimientos mundo, que encuentran su sentido liberador en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará a ser libre. Todas las demás ofertas a mejor precio están destinadas al fracaso.

    El amor no es estético ni carente de crítica. La única posibilidad que tenemos de cambiar en sentido positivo a un hombre es la de amarlo, trasformándolo lentamente de lo que es en lo que puede ser. ¿Sucedería de distinto modo en la Iglesia?

Joseph Ratzinger, "Por qué pertenezco a la Iglesia", 1971

Conferencia-Testimonio, Alemania (1971)


6º paso. Trabajo en equipo para contestar a cinco cuestiones

a) ¿Qué relación hay entre la luna y la Iglesia?

b) ¿Dónde está la fuerza de la Iglesia?

c) ¿Se puede creer en solitario?

d) ¿Por qué Ratzinger permanece en la Iglesia?

e) ¿Cómo llega el hombre a ser libre?


7º paso. Puesta en común del gran grupo 

 Aplicaciones didácticas 

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