16. Caso Laura "Libertad y espontaneidad" y Nota técnica "Espontaneidad, ¿hasta dónde?"

1º Paso. Estudio individual del caso Laura "Libertad y espontaneidad"

SITUACIÓN:

    La hermana mayor, Laura, ha traído a casa a su amiga Teresa para pasar con ellos unos días durante las vacaciones de verano. La madre de Laura está sorprendida de la escasa educación y diplomacia que ha demostrado Teresa, e intenta comentarlo con su hija, para ver así cómo ayudar a su amiga a corregirse. "Mamá, es que no lo entiendes –argumenta Laura, molesta–, la gente joven dice lo que piensa, sin hipocresías".

    La madre se ha quedado un poco cortada. No sabe cómo explicar a su hija que la espontaneidad y la libertad de expresar las propias opiniones tiene unos límites, y le preocupa también el mal ejemplo que todo esto supone para los hermanos más pequeños.


OBJETIVO:

Aprender a conjugar libertad y espontaneidad con el respeto a unos determinados valores.


MEDIOS:

Mantener una conversación larga y tranquila en un contexto positivo.


MOTIVACIÓN:

La madre desea encontrar una ocasión propicia que facilite sacar el tema sin que Laura esté a la defensiva.


HISTORIA:

    Los padres de Laura comentaron el asunto durante la comida, cuando los hijos estaban en el colegio. Pensaron que era bueno esperar a estar tranquilos, y a que llegara una ocasión propicia.

    La situación llegó esa misma noche de modo imprevisto. Estaban invitados a cenar unos tíos de Laura, ambos de carácter un poco difícil. A lo largo de la cena surgieron algunos temas de conversación que dejaron claro que lo mejor era "seguirles la corriente", pues llevaban fatal que se les llevara la contraria, por poco que fuera.

    Cuando ya se marcharon, Laura se quedó ayudando a su madre a recoger la cocina mientras su padre acostaba a los pequeños. Laura estaba indignada: "Cómo pueden ser tan obtusos, mamá, parece que no existe en el mundo más opinión que la suya, no hay quien los aguante".

    La madre dejó que Laura hablara, y después, comentó: "Hija, yo creo que eso nos pasa un poco a todos, aunque a tus tíos se les note más; ten en cuenta que ellos tuvieron menos oportunidades en la educación que recibieron". A partir de ahí, la conversación discurrió con sorprendente fluidez: "Ya sabes, Laura, que para descubrir un defecto propio no hay nada como verlo de modo patente en los demás". "¿Ah, sí?", comentó Laura pensativa y con cara de preocupación... Al día siguiente, Laura se acercó a su madre y le preguntó, sin mediar más explicaciones: "Oye, mamá, si yo tengo algo parecido a los defectos de los tíos, ya estás diciéndomelo ahora mismo".


RESULTADO:

    La madre de Laura fue inteligente y le dijo que no iba a improvisar una respuesta. Además, le dijo que ese "favor" tenía que ser mutuo: ella, aunque fuera su madre, también tenía defectos, y no le importaba hablar sobre eso: "Todos necesitamos que nos digan las cosas a la cara; en buen plan, claro". Fueron a dar un paseo, aprovechando unas compras, para poder así charlar con calma.

    A partir de aquella conversación cambiaron mucho las cosas: aumentó la confianza entre ellas, quedaron en decirse siempre todo con lealtad y serenamente, pudieron comentar la estancia de Teresa en casa, y Laura comprendió enseguida que es buena la espontaneidad, pero ha de ir unida a la ponderación, al respeto de las ideas de los demás y al deseo de enriquecerse con lo que otros piensan.

Alfonso Aguiló.  Con la autorización de:   www.interrogantes.net


2º paso. Trabajo en equipo para contestar a cinco cuestiones

a) ¿Qué opinaba Laura en relación a Teresa?

b) ¿Cómo eran los tíos de Laura?

c) Los defectos de los demás y los propios.

d) ¿Cómo eran las relaciones de Laura y su madre?

e) ¿Cómo encauzar la libertad y espontaneidad en los chicos actuales?


3º paso. Puesta en común del gran grupo


4º paso. Descanso de 15 minutos


5º paso. Estudio individual de la Nota técnica "Espontaneidad, ¿hasta dónde?"    

    "Mamá, es que no lo entiendes. La gente joven dice lo que piensa, sin hipocresías."

    Así defendía una joven adolescente la escasa educación y diplomacia de una amiga suya a la que había invitado a pasar unos días con ellos durante las vacaciones.

    Sin duda, la espontaneidad es un valor emergente en la sociedad de nuestros días. Ser espontáneo y natural es algo que hoy –afortunadamente– se valora mucho. Hay una gran pasión por todo lo que significa apertura y claridad. Un elogio constante de las conductas que revelan autenticidad. La gente joven tributa un apasionado culto a la sinceridad de vida, quizá como respuesta al rechazo producido por algunos resabios de corte victoriano que ha llegado a detectar en la anterior generación.

    Todo eso, no cabe duda, esconde un avance innegablemente positivo. Y en el ámbito de la educación, se trata de una conquista de la sensibilidad contemporánea que ha supuesto aportaciones especialmente valiosas. Moverse en un clima de confianza se considera hoy un principio educativo fundamental, decisivo también para la formación del propio carácter.

    Sin embargo, las razones que daba esa chica demuestran la necesidad de un sensato equilibrio en todo lo relacionado con la espontaneidad. Parece evidente que es preciso encontrar un equilibrio entre la hipocresía y lo que podríamos llamar exceso de espontaneidad. Porque parece posible lograr ser cortés sin caer en la hipocresía o la adulación, ser sincero sin recurrir a la tosquedad, y fiel a los propios principios sin necesidad de ofender a los demás.

    Decir la verdad que no resulta conveniente revelar, o a quien no se debe, o en momento inadecuado, es –fundamentalmente– una carencia de sensatez. Parece claro que conviene siempre añadir sensatez a la sinceridad, y así nos ahorraremos –como dice H. Cavanna– la idiotez sincera, que no por sincera deja de ser idiota.

    Echar fuera lo primero que a uno se le pasa por la cabeza sin apenas pensarlo, o dejar escapar los impulsos y sentimientos más primarios indiscriminadamente, no puede considerarse un acto virtuoso de sinceridad. La sinceridad no es un simple desenfreno verbal. Hay que decir lo que se piensa, pero se debe pensar lo que se dice.

    El que se encuentra a un amigo que acaba de perder a su padre y le dice que no lo siente lo más mínimo porque su padre era antipático e insoportable, no es sincero, aunque lo sintiera realmente, sino un auténtico salvaje.

    Como señala Juan Bautista Torelló, bajo la excusa de esa falsa sinceridad, se esconden a menudo arrogancia, grosería, tendencia malsana a la provocación, inclinaciones exhibicionistas o gusto por zaherir a los demás. Quienes así actúan son figuras tristes de hombres o mujeres sin frenos, que se dejan llevar por sus impulsos más arcaicos y distan mucho de alcanzar un mínimo de madurez en su carácter.

    El equilibrio del carácter y la personalidad exige una cuidadosa compensación entre un extremo y otro. Y así como hace treinta años podía ser mayor el peligro del envaramiento y la desconfianza, quizá ahora sea más bien el de la excesiva deshinbición o desenfado. Se comprueba que la exaltación de la espontaneidad y la devaluación de la seriedad producen frutos ambivalentes. Pretenden fortalecer la personalidad, y en gran parte lo logran, pero también traen el riesgo de producir personas con una espontaneidad aleatoria, gracias a la cual son lo que les da la gana, lo que se les ocurre. Pero las ocurrencias siempre son imprevisibles.

Alfonso Aguiló.  Con la autorización de:   www.interrogantes.net


6º paso. Trabajo en equipo para contestar a cinco cuestiones

a) ¿Qué valores se aprecian en nuestra sociedad?

b) ¿Por qué es positivo un clima de confianza?

c) ¿Entre qué extremos hay que buscar el equilibrio?

d) Diferencias entre sinceridad y desenfreno moral.

e) ¿Qué defendía Juan Bautista Torelló?


7º paso. Puesta en común del gran grupo 

 Aplicaciones didácticas 

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| Pintura: Vos, Cornelis deOtros: Barroco (d)

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