4. Caso Mónica "Complejo de inferioridad" y Nota técnica "Sentimientos de inferioridad"

1º Paso. Estudio individual del caso Mónica "Complejo de inferioridad"

SITUACIÓN:
    
    Mónica tiene 16 años y es la menor de la casa. Sus dos hermanos mayores han sido siempre estudiantes brillantes. Ella, en cambio, va sacando los cursos con dificultad. Dedica muchas horas al estudio, pero le rinden poco y se siente decepcionada. Sus padres están preocupados, pues con frecuencia la ven triste y abatida. Por los comentarios que hace, tiene una fuerte tendencia a compararse –tanto con sus hermanos como con sus amigas–, y eso hace que esté arraigando en ella un cierto complejo de inferioridad.

    Una tarde, charlando con su madre a la vuelta de clase, Mónica se desahogó: "Mamá, es que no lo entiendes, es horrible. Veo que lo que yo tardo una tarde entera en estudiar, y luego además casi ni me acuerdo, en cambio mi compañera lo estudia en una hora. Y yo me paso encerrada todo el fin de semana estudiando, y ella, en cambio, no da ni golpe y saca luego mejor nota. Y estamos las dos igual de distraídas en clase, nos pregunta la profesora, y ella con dos ideas que se acuerda le sale una respuesta convincente, y yo, en cambio, me quedo sin saber qué decir. Cuando pienso en esto me pongo muy triste al ver que todas me aventajan y que es algo que nunca podré evitar, porque no puedo hacer nada por remediarlo...".


OBJETIVO:

Superar un incipiente complejo de inferioridad.


MEDIOS:

Ganar en conocimiento propio y autoestima.


MOTIVACIÓN:

Transmitir seguridad a Mónica descubriendo y potenciando sus puntos fuertes.


HISTORIA:

    La madre de Mónica quedó bastante impresionada tras aquel desahogo de su hija. Por la noche lo comentó con su marido. Estuvieron charlando un buen rato sobre el tema. Pensaron en cómo podrían hacer entender a Mónica que no podía pasarse la vida lamentándose de los talentos que no tenía. "Quizá lo primero –pensaron– es que se dé cuenta de que tiene talento para muchas cosas".

    Repasaron diversas posibilidades. Concluyeron que su hija tenía muchas virtudes: era generosa, sincera, leal. Además, se le daba bien el deporte, tenía buen oído para los idiomas y era muy rápida e intuitiva para la informática. Al llegar a lo de la informática, ella tuvo una idea: "Podemos empezar por eso. Voy a proponerle a Mónica que me acompañe a la oficina el miércoles por la tarde, que ella no tiene clase".


RESULTADO:

    A Mónica le hizo ilusión ayudar a su madre en la oficina. Fueron varias horas de trabajo muy intenso, y quedó bien patente que la chica era muy eficaz. Una compañera del trabajo lo comentó, y se veía que Mónica se derretía de satisfacción al oírlo.

    El miércoles siguiente fue muy parecido, pues en la oficina estaban con muchísimo trabajo pendiente. El punto culmen fue cuando se descubrió que Mónica leía y escribía en inglés con gran soltura: de nuevo se escucharon diversos elogios, que resultaron muy oportunos.

    De vuelta a casa, la chica estudiaba con más ganas. Por la noche lo comentaba con su madre: "Esta tarde me ha cundido muchísimo. Hemos trabajado tres horas, luego he estudiado otras dos, y estoy menos cansada que otros días que no hago ni la mitad".

    Su madre la escuchó un rato, y poco a poco fue dejando caer algunas de las ideas que había ido leyendo sobre el tema en esos días (era una persona de las que le gustaba documentarse). Habló a su hija de cómo las personas que sufren con esas preocupaciones, deben convencerse de que no es verdad que estén en casi todo en inferioridad de condiciones, ni que sus limitaciones no tengan remedio. Que la naturaleza suele otorgar sus dones de forma más repartida de lo que parece. Que otras personas con limitaciones muy superiores han triunfado en la vida y han sido muy felices. Que junto a esas limitaciones poseen muchas otras cualidades, probablemente más importantes que esas otras que tanto le deslumbran en los demás. Que tantas veces, además, el que tiene menos talentos pero se esfuerza por hacerlos rendir, aunque le parezcan escasos, acaba finalmente por superar a otros mucho más capacitados.

    Mónica entendió que no podía contemplar constantemente su vida como lo que habría podido ser si hubiera nacido con otras dotes, o si hubiera actuado de modo distinto. Que podía y debía vivir aceptándose como era, sacando partido a su talento natural y dejándose de vivir entre fantasías. También descubrió que su falta de autoestima le hacía aspirar a poco, y que eso le hacía exigirse poco, y que con facilidad se autoengañaba con ensoñaciones que eran fundamentalmente pereza. Mónica entendió que lo mejor en la vida es ser el que somos y procurar ser cada día un poco mejor. En pocas semanas su actitud vital cambió notablemente.

Alfonso Aguiló.  Con la autorización de:   www.interrogantes.net


2º paso. Trabajo en equipo para contestar a cinco cuestiones

a) ¿Por qué Mónica estaba triste y abatida?

b) ¿Fue positivo que la madre escuchara a Mónica?

c) ¿En qué se apoyaron para darle confianza?

d) ¿Qué factores positivos poseía Mónica?

e) ¿Qué reflexiones se hizo Mónica?


3º paso. Puesta en común del gran grupo


4º paso. Descanso de 15 minutos


5º paso. Estudio individual de la Nota técnica "Sentimientos de inferioridad"    

    Como ha señalado Javier de las Heras, el sentimiento de inferioridad se debe a la existencia de un defecto que se vive como algo vergonzoso, humillante, indigno de uno mismo e inaceptable. En no pocos casos, además, se trata sólo de un presunto defecto, ya que, cuando se conoce y se analiza con un mínimo de objetividad, se comprueba que no hay motivos de peso para considerarlo tal, o que, en cualquier caso, se le está dando una importancia subjetiva desmesurada.

    Lo habitual es que todo esto se lleve en el secreto de la propia intimidad, y que tenga una importante carga subjetiva. Son evidencias interiores que muchas veces no resultan nada previsibles ni evidentes desde el exterior, pero que suelen constituir un intenso y profundo motivo de desasosiego y condicionar bastante la personalidad y el comportamiento de quien las sufre.

    Lo sorprendente es que hay gente muy valiosa que también sufre sentimientos de inferioridad. La fuerte carga subjetiva de esos sentimientos hace que, en efecto, se produzcan situaciones bastante sorprendentes. No es extraño, por ejemplo, que una persona que posea unas cualidades muy superiores a la media de quienes le rodean esté fuertemente condicionada por un sentimiento de inferioridad proveniente de cualquier sencilla cuestión de poca importancia.

    Las épocas más proclives para esas impresiones son el final de la infancia y todo el periodo de la adolescencia. Por eso es importante en esas edades ayudarles a ser personas seguras y con confianza en sí mismas.

    Por otra parte, muchos autores aseguran que los sentimientos de superioridad suelen tener su origen en un intento de compensar otros sentimientos de inferioridad firmemente arraigados. Esos procesos suelen provocar actitudes presuntuosas, arrogantes e inflexibles, de personas envanecidas que tienden a tratar a los demás con poca consideración, y que si a veces se muestran más tolerantes o benevolentes, es siempre con un trasfondo paternalista, como si quisieran destacar aún más su poco elegante actitud de superioridad.

    Son personas a las que gusta darse importancia, y que exageran sus méritos y capacidades siempre que pueden; que siempre encuentran el modo de hablar, incluso a veces con aparente modestia, de manera que susciten —eso piensan ellos— admiración y deslumbramiento. Suelen ser bastante sensibles al halago, y por eso son presa fácil de los aduladores. Fingen despreciar las críticas, pero en realidad las analizan atentamente, y esperan rencorosamente la ocasión de vengarse. Están siempre pendientes de su imagen, muchas veces profundamente inauténtica, y con frecuencia recurren a defender ideas excéntricas, o a llevar un aspecto exterior peculiar y extravagante, con objeto de aparecer como persona original o con rasgos de genialidad. Buscan el modo de sorprender, para obtener así en otros algún eco que les confirme en su intento de convencerse de su identidad idealizada: por el camino de la inferioridad, acaban en el narcisismo más frustrante. 

Alfonso Aguiló.  Con la autorización de:   www.interrogantes.net


6º paso. Trabajo en equipo para contestar a cinco cuestiones

a) ¿Cómo explica Javier de las Heras el sentimiento de inferioridad?

b) El factor de subjetividad

c) ¿En qué edades se da con más frecuencia?

d) Relaciones entre superioridad e inferioridad

e) ¿Alguno de los hijos puede tener estos sentimientos? ¿Cómo ayudarles?


7º paso. Puesta en común del gran grupo 



 Aplicaciones didácticas 

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