No prendieron a don Quijote

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Escribe sobre el guión la letra que falta.


Fue como un milagro, porque todos se  detu_ieron

de pronto y dejaron la paliza en el punto en que  esta_a.

Entonces el cura se acercó a todo  co_er  al jefe

de los  cuadri_eros  y le dijo al oído:

-Mire  _uestra  merced que de nada le servirá

prender a don Quijote, porque el juez lo  soltar_

por loco en cuanto lo  _ea.

-Eso no es asunto mío respondió el  capit_n-.

Yo tengo orden de prenderlo y lo  _oy  a prender.

Pero tanto le  _insistió  el cura y tantas locuras

llegó a  _acer  don Quijote en poco rato,

que el capitán  aca_ó  por rendirse y dejó correr el asunto.

Mientras tanto, el _arbero  reanudó su pelea con Sancho,

aunque al final aceptó  march_rse  porque el cura

 le pagó al contado el precio de su  _acía  y de su albarda.

-¡Entonces a mí también se me  _a  de pagar!

  -protestó el  _entero-.  ¿O es que mis cueros no valen

tres o cuatro veces más que la  al_arda  de ese señor?

-Calma, señor ventero, que  a_ora  mismo os pago

-dijo el cura; y, como  cumpli_  su promesa,

todos quedaron contentos, con lo que se  confirm_

 que el dinero todo lo  a_egla.

Aquella noche, los  _iajeros  volvieron a dormir

en la venta, pues  esta_an  tan molidos por los golpes

que nadie  tu_o  ánimos de ponerse en camino.

Y, al  amanec_r  del día siguiente,

cuando don Quijote se  despert_,

notó que no podía  mo_er  los pies ni las manos.

"De_o  de estar encantado", se dijo.


Miguel de Cervantes. Don Quijote. Adaptación de Agustín Sánchez. Editorial Vicens Vives. Barcelona. 2004. Con la autorización de la Editorial www.vicensvives.es





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