El yelmo de Mambrino y la bacía

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Escribe sobre el guión la letra que falta.


Alarmados por los gritos, todos los  _uéspedes  de la venta

co_ieron  a la cuadra, y don de don Quijote se hincho de

orgullo,  al  _er  el coraje con que peleaba su escudero.

El cura y don  _ernando lograron separa

a los dos  com_atientes,  y entonces el barbero

señaló a don Quijote y  comenz_   a decir:

-¡Sepan  _uestras  mercedes que estos dos desalmados

me  _asaltaron  el otro día en mitad de un camino

y me  ro_aron  esta albarda, y también una bacía

sin estrenar que me  _abía  costado un escudo!

Al oír aquello, don Quijote  replic_  con indignación:

-Es verdad que hace días luché contra este  co_arde,

pero  fí_ense  si será mentecato

que dice que el  _elmo  de Mambrino,

 que yo le  arre_até en justa batalla,

es una si_ple  bacía de barbero. ¡Vamos, Sancho,

  trae el yelmo para que todo el mundo lo _ea

que soy yo el que dice la  _erdad!

 -Esc_cheme,  señor, es mejor que no lo saquemos

-murmuró Sancho-, porque  ha_rá  alguno

al que le parezca  _acía  en vez de yelmo.

 -Haz lo que te mando,  S_ncho,  que no todas las cosas

de este  casti_o  se han de transformar

unas en otras por  _arte  de encantamiento.

Por no  deso_edecer  a su señor,

Sancho fue en  _usca  de la bacía. Y, al volver, dijo:

-Este es el  _aciyelmo  que ganó mi señor.

Don Quijote  tom_  la bacía y preguntó:

-¿Cómo se puede decir que esto es una  _acía?


Miguel de Cervantes. Don Quijote. Adaptación de Agustín Sánchez. Editorial Vicens Vives. Barcelona. 2004. Con la autorización de la Editorial www.vicensvives.es





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