99. La residencia |
LA RESIDENCIA
Y resistí asido a las manos de mi madre.
GAMONEDA
Apenas queda luz en sus miradas
que, ancladas a la nada de sus vidas,
resbalan lentamente entre las sombras
de aquella inextricable residencia.
Sordos, sin esperanza ni alegría,
perdidos, sin veleta en su horizonte,
allí están solos y alejados: solos,
en un rincón volcadas hoy sus penas,
como inservibles piezas de desván.
Claridad ya no existe en sus palabras,
oscuridad profunda son sus mentes,
sus ojos, crisantemos abismales.
Y allí, mi madre: una cuenta más
en un rosario negro de amargura.
---Vicente Barberá Albalat
Ensayo para un concierto y otros sonetos. Olélibros.