83. La herida de una madre |
LA HERIDA DE UNA MADRE[1]
I
Tanto dolor se agrupa en mi costado (…).
Miguel Hernández
Cuánta pena se acerca a mi costado
y me estremece con su agraz aliento
cuánta pena y extraño sufrimiento
me traen las vivencias del pasado.
Cuánta pena me embarga si a su lado,
no puedo estar tranquilo ni un momento,
cuánta pena, Señor, cuánto lamento
inútilmente habré ya soportado.
Cuánta pena en sollozos tan adversos
tendré que derramar como fracaso
en el acontecer de cada instante.
Cuánta pena contienen estos versos
que describir pretenden paso a paso
el dolor que entristece mi semblante.
II
Por haberme ausentado de la infancia
un sauce está llorando
en todos los espejos de mi casa.
Juan Gonzalo Rose
Papeles olvidados. Figuritas
de porcelana. Antiguos libros. Todo
en un sencillo armario. Estanterías
repletas de jarritos, copas, vasos,
un papa azul y blanco de Peñíscola
y tantas cosas más: unas, ocultas
con puertas de madera, perfiladas
las otras a través de un cristal. Varios
simétricos cajones. En el centro
la tele preparada. En un sillón
a mi derecha, ensimismada, ella,
mi madre, sin mirar a ningún lado.
Tal vez buscando algún recuerdo para
entender el presente que no encuentra.
V
¿Por qué te hablo y sigues dormida?
Rafael Save
De nuevo se despierta y, en sus noches,
el andador la lleva a la deriva
por estrechos senderos agitados
mirando a todas partes y sin ver.
La vida ya no es sueño si no existe,
si sólo pesadillas se presentan
en las pobladas sombras de la noche
y en los oscuros huecos de su mente.
Marchita está la mecha de la vela
que con voz tenue alumbra sus palabras
y no acierta a hilvanar sus pensamientos.
Ya no habrá primaveras ni más flores
para un jardín helado por inviernos
de tanto viento frío y negra nieve.
[1] Segundo premio en el 14º Premio de poesía de Otoño. Se compone de cinco sonetos de los que aportamos 3.
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Vicente Barberá Albalat
De amor y sombras. Páginacero Editorial.